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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-07-2008

Est Google estupidizndonos?

Nicholas Carr
laventana.casa.cult.cu


Dave, para. Para, por favor. Para, Dave. Vas a parar, Dave? As suplica la supercomputadora HAL al implacable astronauta Dave Bowman en una famosa y fantsticamente conmovedora escena casi al final de 2001: Una odisea del espacio, de Stanley Kubrick. Bowman, tras haber sido enviado a la muerte en el espacio interplanetario por la mquina descompuesta, est tranquila y framente desconectando los circuitos de memoria que controlan su cerebro artificial. Dave, estoy perdiendo la mente dice HAL, con tristeza. Me estoy dando cuenta. Lo estoy sintiendo.

Yo tambin me estoy dando cuenta, lo estoy sintiendo. En los ltimos aos he tenido la incmoda sensacin de que alguien, o algo, ha estado jugueteando con mi cerebro, cambiando el esquema de su circuito neural, reprogramando la memoria. No es que est perdiendo la mente hasta donde puedo decir, pero me est cambiando. No estoy pensando del modo que antes lo haca.

Me doy cuenta sobre todo cuando leo. Antes me era fcil sumergirme en un libro o en un artculo largo. Mi mente quedaba atrapada en la narracin o en los giros de los argumentos y pasaba horas paseando por largos tramos de prosa. Ahora casi nunca es as. Ahora mi concentracin casi siempre comienza a disiparse despus de dos o tres pginas. Me pongo inquieto, pierdo el hilo, comienzo a buscar otra cosa que hacer. La lectura profunda que me vena de modo natural se ha convertido en una lucha.

Creo que s qu est pasando. Desde hace ya ms de una dcada, he estado pasando mucho tiempo en lnea, buscando y navegando y a veces aadiendo a la gran base de datos de Internet. La red ha sido una bendicin para m como escritor. Puedo hacer en minutos la investigacin que en un tiempo requera das en salas de la biblioteca o de las publicaciones peridicas. Unas pocas bsquedas en Google, algunos clics rpidos en hiperenlaces(1) y obtengo el dato revelador o la cita sucinta que andaba buscando.

Incluso sin estar trabajando, es muy probable que est hurgando en la espesura de la informacin de la Red: leyendo y escribiendo correos, escaneando titulares y blogs, viendo videos y escuchando podcasts o sencillamente saltando de enlace en enlace. (A diferencia de las notas al pie, a las que muchas veces se asimilan, los hiperenlaces no slo sealan obras que guardan relacin con el tema, sino que lo lanzan a uno a ellas.)

Para m, como para otros, la Red se est convirtiendo en un medio universal, el conducto de casi toda la informacin que fluye a mis ojos y odos y entra en mi mente. Las ventajas de tener acceso inmediato a un almacn tan increblemente rico de informacin son muchas y stas han sido ampliamente descritas y debidamente aplaudidas. Clive Thomson escribi en Wired: La retentiva perfecta de la memoria de silicn puede ser una enorme ayuda al pensamiento.

Pero la ayuda tiene un precio. Como seal el terico de los medios de difusin Marshall McLuhan en los aos sesenta, stos no son slo canales pasivos de informacin. Suministran la materia para el pensamiento, pero tambin conforman el proceso del pensamiento. Y lo que la Red parece estar haciendo es socavar mi capacidad de concentracin y contemplacin. Mi mente espera ahora captar la informacin del modo en que la Red la distribuye: en una corriente de partculas en rpido movimiento. En un tiempo fui un submarinista en el mar de palabras. Ahora me deslizo por la superficie como un tipo en una moto acutica.

No soy el nico. Cuando les menciono mis problemas con la lectura a amigos y conocidos la mayora de ellos hombres de letras muchos dicen estar experimentando algo similar. Mientras ms usan la Red, ms tienen que luchar para concentrarse en escritos largos. Algunos de los bloggers que sigo tambin han comenzado a mencionar el fenmeno. Scout Karp, quien escribe un blog sobre los medios de difusin en lnea, confes hace poco que ha dejado por completo de leer libros. Hice el master en literatura en la universidad y era un voraz lector de libros escribi. Qu ha pasado? Y especula la respuesta: Y si todo lo que leo es en la red, no se debe a que la forma en que leo haya cambiado, o sea, que est slo en busca de comodidad, sino porque mi forma de PENSAR ha cambiado?

Bruce Friedman, quien escribe regularmente blogs sobre el uso de las computadoras en la medicina, tambin ha descrito la forma en que Internet ha cambiado sus hbitos mentales. He perdido casi por entero la capacidad de leer y absorber un artculo largo en la red o impreso, escribi a principios de ao.

Friedman, patlogo miembro de larga data de la facultad de la Escuela de Medicina de la Universidad de Michigan, ampli su comentario en una conversacin telefnica conmigo. Su forma de pensar, dijo, ha tomado una calidad de staccato, que refleja la forma en que escanea con rapidez pasajes cortos de texto de muchas fuentes en lnea. Ya no puedo volver a leer La guerra y la paz admiti. He perdido la capacidad de hacerlo. Me resulta difcil absorber incluso un blog de ms de tres o cuatro prrafos. Lo leo por encima.

Las ancdotas por s solas no demuestran mucho. Y todava estamos en espera de experimentos neurolgicos y psicolgicos a largo plazo que brinden una imagen definitiva de la forma en que el uso de Internet afecta la cognicin. Pero un estudio recin publicado de los hbitos de investigacin en lnea, realizado por acadmicos del University College de Londres, indican que muy bien podemos estar en medio de un cambio radical en la forma en que leemos y pensamos.

Como parte de un programa de investigacin de cinco aos, los estudiosos examinaron registros de computacin que documentan el comportamiento de visitantes de dos populares sitios de investigacin, uno operado por la Biblioteca Britnica y el otro por un consorcio educacional del Reino Unido, que brindan acceso a artculos de revistas, libros electrnicos y otras fuentes de informacin escrita. Encontraron que las personas que usan los sitios exhiban una forma de actividad como de quien est echando una ojeada, en que saltaban de una fuente a otra y pocas veces regresaban a una que ya hubieran visitado. Tpicamente lean slo una o dos pginas de un artculo o libro antes de saltar a otro sitio. A veces salvaban un artculo largo, pero no hay pruebas de que regresaran a l y lo leyeran de verdad. Los autores del estudio informan: Es evidente que los usuarios no leen en lnea en el sentido tradicional; de hecho hay indicios de que estn surgiendo nuevas formas de leer segn los usuarios navegan horizontalmente por los ttulos, los ndices y los resmenes buscando ganar rapidez. Casi parece que van en lnea para evitar leer en el sentido tradicional.

Gracias a la ubicuidad del texto en Internet, por no mencionar la popularidad de los mensajes de texto en los telfonos celulares, pudiramos estar leyendo ms hoy que en los aos setenta u ochenta, cuando la televisin era nuestro medio preferido. Pero es un tipo distinto de lectura y detrs de l hay un tipo distinto de pensamiento tal vez incluso un nuevo sentido del ser. No slo somos lo que leemos dice Maryanne Wolf, psicloga del desarrollo de la Universidad de Tufts y autora de Proust and the Squid: The Story and Science of the Reading Brain (Proust y el calamar: La historia y la ciencia del cerebro lector). Somos como leemos.

A Woolf le preocupa que el estilo de lectura que promueve la Red, un estilo que coloca la eficiencia y la inmediatez por encima de todo lo dems, est debilitando tal vez nuestra capacidad para el tipo de lectura profunda que emergi cuando una tecnologa anterior, la prensa impresa, hizo comunes y corrientes las largas y complejas obras de prosa. Cuando leemos en lnea, dice, tendemos a convertirnos en meros descodificadores de informacin. Nuestra capacidad de interpretar textos, de hacer las ricas conexiones mentales que se forman cuando leemos con profundidad y sin distraccin, sigue en gran medida desconectada.

Leer, explica Wolf, no es una habilidad instintiva de los seres humanos. No est grabada en nuestros genes del modo que lo est el discurso. Tenemos que ensear a nuestras mentes a traducir los caracteres simblicos que vemos al lenguaje que comprendemos. Y los dems medios u otras tecnologas que usamos al aprender y practicar el arte de la lectura desempean un papel importante en la conformacin de los circuitos neurales que se encuentran en el interior de nuestros cerebros. Los experimentos demuestran que los lectores de ideogramas, como los chinos, desarrollan un sistema de circuitos mentales para la lectura muy diferente del sistema que se encuentra en quienes, como nosotros, cuya lengua escrita emplea el alfabeto.

Las variaciones se extienden a lo largo de muchas regiones del cerebro, incluidas las que rigen funciones cognitivas tan esenciales como la memoria y la interpretacin de estmulos visuales y auditivos. Podemos tambin prever que los circuitos tejidos por nuestro uso de la Red sean distintos a los tejidos por nuestra lectura de libros y otras obras impresas.

En algn momento de 1882, Friedrich Nietzsche compr una mquina de escribir: una Malling-Hansen Writing Bal, para mayor precisin. Le fallaba la vista y mantener los ojos enfocados en la pgina se le haba hecho agotador y doloroso y muchas veces le provocaba fuertes dolores de cabeza. Se haba visto obligado a reducir su escritura y tema que pronto le sera necesario abandonarla. La mquina de escribir lo rescat, al menos de momento. Una vez dominada la mecanografa al tacto, poda escribir con los ojos cerrados, usando slo las yemas de los dedos. Las palabras podan fluir de nuevo de su mente a la pgina.

Pero la mquina tuvo un efecto ms sutil sobre su obra. Uno de los amigos de Nietzsche, un compositor, observ un cambio en su estilo de escribir. Su prosa, ya de por s tersa, se haba hecho ms comprimida, ms telegrfica. Puede que con este instrumento incluso te adaptes a nuevos giros idiomticos le escribi el amigo en una carta observando que, en su propia obra, sus ideas en msica y lenguaje solan depender de la calidad de la pluma y el papel.

Tienes razn repuso Nietzsche, nuestro equipo de escribir participa en la formacin de nuestros pensamientos.

Bajo el influjo de la mquina, escribe el acadmico alemn de los medios de difusin Friedrich A. Kittler, la prosa de Nietzsche cambi de argumentos a aforismos, de pensamientos a juegos de palabras, del estilo retrico al telegrfico.

El cerebro humano es casi infinitamente maleable. La gente pensaba que nuestro engranaje mental las densas conexiones que se forman entre los 100 billones de neuronas que se encuentran dentro de nuestros crneos estaba en gran medida fijado para el momento en que alcanzbamos la edad adulta. Pero los investigadores del cerebro han descubierto que no es as. James Olds, profesor de neurociencia que dirige el Instituto Krasnow de Estudios Avanzados en la Universidad George Mason, afirma que incluso la mente adulta es muy plstica. Las neuronas normalmente rompen conexiones viejas y forman nuevas. Segn Olds, el cerebro tiene la capacidad de reprogramarse a la carrera, cambiando la forma en que funciona.

Segn usamos lo que el socilogo Daniel Bell ha llamado nuestras tecnologas individuales los instrumentos que amplan nuestras capacidades mentales ms bien que fsicas inevitablemente comenzamos a adoptar las cualidades de esas tecnologas.

El reloj mecnico, que comenz a usarse corrientemente en el siglo XIV, brinda un ejemplo convincente. En Technics and Civilization (Tcnicas y civilizacin), el historiador y crtico de la cultura Lewis Mumford describi la forma en que el reloj desasoci el tiempo de los sucesos humanos y contribuy a crear la idea de un mundo independiente de secuencias matemticamente mensurables. El marco abstracto de tiempo dividido se convirti en el punto de referencia de la accin y el pensamiento.

El tictac metdico del reloj contribuy al surgimiento de la mente cientfica y del cientfico, pero tambin se llev algo. Como observ el difunto cientfico de computacin del MIT(2) Joseph Weizenbaum en su libro de 1976, Computer Power and Human Reason: From Judgment to Calculation (El poder de la computadora y la razn humana: del juicio al clculo), la concepcin del mundo que surgi del empleo extendido de los instrumentos de llevar el tiempo sigue siendo una versin empobrecida del antiguo, porque descansa en un rechazo de las experiencias directas que formaban la base de la antigua realidad y, de hecho, la constituan. Al decidir cundo comer, trabajar, dormir, levantarse, dejamos de escuchar a nuestros sentidos y comenzamos a obedecer el reloj.

El proceso de adaptacin a nuevas tecnologas intelectuales se refleja en las cambiantes metforas que usamos para explicarnos a nosotros mismos. Cuando lleg el reloj mecnico, las personas comenzaron a pensar que sus cerebros operaban como mecanismos de relojera. Hoy, en la era del software, hemos llegado a pensar que operan como computadoras. Pero los cambios, nos dicen las neurociencias, son mucho ms profundos que la metfora. Gracias a la plasticidad de nuestro cerebro, la adaptacin se produce tambin en el nivel biolgico.

Internet promete tener efectos de especial alcance en la cognicin. En un trabajo publicado en 1936, el matemtico britnico Alan Turing demostr que era posible programar una computadora digital, que en aquella poca exista slo como mquina terica, para que realizara la funcin de cualquier otro dispositivo de procesamiento de informacin. Eso es lo que estamos presenciando hoy. Internet, un sistema de computacin inconmensurablemente poderoso, est subsumiendo la mayora de nuestras otras tecnologas intelectuales. Se est convirtiendo en nuestro mapa y nuestro reloj, nuestra imprenta y nuestra mquina de escribir, nuestra calculadora y nuestro telfono, nuestro radio y nuestra televisin.

Cuando la Red absorbe un medio, ese medio se recrea a la imagen de la Red. Inyecta el contenido del medio con hiperenlaces, anuncios de parpadeo y otras baratijas digitales y rodea el contenido con el contenido de todos los dems medios que ha absorbido. Un mensaje nuevo de correos, por ejemplo, puede anunciar su llegada mientras estamos revisando los ltimos titulares de un sitio de prensa. El resultado es dispersar nuestra atencin y difundir nuestra concentracin.

Tampoco termina la influencia de la Red en los mrgenes de la pantalla de la computadora. Al irse sintonizando las mentes de las personas al enloquecido conjunto de medios de Internet, los medios tradicionales deben adaptarse a las nuevas expectativas del pblico.

Los programas de televisin aaden textos que se deslizan por la pantalla y anuncios que surgen de repente; revistas y diarios acortan sus artculos, introducen resmenes en cpsulas y rellenan sus pginas con fragmentos de informacin fciles de rastrear. Cuando en marzo de este ao The New York Times decidi dedicar la segunda y tercera pginas de cada edicin a resmenes de artculos, su director de diseo Tom Bodkin explic que los atajos daran a los lectores atribulados un tanteo rpido de las noticias del da ahorrndoles el mtodo menos eficiente de volver las pginas y leer los artculos. Los medios antiguos tienen poca opcin ms que jugar con las reglas de los medios nuevos.

Nunca ha desempeado un sistema de comunicacin tantos papeles en nuestras vidas o ejercido una influencia tan amplia sobre nuestros pensamientos como hace hoy Internet. Pero, a pesar de todo lo que se ha escrito sobre la Red, se ha pensado poco en cmo exactamente nos est reprogramando. La tica intelectual de la Red sigue siendo oscura.

Aproximadamente por el tiempo en que Nietzsche comenz a usar su mquina de escribir, un joven serio llamado Frederick Winslow Taylor fue con un cronmetro a la planta Midvale Steel de Filadelfia y comenz una histrica serie de experimentos destinada a mejorar la eficiencia de sus maquinistas. Con aprobacin de los propietarios de Midvale, tom a un grupo de obreros, los puso a trabajar en varias mquinas de elaborado de metales y registr y midi el tiempo de cada uno de sus movimientos as como las operaciones de las mquinas. Dividiendo cada tarea en una secuencia de pequeos pasos discretos y luego ensayando formas distintas de realizar cada una, Taylor cre un conjunto de instrucciones precisas un algoritmo pudiramos decir hoy de cmo deba trabajar cada obrero.

Los empleados de Midvale rezongaron sobre el estricto rgimen nuevo, diciendo que los converta en poco ms que autmatas, pero la productividad de la fbrica se dispar.

Ms de cien aos despus de la invencin del motor de vapor, la Revolucin Industrial al fin haba encontrado sus bases filosficas y su filsofo. La apretada coreografa industrial de Taylor su sistema, como le agradaba llamarlo fue aceptada por fabricantes de todo el pas y, con el tiempo, de todo el mundo. Procurando la mayor rapidez, eficiencia y produccin, los dueos de fbricas utilizaban los estudios de tiempo y movimiento para organizar el trabajo y configurar las tareas de sus trabajadores.

El objetivo, como defini Taylor en su clebre tratado de 1911, The Principles of Scientific Management (Los principios de la gestin moderna), era identificar y adoptar, para cada tarea, un mejor mtodo de trabajo y con ello efectuar la sustitucin gradual de la ciencia por la regla emprica en todas las artes mecnicas. Una vez que se aplicara este sistema en todos los actos de trabajo manual, asegur Taylor a sus seguidores, brindara una reestructuracin no slo de la industria, sino de la sociedad, creando la utopa de la eficiencia perfecta. En el pasado el hombre haba sido lo primero declar, en el futuro lo ser el sistema.

El sistema de Taylor sigue en gran medida con nosotros: sigue siendo la tica de la manufactura industrial. Y ahora, gracias al creciente poder que los ingenieros en computacin y codificadores de software ejercen sobre nuestras vidas intelectuales, la tica de Taylor comienza a regir tambin la esfera de la mente. Internet es una mquina diseada para la recoleccin, transmisin y manipulacin automatizada de informacin y sus legiones de programadores estn concentrados en encontrar el mejor mtodo nico el algoritmo perfecto para llevar a cabo cada movimiento mental de lo que hemos llegado a describir como trabajo de conocimiento.

La sede de Google, en Moutain View, California el Googleplex es el santuario supremo de Internet y la religin que se practica dentro de sus paredes es el taylorismo. Google, al decir de su ejecutivo principal, Eric Schmidt, es una compaa fundada en torno a la ciencia de la medicin y se esfuerza en sistematizar todo lo que hace. Segn el Harvard Business Review, haciendo uso de los terabytes de datos de conducta que recoge mediante su motor de bsqueda(3) y otros sitios, realiza miles de experimentos diarios y utiliza los resultados para refinar los algoritmos que controlan cada vez ms la forma en que las personas encuentran informacin y extraen significado de ella. Lo que Taylor hizo para el trabajo manual, Google lo est haciendo para el trabajo mental.

La compaa ha declarado que su misin es organizar la informacin mundial y hacerla universalmente accesible y til. Procura desarrollar el motor de bsqueda perfecto al que define como algo que entiende exactamente lo que uno quiere decir y le devuelve exactamente lo que desea. Al entender de Google, la informacin es un tipo de producto, un recurso utilitario que puede extraerse y procesarse con eficiencia industrial. Mientras ms sean las piezas de informacin a las que uno pueda acceder y mientras con mayor rapidez podamos extraer lo esencial de ellas, ms productivos nos hacemos como pensadores.

Dnde termina esto? Sergey Brin y Larry Page, los dotados jvenes que fundaron Google cuando hacan su doctorado en ciencias de computacin en Stanford, hablan con frecuencia de su deseo de convertir su motor de bsqueda en una inteligencia artificial, una mquina al estilo de HAL que sea posible conectar directamente a nuestros cerebros. El motor de bsqueda supremo es tan inteligente como las personas o ms afirm Page hace unos aos en un discurso. Para nosotros, trabajar en bsqueda es una forma de trabajar en inteligencia artificial.

En una entrevista concedida a Newsweek en 2004, Brin coment: No hay dudas de que si uno tuviera toda la informacin del mundo unida directamente al cerebro, o un cerebro artificial que fuera ms listo que el propio, estara uno mejor. El ao pasado Page dijo en una convencin de cientficos que Google en realidad trata de construir una inteligencia artificial y de hacerlo en gran escala.

Una ambicin de este tipo es natural, incluso admirable, para un par de genios matemticos con vastas cantidades de dinero a su disposicin y un pequeo ejrcito de cientficos de computacin en su empleo. Google, una empresa fundamentalmente cientfica, est motivada por un deseo de usar la tecnologa, en palabras de Eric Schmidt, para solucionar problemas que nunca antes se han solucionado y la inteligencia artificial es el problema ms difcil que hay. Por qu no habran de ser Brin y Page quienes lo resolvieran?

De todos modos, su suposicin fcil de que estaramos mucho mejor si una inteligencia artificial complementara, o incluso sustituyera, nuestros cerebros resulta inquietante. sta indica una creencia en que la inteligencia es producto de un proceso mecnico, una serie de pasos discretos que es posible aislar, medir, optimizar. En el mundo de Google, el mundo en que entramos al entrar en lnea, hay poco espacio para la falta de claridad de la contemplacin. La ambigedad no es una apertura para la visin, sino una falla que debe arreglarse. El cerebro humano es slo una computadora anticuada que necesita un procesador ms rpido y un disco duro mayor.

La idea de que nuestras mentes deben operar como mquinas de procesamiento de datos de alta velocidad no slo est incorporada al funcionamiento de Internet, sino que es tambin el modelo comercial reinante de la red. Mientras con mayor rapidez naveguemos por la Red mientras ms enlaces podamos cliquear y ms pginas veamos ms oportunidades ganan Google y otras empresas de recopilar informacin sobre nosotros y alimentarnos anuncios.

La mayora de los propietarios de Internet comercial tienen inters financiero en recopilar los mendrugos de datos que dejamos atrs cuando revoloteamos de enlace en enlace mientras ms mendrugos, mejor. Lo ltimo que desean estas empresas es fomentar la lectura pausada o el pensamiento concentrado, lento. Es inters econmico suyo llevarnos a la distraccin.

Puede que yo sea slo una persona que se preocupa ms de lo debido. Del mismo modo que existe una tendencia a glorificar el avance tecnolgico, existe una tendencia opuesta a esperar lo peor de todo instrumento o mquina nueva.

En el Fedro de Platn, Scrates se lamentaba del desarrollo de la escritura. Tema que, segn las personas comenzaran a confiar en la palabra escrita como sustituto del conocimiento que antes llevaban dentro de las cabezas, en palabras de uno de los personajes del dilogo, dejaran de ejercitar su memoria y se hicieran olvidadizas. Y como podran recibir una cantidad de informacin sin instruccin adecuada, se les considerara muy conocedores cuando la mayora es bien ignorante. Estaran llenas de la presuncin de sabidura en lugar de verdadera sabidura.

Scrates no se equivocaba la nueva tecnologa muchas veces tuvo los efectos que temi, pero fue miope. No poda prever las muchas formas en que la escritura y la lectura serviran para extender la informacin, estimular ideas nuevas y expandir el conocimiento (cuando no la sabidura) humana.

La llegada de la imprenta de Gutenberg en el siglo XV provoc otra ronda de rechinamiento de dientes. Al humanista italiano Hieronimo Squarciafico le preocupaba que a disponibilidad fcil de los libros condujera a pereza intelectual, haciendo a los hombres menos estudiosos y debilitando sus mentes. Otros aducan que los libros y publicaciones impresas baratas socavaran la autoridad religiosa, degradaran el trabajo de eruditos y escribas y extenderan la sedicin y el libertinaje. Como observa el profesor de la Universidad de Nueva York Clay Shirky: La mayora de los argumentos que se opusieron a la imprenta fueron correctos, incluso profticos. Pero, de nuevo, los agoreros no fueron capaces de imaginar la mirada de bendiciones que brindara la palabra impresa.

De modo que s, deben mostrarse escpticos hacia mi escepticismo. Puede que aquellos que descarten a quienes critican Internet por considerarlos luditas o nostalgistas tengan la razn y de nuestras mentes hiperactivas, alimentadas de datos, surja una era dorada de descubrimiento intelectual y sabidura universal.

Pero, de nuevo, la Red no es el alfabeto y aunque pueda sustituir a la imprenta produce algo por completo diferente. El tipo de lectura profunda que promueve una secuencia de pginas impresas es valiosa no slo por el conocimiento que adquirimos de las palabras del autor, sino por las vibraciones intelectuales que esas palabras desencadenan en nuestras propias mentes. En los espacios de calma abiertos por la lectura sostenida, sin distraccin, de un libro o, si a eso vamos, por cualquier otro acto de contemplacin, realizamos nuestras asociaciones, trazamos nuestras propias inferencias y analogas, promovemos nuestras propias ideas. La lectura profunda, como afirma Maryanne Wolf, es indistinguible del pensamiento profundo.

Si perdemos esos espacios de quietud o los llenamos de contenido, sacrificaremos algo importante no slo de nuestro propio ser, sino de nuestra cultura. En un ensayo reciente, el dramaturgo Richard Foreman describi con elocuencia lo que est en juego:

Procedo de una tradicin de cultura occidental en que el ideal (mi ideal) era la estructura compleja, densa, como una catedral de la personalidad de alta educacin y expresin, el hombre o mujer que llevaba dentro de s una versin individualmente construida y singular del patrimonio completo de Occidente. [Pero ahora] veo dentro de todos nosotros (yo incluido) la sustitucin de la compleja densidad interna por un nuevo tipo de ser que evoluciona bajo la presin de la sobrecarga de informacin y la tecnologa de lo instantneamente disponible.

 

Segn se nos drena de nuestro repertorio interno de denso patrimonio cultural, concluy Foreman, nos arriesgamos a convertirnos en gente tan extendida y fina como una crepa segn nos conectamos con la vasta red de informacin a la que se accede tan slo tocando un botn.

Me persigue esa escena de 2001. Lo que la hace tan conmovedora, y tan extraa, es la respuesta emocional de la computadora al desmonte de su mente: su desesperacin cuando se va oscureciendo un circuito tras otro, su splica infantil al astronauta Lo estoy sintiendo. Lo estoy sintiendo. Tengo miedo y su reversin final a lo que slo puede recibir el nombre de estado de inocencia. La emanacin de sentimientos de HAL contrasta con la impasibilidad que caracteriza a las figuras humanas del film, que hacen lo que tienen que hacer con eficiencia casi robtica. Sus pensamientos y acciones parecen preparados de antemano, como si siguieran los pasos de un algoritmo.

En el mundo de 2001, las personas se han hecho tan similares a mquinas que el carcter ms humano resulta ser la mquina. Esa es la esencia de la oscura profeca de Kubrick: segn confiemos en las computadoras para mediar nuestra comprensin del mundo es nuestra propia inteligencia la que se aplana hasta convertirse en inteligencia artificial.

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* El libro ms reciente de Nicholas Carr, The Big Switch: Rewiring the World, from Edison to Google, se public en el ao 2008.

 

Notas:

 

1.- Hyperlink (hiperenlace, hipervnculo, nexo) Puntero existente en un documento hipertexto que apunta (enlaza) a otro documento que puede ser o no otro documento hipertexto. [Fuente: RFCALVO]

2.- Instituto Tecnolgico de Massachussets.

3.- Search engine (motor de bsqueda, buscador, indexador de informacin) Servicio WWW que permite al usuario acceder a informacin sobre un tema determinado contenida en un servidor de informacin Internet (WWW, FTP, Gopher, Usenet, Newsgroups...) a travs de palabras de bsqueda introducidas por l. Los ms conocidos son Yahoo, WebCrawler, Lycos, Altavista, DejaNews... En Espaa empiezan a existir indexadores en lengua castellana, con nombres tan castizos como Ole y Oz. [Fuente: RFCALVO].

 



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