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(defendiendo el libre mercado)
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-07-2008

La proliferacin de redadas policas a la caza de inmigrantes indocumentados

Andrs Pedreo
Rebelin


Sostiene el Delegado del Gobierno en la Regin de Murcia sentirse indignado por la actitud de algunos agentes en la redada policial del pasado viernes 27 de junio en Torre Pacheco (Murcia), la cual es calificada como un control rutinario de inmigrantes indocumentados.

De qu naturaleza puede estar hecha la indignacin de un Delegado del Gobierno? La misma parece focalizarse en la fotografa de portada del peridico La Verdad del sbado, en la que un aguerrido polica municipal agarra violentamente del cuello a un inmigrante. Ciertamente no es muy grato comprar el peridico el sbado en la maana camino de la playa, y encontrarse con esa fotografa. Y sin embargo esa actitud de algn agente es lo que menos importa en este episodio.

Lo realmente indignante no reside en lo que parece indignar al Delegado del Gobierno: el comportamiento desviado de algunos agentes. Es precisamente lo que denomina control rutinario donde ha de situarse la profunda indignidad de la orden dada por el Delegado del Gobierno para que ese da ms de cien agentes policiales tomaran el centro de Torre Pacheco y se pusieran a la bsqueda de inmigrantes indocumentados. Es el hecho en s de la redada lo ms preocupante. Las imgenes fotogrficas del control rutinario expresan la racionalidad organizativa y minuciosidad de la planificada redada policial:

Distribucin en el centro urbano de Torre Pacheco de ms cien agentes policiales, todos ellos posicionados en puntos desde los cuales desplazarse segn un plan de movilidad perfectamente coordinado en funcin de los lugares donde habitan los inmigrantes (lo cual muestra un conocimiento detallado de la vida cotidiana de la gente inmigrante en la localidad);

Localizacin de los inmigrantes potencialmente retenibles y procedimiento para la organizacin de la identificacin de los mismos. Centenares de inmigrantes son trasladados y concentrados en tres plazas, la mayora de ellos de procedencia africana (lo que evidencia que la orden del Delegado del Gobierno estaba modelada con criterios tnicos), todos dispuestos en fila, mientras que un funcionario policial les solicita la documentacin y comprueba si su residencia en Espaa est en regla. Finalmente, son detenidas 58 personas que no han cometido delito alguno, pero que quedan inevitablemente criminalizadas por el dispositivo de la redada.

La fotografa aparecida en los medios de comunicacin de esta fila cuantiosa de africanos vigilada por agentes de polica, mientras que otro funcionario les supervisa la documentacin de forma civilizada, racional y sistemtica; expresa el lado fro de la almohada sobre la que dormita el Delegado del Gobierno. Una racionalidad de poder en la que el imperativo kantiano de la dignidad tiene una acogida problemtica. Ms preocupante es an, por la irresponsabilidad que denota, el que nuestro Delegado del Gobierno diga que si hubiera conocido con detalle el operativo policial no lo hubiera autorizado, ya que se qued sorprendido de su "magnitud y dimensin".

Al Delegado del Gobierno le preocupa la actitud de algunos agentes. No fueron buenos profesionales!, parece querer decirnos. Sin embargo, las actitudes poco profesionales de la redada son la ancdota, y lo que menos importa. Lo realmente importante es la profesionalidad con la que se llev a cabo, y sobre todo lo que expresa en trminos polticos. Varios son los efectos prcticos buscados con esta redada-cacera de inmigrantes indocumentados:

Por un lado, un efecto demostracin, a travs del cual el gobierno quiere demostrar a sus socios europeos que puede y quiere mostrarse tan contundente con la inmigracin indocumentada, como sus socios europeos. Demostrar que es un gobierno a la altura de la recientemente aprobada Directiva de Retorno de Inmigrantes (Directiva de la vergenza), y merecedor de la credibilidad de un Sarkozy (y de un Berlusconi) para alcanzar un pacto sobre inmigracin de cara a la Cumbre europea del prximo mes de octubre. Un efecto demostracin tambin a nivel interno, de cara al electorado ms derechista y al Partido Popular, a quines se manda el mensaje de la contundencia con la que se quiere aplicar la dura medicina contra la inmigracin indocumentada, esos residuos humanos para los que se busca un vertedero, y cuya gestin es muy rentable electoralmente.

Por otro lado, un efecto de escarmiento dirigido al colectivo de inmigrantes que ms le toca al Estado las partes ms ntimas de su anatoma, esto es, las fronteras. La redada tena claramente un objeto de amedrantamiento del colectivo africano, y particularmente marroqu. A pesar de que son cuantitativamente los menos numerosos dentro de la inmigracin indocumentada residente en Espaa, sin embargo, dada la fuerza simblica de su trasgresin de la lnea fronteriza a travs de pateras, cayucos o saltos de la verja de Melilla-Ceuta, son los ms hostiles para aqullos que consideran que lo ms sagrado e intocable que tiene el Estado es la institucin de la frontera.

Puede un delegado del gobierno indignarse, llorar e incluso soar con que otro mundo es posible? Inevitablemente, la respuesta es negativa.

Andrs Pedreo. Profesor Titular de Sociologa de la Universidad de Murcia y miembro del Foro Ciudadano de la Regin de Murcia



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