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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-07-2008

Testimonio de Sami El Haj, periodista de al-Jazira
Rehn de Bush en Guantnamo durante seis aos y medio

Silvia Cattori
www.silviacattori.net

Traducido del francs por Beatriz Morales Bastos


Derecho, alto, impresionante, emanando la sensacin de una intensa interioridad, Sami El Haj, avanza renqueando apoyado en un bastn. Las risas y sonrisas han huido del fino rostro de este hombre que aparenta ms edad de la que tiene. Una profunda tristeza habita en l. Tena 32 aos cuando en diciembre de2001 su vida, como la de decenas de miles de otras personas de confesin musulmana, se precipit hacia el horror.

Ha sufrido enormemente. Debilitado por una huelga de hambre que dur 438 das, liberado el 1 de mayo de 2008, nos recibe atentamente, con dulzura. Nos habla, sin insistir, de un universo cuyo horror nos supera, nos paraliza, nos ahoga.

Es el primer superviviente de los campos creados por la administracin Bush en la base naval de Guantnamo al que se le ha autorizado viajar.

He venido a Ginebra, a la ciudad de la ONU y de las libertades, [ 1 ] para pedir que se hagan respetar el derecho, para exigir el cierre del campo de Guantnamo y de las prisiones secretas, y para acabar con esta situacin ilegal, dice tranquilamente. Se ha pronunciado la palabra. En esta guerra, dirigida esencialmente contra las personas de religin musulmana, todo es ilegal; todo es falso, est manipulado, es absurdo, kafkiano.

Hoy sabemos muchas cosas, sobre todo que muchos de los atentados que desde 1996 se atribuyeron a los musulmanes fueron manipulados por agentes secretos del MI 6, de la CIA, del Mossad. Sobre todo algunos testigos valientes, como el ex-ministro alemn Andreas Von Blow [ 2 ] , fueron quienes descubrieron y denunciaron este tipo de actividad criminal practicada por las grandes potencia. Excepto en los nuevos medios de comunicacin, qu periodista nos ha hablado alguna vez de las revelaciones hechas por esta gran persona que es Andreas Von Blow?

Alentado por su pasin por la justicia, por su conviccin de que la misin de todo periodista es dar testimonio de lo que ve, mientras estuvo en Guantnamo Sami El Haj tuvo la fuerza psquica de aguantar, de resistir a los peores abusos y de dejar de lado su propio sufrimiento. Conoci un intenso dolor, pero en los peores momentos supo mantener la esperanza de que iba a salir de ah vivo. Y de decirse que tena que observarlo todo, que maana podra dar testimonio; esto le ayud a soportar lo indecible.

Por lo dems, gracias la mirada del periodista que observa con perspectiva este espantoso universo, querido por Bush y que pudo haber sido su tumba, Sami El Haj pudo sobrevivir y mantenerse cuerdo. Otras personas con menos suerte que l murieron o se volvieron locos y no pudieron, por tanto, transmitir su testimonio.

Sin tener lpiz ni papel Sami El Haj hizo el esfuerzo de memorizarlo todo para, incluso estando enjaulado, continuar con su trabajo de periodista de al-Jazira haciendo un reportaje, como l dice.

Hoy abriga la idea de atraer la atencin del mundo sobre estas decenas de miles de prisioneros que continan sufriendo un trato inhumano en las crceles de Guantnamo, Bagram, Kandahar. Responde incansablemente y con amabilidad a todos los periodistas que le hacen preguntas con la esperanza de que sus palabras puedan lograr que se escuche la voz de quienes ya no la tienen.

Su informe es esencial. Al igual de todos los dems prisioneros, absusivamente calificados como l de terroristas, Sami El Haj nunca ha sido juzgado ni nunca ha sabido de qu se le acusaba. Lo cual demuestra que Bush y los periodistas que han apoyado su tesis han tenido que fabricar a los terroristas islamistas. Nunca se hubiera podido detener a seres humanos como Sami El Haj ni hubieran podido permanecer tanto tiempo como rehenes de esta barbarie por el hecho de ser musulmanes sin la complicidad de los gobiernos europeos y de estos propagandistas islamfobos sometidos Tel Aviv y a Washington que desde hace dcadas desinforman a la opinin pblica e influencian en las lites basndose en mentiras.

Silvia Cattori : Cmo se siente apenas unas semanas despus de su liberacin?

Sami El Haj : Me siento bien, gracias. Me reconforta ver que hay personas que se comprometen para salvar a unos seres humanos y luchan por la defensa de sus derechos. Cuando hace dos meses sal de Guantnamo no estaba bien en absoluto, por supuesto. Pero ahora me siento mejor descubriendo que, fuera, la gente lucha y no olvida el objetivo principal: obtener la paz y la libertad para todo el mundo.

Silvia Cattori : Cules son sus sentimientos y sus mayores deseos despus de estos aos dolorosos pasados en los campos de prisioneros?

Sami El Haj : Evidentemente, me siento feliz de haber recuperado la libertad. Me he reencontrado con mi familia, con mi mujer y mi hijo. l no me ha visto durante seis aos y medio, ha tenido que ir al colegio si m. Me estaba esperando y me dijo: Papa, te he echado de menos tanto tiempo! Yo sufra, sobre todo cuando vea a mis compaeros en el colegio a los que acompaaban sus padres y que me preguntaban: Dnde est tu padre? No tena ninguna respuesta para darles. Por eso le ped a mam que me llevara al colegio en coche, porque no quera que me lo preguntaran siempre.

Le dije a mi hijo: Ahora te puedo llevar al colegio, pero tienes que comprender que tengo un mensaje que aportar, una causa justa que defender. Quiero luchar por la causa de los derechos humanos, por las personas a las que se ha privado de su libertad. No voy a luchar solo. Hay miles de personas en todo el mundo que se comprometen ah donde se ataca a la dignidad de los seres humanos. No olvides que luchamos por la paz, por defender los derechos ah donde son pisoteados, por un futuro mejor para ti. Quiz lo logremos un da y entonces podr permanecer a tu lado y llevarte al colegio.

No s si lo comprendi porque todava es pequeo, pero me sonri. Mi mujer tampoco quera que me volviera a marchar. Pero cuando le record la dolorosa situacin en la que se encuentran las personas encerradas en Guantnamo, que ellos tambin tienen una familia, hijos, hijas y una mujer que les echan de menos, y que si yo no luchaba estas personas iba a permanecer encerradas ms tiempo, comprendi que tena que seguir viajando, uniendo mi voz a las dems voces para que los prisioneros puedan volver a sus casas lo antes posible. Mi mujer me dio todo su apoyo. Cuando me acompaaba al aeropuerto me dijo: Rezar por ti.

Silvia Cattori : As pues, al ir a Afganistn para rodar las masacres de civiles, vctimas de la guerra de Bush, se convirti usted mismo en una de sus vctimas?No le da miedo lo que le pueda ocurrir todava?

Sami El Haj : No tengo la menor duda de que voy a seguir con mi trabajo de periodista. Pase lo que pase tengo que seguir llevando un mensaje de paz. En lo que a m concierne, he pasado seis aos y seis meses en prisin, lejos de mi familia, pero para otros ha sido todava ms terrible. He perdido a un amigo muy querido, periodista de al-Jazira: muri en Bagdad durante el bombardeo al hotel en el que se encontraba. Tambin he perdido a una colega que trabajaba conmigo en al-Jazira y a la que considero mi hermana: ella tambin muri en Bagdad.

Muchas personas han perdido la vida a causa de esta guerra. Debe saber que la administracin Bush quiso impedir la cobertura de los medios de comunicacin libres, como al-Jazira, en Oriente Prximo. Las oficinas de al-Jazira en Kaboul y Bagdad fueron bombardeadas.

Cuando en 2001 dej a mi hijo y a mi mujer para ir a filmar la guerra desencadenada por Estados Unidos contra Afganistn poda esperarme encontrar la muerte en un bombardeo. Iba all consciente de los riesgos. Todo periodista sabe que cumple una misin y debe estar dispuesto a sacrificarse para dar testimonio de lo que ocurre por medio de sus pelculas y de sus escritos. Y para ayudar a la gente a entender que lo que nico que aporta la guerra es la muerte de inocentes, destruccin y sufrimiento. Basndonos en esta conviccin es como hemos ido mis colegas y yo a pases en guerra.

Ahora, despus de todos estos aos en cautividad, otra vez puedo hacer algo en favor de la paz. Voy a comprometerme en este sentido hasta que lo consigamos. Estoy seguro de que aunque yo no recoja los frutos, un da acabaremos por obtener la paz y el respeto a los derechos humanos, as como la proteccin de los periodistas en todo el mundo. Estoy seguro de que conseguiremos que ya no se torture o hiera a los periodistas cuando hacen su trabajo, cuando defienden el derecho a la informacin y muestran los abusos contra los seres humanos.

Silvia Cattori : Al principio ha dicho que se senta bien. Pero despus de una experiencia tan horrible y cuando se le ha liberado sin la menor excusa por parte de sus torturadores, cmo puede usted evocar este pasado sin resentimiento ni rencor?

Sami El Haj : Por supuesto que este pasado es extremadamente duro y mi situacin personal es difcil. Pero cuando pienso en aquellos que continan en Guantnamo, que echan de menos a sus familias de las que no tienen noticia alguna, me digo que mi situacin, por difcil que sea, es mejor que la suya.

No puedo olvidar que en Guantnamo he dejado a unos hermanos que estn destruidos, que se han vuelto locos. Pienso en particular en ese mdico yemen que hoy vive completamente desnudo en su celda porque ha perdido la razn.

Silvia Cattori : Qu tipo de torturas les hicieron sufrir?

Sami El Haj : Todo tipo de torturas fsicas y psquicas. Como todos los prisioneros eran musulmanes, la administracin del campo los someta a muchas vejaciones y humillaciones relacionadas con la religin. He visto con mis propios ojos a los soldados romper en pedazos el Corn y tirarlo al retrete. Les he visto durante los interrogatorios sentarse encima del Corn mientras no se respondiera a las preguntas que se nos hacan. Insultaban a nuestras familias, a nuestra religin. Hacan como que llamaban por telfono a nuestro Dios para, burlndose de nosotros, pedirle que nos viniera a salvar. El nico imn del campo fue acusado de connivencia con los prisioneros y en 2005 lo echaron por negarse a decir a los visitantes que en el campo se respetaba la libertad religiosa.

Nos molan a palos. Nos cubran de insultos racistas. Nos encerraban en habitaciones fras, por debajo de cero grados, con una sola comida fra al da. Nos colgaban de las manos. Nos impedan dormir y cuando nos adormecamos, nos pegaban en la cabeza. Nos enseaban pelculas sobre sesiones de torturas atroces. Nos enseaban fotos de torturados muertos, tumefactos, sanguinolentos. Nos mantenan bajo la amenaza de trasladarnos a otra parte para torturarnos todava ms. Nos echaban agua fra. Nos obligaban a hacer el saludo militar escuchando el himno de Estados Unidos. Nos obligaban a llevar ropa de mujer. Nos obligaban a mirar fotos erticas. Nos amenazaban con violarnos. Nos desnudaban, nos hacan andar a cuatro patas de ac para all. Nos decan que nos sentramos y nos levantramos 500 veces seguidas. Humillaban a los detenidos envolvindoles en la bandera de Estados Unidos y de Israel, lo que era una manera de decirnos que estamos encerrados en el marco de una guerra de religin.

Cuando a un prisionero se le arroja a su celda, cubierto de piojos, sucio, para someterlo a nuevas sesiones de tortura con el fin de obligarle a colaborar, acaba por decir lo que sea y deja de saber quin es.

Yo he sufrido ms de 200 interrogatorios bajo tortura, El 95 % de las preguntas concernan a al-Jazira. Queran que yo aceptara trabajar como espa en el seno de al-Jazira. A cambio me ofrecan la nacionalidad estadounidense para m y para mi familia, y un sueldo en funcin de los resultados que obtuviera. Me negu. Les repeta que mi oficio es el de periodista, no el de espa y que tena el deber de dar a conocer al verdad y de actuar para que se respeten los derechos humanos.

Silvia Cattori : Hoy es usted capaz de perdonar a sus torturadores ?

Sami El Haj : Por supuesto que los voy a perdonar si cierran Guantnamo. Pero si siguen haciendo dao, voy a llevarlos a los tribunales, voy a emprender una accin judicial contra ellos.

Aunque yo sepa que la administracin Bush ha hecho tanto dao, sigo pensando que no es demasiado tarde para que estas personas corrijan sus errores.

Hay que saber diferenciar entre la administracin y el pueblo. Los detenidos en Guantnamo saben que tienen amigos en Estados Unidos, como este abogado que vino a Guantnamo y que luch por mi caso.

Silvia Cattori : Da la sensacin de que no han conseguido acabar con usted.

Sami El Haj : Porque no estoy solo. Hay personas que estn detrs de m; este sentimiento me da la fuerza. En prisin saqu fuerzas de mi conviccin de que cualquier persona libre no puede aceptar que se le ponga en esta condicin de inferioridad y de deshumanizacin. Uno experimenta sentimientos de dolor, de pena, pero se esfuerza por conservar la esperanza de que hay una salida; y la idea de que incluso en prisin se puede seguir con el trabajo de periodista limita el sufrimiento.

Silvia Cattori :,Cuando estaba en Guantnamo saba que fuera haba personas que luchaba para liberarlo?

Sami El Haj : No los conoca porque dentro de la prisin es muy difcil obtener noticias, aunque se tenga abogado porque se le prohbe informar a su defendido. Hoy conozco a las personas que trabajan por los derechos humanos y que no estn de acuerdo con la administracin Bush. Creo que su voz es cada vez ms fuerte.

Silvia Cattori : Cuando su hermano le vio dijo que pareca un hombre viejo. A usted tambin se lo parece ?

Sami El Haj : En lo que a m concierne, vivo por mi corazn y no por mi cara o por mi cuerpo. Sigo sintiendo mi corazn joven y ms fuerte que antes.

Silvia Cattori : Fue, entonces, fue una experiencia muy dolorosa aunque de hecho sale de ella enriquecido con un potencial insospechado?

Sami El Haj : Exacto. He sabido sacar algn beneficio del tiempo pasado en Guantnamo. Antes de ir all slo tena una familia pequea, ahora tengo una grande, he ganado cientos de amigos en el mundo entero. Esto es muy positivo; he perdido seis aos y seis meses pero ahora tengo ms amigos.

Silvia Cattori : Se le sigue considerando un combatiente enemigo [ 3 ]?

Sami El Haj : No lo s, pero cuando me liberaron me dijeron: Ahora usted ya no es peligroso para Estados Unidos.

Silvia Cattori : Y su nombre ya no figura en la lista terrorista?

Sami El Haj : No lo s. Creo que en su mentalidad todos aquellos a lo que ellos han calificado de terroristas va a seguir siendo terroristas. Y que ahora tienen miedo de nosotros porque nos han hecho mucho dao sin motivo alguno.

Silvia Cattori : Cree usted que le van a seguir espiando los agentes de la CIA?

Sami El Haj : S. En realidad yo no tengo nada en contra de este pas ni de su pueblo. Si la administracin Bush corrige sus fallos no voy a quejarme de nada.

Silvia Cattori : Le sorprendi cuando un oficial del Pentgono le acus de ser un manipulador al verle con un bastn?

Sami El Haj : La gente del Pentgono pretende que los prisioneros de Guantnamo son unos malhechores pero, en realidad, 500 de ellos han vuelto a sus casas. Cmo les hubieran dejado salir si fueran realmente unos malhechores? Siempre estn mintiendo.

Silvia Cattori : Otros dos sudaneses fueron liberados al mismo tiempo que usted, Amir Yacoub Mohamed al Amin y Walid Mohamed. Cmo estn ahora?

Sami El Haj : El gobierno y la administracin de Sudn nos han tratado muy bien. Nos recibieron a los tres directamente en el aeropuerto. Aunque Estados Unidos me retuvo el pasaporte, me dieron otro nuevo en dos horas y no han puesto la menor objecin a que viaje fuera de Sudn.

Silvia Cattori : En Guantnamo los militares les llamaban por su nombre o por su nmero de inscripcin como prisionero: nmero 345?

Sami El Haj : Nunca me llamaban por mi nombre sino three, four, five, mi nmero de inscripcin. En los ltimos tiempos me llamaban al-Jazira. Los delegados de la Cruz Roja eran los nicos que me llamaban por mi nombre.

Silvia Cattori : Le visitaron a menudo estos delegados?

Sami El Haj : Cuando estaban autorizados a venir a visitarnos, cada dos o tres meses; hablaba con ellos, me traan cartas de mi familia.

Silvia Cattori : La administracin Bush y los oficiales encargados de torturarle saban que usted es un hombre honesto, un simple periodista deseoso de dar a conocer las brutalidades que ellos cometan contra el pueblo afgano, y no un terrorista. Sabe usted por qu le han hecho tanto dao?

Sami El Haj : La mayora de los soldados que haba all seguan las rdenes de sus oficiales. Torturaban sin el menor cambio de humor. Pero en honor a la verdad debo decir que algunos de ellos eran buenos. Algunos soldados usaban su cerebro.

Silvia Cattori : Los agentes de la CIA elaboraron un informe sobre las torturas en Guantnamo. Tena usted la impresin cuando le estaban torturando de que lo observaban, de queestaban experimentando con ustedes?

Sami El Haj : Estbamos bajo la constante vigilancia de mdicos psiquiatras en uniforme militar. No estaban ah para curar, sino para participar en los interrogatorios, para observar las torturas de manera que no se les escapara ningn detalle del comportamiento de los prisioneros. Los interrogatorios se hacan bajo la responsabilidad del coronel Morgan, mdico especializado en psiquiatra. Este coronel estuvo destinado en Guantnamo desde marzo de 2002. Haba servido en la prisin afgana de Bagram desde noviembre de 2001. Daba consignas a los oficiales que nos interrogaban, estudiaba nuestras reacciones, anotaba cada detalle para despus adaptar las torturas a la personalidad de cada detenido, lo que deja profundas huellas en su psiquismo.

Habl con ellos. Les dije que los mdicos tenan una misin noble, ayudar a las personas, no torturalas. Me respondieron: Somos militares, debemos seguir las reglas; cuando un oficial me da una orden, tengo que ejecutarla, si no me metern en prisin como a usted; en el momento en que firm un contrato con el ejrcito comprend que tena que obedecer en todo.

Silvia Cattori : Veo similitudes entre las torturas practicadas en Guantnamo y las practicadas en Israel con los prisioneros polticos palestino. Por ejemplo, la tortura del sueo, es su especialidad.

Sami El Haj : Creo que la mayora de los servicios de inteligencia del mundo entero fueron a Guantnamo. Vi a britnicos, a canadienses. Fueron para interesarse por los interrogatorios y tambin para proporcionar a los oficiales de la CIA y de FBI consejos sobre cmo torturar, cmo interrogar, basndose en su experiencia.

Silvia Cattori : Consigue dormir tranquilo?

Sami El Haj : No como antes de Guantnamo. Ya no duermo ms que entre 3 y 4 horas. Al conocer ahora al personal de Cruz Roja les he pedido que me ayuden a superar mis dificultades, que aconsejen un doctor que pueda examinarme. Siete aos no es poco tiempo.

Silvia Cattori : La huelga de hambre no era, en cierto modo, como una tortura contra ustedes mismos? Por qu la hicieron durante un period tan largo, cuando sus carceleros se serva de ella para infligirles an ms humillaciones y sufrimientos?

Sami El Haj : Porque pensbamos que no podamos quedarnos callados, que tenamos que hacer algo. Slo tenamos ese medio para hacer que se nos escuchara. Por supuesto, la huelga de hambre es un medio de tremendamente penoso, muy difcil de soportar. Pero cuando uno est privado de libertad tiene que luchar para obtenerla. Era lo nico que nos quedaba para decirle a la administracin Bush que un prisionero tiene su dignidad, que no vive slo de pan, que la libertad es ms importante.

Silvia Cattori : Qu ocurra cuando lo alimentaban por la fuerza?

Sami El Haj : Cuando haba ms de cuarenta detenidos en huelga de hambre, la administracin trataba de quebrar nuestra resistencia hacindonos sufrir ms torturas. Nos aislaban en habitaciones fras, nos desnudaban, nos impedan dormir durante largos periodos de tiempo. Dos o tres veces al da los soldados nos ataban a una silla especial. Nos aplicaban una mscara a la boca y nos introducan un tubo grueso por la nariz, no en el estmago. Aunque la racin normal de alimento era de dos canillas, nos castigaban inyectando 24 canillas y 6 botellas de agua. El estmago, que se haba encogido por las largas huelgas de hambre, no poda contener estas cantidades. Aadan productos que provocaban diarrea. El prisionero, al que mantenan atado a esta silla ms de tres horas, vomitaba y vomitaba. Nos dejaban en medio de nuestros vmitos y excrementos. Al acabar la sesin arrancaban violentamente el tubo; cuando vean que la sangre correr se rean de nosotros. Como utilizaban tubos infectados que no se limpiaban nunca, los detenidos padecan enfermedades que no eran tratadas.

Silvia Cattori : Lo liberaron gracias a esta larga huelga de hambre?

Sami El Haj : No slo a causa de ella, pero fue una de las razones que llevaron a la administracin a liberarme.

Silvia Cattori : Que pensar de la confesin de Khaled Sheik Mohamed [ 4 ], que se acusa de haber organizado ms de 30 atentados en 17 pases?

Sami El Haj : Quiz lo torturaron hasta el punto de que dej de ser l mismo. Nunca lo conoc porque lo llevaron a un campo especial. Un oficial me dijo que lo trataron con mucha dureza; no cabe la menor duda: lo torturaron terriblemente.

Silvia Cattori : Tiene algo que ver con la realidad la acusacin de Estados Unidos de que l es el terrorista nmero 3 de al-Qaeda?

Sami El Haj : A decir verdad, no creo nada que venga de la administracin Bush. Porque a m tambin me han acusado de ser un terrorista. Y yo s mejor que nadie qu es eso. Estas personas mienten demasiado. Nunca creo nada de lo que afirma esta administracin. Conozco a un prisionero que al que torturaron tanto que al final dijo: Yo soy Osama Ben Laden. Deca lo que ellos quisieran con tal de que cesaran las torturas.

Silvia Cattori : Entonces, al-Qaeda es una creacin de los servicios de inteligencia occidentales?

Sami El Haj : Por lo que yo s, nunca en mi vida he conocido a nadie que me haya dicho: yo pertenezco a al-Qaeda.

En Guantnamo conoca la mayora de los prisioneros porque la poltica de nuestros guardianes era no dejar que los prisioneros vivieran demasiado tiempo juntos en la misma celda. Nos trasladaban cada semana; as conocamos a nuevas personas. Toda la gente que conoc en Guantnamo eran personas pacficas.

Desde que sal he hablado con ms de cien de ellos. Los que estaban casados han retomado su vida; los solteros se han casado.

Silvia Cattori : Aquellos que sacan fuerzas de la oracin tienen la oportunidad de escapar a la locura?

Sami El Haj : Por supuesto! Si uno siente que alguien le acompaa, sobre todo si es Dios, ser paciente y en todo momento se va a acordar de que Dios tiene ms poder que los seres humanos. Debo rezar a Dios y darle las gracias. Tambin debo dar las gracias a todas las personas que me han apoyado. Creo que aunque me pasara la vida dando las gracias no llegara a agradecrselo a todos ellos. Ahora quiz pueda contribuir a hacer ms feliz la vida de otras personas gracias a mi trabajo a favor de los derechos humanos.

Silvia Cattori : Creo que nuestros medios de comunicacin y ONGs no dieron la importancia que mereca a la defensa de los derechos de estos prisioneros musulmanes [ 5 ]. Durante mucho tiempo el denunciar los abusos cometidos contra ellos se consideraba un signo de simpata con los terroristas. Sabe usted que, por ejemplo, los responsables de Periodistas sin Fronteras, cuya misin es proteger a los periodistas, fueron criticados por haber esperado cinco aos antes de hablar de su caso [ 6 ]?

Sami El Haj : Por desgracia la gente crey lo que le deca la administracin de Estados Unidos. Ahora que han comprendido que no era verdad se corregirn. Como le he dicho antes, el problema no es cometer un error, sino perseverar en l.

Si los periodistas no se sienten concernidos cuando otros colegas son encarcelados en el marco de su trabajo, quiz un da esos mismo periodistas se encuentren en prisin y no encuentren a nadie que les defienda. Debemos trabajar juntos, debemos ocuparnos de cada caso. Si sabemos que un periodista ha sido encarcelado, debemos apoyarlo por encima de su color o de su religin.

Como periodista quiero comprometerme a apoyar a los periodistas que trabajan por la defensa de los derechos y las libertades. Tenemos por delante un trabajo inmenso. Tenemos que comprometernos plenamente para liberar a las personas que estn encerradas en Guantnamo y en las muchas prisiones secretas en las que la administracin Bush priva de sus derechos a decenas de miles de otras personas.

Esta experiencia de Guantnamo nos ha marcado profundamente. Lo que quiero recordar es la necesidad y la importancia de la defensa de los derechos humanos. Creo que despus de todo el mal que se ha hecho, todo el mundo se siente hoy ms concernido. No es aceptable abandonar a las personas que sufren. Tenemos la imperiosa obligacin de solidarizarnos con ellos.

Al-Jazira quiere asociarse con los medios de comunicacin libres para recopilar informaciones relacionadas con los derechos humanos y las libertades. Pido a todos los periodistas que cooperen con nosotros en este sentido. En Guantnamo haba prisioneros de 50 nacionalidades; es un problema mundial y no el de tal o cual detenido.

Es una vergenza que prisioneros que han sido vendidos se encuentren enjaulados y que un pas que pretende ser el garante de los derechos y las libertades sea el que comete esta violacin de los derechos fundamentales.

No siento ningn odio. Respetamos a los ciudadanos de Estados Unidos. Quien debe asumir las consecuencias de estos actos es su actual gobierno.

Los derechos humanos y la seguridad no son separables, no se puede tener seguridad sin respeto a los derechos fundamentales.

Silvia Cattori : Tiene usted razn en hacer un llamamiento a las personas honestas y a los periodistas a que no acepten que se viole el derecho internacional y que se inflija un trato cruel y degradante a seres humanos. Pero esta poltica no habra podido durar si no hubiera tenido el apoyo tcito de los gobiernos de las grandes potencias; con su consentimiento fue como se tortur a las personas consideradas combatientes enemigos[ 7 ]. Por ejemplo, todos los pases europeos suscribieron el contenido de la Patriot Act promulgada tras el 11 de septiembre en Estados Unidos. En el marco de estos acuerdos secretos los agentes de la CIA y del FBI han podido secuestrar y torturar en Europa a miles de inocentes como usted.

Sami El Haj : Quiero decirle lo siguiente: yo no creo en la accin de los gobiernos. Porque todo gobierno, sea del pas que sea, prefiere gobernar sin enfrentarse a los problemas reales de las personas. Puede que a veces intervenga para decir que apoya tal o cual causa, pero en el fondo no la apoya. nicamente se pronuncia por razones oportunistas o polticas. Y puede que incluso por un clculo poltico afirme apoyar una causa en la que no cree. Olvidemos los gobiernos porque ellos siguen su poltica. S, debemos seguir trabajando duramente para defender los derechos y las libertades de cada uno.

Silvia Cattori : Podemos concluir afirmando que no existen los terroristas tal como son presentados por la administracin Bush y nuestros medios de comunicacin?

Sami El Haj : Le puedo asegurar que los prisioneros de Guantnamo a los que yo conoc no son terroristas. Tuve la ocasin de hablar con ellos, de conocerlos: son personas pacficas.

Silvia Cattori : Entonces, ustedes fueron detenidos porque s, porque haba que ofrecer una cifra para hacer creer a los dems pases europeos que, efectivamente, existan terroristas musulmanes?

Sami El Haj : Fuimos detenidos tras el 11 de septiembre, del que nadie hasta el momento puede decir quin es el autor. Bush no quera decir: he cometido errores, no he garantizado correctamente la seguridad. Dijo: vamos a iniciar una guerra contra estos terroristas. Resultado: no ha aportado seguridad a nadie en absoluto.

Ha hecho bombardear Afganistn, ha enviado a sus soldados a hacer la guerra contra pueblos enteros, pero no ha detenido a las personas que se haba propuesto detener. Ha entregado enormes cantidades de dinero a los paquistanes para que a cambio ellos empiecen a detener a ciertas personas y las entreguen al gobierno estadounidense.

El 89% de los prisioneros de Guantnamo fueron comprados con dinero contante y sonante a las autoridades de Pakistn. Dnde los encontraron? En Pakistn, no en Afganistn.

Silvia Cattori : Despus estos prisioneros fueron torturados y se les prometi dejar de torturarlos si aceptaban convertirse en espas al servicio de la CIA! Es un sistema terrorfico!

Sami El Haj : S. Esperemos a que Bush haya abandonado la administracin. Cuando deje de estar en el poder, estoy seguro de que muchas personas van a expresarse acerca de sus delitos.

Silvia Cattori : Su testimonio es muy importante. Han destrozado su juventud. Y usted tiene la magnanimidad de transformar este desastre en algo constructivo. Se niega a ser considerado una vctima. Es usted verdaderamente magnfico! Muchas personas en prisin deben esperar la ayuda de personas de su calidad.

Sami El Haj : Tenemos que trabajar duro para que aquellos que siguen apoyando a la administracin Bush acaben por sentirse avergonzados de sus actos. Entonces nadie les seguir ayudando. Y cuando nadie les ayude, pararn.

Todo lo que tiene que ver con Guantnamo es un lacra. La administracin Bush ha querido engaar a la opinin pblica diciendo que ramos terroristas. Ahora bien, la gran mayora de los hombres a los que ha encerrado son como yo, inocentes.

Silvia Cattori : Gracias por concedernos esta entrevista.

* * *

Todos podemos constatarlo: los supuestos terroristas a los que persiguen nuestras sociedades son en realidad vctimas.

Sami El Haj impresiona por su sabidura, por su madurez, por su altitud de miras. Nos hace pensar en Cristo en la Cruz porque su calvario no ha terminado; sus heridas son demasiado profundas.

Su delicadeza contrasta con la descripcin de los supuestos terroristas que nos han estado dando durante todos estos aos las autoridades y los medios de comunicacin tradicionales.

Ni reivindicaciones ni quejas; su relato es sobrio, sin nfasis. Debera ser capaz de hacer que las cosas se muevan. Insiste en la accin que hay que llevar a cabo para liberar lo antes posible a quienes continan prisioneros. Dice y repite que no podr descansar hasta que no sean liberados todos los prisioneros de Guantnamo.

En adelante es urgente, una obligacin moral, reaccionar, explicar honestamente lo que ocurri realmente, luchar para que nuestras sociedades adopten una poltica en la que el mundo rabe y musulmn pueda esperar otra cosa que no sean guerras y racismo.

Si en su conjunto los medios de comunicacin suizos ha relatado correctamente el paso por Ginebra de Sami El Haj, sin embargo, la televisin pblica local (TSR) minimiz el evento y no se dign invitarlo. Hay que sealar (acaso esto lo explique?) que durante los ltimos siete meses los redactores de la TSR dieron generosamente la palabra a los rabes buenos, como Antoine Basbous o Antoine Sfeir, que repiten lo que nuestros redactores dicen o quieren or, con lo que apoyan las tesis belicistas que, segn parece, gozan de sus favores.

Los secuestros, los centros de tortura como Guantnamo, Abu Ghraib, Bagram, Kandahar, no son, como con demasiada frecuencia se deja creer, un simple desliz [ 8 ], sino que son efectivamente la expresin de una poltica criminal que sirve a los intereses ocultos de dos Estados principalmente: Estados Unidos e Israel. Podemos preguntarnos adems si Israel no es el nico en ganar con estas guerras, que han devastado pueblos enteros, pero tambin arruinado las finanzas y la imagen de Estados Unidos en el mundo.

Esta guerra contra el terrorismo, de la que nos hablan hasta la saciedad, es una guerra criminal; una guerra manipulada por las grandes potencias y sus servicios de inteligencia.

Cada vez hay ms personas que comprenden que las sanciones de la ONU, las listas terroristas que tambin ha establecido Europa, las campaas de denigracin en relacin a los musulmanes, son instrumentos de manipulacin de la opinin pblica destinados a mantener artificialmente un clima de conflicto.

Por lo dems, los atentados del 11 de septiembre de 2001 sirvieron inmediatamente de pretexto para reorientar la poltica internacional de Tel Aviv y Washington en el sentido de objetivos militares programados a la larga. Sobre todo han servido para liquidar cualquier forma de resistencia a su poltica criminal, empezando por la resistencia palestina y musulmana.

Tras el desmantelamiento del imperio sovitico el mundo islmico ha sido nombrado nuevo eje del mal. Desde principios de los noventa Estados Unidos e Israel han maniobrado para suscitar miedo e ignorancia en relacin a los musulmanes y para incitar a los servicios secretos de diversos pases, para infiltrarse en ellos, manipularlos, financiarlos y animar a unos colgados a cometer atentados, para despus acusarlos, justificar unas medidas coercitivas, los secuestros, las torturas, las detenciones arbitrarias.

Desde 2001, mientras que los principales medios de comunicacin se hacan eco complacientemente de las campaas contra unos antisemitas con frecuencia imaginarios, decenas de miles de musulmanes eran secuestrados, encapuchados, encarcelados, destrozados por unos torturadores con el objetivo de obligarles a aceptar trabajar como espas para los servicios de inteligencia estatales. Todo esto est calcado de los mtodos de los servicios secretos israeles del Shin Beth [ 9 ], que tan bien han estado funcionando durante los ltimos 40 aos para destrozar a los cerca de 700.000 palestinos encarcelados arbitrariamente.

Es sta la sociedad que queremos?

Lo ms lamentable y desalentador en esta triste historia es el hecho de que los gobiernos europeos se han servido de esta supuesta amenaza islamista para desembarazarse de muchas salvaguardas constitucionales y ha aplicado, ellos tambin, las medidas ilegales dictadas por Bush y, de este modo, han permitido a la CIA secuestrar en su propio territorio a musulmanes sabiendo que iban a ser llevados a centros de tortura, fuera de todo derecho, y por un tiempo ilimitado.

Lo que tambin es cuestionable es el lugar que los jefes de redaccin han concedido, y siguen concediendo, a estos supuestos especialistas en terrorismo que han alimentado el fantasma del peligro islmico. Unos especialistas que retoman la propaganda estadounidense, asocian Islam y terrorismo aunque saben perfectamente que la estrategia de Washington y de Tel Aviv es asociar sin prueba alguna musulmanes y terroristas[ 10 ].

Todos recordamos estas campaas sesgadas destinadas a vilipendiar y destruir la carrera de dos hermanos, Hani y Tariq Ramadan sobre todo en Francia y Suiza. En otros pases ha habido montajes similares.

Es el momento de reaccionar si no queremos una sociedad pervertida, basada en la mentira, que autoriza los secuestros, los centros de tortura, los asesinatos selectivos, las estrategias de infiltracin destinadas a transformar a las personas en informantes.

Ver a Sami El Hadj, esta persona que ha vuelto del infierno, animar sin ira ni espritu de revancha a los periodistas a trabajar para hacer que triunfen los derechos humanos, para borrar esta lacra de la memoria, es una enorme leccin.

Nuestra civilizacin occidental, nuestras tan elogiadas democracias en nombre de las cuales se han hecho tantas guerras y cometido tantos crmenes, nuestros medios de comunicacin libres tendrn que contar en adelante con todos estos aparecidos que nos llaman a despertarnos.

 

 

SHAPE

[ 1 ] Sami El Haj ha sido invitado a Ginebra por la Fundacin Alkarama for Human Rights. Vase: Sami El Haj achve une intense visite Genve , Alkarama for Human Rights, 2 de julio de 2008.

[ 2 ] Vase: Andreas von Blow: Nous devons dabord lutter contre la manipulation , Rseau Voltaire, 6 de enero de 2006.

[ 3 ] Segn Dick Marty, ponente de la Comisin de Asuntos Jurdicos y de Derechos Humanos del Consejo de Europa encargado de investigar sobre la existencia de prisiones secretas de la CIA en Europa, un acuerdo secreto, al que llegaron en octubre de 2001 Estados Unidos y sus aliados de la OTAN, estableci el marco que ha permitido a la CIA encarcelar a detenidos muy importantes en Europa. Este acuerdo es el que autoriza las graves violaciones de los derechos, incluyendo la tortura.

[ 4 ] Khalid Cheikh Mohammed fue detenido en Pakistan en 2003. Acusado de ser el nmero 3 de al-Qaeda, fue internado en diversas prisiones secretas antes de ser mantenido en aislamiento desde 2006 en Guantnamo y de ser salvajemente torturado. Su proceso-farsa ante un tribunal militar junto con otros 14 responsables de al- Qaeda, tuvo lugar en junio de 2008.

[ 5 ] La Comisin rabe de Derechos Humanos ha luchado desde un principio para exigir el cierre de Guantnamo. Vase: www.achr.nu

[ 6 ] Vase: Reporters Sans Frontires se souvient (tardivement) de Sami Al Haj , Rseau Voltaire, 17 de febrero de 2006.

[ 7 ] El estatuto de combatiente enemigo y de combatiente ilegal, que permiten al gobierno de Estados Unidos detener sin limitacin alguna y sin pasar por una jurisdiccin civil a los prisioneros designados de esta manera se desprende de una ley de excepcin destinada a unir y reforzar Amrica proporcionando las herramientas necesarias para descubrir y responder al terrorismo votada por el Congreso estadounidense y firmada por George W. Bush el 26 de octubre de 2001. [N. de la t.: El nombre de esta ley, Patriot Act, responde a las siglas de estas palabras entre corchetes. El libro de Jean-Claude Paye, El final del Estado de derecho, Hiru, junio de 2008 explica detalladamente lo tratado en esta nota.]

[ 8 ] El diario 24 Heures escribi el 27 de junio de 2008: Sami Elhaj est de paso por Ginebra para denunciar el absurdo desliz de la gran maquinaria antiterrorista estadounidense.

[ 9 ] Vase: Why did they treat me like that?, Gideon Levy, Haaretz, 6 de julio de 2008.

Vase tambin: Full account of Muhammed Omers hair-raising encounter with the Shin Beth , Khalid Amayreh, 1 de julio de 2008.

[ 10 ] En su pgina web Youssef Nada demuestra el papel que algunos periodistas desempearon en su destruccin basndose en mentiras. Vase: http://www.youssefnada.ch/

Enlace con el original: http://www.silviacattori.net/article469.html

 

 

 



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