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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-07-2008

Zimbabwe: El G-8 contra Mugabe

Jorge Gmez Barata
Insurgente


En los aos ochenta estuve en Zimbabwe y, al comentar la necesidad de adquirir ciertos artculos, un lugareo me aconsej: Vaya al barrio negro. Quede tan perplejo como si en Beijing me hubieran sugerido ir al barrio chino o en Oslo al de los blancos.

Entonces conoca otros pases africanos y haba entrado en contacto con el colonialismo y el neocolonialismo, con la pobreza y con las deformaciones estructurales que les impiden salir del subdesarrollo y, por experiencias, estudios y por acompaar a Fidel y aprender de l, comprenda que, mientras no se descubra otra cosa, la opcin ms eficaz y disponible para lidiar con semejante desgracia se relacionan con la autenticidad, la competencia y la capacidad de convocatoria de los lideres.

En Africa donde no se han fomentado estructuras econmicas idneas, no existen instituciones civiles apropiadas para el ejercicio del poder y donde la sociedad civil est anulada por la ignorancia y la exclusin, el papel de los lderes es de enorme trascendencia. Para bien y para mal, mucho depende de ellos. Entonces escrib que proponerle el pluripartidismo a los africanos era lo mismo que sugerirles vivir en tribus a los suizos. Todava pienso que, al menos all, la autenticidad y la consagracin de los lderes son ms importantes que la formalidad electoral.

En 1980, despus de un complicado proceso y de una intensa lucha armada, catorce aos antes que Nelson Mandela saliera de la crcel, en medio de la guerra en Angola, se proclam la independencia de Zimbabwe y Robert Mugabe, un negro, en representacin de los negros, asumi la presidencia en uno de los dos pases gobernados por blancos en Africa Negra, alma gemela de Sudfrica.

En Zimbabwe y en Sudfrica, holandeses y britnicos dieron al colonialismo una perspectiva diferente. El oro y las riquezas eran tantas que se requera otro paradigma de dominacin. All, como antes haba ocurrido en Norteamrica, los colonos concibieron la idea de asentarse para siempre y, en lugar de colonias o factoras, fundaron pases para ellos y sus descendientes, dejando de ser colonos para ser africanos. Adems de la riqueza, se apropiaron de la identidad. La diferencia de enfoques determin la actitud ante la poblacin nativa.

Mientras los espaoles, que aunque mediante la esclavizacin, las mitas y las encomiendas, integraron a la poblacin autctona a su modo de produccin, los britnicos y holandeses en Sudfrica y Rhodesia, como antes hicieron en Norteamrica, decidieron prescindir de los pueblos originarios. Para unos concibieron las reservaciones indgenas y, para Sudfrica y Rhodesia los bantustanes y el apartheid.

La perversa idea que provoc la rebelda de los nativos, concit adems la crtica y la oposicin de sectores de la opinin pblica europea, incluso de la elite de poder britnica. No obstante, en 1923 los gobernantes de la colonia proclamaron la autonoma y, en 1965 un fascista, llamado Ian Smith, la independencia. Su nica promesa fue que: Los negros no gobernaran el pas ni en mil aos. Se equivoc.

No fueron la ONU, Gran Bretaa ni el G-8 quienes echaron a los racistas del poder, sino la lucha armada de dos movimientos de liberacin, uno liderado por Joshua Nkomo y otro por Robert Mugabe, que en 1976 se unieron para crear el Frente Patritico que en 1980 proclam la independencia.

En medio de las turbulencias que afectaban el Africa Austral, bajo la direccin de Mugabe se avanz en el generoso e inteligente empeo de convertir un pas que practic el apartheid en una sociedad multirracial en la cual los blancos conservaron sus propiedades, sus privilegios, su dignidad e incluso participaron en el gobierno, a la vez que con polticas econmicas y sociales apropiadas, la poblacin negra lograba impresionantes avances.

En una dcada se obtuvieron enormes avances sociales y culturales, se redujo la mortalidad infantil a 60 por mil nacimientos y se alcanz un promedio de vida de ms de 50 aos, un prodigio para el Africa de entonces y se avanz en la lucha contra el hambre y la pobreza. Por esos resultados, en 1981 Mugabe recibi el Premio de Derechos Humanos de la Universidad Howard de Washington.

En los aos noventa, la reestructuracin de las relaciones polticas internacionales derivadas de la desaparicin de la Unin Sovitica se dej sentir sobre la regin, que adems afront varios aos de intensa sequa que arruinaron la agricultura. El pas no pudo sostener su modelo de desarrollo ni evitar que sobre la poblacin recayeran los costos sociales de la crisis. No es extrao que Mugabe perdiera popularidad.

Tal vez actuando a la desesperada, Mugabe aplic una reforma agraria inviable, porque no basta confiscar la tierra a los blancos y repartirla entre los pobres, sino que se necesitan semillas, agua, fertilizantes, herramientas, asesora, crditos y maquinarias, circunstancia aprovechada por una oposicin oportunista que nunca hizo nada por el pas y ahora gime por los blancos y le mueve la cola a occidente.

Probablemente en Zimbabwe haya errores, cosa que en ltima instancia concierne a los zinbabwanos, a los que occidente no les tir un cabo cuando Ian Smith los oprima y los asesinaba. No recuerdo que Estados Unidos y las potencias europeas, ahora conocidas como G-8, hayan acorralado a Mobuto, a Bokassa o a Idi Amin, tampoco a Pinochet ni a Somoza, todo lo contrario.

Es difcil creer que Bush que no se interes por los negros de Nueva Orlens, lo haga por los de Zimbabwe. Tal vez lo que Washington y Londres quieren no es un Zimbabwe ms democrtico sino uno ms servil para disponer de un cliente en las fronteras de Sudfrica y Namibia. Cosas veremos.


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