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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-07-2008

Reflexin sobre el principio de distribucin socialista
De cada cual qu? a cada cual cmo?

Georgina Alfonso Gonzlez
Ruthcuadernos.org


La primera vez que le Crtica al Programa de Gotha[1] estudiaba la carrera de Filosofa en Mosc y qued sorprendida al descubrir que no estaba lo que deba encontrar: el principio de distribucin socialista de cada cual segn su capacidad, a cada cual segn su trabajo tan manejado por los manuales y profesores de Marxismo. La nica referencia a este principio, en las obras de los clsicos del marxismo apareca en dicho texto. Coment con varios profesores el tema y unos me insistan en que estaba definido, lo que me hizo leer varias versiones de traducciones del texto, y otros me recomendaban hacer una investigacin para esclarecer dnde y a partir de qu momento histrico aparece el principio definido en los textos de Filosofa Marxista y Economa Poltica del socialismo. Dej las cosas como estaban y me qued con la duda.

 

Despus de la cada del socialismo en Europa del Este y las crisis del Perodo Especial en Cuba, se dej de hablar del tema. Hace unos aos, me llam la atencin el hecho de que en la medida que se reestructuraba la economa cubana y comenzaban a publicarse las reflexiones sobre este proceso, se comenz tambin a utilizar el concepto de equidad como criterio de distribucin[2] y se omita el mencionado principio aunque en el discurso poltico se afirmaba que seguamos en la construccin del socialismo.

 

Luego del impacto en la sociedad cubana de los ltimos cambios en la poltica salarial del pas y a partir del debate abierto por la Revolucin Bolivariana sobre el Socialismo del siglo XXI, he visto continuas referencias a la necesidad de restablecer el valor del trabajo humano como principal criterio de distribucin, reconocimiento y diferenciacin social y recuperar el principio de distribucin socialista, de cada cual segn sus capacidades, a cada cual segn su trabajo. As, volv sobre el texto de Marx y diversas reflexiones de Lenin sobre el mismo y como no encontr el llamado principio decid finalmente exponer mis consideraciones.

 

Marx comienza la Crtica al Programa de Gotha refutando la idea de Lasalle del trabajo como fuente de toda riqueza y cultura. Est tan arraigada y aceptada en el sentido comn que se subestima el hecho de que ella fue el punto de partida de la crtica marxiana. Detrs de esta afirmacin de Lasalle se oculta la verdadera esencia de la produccin capitalista: maximizar las ganancias y las tasas de beneficios socavando al mismo tiempo las dos fuentes originales de toda riqueza: la naturaleza y el ser humano.

 

El capitalismo explota y agota todas las posibilidades creadoras de la vida natural y humana y junto a ellas despoja a las personas de la capacidad de proyectar sus sueos, fantasas e ideales. Por eso, Marx insiste en el sentido abstracto de la frase, que retoma Lasalle del liberalismo para convertir en ideal socialista, frase que silencia las condiciones en que el trabajo humano produce riquezas y las formas de apropiacin de las verdaderas fuentes de riquezas.

 

Los burgueses tienen razones muy fundadas para atribuirle al trabajo una fuerza creadora sobrenatural, pues precisamente del hecho de que el trabajo est condicionado por la naturaleza se deduce que el hombre que no dispone de ms propiedad que su fuerza de trabajo, tiene que ser, necesariamente, en todo estado social y de civilizacin, esclavo de otros hombres, de aquellos que se han adueado de las condiciones materiales de trabajo. Y no podr trabajar, y por consiguiente, vivir, ms que con su permiso.[3]

 

Esta crtica de Marx apunta a las esencias del sistema de explotacin capitalista. El capitalismo bajo la psicosis de la competencia cambia los significados del trabajo, convirtindose ste en un bien escaso preado de un fuerte componente de incertidumbre. El trabajo bajo el poder del capital contribuye a fortalecer las desigualdades entre los ciudadanos y dar vitalidad a la competencia. La instauracin de un ejrcito de reserva de trabajo permanente sigue siendo un elemento propulsor y dinamizador de la economa neoliberal.

 

El argumento es que el pleno empleo, como valor orientador de la economa, pondra en peligro la situacin general del empleo. Se desarrolla as una conciencia de que es prioritario salvar la situacin general del empleo aunque ello implique un desempleo estructural creciente, empleos menos estables, peor pagados, etc. El tributo que se brinda en nombre del valor supremo de la competencia, se paga con sacrificios humanos en la modalidad de desempleo, inseguridad econmica y social y retrocesos en conquistas alcanzadas.[4]

 

Si para Marx es importante hacer conceptualizaciones, tambin le resulta necesario esclarecer cuestiones sobre los mecanismos sociales de regulacin del trabajo para armar tericamente a la clase obrera en su lucha contra el capitalismo y la construccin consciente de la sociedad futura. En la Crtica al Programa de Gotha, Marx refuta el planteamiento de Lasalle acerca de que el trabajo pueda ser regulado colectivamente con un reparto equitativo de su fruto.

 

Marx arremete contra Lasalle por lo daino que resulta para la teora y prctica revolucionaria reproducir esquemas de pensamiento que legitiman la lgica de funcionamiento de la sociedad capitalista en la proyeccin de la sociedad futura y crean una visin idlica de las posibilidades inminentes del cambio social al margen del desarrollo de la nueva sociedad en su totalidad real.[5]

 

Asimismo el autor demuestra en su Crtica que el socialismo es un proceso de deconstruccin y construccin al unsono de viejas y nuevas formas de relaciones y convivencias humanas. En la sociedad socialista siguen existiendo aspectos econmicos, morales y culturales que llevan el sello de la vieja sociedad de la cual han salido, y aunque en las nuevas condiciones nadie puede dar sino su trabajo, y nada puede pasar a ser propiedad privada fuera de los medios individuales de consumo, reina el mismo principio de distribucin que en el intercambio de mercancas equivalentes: se cambia una cantidad de trabajo, bajo una forma, por otra cantidad igual de trabajo, bajo otra forma distinta. La igualdad y la equidad se miden por el mismo rasero: por el trabajo, y consecuentemente siguen llevando la limitacin del derecho burgus.[6]

 

Este derecho sigue siendo un derecho desigual pues no reconoce el trabajo fuera de la esfera de la produccin, ni las diferencias fsicas e intelectuales de los individuos, sus condiciones de vida o su situacin familiar. Pero, como reconoce el propio Marx, el derecho no puede ser nunca superior al desarrollo socioeconmico y cultural de la sociedad que lo condiciona, por consiguiente, estos defectos son inevitables en la primera fase de la sociedad comunista.

 

Esta igualdad desigual solo ser superada, segn Marx, en la fase superior de la sociedad comunista

 

[] cuando haya desaparecido la subordinacin esclavizadora, de los individuos a la divisin del trabajo, y con ella, la oposicin entre el trabajo intelectual y el trabajo manual; cuando el trabajo no sea solamente un medio de vida, sino la primera necesidad vital; cuando, con el desarrollo de los individuos en todos sus aspectos, crezcan tambin las fuerzas productivas y corran a chorro lleno los manantiales de la riqueza colectiva, solo entonces podr rebasarse totalmente el estrecho horizonte del derecho burgus, y la sociedad podr escribir en sus banderas: De cada cual, segn sus capacidades; a cada cual, segn sus necesidades!.[7]

 

Este criterio o principio de distribucin se sustenta en cambios esenciales en el modo de produccin y tiene como fundamento concebir el trabajo humano no como medio de vida, sino como la primera necesidad vital. Entender el trabajo como necesidad vital no es lo que vulgarmente se entiende en la frase el que no trabaja se muere; se refiere a aquel trabajo humano que ha dejado de ser una obligacin, una aversin, una enajenacin y se convierte en actividad consciente, creativa, participativa, disfrutable y transforma al individuo en sujeto emancipado.

 

El cambio en la actitud hacia el trabajo no es espontneo ni casual, hay que crear condiciones que lo favorezcan y que tributan, como seala Marx, a cambios esenciales en las diferentes esferas de la vida humana, no de manera fragmentada sino como totalidad armnica y coherente. Es un reto para la prctica del socialismo, especialmente en Cuba, restablecer el trabajo como principal criterio de distribucin, reconocimiento y diferenciacin social, y para ello se hace necesario, entre otras cuestiones, fortalecer econmica, jurdica, poltica e ideolgico-culturalmente la autoridad y el poder efectivo de los colectivos laborales en la toma de decisiones y el control sobre los procesos productivos, dar ms participacin y responsabilidad individual y colectiva a los trabajadores en los procesos laborales y sociales, potenciar y estimular las iniciativas y la creatividad, facilitar la superacin y calificacin de los trabajadores, involucrarlos en los programas esenciales de transformacin social como sujetos activos.

 

Se hace imprescindible para nuestra prctica socialista dar mayor coherencia a las formas de distribucin en correspondencia con las condiciones reales del desarrollo productivo cubano, considerando las necesidades materiales y espirituales concretas de los trabajadores. Ya alertaba Marx en este texto, sin haber vivido la experiencia socialista, cmo se reproduce la lgica burguesa cuando se fragmenta la distribucin de la produccin y se trata como momento independiente del modo de produccin, por qu volver a marchar hacia atrs?.[8]

 

Si aceptamos, de acuerdo al mencionado principio de distribucin socialista, que todos los miembros de la sociedad pueden dar de s toda su capacidad pero reciben a cambio solo la equivalencia de lo que entregan en energas fsicas e intelectuales con fines productivos, caemos en la trampa de fragmentar la realidad a conveniencia. Para que el ser humano entregue el mximo de sus capacidades requiere tener lo necesario para ello.

 

Es ingenuo e irresponsable pensar que elevar el nivel tcnico, modernizar los medios de produccin, los niveles alcanzados de mecanizacin en procesos tecnolgicos importantes, la calificacin tcnico-profesional alta de la fuerza de trabajo, sean premisas econmicas suficientes para que desaparezca una de las fuentes ms importantes de desigualdad social: el contraste entre el trabajo fsico e intelectual y la subordinacin a la divisin social del trabajo. Estas condiciones hablan solo del comienzo de una nueva etapa, como escribi Lenin a los obreros rusos, [] ms difcil, ms radical, ms esencial y ms decisiva que el derrocamiento de la burguesa, pues es una victoria obtenida sobre la propia rutina y la indisciplina, sobre el egosmo pequeoburgus, sobre todos esos hbitos que el maldito capitalismo ha dejado en herencia al obrero y al campesino.[9]

 

Las revoluciones socialistas son procesos de pasiones y fuerzas donde los sujetos sociales sienten la necesidad de hacer por el cambio social. Che Guevara, analizando la experiencia del socialismo, llam la atencin sobre el hecho de que:

 

[...] nosotros no hemos logrado todava que el hombre entregue, sino que hemos colocado un aparato donde la sociedad succiona [...] que el hombre sienta la necesidad de hacer trabajo voluntario es una cosa interna y que el hombre sienta la necesidad de hacer trabajo voluntario por el ambiente es otra. Las dos deben estar unidas. El ambiente debe ayudar a que el hombre sienta la necesidad de hacer trabajo voluntario, pero si es solamente el ambiente, las presiones morales las que obliguen a hacer al hombre trabajo voluntario, entonces contina aquello que mal se llama la enajenacin del hombre, es decir no realiza algo que sea una cosa ntima, una cosa nueva, hecha en libertad y no que sigue esclavo.[10]

 

Las formas activas de emergencia del sujeto social en los procesos de cambios no son juegos formales ni planteos burocrticos, ellas obedecen a un conjunto de factores de estabilidad y conflicto sociohistricos y culturales que se entrecruzan y condicionan el sentido y la direccin del proceso de transformacin social. Al mismo tiempo, la construccin socialista es un proceso paulatino de transformacin y creacin continua de vnculos de solidaridad y justicia. Cmo resolver este antagonismo en el socialismo que requiere, para convertirse en proyecto aceptado y de construccin de vida digna y justa, avanzar en la satisfaccin de las necesidades humanas?

 

La respuesta, ms que en la teora, est en las experiencias de los Sbados Comunistas de los obreros rusos en 1919, los Trabajos Voluntarios del pueblo cubano en los aos 60 y los Contingentes Obreros de la construccin y la agricultura en los aos difciles del Perodo Especial para la Revolucin Cubana, en la dcada del 90 del siglo XX. Estas experiencias sentaron pautas para la creacin de nuevas relaciones sociales y de una nueva organizacin del trabajo que conjugara la introduccin de la ciencia y la tecnologa con el fortalecimiento de la autoridad y el poder efectivo del colectivo de trabajadores en la vida social. Estas prcticas pretendieron superar los marcos estrechos de un modo de produccin todava ineficiente y de una distribucin equivalente al trabajo entregado, de acuerdo con la frmula a igual cantidad de trabajo, igual cantidad de productos. Ellas introducen un nuevo elemento como criterio de medida del trabajo: el aporte colectivo a la sociedad a partir de la concientizacin por los trabajadores de la importancia de su trabajo para la vida de todos y todas.

 

Acerca del significado histrico de los Sbados Comunistas reflexion Lenin: Los Sbados Comunistas, tienen una magna importancia histrica precisamente porque nos muestran la iniciativa consciente y voluntaria de los obreros en el desarrollo de la productividad del trabajo, en el paso a una nueva disciplina laboral y en la creacin de las condiciones socialistas en la economa y en la vida.[11]

 

Lenin alert sobre no aprovecharse de esta experiencia para identificar cualquier otro tipo de trabajo que desvirtuara la esencia de lo nuevo creado. No es el nombre lo que define la cualidad de esta iniciativa obrera, sino el proceso de trabajo diferente, los xitos prcticos y la manera prolongada y ejemplar de dirigir, organizar y controlar el propio trabajo. Esta iniciativa obrera se insert tambin en la vida poltica y sent nuevas pautas para el ejercicio de la democracia socialista.

 

El teleologismo que se impuso a las prcticas socialistas soviticas cercen esta experiencia en aras de un futuro que exiga perder el sentido histrico del momento y sacrificar la vida cotidiana de los propios actores sociales. Se insisti ms en conocer la realidad que en la necesidad de los cambios sociales subestimndose en el proceso el papel activo, participativo y transformador del sujeto en el devenir social de acuerdo a sus necesidades e intereses.

 

Lamentablemente en la experiencia histrica del socialismo se ha pasado muchas veces por alto que:

 

La prctica ms severa confirma que el carcter de un proceso solo est determinado por las contradicciones sociales que resuelve y no por un supuesto protagonista que puede ser virtual (como lo ha sido en la mayor parte de la historia) y que ha defendido un proyecto como suyo, pero que en realidad lo han convertido, por exclusin, en un proyecto que nada o muy poco tiene que ver con l.[12]

 

Desde los inicios de la Revolucin Cubana, Che Guevara critic la determinacin mecnica de objetivos sociales sin la participacin consciente de los trabajadores.

 

Al pensar la revolucin y la construccin socialista Che insiste en la relacin entre las necesidades e intereses sociales e individuales. Hace nfasis en que el socialismo se fundamenta en la satisfaccin de las necesidades bsicas y los deseos de realizacin individual y colectiva. As arremete contra los discursos poltico-ideolgicos que intentan promover un socialismo al margen de las necesidades e intereses de la sociedad y de los individuos recurriendo, solo, a experiencias histricas o culturales fuera del contexto de la vida cotidiana de los hombres y las mujeres que construyen la sociedad socialista.

 

Y si conocemos el rumbo por donde tenemos que caminar nos falta solamente conocer la parte diaria del camino a realizar. Y esa parte no se la puede ensear nadie, esa parte es el camino propio de cada individuo, es lo que todos los das harn, lo que recoger en su experiencia individual y lo que dar de s en el ejercicio de su profesin, dedicado al bienestar del pueblo.[13]

 

Los Trabajos Voluntarios resignificaron los sentidos econmicos, ticos y polticos de la Revolucin Cubana y de la propia prctica socialista. El trabajo voluntario, necesario aunque no imprescindible para el proceso de produccin, promova valores diferentes para los trabajadores: instalarse en el poder, sentirse dueo de lo que hace, saber que crea nuevas riquezas para ofrecer a los dems, asumir una responsabilidad compartida y un compromiso colectivo, sentir la alegra y el disfrute por el trabajo y reconocerse importante dentro de la sociedad.[14]

 

El socialismo pensado por el Che apunta a la creacin de nuevos valores humanistas a la par del desarrollo de nuevas relaciones econmicas. Pero para esto es necesario establecer una relacin armnica entre el saber, el hacer y el desear, de modo que se interprete correctamente la realidad histrica, se utilicen de forma adecuada las fuerzas que intervienen en ella y se incorporen, cada vez ms, elementos de distintas tendencias que, no obstante, coincidan en la accin y los objetivos revolucionarios y socialistas.[15]

 

En este perodo de construccin del socialismo podemos ver al hombre nuevo que va naciendo, su imagen no est todava acabada, no podra estarlo nunca ya que el proceso marcha paralelo al desarrollo de las formas econmicas nuevas [...]. Lo importante es que los hombres van adquiriendo cada da ms conciencia de la necesidad de su incorporacin a la sociedad y, al mismo tiempo, de su importancia como motores de las mismas.[16]

 

A partir de 1985, con la celebracin del III Congreso del Partido Comunista de Cuba, se comienza a hacer crticas agudas y profundas a las ineficiencias econmicas y a las manifestaciones de mercantilismo, burocratismo y formalismos en el sector laboral.[17] En el discurso en ocasin del XXV Aniversario de la Victoria de Playa Girn, el 19 de abril de 1986, Fidel hace un anlisis de las principales tendencias negativas y errores de la gestin econmica y el trabajo poltico e ideolgico.[18] Este discurso abri el proceso de rectificacin de errores y tendencias negativas en la sociedad cubana que tena como objetivo recuperar y desarrollar principios esenciales del proceso de construccin socialista.

 

Es en este perodo que se promueve en el pas la experiencia de los Contingentes agrcolas de obreros de la construccin y segn la referencia de los Sbados Comunistas y los Trabajos Voluntarios, adems de tener un carcter ms sistemtico y permanente, los Contingentes intentaron vincular nuevas formas organizativas y de direccin de la produccin al aplicar lo ms avanzado en la ciencia y la tecnologa; promover el multioficio; potenciar el control obrero sobre las decisiones administrativas, los costos y la rentabilidad; establecer la atencin al hombre ms all del estmulo material y moral, y fortalecer la participacin obrera en el proceso productivo con la introduccin de nuevos elementos para la autodireccin y la democracia dentro del colectivo laboral.[19]

 

Las experiencias de los Sbados Comunistas, los Trabajos Voluntarios y los Contingentes se intentaron extender de manera esquemtica a toda la sociedad mediante mecanismos formales, estructuras polticas y utilizando su nombre como garanta de eficiencia. Adems se sobrevalor el momento de la concientizacin al punto de creer que solo por el hecho de que se participara de esta experiencia era suficiente para elevar la conciencia de los trabajadores hacia el trabajo. Se olvid que la consagracin al trabajo debe ser conquistada mediante una labor prolongada y tenaz, mediante xitos prcticos concretos en la edificacin verdaderamente comunista.[20]

 

Tomar conciencia de que somos actores sociales de la construccin socialista desencadena siempre un proceso crtico que insta a confrontar las aspiraciones de los sujetos con las posibilidades de instrumentarlas y hacerlas efectivas dentro del sistema en que estn inmersos. Ese es un modo de participacin consciente de los individuos en su devenir. Pero no siempre la correspondencia entre las aspiraciones humanas y las posibilidades prcticas de su realizacin es armnica. Por eso, el sentido y la direccin de la crtica social dependern, en gran medida, de las formas especficas en que se manifiesta la participacin de aquellos como grupos sociales y clases.

 

El debate sobre los temas de la economa y la poltica en el socialismo no escapan a una retrica que se mueve en posiciones extremas y contrapuestas. La idea por la que abogamos es que no se trata de definir un principio que solucione la contradiccin entre la produccin y la distribucin en el socialismo, o creer que la conciencia socialista se forma por s sola y una vez establecida superar los males pendientes del sistema. Solo el ejercicio de una cultura verdaderamente democrtica, desenajenante, libre de toda forma discriminatoria y hegemonista, puede ser capaz de ayudar a construir esa conciencia que le otorga capacidad a la clase trabajadora y al movimiento popular para imponer o llevar adelante el proyecto social que crea posible.

 

El socialismo es un proceso que no puede realizarse sin ensanchar su contenido propio y hacer corresponder coherentemente las propuestas terico-prcticas de la economa, la poltica y la ideologa con la subjetividad social, dialogando continuamente con las prcticas cotidianas.

 

Cmo hacer un socialismo ms justo, equitativo, sustentable y digno? Diversos son los modos en que emerge esta preocupacin y ello constata la existencia de un reordenamiento terico que brota de las praxis cotidianas de los sujetos sociales que participan, tanto en la deconstruccin de viejas estructuras de poder como en la construccin de nuevos proyectos alternativos.

 

No es difcil pensar el socialismo ni concebir una sociedad socialista desarrollada [deca Lenin] lo ms difcil en los virajes y en los cambios radicales de la vida social es tener en cuenta las peculiaridades de todo trnsito.[21]

 

Por eso se hace necesaria una mayor integracin de la prctica social con las ciencias sociales en el anlisis de los problemas concretos desde el conjunto de aspectos econmicos, sociopolticos, valorativos, culturales y ecolgicos inherentes a la sociedad global contempornea. Solo en la unidad y coherencia de prctica y teora, de accin y reflexin, es posible dar cuenta de las transformaciones necesarias y posibles para superar el carcter, todava enajenante, de la cotidianidad para quienes vivimos el socialismo.[22]

 

La reconstruccin prctica, epistemolgica y valorativa de proyectos socialistas emerge hoy de las prcticas cotidianas del sujeto social latinoamericano; ya esto es una seal de que se intenta romper el crculo vicioso entre viejos e inautnticos modelos tericos y paradigmas resquebrajados para dar paso al socialismo de la nueva poca. Si bien no existen modelos absolutos de soluciones de problemas, y mucho menos formas permanentes de actuar, lo cierto es que hay una transmutacin paradigmtica, una nueva actitud fundadora que est dando cuenta de las posibilidades inagotadas de realizar la emancipacin integral humana.

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* Georgina Alfonso Gonzlez (1966): Ensayista cubana, en 2004 obtuvo el Premio Ensayo de Ciencias Sociales de la revista Temas por Los valores y el sentido de una vida: el debate filosfico de una poca.

 

Notas

[1] Este trabajo fue escrito por Carlos Marx en 1875 bajo el ttulo de Glosas marginales al programa del Partido Obrero Alemn y publicado en 1891 como Crtica al Programa de Gotha.

 

[2] Ver Colectivo de autores: Estructura econmica de Cuba, t. I, pp. 28-32 y 68-79.

 

[3] C. Marx: Glosas marginales al programa del Partido Obrero Alemn, C. Marx y F. Engels: Obras escogidas, t. III, Editorial Progreso, Mosc, 1974, p. 9.

 

[4] Wim Dierckxsens: Los lmites de un capitalismo sin ciudadana, p. 50.

 

[5] Me he extendido sobre el "fruto ntegro del trabajo" por una parte, y por otra, sobre "el derecho igual" y "el reparto equitativo" para demostrar en qu falta grave se incurre, por un lado, cuando se quiere volver a imponer a nuestro Partido como dogmas ideas que, si en otro tiempo tuvieron un sentido, hoy ya no son ms que tpicos en desuso, y, de otro, cuando se tergiversa la concepcin realista, que tanto esfuerzo ha costado inculcar al Partido, pero que hoy est ya enraizada, con patraas ideolgicas, jurdicas y de otro gnero, tan en boga entre los demcratas y los socialistas franceses, en C. Marx: Ob. cit. (en n. 3), p. 16.

 

[6] C. Marx: Ob. cit. (en n. 3), p. 14.

 

[7] Ibd., p. 15. [El nfasis es de la autora].

 

[8] Ibd., p. 16.

 

[9] V. I. Lenin: La gran iniciativa, en Obras escogidas, t. X (12 t.), p. 1.

 

[10] E. Guevara: Reunin bimestral del Ministerio de Industrias, en O. Borrego y E. Oltuski: El Che en la Revolucin cubana, t. II, p. 562.

 

[11] V. I. Lenin: Ob. cit. (en n. 9), pp. 14-15.

 

[12] Gilberto Valds: Los paradigmas emancipatorios en Amrica Latina. Opciones en controversia, p. 129.

 

[13] E. Guevara: Discurso en la inauguracin del curso de adoctrinamiento del Ministerio de Salud Pblica (19 de agosto de 1960), en Escritos y discursos, t. IV, p. 187.

 

[14] E. Guevara: , t. VIII, pp. 150-151.

 

[15] E. Guevara: Ob. cit. (en n. 13), p. 21.

 

[16] E. Guevara: El socialismo y el hombre en Cuba, p. 12.

 

[17] Fidel Castro: Informe Central al Tercer Congreso del Partido Comunista de Cuba.

 

[18] F. Castro: Discurso en el XXV Aniversario de la Victoria de Playa Girn y de la proclamacin del carcter socialista de la Revolucin, p. 23.

 

[19] En 1990 me insertaron a cumplir el servicio social en la Brigada 5 del Contingente Blas Roca, que fue el precursor de la experiencia en el pas. Durante diecisis meses trabaj a pie de obra; la brigada estaba formada en su mayora por jvenes que compartan el trabajo con obreros destacados por sus experiencias en el sector de la construccin. Viv all la rudeza de este oficio, fue mi primera experiencia laboral y lo ms grato que guardo de ella fue conocer la humildad de estos obreros, su calidad humana y la manera sencilla de asumir el sacrificio de su trabajo para los dems. En muchos cubanos est la idea de que en los Contingentes se trabajaba por los altos salarios o la buena calidad de la comida; aceptar esta idea es una manera muy primitiva de reproducir el esquema ms dinero, ms trabajo y de subestimar a la mayora de los obreros que participaron de esa experiencia muy conscientes de su condicin humana y sentido de la vida.

 

[20] V. I. Lenin: Ob. cit. (en n. 9), t. X, p. 23.

 

[21] V. I. Lenin: Informe sobre la labor del CEC a la primera sesin del CEC, ob. cit. (en n. 9), t. X, p. 358.

 

[22] La teora y las praxis socialistas han vivido la experiencia y las consecuencias de la subestimacin de lo cotidiano como dimensin reproductiva de la vida social y la sobrevaloracin de la produccin al margen de la cotidianidad. Esto condicion una manera de pensar, hacer y desear que fragmenta ambas esferas de la realidad y asocia los actos de creacin y crtica solo a la ltima. La cotidianidad es la manera de pensar, hacer y desear cada da. Los significados que de ella emanan refieren ya sea a las relaciones sociales propias de las formas de produccin y reproduccin de la vida social y humana o a las interacciones sociales dadas, entre otros elementos, por la voluntad, la identidad, la autoestima de los individuos, grupos o clases sociales.

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Bibliografa utilizada

 

Castro, Fidel: Discurso en el XXV Aniversario de la Victoria de Playa Girn y de la proclamacin del carcter socialista de la Revolucin, Cuba Socialista, La Habana, 1986; 6: 23.

 

: Informe Central al Tercer Congreso del Partido Comunista de Cuba, La Habana, Editora Poltica, 1986.

 

Dierckxsens, Wim: Los lmites de un capitalismo sin ciudadana, San Jos, DEI, Coleccin Lucirnaga, 1997.

 

Guevara, Ernesto: El Che en la Revolucin Cubana (7 t), O. Borrego y E. Oltuski (comps.), La Habana, Ministerio del Azcar, 1966.

 

: Escritos y discursos, La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1977.

 

: El socialismo y el hombre en Cuba, La Habana, Editora Poltica, 1988.

 

Lenin, Vladimir Ilich: Obras escogidas (12 t.), Mosc, Editorial Progreso, 1977.

 

Marx, Carlos, Federico Engels: Obras escogidas, Mosc, Editorial Progreso, 1974.

 

Valds, Gilberto: Los paradigmas emancipatorios en Amrica Latina. Opciones en controversia, Puebla, Benemrita Universidad Autnoma de Puebla, 1999.

 

VVAA: Estructura econmica de Cuba, La Habana, Editorial Flix Varela, 2002


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