Portada :: Palestina y Oriente Prximo
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-07-2008

Las diversas caras de la opresin israel en Palestina
Cuatro muros para encerrarlos a todos

Julien Salingue
juliensalingue.com

Traducido por Caty R.


Este artculo es el ltimo que pongo en lnea antes de mi partida. No voy a intentar, sera imposible, hacer un resumen de las 11 semanas pasadas en los territorios palestinos. En vez de eso tratar de presentar una sntesis de lo que considero los cuatro componentes esenciales de la opresin israel.

Todo el mundo sabe que desde el ao 2002 Israel est construyendo un muro gigantesco en Cisjordania. Lo que no se observa con frecuencia es que ese enorme muro de hormign no es el nico que ha erigido el Estado de Israel, aunque es el ms obvio. Efectivamente, en la actualidad los palestinos chocan con cuatro muros que les impiden llevar una vida digna y conseguir sus derechos nacionales: un muro de hierro, un muro de alambre, un muro de cristal y un muro de hormign.

El muro de hierro: el ejrcito israel

Aparte de los que estn prcticamente ciegos desde la infancia, todos los sionistas moderados han comprendido hace mucho tiempo que no existe la ms mnima esperanza de obtener el acuerdo de los rabes de la tierra de Israel para que Palestina se convierta en un pas con una mayora juda () La colonizacin sionista, incluso la ms limitada, debe completarse, es decir, llevarse a cabo ignorando la voluntad de la poblacin autctona. Por lo tanto, dicha colonizacin slo puede seguir y desarrollarse bajo la proteccin de una fuerza independiente de la poblacin local: un muro de hierro que la poblacin autctona no pueda atravesar (1).

Esas lneas fueron escritas a principios de los aos 20 por Vladimir Jabotinsky, lder de la corriente revisionista sionista de la que surgi el Likud y, entre otros, los primeros ministros Begin, Shamir y Sharon. Dichas lneas describen la doctrina del muro de hierro: en la medida en que los rabes de Palestina se opondrn a la creacin de un estado judo en un territorio en el que son ampliamente mayoritarios, el movimiento sionista debe dotarse de un ejrcito poderoso, apoyado por los pases imperialistas, que favorecer la colonizacin y que, cuando llegue el momento, permitir a los judos imponer un hecho consumado a la poblacin autctona.

A pesar de la posicin minoritaria de la corriente revisionista en el movimiento sionista (dominado por los laboristas de Ben Gurion), la doctrina del muro de hierro tiene muchos imitadores y en realidad fue uno de los factores que condujo a la creacin de diversas milicias judas armadas; las ms famosas fueron la de Haganah (creada en 1920), Irgun (1931) y el grupo Stern (1940). Estas milicias aterrorizaron a los habitantes rabes y fueron responsables de la salida forzosa de 800.000 personas durante los aos 1947-49. Fue el grupo Stern, dirigido por Menahem Begin, el que perpetr la masacre de Deir Yassin en abril de 1948. Despus de la declaracin de independencia de Israel, la Haganah constituy la columna vertebral del ejrcito israel, el Tsahal, que absorbi rpidamente a las dems milicias.

Desde los orgenes del Estado de Israel, el componente militar ha desempeado un papel clave para llevar a cabo la limpieza tnica indispensable para el establecimiento del estado judo sobre un territorio poblado mayoritariamente por no judos. El muro de hierro, el ejrcito, sigue siendo actualmente uno de los pilares fundamentales de la poltica israel. La lista de generales que se han convertido en ministros o primeros ministros es demasiado larga para citarla aqu, pero incluye, por ejemplo, a los generales Allon, Dayan, Rabin, Sharon, Barak, Ben Eliezer, Zeevi o Mofaz En el parlamento actual los generales representan el 10% de los cargos elegidos. Cuando los generales pasan a la vida poltica no dejan de ser militares y este hecho dirige sus decisiones y grandes orientaciones polticas, como demostr ampliamente la aorada Tanya Reinhardt (2).

Adems, Israel es el nico pas democrtico en el que el jefe del ejrcito asiste a todas las reuniones del gobierno (3). Y adems, los generales tienen un arma que ningn poltico puede permitirse el lujo de ignorar: el control absoluto de los medios de comunicacin. Casi todos los corresponsales y comentaristas militares son obedientes servidores del jefe del ejrcito y publican, como si se tratase de sus propias opiniones, las instrucciones del jefe del Estado Mayor y sus generales (4). Este poder de los generales sobre los medios de comunicacin permite mantener un clima de miedo permanente en una sociedad impregnada de contradicciones pero en la que el temor a la agresin extranjera y la unidad nacional, tras las operaciones militares, son sus cimientos. Por lo tanto, as se legitima un presupuesto militar faranico: los gastos militares por habitante son 15 veces superiores en Israel que en Estados Unidos. El ejrcito israel es uno de los ms importantes del mundo y, con mucho, la primera fuerza militar de la regin y la nica potencia nuclear de Oriente Prximo.

El muro de hierro que quera Jabotinsky, entendido como un poderoso ejrcito que desempea un papel principal en el desarrollo del proyecto sionista apoyado por los pases imperialistas existe, por lo tanto, claramente. En la actualidad se encarna en la ocupacin militar de Cisjordania y el asedio de Gaza. Los palestinos de los territorios ocupados son los testigos y vctimas directas de las decisiones que guan la poltica represora de las autoridades de la ocupacin desde hace 60 aos. Sus enfrentamientos cotidianos con el ejrcito en los puestos de control, las redadas o los miles de procesos judiciales militares, son la trgica ilustracin de esta primera dimensin de la opresin israel: la imposicin, por la fuerza, de los hechos consumados del sionismo.

La tarea asignada al muro de hierro definido por Jabotinsky hace 85 aos, es ms actual que nunca: Afirmamos que el sionismo es tico y justo. Y puesto que es tico y justo, se tiene que hacer justicia con independencia de que Jos, Simn, Ivn o Ahmed estn de acuerdo o no (5).

El muro de alambre: los campos de refugiados

La tierra de Israel est habitada por los rabes () Debemos prepararnos para expulsarlos del pas por la fuerza de las armas, como hicieron nuestros padres con las tribus que vivan all; si no, nos encontraremos frente a un problema representado por la presencia de una poblacin extranjera numerosa, de mayora musulmana, que est acostumbrada despreciarnos desde hace generaciones. Actualmente no somos ms que el 12% del conjunto de la poblacin y slo poseemos el 2% de la tierra (6).

Eso es lo que declaraba, a finales del siglo XIX Israel Zengwill, uno de los primeros colaboradores de Theodor Herzl, considerado el padre fundador del sionismo. Palestina no era, al contrario de la falacia que propag el movimiento sionista, una tierra sin pueblo. Los sionistas eran conscientes de este hecho y por eso, desde el principio, proyectaron la expulsin de los autctonos para permitir la construccin de un Estado judo.

El plan de de divisin de 1947 otorgaba un poco ms del 55% de Palestina al Estado judo. El objetivo declarado de los dirigentes sionistas es conquistar Palestina entera:

La aceptacin del reparto no nos compromete a renunciar a Cisjordania. No se puede pedir a nadie que renuncie a su sueo. Aceptaremos un Estado en las fronteras que se fijan hoy, pero las fronteras de las aspiraciones sionistas son asunto de los judos y ningn factor externo podr limitarlas (David Ben Gurion) (7).

Pero los judos slo representan un tercio de la poblacin. Por lo tanto, la limpieza tnica era inevitable.

Los trabajos de los historiadores palestinos, adems de los de los nuevos historiadores israeles, especialmente Ilan Pappe y Benny Morris (8), han establecido que aproximadamente 800.000 palestinos fueron expulsados de sus tierras durante la gran expulsin de 1947-49, la Naqba. Por otra parte, han demostrado que dicha expulsin no fue un dao colateral de la guerra rabe israel de 1948, sino que fue el resultado de un plan preciso, el plan Daleth, dirigido a limpiar la tierra palestina de la mayor parte posible de sus habitantes rabes. As, ms de la mitad de las 800.000 expulsiones tuvieron lugar antes de que empezase la guerra, lo que invalida la tesis comnmente divulgada de que los aldeanos huan de los combates entre los ejrcitos rabes y el ejrcito israel.

Todos los refugiados huyeron por las amenazas directas de las milicias judas o algunos abandonaron sus tierras por miedo a las masacres? Los que discuten la tesis de la expulsin hacen de esta cuestin un asunto fundamental y se refieren constantemente a inencontrables registros radiofnicos que demostraran que los regmenes rabes llamaron a los palestinos a huir de sus tierras. Ms all del hecho de que los trabajos histricos ms recientes han demostrado ampliamente el carcter programado y sistemtico de las expulsiones, este debate no es ms que un juego de manos para desviar la atencin de una verdad histrica que nadie puede negar: cualesquiera que fuesen las motivaciones que empujaron a huir a cada uno de los refugiados, ninguno de ellos ha podido regresar jams a sus tierras.

Lo mismo que los otros cientos de miles de palestinos que han engrosado los contingentes de refugiados en otras oleadas de expulsin, especialmente en junio de 1967. Actualmente, segn las cifras oficiales de la ONU, hay ms de 4,5 millones de refugiados palestinos. Existen 59 campos, algunos todava cercados de alambre, en Gaza (8 campos), Cisjordania (19), Jordania (10), siria (10) y Lbano (12). A esta cifra hay que aadir los refugiados no registrados por la UNRWA. Segn la Oficina Central Palestina de Estadstica (PCBS), en la actualidad hay alrededor de 7 millones de refugiados palestinos por todo el mundo, sobre una poblacin total de poco ms de 10 millones.

Por lo tanto, ms de dos tercios de los palestinos son refugiados a quienes Israel niega el derecho de regresar a sus tierras. Como dijo Hussam Khadr, miembro de Fatah en el campo de Balata, ex diputado, y actualmente preso: la causa palestina es la causa de los refugiados. Esto autoriza a cualquier observador mnimamente serio de la cuestin palestina a decir que cualquier regulacin se atasca en las reivindicaciones del reconocimiento de la expulsin y el derecho de retorno se convierte as en descabellado y/o inadmisible. El muro de alambre que encierra al 70% del pueblo palestino en los campos y en un estatuto de refugiados permanentes es el segundo dispositivo insoslayable de la opresin fabricada por Israel.

El muro de cristal: el estatuto de los palestinos del 48

Estn los ciudadanos rabes del Estado de Israel. Esa es nuestra principal preocupacin. Que no acaba en Gaza. Que no acaba en Judea y Samaria (Cisjordania). Tenemos que enfrentarnos a nuestra principal preocupacin (Gideon Ezra, actual ministro israel de Medio Ambiente y miembro del Kadima).

Existe un tercer muro que encierra a la poblacin palestina y constituye un aspecto a menudo subestimado, o ignorado deliberadamente, de la opresin israel. Es el muro de cristal, utilizando una metfora del periodista Jonathan Cook, que encierra a los palestinos de 1948, los mal denominados rabes israeles.

La minora palestina en Israel, estimada en 1,3 millones de miembros (es decir, algo menos de un quinto de la poblacin israel), est compuesta por los palestinos que permanecen en las tierras conquistadas por Israel en 1947-49 y sus descendientes. El trato que inflige Israel a esta minora y las medidas radicales que les impone una gran parte del establishment sionista, son reveladores de la inevitable discrepancia entre la realizacin del proyecto sionista del establecimiento de un Estado judo en Palestina y la satisfaccin de los derechos naturales del pueblo palestino.

En virtud de la ley marcial que rigi de 1949 a 1966, los palestinos de Israel disfrutan desde 1967, en teora, de los mismos derechos que todos los israeles. Slo en teora porque las discriminaciones, aunque no estn inscritas en la ley, persisten y se desarrollan. Del ministerio de Asuntos Religiosos, que no dedica ms que el 2% de su presupuesto a las comunidades palestinas de Israel y rechaza acordar crditos para los cementerios no judos, a los numerosos municipios que se abstienen de utilizar la lengua rabe para la sealizacin de las carreteras, los casos de discriminacin institucional son legin.

Si aadimos la discriminacin en la contratacin laboral, en el alojamiento o la debilidad de los crditos asignados por el Estado para el desarrollo econmico y social de las ciudades y pueblos rabes (el 54,8% de los palestinos del 48 vive por debajo del umbral de la pobreza frente al 20,3 de los judos), e incluso la negativa a reconocer la existencia de algunos de esos pueblos, est implantado un sistema de discriminacin paralegal que Jonathan Cook denomina un muro de cristal. Un muro de cristal que encierra totalmente a los palestinos de Israel en un estatus de ciudadanos de segunda, que sigue siendo invisible y permite a Israel afirmar que es un Estado democrtico y no discriminatorio.

Las polticas discriminatorias frente a los palestinos a menudo se asumen por los dirigentes israeles en nombre del inters superior de la construccin del Estado judo. As, Ariel Sahron afirmaba en 2002 que mientras que los judos tienen los derechos sobre las tierras de Israel, los palestinos tienen los derechos en el Estado de Israel. As se entiende mejor por qu la reivindicacin democrtica elemental promovida por Azmi Bishara, ex diputado palestino en la Knesset (acusado por el ejrcito israel de conspiracin y exiliado desde 2007, N. de T.), de la transformacin de Israel en un Estado de todos sus ciudadanos preocupa a todos los que intentan ocultar que Israel, lejos de ser judo y democrtico es ms bien, segn las palabras de otro diputado, Ahmed Tibi, democrtico desde el punto de vista de los judos y judo desde el punto de vista de los rabes.

Los palestinos de Israel y sus derechos nacionales son un obstculo para la edificacin de un Estado judo en Palestina, De ah que los encierren en un estatus de ciudadanos de segunda acusados constantemente de conspirar contra Israel, un fenmeno que se aceler desde septiembre de 2000. Si el sueo sionista de un Gran Israel librndose de la poblacin palestina ha fallado, algunos dirigentes israeles agitan la amenaza demogrfica y no dudan en comparar a los palestinos de Israel con un cncer que hay que tratar de forma radical.

De los partidarios de la expulsin masiva, representados especialmente por el ex viceprimer Ministro Lieberman, a aquellos como Ehud Olmert, que proponen separar las zonas rabes ms densamente pobladas (a ejemplo de lo que ha sucedido en Gaza y corre el riesgo de ocurrir en los cantones de Cisjordania), existe un amplio consenso en la afirmacin de que el futuro de los palestino de Israel no est en Israel. Las cifras recientes indican que el 75% de los judos israeles son favorables a una transferencia de las zonas rabes densamente pobladas al hipottico Estado palestino.

El muro de cristal que encierra a los palestinos del 48 en una posicin de ciudadanos de segunda es la tercera dimensin de la opresin israel. Puede ser imperceptible para quienes no quieren verlo. Cada uno deber preguntarse, por lo tanto, cmo un diputado israel (Effie Eitam) ha podido declarar recientemente en la Knesset, sin preocuparse por las consecuencias, enfrentndose a los representantes de los palestinos del 48: Algn da os expulsaremos de este edificio y de la tierra del pueblo judo.

El muro de hormign: los cantones

Israel tiene la obligacin de poner fin a las violaciones del Derecho Internacional de las que es autor. Tiene la obligacin de detener ipso facto las obras de construccin del muro que est construyendo en el territorio palestino ocupado, incluido dentro y alrededor de la periferia de Jerusaln Este, desmantelar inmediatamente la estructura construida en dicho territorio y derogar o dejar sin efecto, desde este momento, los actos legislativos y reglamentarios correspondientes (Dictamen de la Corte Internacional de Justicia del 9 de julio de 2004) (10).

Por lo tanto, el muro de Cisjordania se ha declarado ilegal por la Corte Internacional de Justicia. Pero eso no impide que Israel prosiga la construccin y tenga previsto terminarlo en 2010. Al final, el muro medir ms de 800 kilmetros. Un muro de hormign que llega a veces a 8 metros de altura; la presunta barrera de seguridad integrar de hecho alrededor del 45% de Cisjordania y al 98% de los colonos del Estado de Israel y destazar el Estado palestino en tres territorios aislados, que a su vez se subdividirn en 22 pequeos enclaves conectados por los tneles construidos bajo las carreteras de uso exclusivo de los colonos, que medirn alrededor de 1.250 kilmetros (11). Una parte de los 600 puestos de control y las barreras que actualmente cubren Cisjordania desaparecern, los dems se mantendrn para controlar las entradas y salidas de los cantones. En dichos cantones ver la luz una entidad palestina auto administrada que algunos se atrevern, incluso, a llamar Estado.

Aunque el muro se empez a construir en 2002, su origen se remonta, de hecho, mucho ms all. Exactamente al 10 de junio de 1967, cuando acab oficialmente la Guerra de los seis das. Al final de la guerra, Israel haba conquistado efectivamente, entre otras cosas, el resto de la Palestina tericamente repartida en 1947 y la capacidad de ejercer su autoridad sobre Cisjordania y la Franja de Gaza. Una victoria militar ms rpida y ms fcil que la del 48, pero con una diferencia fundamental: al contrario de lo que pas entonces, la mayora de los palestinos no se fueron. Por lo tanto, el hecho militar cre un problema a los dirigentes sionistas: En ese momento Israel tuvo que asumir a los palestinos de Cisjordania y Gaza, que se sumaron a los palestinos del 48. La pretensin del Estado de Israel de ser al mismo tiempo un estado judo y democrtico apareci, por lo tanto, seriamente amenazada.

Para responder a esa contradiccin, un general laborista, Igal Allon, present al Primer Ministro Levi Eshkol, en julio de 1967, una solucin alternativa a la expulsin, que comprometera el apoyo internacional del que gozaba el Estado de Israel. La filosofa del Plan Alllon es la siguiente: renunciar a la soberana sobre las zonas palestinas ms densamente pobladas conservando el control exclusivo sobre el valle del Jordn, la ribera occidental del mar Muerto y Jerusaln, donde los lmites municipales se expandieron considerablemente. As se establecera una entidad palestina constituida por cantones aislados y con las atribuciones de soberana limitadas. Allon no responda a la cuestin de si dicha soberana sera confiada a los autctonos, a Jordania o a Egipto.

Aunque el Plan Allon no se adopt oficialmente por el poder israel, es el que guiar, con ciertas variaciones, la poltica del Estado sionista desde el ao 1967. La disposicin de las colonias, el trazado de las carreteras de circunvalacin reservadas a los colonos y la fragmentacin progresiva de Cisjordania son la aplicacin concreta del plan del general Allon. Los Acuerdos de Oslo y la divisin de Cisjordania en zonas A, B y C, estn directamente inspiradas en dicho plan. Incluso el general Sharon, ferviente partidario de la expulsin de los palestinos, acab adoptando, con modificaciones, el Plan Allon. En ese sentido est la retirada unilateral de Gaza en 2005 que, lejos de ser un gesto de paz, es una decisin pragmtica de abandono y asedio de una zona palestina muy densamente poblada. La decisin de construir el muro, si la interpretamos debidamente como la renuncia a la anexin del conjunto de Cisjordania, no es ms que la aplicacin de la ltima etapa del Plan Allon.

El muro traza los lmites de los cantones palestinos, las zonas demasiado pobladas que no quiere administrar Israel. Ese es el Estado palestino del que hablan los dirigentes israeles, que jams se han planteado la restitucin de los territorios ocupados en 1967. Cmo explicar, si no, que contine la colonizacin a un ritmo cada vez ms desenfrenado, a pesar de los llamados procesos de paz? Efectivamente, en la actualidad viven en Cisjordania ms de 500.000 colonos (frente a los escasos 200.000 de principios de los aos 90), su nmero crece a un ritmo tres veces superior al del resto de la poblacin israel y pronto representarn el 10% de la poblacin juda de Israel.

El muro de hormign, del que ya se han construido ms de 500 kilmetros, es la expresin ms patente, 60 aos despus de la gran expulsin y 41 aos despus de la ocupacin de toda Palestina, de la cuarta dimensin de la opresin israel: la negacin del derecho de los palestinos a ejercer una autntica soberana.

Conclusin, el quinto muro: El muro de silencio

Muros de hierro, de alambre, de cristal y de hormign: inmateriales o trgicamente reales, estos cuatro muros son el smbolo de las diversas caras de la opresin de la que es vctima el pueblo palestino. Los tres ltimos son los que encierran los tres componentes de la nacin palestina (refugiados, palestinos del 48 y palestinos de los territorios ocupados) en diversos estatutos de ciudadanos de segunda. El primero, el muro de hierro, el ejrcito israel, es el medio por el que el Estado de Israel cre y perpeta la opresin.

Quisiera hablar de otros muros. Especialmente de las celdas en las que se pudren 11.700 presos polticos palestinos, entre ellos docenas de diputados o ex diputados, ex ministros, un ex viceprimer ministro, el ex presidente del Consejo legislativo y numerosos alcaldes y concejales. Entre esos 11.700 presos, varios miles nunca han sido juzgados. Otros varios miles estn condenados por los tribunales militares sin pruebas, sobre simples presunciones o por delitos de intencin, como el joven francopalestino Salah Hamouri (12).

Pero hay otro muro que quiero recordar en esta conclusin. Un muro que se diferencia sustancialmente de los dems, en la medida en que quienes han decidido su construccin no son los dirigentes sionistas o el establishment israel. Ese quinto muro, al que se enfrentan todos los das desde hace sesenta aos los palestinos, es el silencio ensordecedor de la comunidad internacional ante la negacin de sus derechos nacionales.

Un muro de silencio tanto ms incomprensible para los palestinos porque se trata de la misma comunidad internacional que con regularidad, especialmente la ONU, recuerda la obligacin de respetar esos derechos. La ONU cre, por la Resolucin 181, el Estado de Israel y lo acepta en su organizacin con la condicin de que cumpla las dems resoluciones, especialmente la 194, que afirma el derecho de retorno de los refugiados. Ya vemos el resultado.

El silencio de la comunidad internacional es todava ms sorprendente cuando se compara con las grandilocuentes declaraciones de apoyo a Israel, a su seguridad, y las no menos grandilocuentes condenas a la resistencia palestina, que contribuyen, todava un poco ms, a aislar a los palestinos y asfixiar sus reivindicaciones.

A pesar del aislamiento y el abandono de muchos de sus dirigentes, los palestinos no renuncian a conseguir sus derechos. Aunque saben que Israel cuenta con el apoyo incondicional de los dirigentes de las mayores superpotencias, ellos siguen llamando todos los das a las poblaciones del mundo entero para romper el silencio, para volcar la lgica actual que, en nombre de la paz, va en el sentido de la proteccin de Israel y la consolidacin, en vez de la destruccin, de los muros que los encierran.

(1) Vladimir Jabotinsky, Le Mur de Fer, Nous et les Arabes, 1923. En lnea:

http://www.alteri n fo.net/

(2) Dtruire la Palestine, ou comment terminer la guerre de 48, Ed. La Fabrique, Paris, 2002.

(3) Uri Avnery, The Army has a State, http://www.gush-shalom.org

(4) Idem

 

(5) Vladimir Jabotinsky, op. cit.

(6) Israel Zengwill, citado por Mahmoud Muharib en su artculo Sionisme : transfert et apartheid, http://www.palestine-solidarite.org/

(7) Citado por Simha Flapan, The Birth of Israel : Myth and Realities, Pantheon Books, Nueva York, 1987.

(8) Ver, entre otros, Benny Morris, The Birth Of The Palestinian Refugee Problem Revisited, Cambridge University Press, 2003, Ilan Pappe, La guerre de 1948 en Palestine, ditions La Fabrique, Paris, 2000, y Le nettoyage ethnique de la Palestine, Fayard, Paris, 2008 (En espaol: La limpieza tnica de Palestina, traducido por Luis A. Noriega Hederich, Ed. Crtica).

(9) Citado por Jonathan Cook en Blood and Religion, The Unmasking of the Jewish and Democratic State, Pluto Press, Londres, 2006.

(10) Dictamen de la Corte Internacional de Justicia, 9 de julio de 2004.

(11) www.stopthewall.org

(12) Artculo sobre Salah Hamouri.

Original en francs: http://juliensalingue.over-blog.com/article-20777756.html

Caty R. pertenece a los colectivos de Rebelin, Cubadebate y Tlaxcala. Esta traduccin se puede reproducir libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y la fuente.



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