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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-07-2008

Cambalache

Enrique Lacolla
PrensaRed


La fractura de las huestes gubernamentales con motivo del tema de las retenciones no debera ser evaluada como un revs por quienes desean que el pas se encolumne detrs de un proyecto nacional coherente y provisto de motivaciones estratgicas. Al contrario, debera ser la oportunidad de liberarlo de tanta morralla y de comenzar a establecer las conexiones y los valores que son necesarios para conquistar el futuro. Para esto es preciso hablar con franqueza, sin esos circunloquios y eufemismos a que nos ha acostumbrado la era de lo polticamente correcto a la que ingres el pas despus de la dictadura.

El acto del frente agrario realizado en el Monumento de los Espaoles, en Buenos Aires, fue revelador en ms de un sentido. Como en el cambalache mentado por Discpolo, all se reunieron la Biblia y el calefn. La Sociedad Rural, las Confederaciones Rurales Argentinas, la Federacin Agraria, Lilita Carri, Chiche Duhalde, Patricia Bullrich, Jos Manuel de la Sota, Ricardo Lpez Murphy, Luis Barrionuevo, la Sra. Pando y los suprstites de la ultraizquierda Vilma Ripoll, Castells y otros de su laya que, como de costumbre, hacen de la equivocacin un credo, se agruparon para sostener un proyecto de pas inmvil, de inmoral concentracin de la riqueza, de cerrazn ideolgica, de oscuras pulsiones racistas y de oportunismo corto de miras.

Pero si en estos das se ha vuelto a descalificar al pueblo que apoya al bando que defiende los derechos de exportacin con una frase de triste recuerdo! Esa frase en Plaza del Congreso va estar presente el zoolgico, proferida por Alfredo de Angeli- tiene una definida connotacin racista y, lo sepa o no quien la profiri, hace eco a otra del diputado Ernesto Sanmartino quien, durante la primera presidencia de Pern, se refiri a la masa de votantes que lo haba puesto en la presidencia el 24 de febrero de 1946, definindola como un aluvin zoolgico.

Quiz correspondera enmendarle la plana al Sr. De Angeli diciendo que de ese zoolgico se han escapado los gorilas como l Es probable que no interpretase esta calificacin como un insulto; despus de todo, deben ser los gorilas, deben ser fue una cancin de moda all por los 50, y la frase fue recogida como un lema de batalla por quienes pronto se convertiran en los comandos civiles, de triste memoria.

La distorsin de la verdad, su desfiguracin desvergonzada de parte de muchos comunicadores sociales (vulgo, periodistas) que de hecho no son otra cosa que escribas a sueldo de sus empresas, a su vez expresivas de un conglomerado de intereses a los que les preocupa el pas les preocupa mantenerlo como est, desde luego-, en estos das est alcanzando niveles insoportables. Los columnistas de La Nacin, por ejemplo, han descubierto que la protesta de los ruralistas contra los derechos de exportacin est dando lugar a una nueva visin de pas, y uno de ellos se extasa al descubrir que nunca los porteos han arropado a la gente del campo como lo hacen hoy. Segn el seor Morales Sol, en slo 120 das las torpezas del gobierno de Cristina Fernndez lograron borrar una historia tan larga como la del pas, la de las divisiones y suspicacias entre la Capital y el Interior.

Quien dice esto se equivoca a sabiendas. Aqu no hay lucha por el federalismo ni por una efectiva democracia. Lo que hay es la defensa frentica de los privilegios de unos medianos propietarios ausentistas, muchos de ellos, pues arriendan sus campos a los pooles de la siembra-, aliados a la Sociedad Rural y a los monopolios transnacionales que detentan la mayor parte de una de las tierras ms feraces del mundo. Desde esa posicin de privilegio, la siempre presente oligarqua ha dirigido los destinos del pas desde los tiempos de la organizacin nacional, salvo breves intervalos. Y lo ha hecho de acuerdo a criterios inmovilistas, que hacen del monopolio de la renta diferencial agraria el ncleo de un poder desde el cual se han opuesto siempre a cualquier transformacin dinmica del pas, que promueva su industrializacin e incorpore a la corriente de la historia las enormes extensiones que estn fuera de la pampa hmeda. No es de sorprender que los sectores de la clase media portea, alienados de la comprensin de la realidad del pas profundo, educados en la nefasta dicotoma entre civilizacin y barbarie y habitados por el rechazo racista que subyace a esta concepcin, respalden bobamente, como lo han hecho en tantas otras ocasiones, a las operaciones psicolgicas que conspiran para mantener las cosas como estn, incluso a travs del golpe de Estado.

Ahora bien, lo desesperante de todo esto es que, hoy por hoy, del otro lado, no termina de percibirse una decisin firme de llevar adelante la transformacin anunciada. Por un lado, el Gobierno equivoc sus polticas al no introducir oportunamente la discriminacin entre los distintos tipos de campo que se conocen en Argentina, y al descargar el peso de las retenciones sobre los medianos productores sin atender a los ms importantes y despiadados beneficiarios del modelo sojero: las multinacionales como Cargill y Monsanto. Fue casual esto? Responde a cierta complicidad implcita?

Por otro lado, el ncleo de la propaganda oficial en pro de las retenciones es, como rezaba el cartel que presida el escenario en la Plaza de los Dos Congresos, en defensa de la mesa de los argentinos. Finalidad irreprochable, comprensible y defendible, pero invlida si no se la acompaa con la decisin de transformar al pas de arriba abajo, redireccionando no slo los excedentes de la produccin agraria sino los del sistema financiero, combatiendo de veras la evasin y promoviendo una reforma impositiva de carcter progresivo que permita invertir en el pas, de acuerdo a un plan predispuesto que contemple la potenciacin educativa, el desarrollo tecnolgico, las comunicaciones y el sostn a las industrias de punta. Si no se hace esto, se estarn quiz paliando los males mayores y suscitando un progreso muy temperado, pero seguiremos atados en lo esencial al monocultivo de commodities, sin capacidad de reaccin propia en un mundo en el cual la inestabilidad crece y el apetito por los recursos naturales se est tornando en el impulsor de polticas agresivas en gran escala y que en cualquier momento pueden rematar en un desastre de magnitud global.

Un mundo interconectado


Hay que acostumbrarse a leer la realidad en la interaccin de sus mltiples facetas. Es difcil, pero necesario: hay que ver las contradicciones que nos rodean en su conexin con las que estn desparramadas por el mundo. Nada es ajeno a nada. La habilitacin de la IV Flota de Estados Unidos en aguas del Caribe es un dato inquietante que por supuesto no es el fruto de la preocupacin norteamericana por combatir el narcotrfico. Incluso el observador ms ingenuo sabe que apunta contra el experimento venezolano de presidente Hugo Chvez. Pero lo que quiz no percibe es que tambin responde a la posibilidad cierta de un desastre mayor en el Medio Oriente, que podra hacer a Estados Unidos ms dependiente de los recursos petrolferos no slo de Venezuela sino tambin de otros pases latinoamericanos. Es casual que la creacin de ese nuevo comando coincida con el descubrimiento de inmensos yacimientos petrolferos frente a la costa del Brasil? Es mera coincidencia que Gran Bretaa propulse en esos momentos la expansin de su rea antrtica en detrimento de los derechos de Argentina y Chile? La conviccin de que una gran cuenca petrolfera austral se extiende frente a Argentina y rodea a las Malvinas, no puede tener algo que ver con esta iniciativa? Y despus dicen que la guerra por el archipilago fue tan solo la consecuencia de la ocurrencia de un dictador borracho...

El lavado de cerebro a que es sometido el pblico en Argentina tiene en el conflicto agrario una expresin relevante. Mientras el pas se tensa en torno de una cuestin que afecta a un sector productivo que slo aporta el 5,3 por ciento del PBI y evade impuestos en gran escala, se utiliza la expresin dos modelos de pas para definir las trincheras opuestas. Y bien, no hay tal. Tenemos un modelo mezquino, rapaz, de vocacin minoritaria, configurado mentalmente en dependencia del exterior y subliminalmente racista; y otro de mejores caractersticas, sin duda preocupado por el sostn de una Argentina ms independiente de cara al imperialismo y deseoso de una mdica redistribucin del ingreso que consienta un avance lento hacia una mayor armona social, pero hasta ahora sin voluntad de promover una ruptura y envuelto en una especie de pacifismo comodn que se interpone como una cortina de humo entre el pblico y el contorno de las cosas.

No se trata de pacifismo, sin embargo, sino de una especie de pereza histrica poseda por la difusa conviccin de que aqu todo termina por arreglarse porque Dios es argentino y nos ha favorecido con una riqueza inagotable que, una y otra vez, nos va sacar de apuros pues, como deca Georges Clemenceau, este pas est tan bien provisto que los argentinos no pueden arruinarse aunque quieran hacerlo.

Revs en el Senado

Pasada por el momento- la hora de los golpes militares, hemos entrado a la era de la desestabilizacin institucional para la consecucin del golpe de Estado. Este no tiene por qu pasar por el derrocamiento de la Presidenta, sino por su desgaste y puesta en sazn para un relevo que recaera en uno de los equvocos radicales K, el Sr. Julio Cobos, vicepresidente de la Repblica y presidente del Senado, quien se encarg de desempatar la votacin en torno de las retenciones mviles a favor de los que se oponan a estas.

Cualesquiera sean sus lmites y cualesquiera sean nuestras divergencias en lo referido a su accionar, el gobierno de Cristina Fernndez de Kirchner es, hoy por hoy, el nico reparo que existe frente a la reviviscencia de la oleada neoliberal que se advierte detrs del tumulto agropecuario y de la ebullicin del Barrio Norte, simblicamente desplegados, durante el acto del martes, entre la Sociedad Rural y la embajada norteamericana. El rechazo del Senado a las retenciones mviles demuestra que la base poltica sobre la que se asentaba este gobierno se ha fracturado.

No era fatal que sucediera de este modo. Si en 2003 se hubiera procedido con decisin en la enmienda de los costados enfermos del pas, y si tres aos atrs se hubiera procedido a despejar los bloqueos de los piqueteros paquetes de Gualeguaych, que violaban de manera flagrante el derecho internacional, en vez de alentarlos por razones de un oportunismo electoral corto de miras, no habramos llegado a este nivel de licuacin de los poderes del Estado.

Sin embargo, como decamos al principio, esto no debe ser entendido slo como un revs. Tambin puede proporcionar un nuevo punto de partida, desde el cual se debe arrancar para frenar, primero, la ofensiva de la derecha neoliberal y, segundo, derrotarla implementando un modelo de desarrollo efectivo, que no se estacione en una confortable espera. El progreso es movilizacin, confrontacin y cambio. Pero para impulsarlo es necesario tener un discurso propio, una meta efectiva y una voluntad de hierro. Se ha retrocedido mucho, pero se est a tiempo todava.


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