Portada :: Mentiras y medios
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-07-2008

A propsito del libro de Pascual Serrano Medios Violentos
Estatalizar la prensa

Carlos Fernndez Liria
Rebelin


De pronto, se ha sabido lo que ya se saba: que en Iraq no haba armas de destruccin masiva, que siempre se haba sabido que no las haba y que Bush y sus cmplices mintieron a la opinin pblica ayudados por un ejrcito de periodistas y, por supuesto, de propietarios de medios de comunicacin. O sea, lo que muchos sabamos ya desde el principio. La novedad es que quien ahora lo ha ratificado es Scott McClellan, el ex secretario de prensa de la Casa Blanca, es decir, uno de los fundamentales artfices de la patraa. Hay tanta hipocresa en la indignacin suscitada por sus revelaciones que es imposible saber qu es lo que ha sentado tan mal, si lo que ha contado, el hecho de que lo haya contado o que lo haya contado en periodo electoral. O quizs, simplemente, que haya salido a la luz el papel de la prensa en la construccin y la propagacin de esta mentira? Los medios de comunicacin (y no slo los estadounidenses) han sido cmplices de una matanza en la que han muerto centenares de miles de inocentes. Sin su colaboracin, la guerra no habra sido posible.

En su ltimo libro (Medios violentos. Palabras e imgenes para el odio y la guerra), Pascual Serrano seala con acierto que los medios de comunicacin no slo se comportan como un cuarto poder que suplanta cada vez ms al resto de los pilares del Estado de Derecho. El verdadero problema est en que se trata del nico poder que no tiene contrapeso. El gobierno tiene un contrapoder en la oposicin. El empresario, en los sindicatos. El poder ejecutivo, el legislativo y el judicial se limitan mutuamente y se obligan a ceirse a la Constitucin. Pero el poder que tienen los medios de comunicacin para apropiarse del uso de la palabra en el espacio pblico carece por completo de contrapeso. Esto ha hecho que ciertas mentiras sean imposibles de combatir. Cules? Todas aquellas que convengan en general a los grandes consorcios empresariales de la prensa privada. Y son muchas las mentiras en las que los oligopolios mediticos no tienen inters en llevarse la contraria, pues las grandes empresas, por mucho que compitan entre s, no dejan por ello de ser lo que son: grandes empresas.

Un ejemplo llamativo de unanimidad fue el apoyo que la prensa espaola prest al golpe de estado contra Hugo Chvez en abril de 2002. Todos los medios de comunicacin difundieron entonces varias noticias falsas que ya entonces saban falsas (Le Monde Diplomatique haba demostrado despus lo haran los Tribunales- la falsedad de la principal, el famoso tiroteo a los manifestantes opositores). Los ms importantes diarios espaoles mintieron, jalearon y apoyaron un golpe de estado que, de haber triunfado, habra provocado sin duda una guerra civil, un ro de sangre que todava seguira corriendo a da de hoy.

El libro de Serrano presenta mil y un ejemplos: llamamos libertad de prensa a que unos cuantos grupos empresariales pueden mentir con un ejrcito a toda la poblacin, sabiendo que no encontrarn enfrente ms que unas cuantas pginas web para grupos marginales. A esto es a lo que Berlusconi llama libertad de prensa (y a lo que solemos llamar libertad de prensa).

Esta impunidad para la mentira a veces convierte a la prensa en un arma criminal al servicio de unas cuantas grandes fortunas. Qu remedio tiene este cncer de nuestras democracias? Habra que fiscalizar la informacin, que vigilar judicialmente la objetividad? En primer lugar, eso es imposible, y en segundo, quin vigilara a los guardianes de la imparcialidad? Y como podra hacerse sin incurrir en la censura?

La solucin no es coartar la libertad de expresin sino fortalecerla. Y la frmula es muy simple. Se trata simplemente de instituir la independencia profesional del periodista, del mismo modo que los profesores tienen libertad de ctedra y los jueces tienen blindado el ejercicio libre de su funcin. En el terreno de la enseanza, la libertad de ctedra termina en el mbito de la enseanza privada, donde un profesor puede ser despedido por no ceirse a los dictados de la empresa que le contrat. En el mbito de la Justicia se considerara obviamente una catstrofe que los jueces pudieran ser cesados por dictar sentencias que no convinieran a determinados grupos empresariales. En ambos casos la libertad de ctedra y la independencia judicial se soportan en el carcter estatal de dichas instituciones.

La idea de estatalizar la prensa, sin embargo, se considera siempre una extravagante ocurrencia totalitaria. Se confunde aqu muy interesadamente la idea de una prensa estatal con la de una prensa gubernamental. Es tan absurdo como decir que la enseanza pblica es gubernamental o que es una ocurrencia totalitaria. Lo mismo que sera pretender que, como siempre se corre el peligro de que el gobierno manipule el poder judicial, lo mejor sera... qu? una justicia privada? Una prensa privada es tan incompatible con la libertad de expresin como una justicia privada sera incompatible con la justicia.

Los periodistas deberan acceder a los medios de produccin de informacin y comunicacin a travs de un sistema de oposiciones, con tribunales que juzgaran en sesin pblica segn baremos aprobados por el poder legislativo. Deberan poder ejercer su funcin sin temor al despido, por periodos tambin acordados por la ley. De este modo, habra tanta libertad de prensa como libertad de ctedra en la enseanza pblica. En la situacin actual, hay tanta de la primera como de la segunda en la enseanza privada: ninguna. En estas condiciones, si no hay censura es porque no hace falta: la verdadera censura es el paro, todos los periodistas que jams sern contratados o que seran despedidos nada ms escribir una lnea.

Una prensa estatal podra convivir con la prensa privada, siempre y cuando, por supuesto, legislaciones implacables prohibieran la financiacin de los medios de comunicacin por procedimientos que sobrepasaran los que tiene a su disposicin cualquier ciudadano medio. Y el dinero de la publicidad tendra que ser recaudado por el Estado y administrado segn la Ley.

Quizs otros quieran otra cosa. Pero, as tendramos libertad de prensa, en lugar del derecho de unos cuantos oligopolios mediticos a apropiarse del uso pblico de la palabra.

Noticia relacionada:

Novedad Editorial. Introduccin e ndice
Medios violentos. Palabras e imgenes para el odio y la guerra, de Pascual Serrano
28-04-2008

 



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter