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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-07-2008

Conflicto agrario
Vencedores y vencidos

Claudio Katz
Rebelin


El mayor conflicto social y poltico desde la rebelin del 2001 concluy con un ntido triunfo de la derecha. La Sociedad Rural comparti con Bullrich, Carrio, Duhalde y Barrionuevo un logro impensado. Festejaron la anulacin de las retenciones mviles por parte del senado con un entusiasmo que no exhiban desde hace dcadas.

Razones de una victoria

El bloque conservador logr volcar la votacin en la cmara alta porque se impuso primero en la calle. Esa presencia fractur al bloque oficialista, ya que la derecha derrot al justicialismo en el terreno tradicionalmente adverso de las multitudes. Duplic la concurrencia del kirchnerismo en todos los actos y le arrebat la Capital, luego haberse impuesto en Rosario. El desplazamiento del escenario meditico de las rutas al Parlamento acentu la presencia ruralista, con gran concurrencia espontnea a sus carpas del Congreso.

Todos los elogios al funcionamiento de las instituciones ocultan esta gravitacin de la presin extraparlamentaria, que incluy provocaciones y escarches. La pattica decisin de Cobos con su voto decisivo, se atuvo a un viejo principio legislativo de intuir hacia dnde sopla el viento. No vot por conviccin, ya que carece de algn principio. Entrenado en la poltica burguesa presinti que era el momento de cambiar de bando.

El ruralismo gan porque canaliz un giro de la clase media, que ha pasado del cuestionamiento de la corrupcin (que se vayan todos) a la revuelta conservadora. Este viraje comenz con Blumberg, se reforz con el triunfo de Macri y ha desembocado en una pica del bolsillo. Este giro se verific en innumerables oportunidades durante el conflicto. El exabrupto ms conocido estuvo a cargo del vicepresidente de CRA, que acostumbrado a maltratar a los peones de su estancia propuso disolver el Congreso.

El clima reaccionario se verific en las cacerolazos de tefln, que enaltecieron a la patria junto al campo, proclamaron el rechazo de los tiranos y exigieron poner fin al tema de los Derechos Humanos. En ciertas escaramuzas no faltaron los gritos contra los negros, los vagos y los montoneros, bajo una cobertura televisiva que descubri cun legtimo es cortar las rutas cuando hay gringos y tractores.

La ideologa derechista se reactiv por el carcter de una revuelta embanderada con la rentabilidad y consumada a travs de un lock out. Los patrones aguantaron cuatro meses de conflicto porque sus peones nunca dejaron de trabajar.

El jbilo final de los derechistas contrasta con la pesadumbre que exhiban sus voceros cuando el resultado era incierto. Durante ese lapso se atormentaron por la aparicin de un conflicto inventado, que demostr lo peor de la poltica argentina [2] . Se enfadaron con la ausencia de estabilidad para ejercer una dominacin sin contratiempos y exhortaron a lograr que el capitalismo funcione sin traumas. La misma fantasa persigue a los opresores de todas las latitudes, cundo miran en el espejo de un par ms exitoso.

Pero el triunfo mejor su nimo y ahora aconsejan a Cristina. A diferencia del pasado esta crisis no incluy en catstrofes financieras o hiperinflacin. Por esta razn nadie exige un cambio de presidente. La accin de Cobos justamente difiere de la renuncia de Chacho lvarez a la vicepresidencia, en la vigencia de una coyuntura econmica que abre cierto espacio para la reconstitucin del gobierno.

La derecha busca afianzarse incentivando un viraje conservador del oficialismo, que podra comenzar con el cambio de ministros y el aumento de tarifas. Sus voceros consideran que el gobierno tiene una oportunidad para comenzar de nuevo, si abandona el estilo kirchnerista. En lo inmediato quieren tranquilidad. Las manifestaciones que acorralaron al gobierno ya cumplieron su funcin y ahora molestan a los dueos del poder.

Causas de una derrota

El gobierno recibi un golpe furibundo. Se jug a todo o nada y soport una cachetada mayscula. A pocos meses de asumir ha sufrido la erosin de su base electoral, perdi popularidad y se distanci de la clase media. El bloque parlamentario se indisciplin, varios gobernadores emigraron y los radicales K preparan un xodo. Dentro del Justicialismo ha recobrado fuerza la opcin que lideran Duhalde y Rodrguez Saa y la alternativa de los expertos en amoldarse al humor reaccionario (Sola, Reuteman, Schiaretti).

El retroceso de Nstor Kirchner es atribuido a su obcecacin, capricho y autismo. Pero en realidad repiti un curso ensayado por muchos presidentes. No solo la ambicin de poder vincula el sueo alfonsinista de gestar un tercer movimiento histrico desde la capital en Viedma, con la maniobras menemistas de la re-reeleccin. Todos los proyectos estratgicos han buscado afianzar el poder presidencial.

La confrontacin oficial con el ruralismo fracas por una acumulacin de torpezas y actos desesperados, que transmitieron una imagen de total descontrol. Durante cuatro meses el gobierno oscil entre la concesin econmica y la provocacin poltica. Con gestos autoritarios y un lenguaje de patota exigi la rendicin incondicional de sus adversarios, mientras aceptaba todos los pedidos ruralistas con excepcin de la emblemtica resolucin 125.

A pesar de contar con una caja significativa de supervit fiscal para enfrentar la voluminosa cosecha almacenada por los agro-negociantes, los Kirchner solo consiguieron un alivio momentneo cundo se levantaron los cortes de ruta. Los ganadores nunca perdieron la iniciativa.

La primera causa de este fracaso fue la negativa oficial a incentivar una movilizacin popular, fuera del marco regimentado del Justicialismo, la CGT y las organizaciones cooptadas. No forjaron este sostn durante cinco aos de administracin y tampoco lo improvisaron durante la crisis. El temor a resucitar la sublevacin del 2001-2002 acobard a una pareja que lleg a presidencia, para reconstruir el estado y disipar las huellas de cualquier levantamiento por abajo.

En segundo lugar el gobierno perdi porque jams se de los banqueros e industriales, que exigieron poner fin a la confrontacin. Esta alianza impide la proclamada redistribucin del ingreso, en un contexto inflacionario. Si el gobierno no aument significativamente los salarios y las jubilaciones es porque propugna un capitalismo neo-desarrollista incompatible con esas mejoras.

La tercera razn del triunfo derechista fue la desconfianza mayoritaria hacia un gobierno que emite discursos divorciados de la prctica. El olfato popular percibe que las trampas del INDEC apuntan contra la movilidad de los salarios y no solo contra la renta de los ttulos indexados. La impronta menemista del tren bala tampoco pasa desapercibida y las exageraciones retricas de Kirchner contra los comandos civiles y grupos de tareas solo acentuaron la escasa credibilidad de una poltica, que convierte a estrechos aliados en repentinos enemigos.

Este radicalismo verbal que anticiparon DElia y Bonafini enardeci a la derecha, pero no suscit simpatas populares, ya que un disperso reguero de acusaciones no corrige la orfandad poltica. Mientras que De Angelis logr entusiasmar a su base conservadora, las andanadas oficialistas no despertaron una reaccin equivalente.

La desconfianza popular es generada por la duplicidad gubernamental. La tolerancia de la protesta ruralista contrast la represin de un gobernador kirchnerista a los empobrecidos de Jujuy. La misma diferencia de trato fue ratificada con la auspiciosa recepcin oficial que recibieron las carpas del Congreso, mientras se repartan palos contra el intento de montar una olla popular en Plaza de Mayo.

Pero el trasfondo del problema es el agotamiento del peronismo como movimiento popular. Esta estructura poltica permite ganar elecciones y manejar el estado, pero no despierta entusiasmo. Lo que actualmente se recrea en Venezuela ha decado en Argentina. Los Kirchner perdieron porque encabezan un movimiento que arrastra demasiados desengaos y no reconstruir un proyecto popular.

Justificaciones del progresismo

Para los intelectuales que apoyan al gobierno el xito derechista confirma la magnitud del desafi oficial. Consideran que los Kirchner confrontaron con los intereses del establishment en pos de un proyecto redistributivo y que se perdi por la explosiva magnitud de los intereses en juego [3] .

Pero esta reaccin de los conservadores no convierte al gobierno en exponente de la causa popular. Este rol debera verificase en su conducta y no en el comportamiento de los opositores. El aumento de la desigualdad y los subsidios a los poderosos demuestran que el gobierno no se ubica en el campo de los oprimidos, a pesar del rechazo que cosecha en el establishment. La caracterizacin de un gobierno debe basarse en la accin que desarrolla y no en las diatribas de Grondona o La Nacin.

Una simpata por inversin (como la derecha lo ataca yo lo defiendo) aproxim nuevamente al gobierno a un sector del progresismo. Pusieron sus crticas entre parntesis para ponderar a una administracin que abri espacios muy poco burgueses, en ausencia de propuestas a su izquierda y movimientos con demandas ms avanzadas [4] . Pero en realidad estas opciones y esos reclamos abundan, frente a un gobierno que les da espalda.

Cada vez que irrumpi un conflicto social fuera de las estructuras oficialistas la respuesta de los Kirchner fue adversa. Esta reaccin ha sido coherente con la poltica de reconstruccin del poder de los dominadores, que han implementado desde el 2002. La derecha igualmente los rechaza porque son ajenos a la elite conservadora, gobiernan arbitrando entre todas las fracciones capitalistas, limitan los atropellos sociales y desenvuelven un discurso contestatario.

El progresismo confunde esta enemistad poltica con choques de intereses sociales. No logra distinguir la primera divergencia de la segunda coincidencia. Por eso atribuye la derrota actual a un manejo equivocado del conflicto y no al compromiso con los bancos, la UIA y los pools de siembra. Con esa visin tienden a repetir el mismo mensaje que ha puesto en boga el ruralismo.

Algunos enfatizan la actitud monrquica de manejar pas como a una provincia, eludir el consenso y encerrarse en una lgica sectaria, como si este estilo fuera una novedad en la tradicin del Justicialismo [5] . Otros objetan la eleccin de protagonistas irritantes [6] o la reiteracin de un discurso setentista que habla de la oligarqua y no se adapta a las mutaciones de la poca [7] . Esta ltima objecin despliega el peronismo disidente para encarrilar el giro conservador.

Estos balances conducen a tender puentes con la oposicin, en la misma lnea que reclama el establishment. Pero son conclusiones contradictorias con la reiterada caracterizacin de un golpe en ciernes [8] . Si hubo amenaza destituyente (es decir acciones tendientes a preparar una asonada econmico-institucional), en lugar de concertar con el enemigo correspondera prepararse para una batalla ms radical.

Quines apoyaron al gobierno no han tomado nota de la escasa receptividad popular de sus mensajes. Esta indiferencia obedece a que publicidad oficial resalta ciertos hechos (se recuper el empleo, salimos de la crisis), encubriendo lo esencial (ausencia de de reformas sociales, democratizacin poltica y redistribucin del ingreso).

Durante el conflicto muchos oficialistas repitieron las banalidades constitucionalistas (el gobierno defiende el inters general contra un inters sectorial), como si los Kirchner estuvieran desligados de compromisos con los capitalistas. Hicieron hincapi en argumentos legalistas (el gobierno gan las elecciones y debe ser confrontado en los comicios), que frecuentemente se utilizan contra las luchas sociales que apoya la izquierda [9] . Si esos criterios de estricta legalidad rigieran la vida poltica argentina todava gobernara De la Ra.

La izquierda ruralista

A diferencia de lo ocurrido en los ltimos aos, la intervencin de la izquierda en el conflicto qued diluida. Este rol fue menos visible que en cualquier otra crisis precedente, pero esta vez no por sectarismo, reyertas internas o desaciertos tcticos, sino por el inusitado alineamiento de un sector con el ruralismo.

Tanto el MST, como el PCR y Castells adoptaron una activa posicin a favor de ese bloque. Concurrieron a sus actos, custodiaron la Carpa Verde, aportaron banderas rojas al mitin de Palermo, participaron de la vigilia que rode la deliberacin del senado y finalmente celebraron junto a la Sociedad Rural. Han construido un el mundo al revs, para presentar este logro de la derecha como un triunfo popular.

La principal justificacin de semejante despropsito es el carcter masivo del reclamo agrario que gran parte de la izquierda no percibi, porque compr los cuentos del gobierno y no se molest en visitar la realidad de los pueblos [10] . Pero este alcance masivo de la movilizacin ruralista es un hecho incontrastable que nadie objeta. Lo que est en debate es su carcter progresivo. Como lo prueban los autonomistas de Bolivia, los estudiantes Venezuela o los sionistas de Israel, una movilizacin reaccionaria puede atraer multitudes. La historia de gorilismo argentino es un ejemplo familiar de esa posibilidad.

Quines ignoran la existencia de rebeliones conservadoras con fuerte basamento social consideran que la izquierda perdi la brjula al ponerse en la vereda de enfrente del movimiento de masas [11] . Pero no registran que el punto de partida de una poltica socialista radica en caracterizar cul es la demanda en juego y en advertir luego dnde se ubican los principales enemigos.

En este caso la exigencia de eliminar un impuesto a la renta agraria condujo a toda la derecha a alinearse con el ruralismo. La simple presencia de la Sociedad Rural y la Coalicin Cvica exigiendo la anulacin de las retenciones mviles confirm desde el inicio esa ubicacin. Al actuar junto a ellos, la izquierda ruralista cubri de legitimidad una campaa por la rentabilidad de los capitalistas.

Es cierto que las asambleas auto-convocadas impusieron un tono ms belicoso a la protesta, frente a dirigentes que preferan negociar. Pero esta conducta solo reforz los nefastos efectos del lock out sobre el abastecimiento de los alimentos. Es absurdo asimilar esta accin con una huelga. Los peones trabajaron mientras sus patrones cortaban rutas, reclamando mayores ganancias y no mejores salarios. Por esta razn la propuesta de radicalizar la protesta coincidi con la beligerancia del PRO.

La presentacin de una exigencia patronal como una demanda de los pequeos productores fue desmentida por la perdurable alianza que mantuvo la Federacin Agrario con las restantes entidades. Buzzi y De Angeli no expusieron una correcta denuncia del modelo agropecuario [12] . Jerarquizaron la derogacin de las retenciones mviles y por eso el conflicto se distendi con la anulacin de esa resolucin.

La analoga con la sublevacin ocurrida hace siete aos es totalmente equivoca [13] . Mientras que en ese momento los pequeos depositantes defendieron sus ahorros junto a los desocupados contra los bancos, ahora la clase media actu junto a los dueos del agro-negocio.

Otros sectores de la izquierda ruralista como el PCR- han cuestionado incluso la validez de las retenciones, argumentando que este gravamen ha sido propiciado por la oligarqua para evitar un impuesto directo a la propiedad [14] . Pero olvidan agregar que en la movilizacin reciente no se propuso superar esta distorsin con mecanismos progresivos de recaudacin. Al contrario, se breg por reducir al mximo cualquier gravamen para mejorar los ingresos de los capitalistas. Quines se enorgullecen de formar parte de conduccin de la FAA han acompaado su involucin, sin notar que el viejo cooperativismo agrario afn a la izquierda se ha extinguido junto al avance de la soja.

Durante al primer peronismo la izquierda fue sepultada por equivocarse de campo. Sesenta aos despus un sector vuelve a repetir el mismo error. Algunos justifican esta conducta, argumentando que era la nica opcin frente al kirchnerismo. Pero en realidad existen muchas formas de batallar contra los reaccionarios sin sostener al gobierno. La condicin de este camino es reconocer que la derecha no es un fantasma y se ubic dentro del bloque ruralista.

Una poltica de izquierda

Durante cuatro meses el pas qued polarizado y no emergi una tercera alternativa de rechazo del ruralismo conservador y crtica al gobierno. Hay que reflexionar sobre estas dificultades, ya que es posible la reproduccin de este escenario en el futuro.

Un problema que podra reaparecer es el programa. Para intervenir en una crisis es indispensable formular planteos asociados con los problemas en juego, para construir puentes entre las preocupaciones de la poblacin y las banderas de la izquierda. En la crisis reciente este nexo obviamente inclua las retenciones mviles, que motivaron la confrontacin. Postular su aplicacin transitoria como impuesto progresivo para reducir el IVA y aumentar los salarios es un ejemplo de esas conexiones. Cundo todo un pas est conmocionado por las retenciones es indispensable recoger el tema y formular una propuesta.

Es cierto que las retenciones son un instrumento de poltica econmica para divorciar precios locales e internacionales, pero en los hechos se utiliza como impuesto. Esta complejidad no justifica el silencio. Todos los argentinos supieron durante el conflicto que se discuta un gravamen, cuya aplicacin progresiva para prioridades sociales estaba a la orden del da.

Es un grave error suponer que la vigencia o anulacin de las retenciones mviles constituye un problema burgus ajeno a los inters de los trabajadores. Si ambas situaciones fueran idnticas sera tambin indiferente la preeminencia de impuestos a las grandes fortunas o al consumo popular. El problema es semejante a las privatizaciones. Los despilfarros o arbitrariedades gubernamentales en el manejo de las empresas pblicas no tornan indiferente el carcter estatal o privado del petrleo, los telfonos o el agua.

Una falsa polarizacin volvi a dominan la vida poltica argentina y la izquierda no logr avanzar en otra opcin. Con la simple denuncia de una lucha entre capitalistas en la que todos son iguales no se construye esa alternativa, ya que ese mensaje convoca a la pasividad. En el incipiente espacio Otro camino para superar la crisis comenz a gestarse un curso de accin ms provechoso que debe ser profundizado [15] .



[1] Economista, Investigador, Profesor. Miembro del EDI (Economistas de Izquierda). Su pagina web es: www.lahaine.org/katz

[2] Berensztein Sergio, Las duras lecciones que deja la crisis, La Nacin , 12-6-08.

[3] Es la conclusin de Mocca Edgardo. Tuvo sentido el conflicto?. Pgina 12, 20-7-08. Esta caracterizacin predomina tambin entre los intelectuales de la Biblioteca Nacional que firmaron la Carta Abierta (Foster, Casullo, H. Gonzlez, Soria)

[4] Toer, Mario, De ilusiones y realidades, Pgina 12, 6-12-08

[5] Argumedo Alcira, Solanas Pino, Despus de la votacin Pgina 12, 18-7-08.

[6] Si tengo problemas con la clase media no puedo elegir a Lus Di Elia para que las persuada Mocca Tuvo.

[7] Sidicaro Ricardo, Apenas ayer Pgina 12, 19-7-08.

[8] Giardinelli, Mempo, Paisajes despus de la batalla, Pgina 12,18-7, Giardinelli, Mempo, De golpes, Carmonas y tiros por la culata Pgina 12,18-7).

[9] Las 200.000 personas de Rosario deben confrontarse con los ocho millones de votos... Debe regir la ley, Vilas Carlos, Es el poder, Pgina 12, 12-6-08.

[10] Garca Sergio, Del sectarismo al apoyo a Kirchner hay un solo paso. Alternativa Socialista, n 478, 2-7-08.

[11] Vaca Arturo, Perdi la brjula Alternativa Socialista 477, 19-6-08. Ripoll Vilma, Con los chacareros, Pgina 12, 3-7-08.

[12] Garca Del sectarismo

[13] En el 2001 haba que apoyar a los pequeos depositantes y ahora a los sectores medios del campo.Garca Del sectarismo

[14] Gastiazoro Eugenio, citado por Pgina 12, 8-6-08

[15] Los documentos que emiti este espacio puede consultarse en www.anred.org/article. -



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