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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-07-2008

Las condiciones de la resistencia y el desafo de los empeos anticapitalistas

Andrs Figueroa Cornejo
Rebelin


1. La experiencia grabada a fuego de los mil das de la Unidad Popular fue, entre muchas cosas, el resumen de un largo derrotero de luchas populares, altibajos, derrotas, maduraciones y aprendizajes colectivos, los cuales se tradujeron en mltiples fenmenos asociados al fortalecimiento de la Central nica de Trabajadores (CUT), el crecimiento de los partidos obreros y de los de origen pequeo burgus e inspiracin socialista, y el agotamiento del proyecto imperialista vehiculado por la Democracia Cristiana de Frei Montalva (aos despus asesinado por la dictadura pinochetista, pese al apoyo brindado a la junta militar por la direccin de su tienda). Asimismo, el gobierno del doctor Salvador Allende (que obtuvo mayora relativa ante una burguesa dividida, y cuya victoria debi ser refrendada condicionadamente por el Congreso Nacional) expres los lmites histricos del Estado burgus de impronta nacional desarrollista, en un marco internacional extraordinariamente gravitante para un pas de 9 millones de habitantes, signado por la guerra fra, la revolucin cubana, la guerra de Vietnam, y las luchas de liberacin nacional anticolonialistas.

La denominada va chilena al socialismo confirm trgicamente las leyes de hierro de la lucha de clases en una frmula poltica que ofreci territorios y tiempo suficientes para el rearme de las clases dominantes. Nunca antes en el planeta, a travs de elecciones generales y sobre un poderoso soporte de organizacin de sustantivas franjas de los trabajadores y el pueblo, gobierno alguno alcanz nacionalizaciones y transformaciones de carcter estratgico en reas de la economa intocables hasta entonces (cobre, banca, tierra), ni ms serios intentos de redistribucin de la riqueza y propulsin de derechos sociales, sin reprimir a la minora oligrquica histricamente arriba. Sin la existencia de la descrita constelacin de variables nacionales e internacionales (relativa simetra en la pugna capital / trabajo a escala mundial), habra resultado imposible imaginar siquiera el fenmeno de la Unidad Popular. Se estaba en presencia de un Estado fuerte que lograba influir notablemente en la economa y dotaba al conjunto social de un altsimo porcentaje de empleo fiscal, y frente a una burguesa golpeada duramente en Chile y el mundo ante el avance incontenible del campo de la conciencia y la organizacin de los trabajadores y el pueblo. Si bien, Allende siempre notific que su gobierno sera nacional, popular, antiimperialista y revolucionario, pero que slo estaba construyendo las condiciones necesarias para implementar la hegemona de relaciones de vida socialistas, los patrones y el imperio acudieron al recurso castrense para echar abajo el proyecto de sociedad ms avanzado de la historia de los chilenos.

Cuando ocurra el golpe de Estado de 1973, la intelectualidad tecno-econmica amaestrada en las escuelas ms ortodoxas del capitalismo en Usamrica, apenas balbuceaba el paradigma ultra liberal que implementara, primero en Chile y luego en grandes extensiones del planeta, las nuevas modalidades y contenidos de la refundacin del reinado del capital que transformaran estructuralmente el patrn de acumulacin burgus, el Estado, la geo-poltica global y las relaciones de poder en todas sus dimensiones.

No por accidente, los fundamentos econmicos emanados de los acuerdos de Bretton Woods en 1944 (poca dorada del capitalismo denominado de bienestar, y perodo de creacin del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, prestamistas y formateadores poltico-econmicos de los pases dependientes), terminaron ante la crisis de la convertibilidad del dlar en oro en 1973. En Chile, con ms de 10 aos de anticipacin, se impuso a sangre y fuego el paradigma neoliberal consolidado mediante el Consenso de Washington, que en sus claves nucleares instal la liberalizacin del comercio internacional asimtrico, las privatizaciones de los recursos de propiedad estatal y social, y la financiarizacin de los derechos conquistados en el perodo anterior. El deseo devorador del capital y su movimiento creciente, expansivo y productor de desigualdades se sintetiza hoy, como nunca, en la hegemona del capital financiero imperialista, transnacionalizado, monoplico y especulativo. Ante la descompensacin de fuerzas entre el capital y el trabajo a favor del primero, el Estado de bienestar se convierte en pieza de museo y gobierna por medio de la versin ms brutal y radicalizada del capitalismo que garantiza a costa de humanidad y naturaleza- la ganancia demandada por la minora duea de todo.

2. Despus de 35 aos del fin de la experiencia trgica y luminosa de la va chilena al socialismo, el pas es administrado por los intereses del gran capital, bajo la hegemona inhumana de las relaciones econmicas, polticas, culturales, simblicas y sociales del fetiche de la mercanca y la supuesta teora del libre mercado (que en la prctica, promueve los oligopolios, la concentracin de la riqueza y osifica la desigualdad de clases y la dependencia del capital financiero y especulativo). El pacto interburgus que puso trmino a la dictadura militar y abri el actual perodo de gobiernos civiles, ha mantenido intactos los resortes profundos de los intereses del capital y su dinmica antipopular. Gobierno tras gobierno, la Concertacin, primero acudiendo al temor de los cuartelazos, y luego actuando francamente desde el acomodo y la conveniencia, ha consolidado una sociedad estamental, sin derechos sociales asegurados para las grandes mayoras, y ha terminado de desmantelar y vender a privados las rmoras de la propiedad estatal. De esta manera, los gobiernos concertacionistas cuya confianza la burguesa, recin a casi 20 aos de elecciones, comienza a relativizar- han prometido cambios pro populares reiteradamente incumplidos; impedido la organizacin de los trabajadores y el pueblo; y castigado cualquier asomo de cabeza de los de abajo, muertos mediante. El Estado subsidiario, tutelado transitoriamente por la Concertacin, ha reducido su vocacin popular a insuficientes programas sociales, mientras en la realidad dominante ofrece seales de descomposicin, envejecimiento de horizonte de sentido (si es que lo tuvo, ms all de la buena publicidad de los primeros aos), corrupcin, reformas aparentes, alienacin, desastres en el mbito educacional, sanitario y medioambiental, precariedad y psimo pago del empleo; pan caro y mal circo.

De este modo, Chile padece la mutacin y extincin del Estado tal como se conoci hasta 1973. El aparato fiscal, histricamente de contenido burgus, actualmente se expresa anmicamente en su peso burocrtico, poderosamente en su papel militar, y defensor a ultranza de la propiedad privada en materia jurdica. Qu puede ofrecer como objeto de demanda un Estado impotente, enrejado en las tramas de la subordinacin del gran capital? Qu ms recursos le quedan a un Fisco, sino los ahorros millonarios devenidos del alza provisional del precio del cobre? Hoy el Estado parece ser una caja fuerte repleta de dlares para la contencin parcial de eventuales conflictos sociales (Transantiago, Fondo de Estabilizacin del Precio Petrleo, bonos miseria) y til como aval de los poderosos en aprietos; tiene el monopolio de la fuerza militar; es el guardia privado de la burguesa; y sostiene un parlamento monocorde y legitimador del poder de los privilegiados. La extraa transparencia sin contradicciones del rol del Estado chileno en una sociedad de clases, mandata la reconstruccin de las fuerzas anticapitalistas al calor de la lucha entre capital y trabajo, en sus maneras ms desnudas, multidimensionales y originarias.

3. Las cifras oficiales de 2008 hablan que el promedio de los trabajadores gasta ms de lo que gana y adeuda un ao de salario; menos de la mitad de la fuerza laboral est contratada; apenas un 8,7 % puede negociar colectivamente (independientemente de los resultados de los convenios); el desempleo se empina sobre el 8 % a nivel nacional; la inflacin para el 40 % ms pobre est en un 20 %; la pobreza es femenina y juvenil; el subcontratismo y la precariedad laboral campean y el descrdito del sistema poltico supera el 50 %. Asimismo, la desaceleracin econmica producto de la crisis cclica del capital financiero parasitario y del alza estructural de los precios de los alimentos y la energa, destruyen el poder adquisitivo de las remuneraciones, mientras el Banco Central aumenta las tasas de inters para paliar la inflacin a costa de las grandes mayoras. Las proyecciones del Ministerio de Hacienda en materia de crecimiento varan a la baja en tanto pasan las semanas. Al respecto, el pas crecer alrededor de un 4 %, el nmero ms bajo de la regin.

4. Como resulta histrico salvando algunas nuevas maneras-, los dispositivos materiales que reproducen el sostn cultural de la alienacin requerida por el capital se encuentra en la escuela, el ejrcito, la iglesia, la empresa, el relato poltico dominante y el control monoplico de la clase en el poder de los medios de comunicacin de masas (en especial, de la televisin). En su conjunto, los dispositivos de la alienacin propalan la resignacin, la igualacin del consumo a la felicidad, la fatalidad del actual orden de cosas, el temor, la espectacularizacin de los acontecimientos y sus personajes, el espejismo de la enseanza formal como palanca social, los metadiscursos para especialistas, la mala conciencia, la participacin bajo control e irrelevante, el analfabetismo funcional, el consenso como imposicin vertical, la lumpenizacin de las relaciones sociales, la idiotez indolente y el egosmo.

5. Histricamente, las posibilidades de la construccin de la hegemona de los intereses de los trabajadores y el pueblo estn ligadas a las luchas concretas contra las relaciones de dominacin, el capital y los patrones; la alfabetizacin poltica; la arquitectura sincrtica, mestiza, creativa, cultural y simblica devenida de las necesidades y experiencias concretas propias de las grandes mayoras; la religin liberadora; la tica insobornable; la solidaridad; la dignificacin de los contenidos y formas genuinas de las clases dominadas; y la edificacin incesante del malestar colectivo frente a los privilegios de la minora en el poder.

6. Pero De dnde saldr el martillo, verdugo de esta cadena?. Sobre todo de los trabajadores precarizados y tercerizados del conjunto de las reas econmicas; de los jvenes excluidos; de los estudiantes arrojados al mal empleo y la expoliacin; de las mujeres; de los mapuche cuya pelea rime con la de los mestizos castigados; de los ecologistas autnticos cuyas luchas se contraponen al capital; de los intelectuales crticos; de los artistas incmodos; de los sexualmente marginados; del pueblo profundo que advierte su desgracia como potencia y necesidad liberadora. Y de los militantes populares provenientes de esas fuentes. De la memoria y la recreacin de la conviccin de poder.

En este sentido, la independencia poltica de los intereses de los trabajadores y el pueblo es el eje determinante a la hora de recomponer las fuerzas y el proyecto emancipador de los de abajo. De no cautelar con celo metlico este principio, se corre el riesgo alto de, al igual que bajo la dictadura pinochetista, de entregar la hegemona poltica a fracciones sociales formalmente democrticas y pro populares, pero incapacitadas para transformar el orden estructural de las cosas. De ganar el empresario derechista Sebastin Piera las elecciones presidenciales de fines de 2009, los cuadros de la Concertacin debern aterrizar al menos en algn porcentaje significativo- al territorio popular que abandonaron hace 20 aos. Al respecto, slo la conviccin y madurez poltica de las agrupaciones anticapitalistas estarn en condiciones de jugarse polticamente en la disputa. Y toda poltica de alianzas debe conducirse sobre esta matriz.

La dispora de los empeos polticos anticapitalistas e inspiracin emancipadora deben abandonar la autoreferencia infructuosa, cobrar fuerzas e incorporarse desde el seno mismo de las luchas concretas de los trabajadores y el pueblo.. De lo contrario, simplemente, no existe sintona entre el empeo poltico y los intereses, modos, ritmos y expresiones mixtas del pueblo, y se corre rpidamente hacia el encapsulamiento sin porvenir. En el mejor de los casos, sus ilustraciones propagandsticas se convierten en puro lema estrategista, deseo o mxima edificante, pero jams en comunicacin o poltica justa para el perodo. Lo que s tiene sentido es la promocin popular de la lucha directa y llana contra los enclaves patronales, donde, de algn modo, se produce la mayor densidad de lucha de clases.

En el actual perodo, los trabajadores y el pueblo estn recin comenzando un nuevo ciclo de luchas sociales, el cual, si supera su fragilidad sensible, puede aspirar a sostenerse sobre dos pies. La frecuencia de la lucha, la urgencia de victorias parciales, el aumento de su tonelaje, junto a la recomposicin de los embriones aspirantes a compartir la conduccin poltica, al menos, territorial y sectorial, son las condiciones para la multiplicacin y reunin de las fuerzas anticapitalistas. La incipiente organizacin del o los futuros destacamentos orgnicos y polticos de los intereses de los trabajadores y el pueblo sern fruto de la lucha de clases, su naturaleza, composicin, maneras nuevas y continuidad liberadora. Ms all de los segmentos sociales ordenadores, los sujetos centrales y las formas de lucha adecuadas al estadio potencial de los de abajo, hoy debe abrazarse toda lucha que atente contra el imperio del capital. La cualidad del conflicto no es escindible de sus posibilidades de futuro multiplicado.

7. De cara a la actual coyuntura, entregada la lectura sobre la naturaleza del Estado chileno y sus extensiones, se advierte la debilidad menos que relativa del cuerpo legislativo, la realidad tangible de habitar una democracia sin pueblo y oligrquica (como condicin sin la cual el capital no podra gozar de las tasas de ganancia que luce, ni la burguesa podra llevar un tren de vida primermundista a expensas de la sobrevida de la mayora) y, por tanto, el papel probadamente adjetivo que comporta la participacin en las elecciones de los poderosos. Los empeos anticapitalistas no pueden desdear por principio ningn modo de lucha, aunque sea en el mbito testimonial de un parlamento sin fueros y reflejo fiel de la hegemona de los intereses de la burguesa.

Pero las iniciativas capilares de los empeos anticapitalistas diseminados deben reconcentrase en la formulacin de las fuerzas populares por abajo. Aun para aquellos que todava consideran que es posible reeditar una experiencia meridianamente parecida a la Unidad Popular de 1970, como para quienes apuran su cabeza, manos y corazn en la transformacin integral de la sociedad, no esquivan el poder como objetivo, y comprenden la poltica emancipadora como un conjunto complejo de construccin de fuerzas, incluso ms all de las fronteras acotadas que enjaula el concepto de pas en la era de la mundializacin del devenir en todas las esferas del quehacer humano.

- Andrs Figueroa Cornejo es miembro del Polo de [email protected] por el Socialismo. 



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