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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-07-2008

Lecciones del conflicto

Ezequiel Meler
Rebelin


Articular histricamente el pasado no significa conocerlo tal como verdaderamente fue. Significa apoderarse de un recuerdo tal como ste relumbra en un instante de peligro.

Walter Benjamn.

La querella de las imgenes

En estos das, casi todos los referentes de los principales espacios polticos, as como destacados intelectuales, han trazado bocetos parciales de lo que constituira un primer balance respecto del saldo poltico arrojado por el conflicto agropecuario. Si bien en la mayora de esos bocetos late una percepcin comn a saber, que este es el comienzo de una nueva etapa-, debemos decir que es muy poco lo que comparten fuera de ello. As, para Claudio Lozano, diputado de Movimiento por Buenos Aires, integrante de Proyecto Sur, el legado principal de los ciento veinte das de confrontacin reside en la profundizacin del proceso democrtico [1] . En tanto, la sociloga Maristella Svampa fue todava ms all, al sealar que la votacin del jueves marca el final de la era K [2] .

Desde una perspectiva opuesta, para Rubn Dri, docente de la UBA y miembro del espacio Carta Abierta, el resultado ms claro estriba en un golpe institucional, consumado en la derrota parlamentaria, por el cual se ha garantizado el sometimiento del Estado nacional a las corporaciones que rigen la economa [3] . En la misma lnea que Dri han razonado sus colegas, Eduardo Grner y Len Rozitchner, para quienes:

Sin duda, hay un antes y un despus. Con el triunfo de la derecha campestre se han dado las condiciones para producir el sentido comn de que los que mandan son las corporaciones privadas y no las autoridades polticas electas. Insistamos: esto no es un problema slo para este gobierno, sino para toda la sociedad, se sienta o no representada por el Gobierno. Es un retroceso gigantesco, del cual se tardar mucho tiempo en recuperarse. El discurso neoliberal de la patria agroexportadora con todas sus consecuencias econmicas, polticas sociales, y ahora encima con base de masas- volver a reinar sin competencia seria sobre el fondo del terror que circula. [4]

En qu quedamos? Cmo articular lecturas tan distintas respecto de un mismo fenmeno? Sin dudas, buena parte de la distancia que separa tan dispares interpretaciones refiere a las apuestas polticas de los agentes. Lozano, en el artculo referido, deja en claro su percepcin del kirchnerismo como un espacio agotado [5] . De hecho, su entero anlisis recuerda al realizado por quienes, desde la izquierda postularon, histricamente, la necesidad tctica de agudizar las contradicciones, para mostrar la verdadera naturaleza de la dominacin. En esta clave interpretativa el famoso a peor, mejor, la desaparicin del kirchnerismo de la escena poltica abrira paso a la gestacin de nuevos actores que su presencia obtura, actores ms comprometidos con las transformaciones estructurales que requiere el pas. Slo de ese modo puede entenderse su llamado a construir, inmediatamente, una nueva fuerza poltica. Lo que no queda tan claro es cmo quien dice representar los ya bastardeados intereses de los pequeos y medianos productores puede votar por la derogacin de las retenciones mviles que, en el dictamen aprobado por Diputados, atenuaba, va diferentes subsidios, el impacto de las mismas hasta llegar, en algunos casos, a guarismos menores al 25%- para forzar el retorno del esquema de retenciones fijas, del 35%, a todos los productos y para todos los productores. Pero bueno, eso queda entre Lozano, Buzzi y las bases de la Federacin Agraria Argentina, que son, junto al gobierno, los grandes perdedores de esta coyuntura [6] .

Quienes integran el espacio Carta abierta, en cambio, han percibido desde el comienzo un clima destituyente, motorizado por una nueva derecha, cuya punta de lanza inmediata residira en el discurso monoltico de los medios masivos de comunicacin [7] . En ese sentido, sus propuestas han buscado integrar el fortalecimiento del rgimen poltico democrtico como objetivo primario sustantivo sin por ello ahorrar crticas para el desempeo del gobierno, antes y durante la coyuntura- con la enunciacin de aquellas transformaciones necesarias para la consolidacin del Estado como actor poltico independiente de los intereses dominantes, condicin indispensable para la continuidad o profundizacin de cualquier proceso de reformas a mediano plazo.

Estado, partidos y corporaciones

Pero la explicacin basada en el expediente del oportunismo, con toda su relevancia, no agota la brecha interpretativa. Tal vez, el problema principal resida en una confusin corriente en el ideario progresista: la suposicin de que todo fortalecimiento de la sociedad civil a costa del Estado es necesaria y directamente progresivo. Esta premisa, de aeja raigambre libertaria, debe no obstante cumplir con un segundo parmetro para ser en verdad correcta, esto es, el aspecto de las mediaciones polticas a travs de las cuales se expresa la nueva ecuacin de poder. En efecto, en estos ciento veinte das ha existido un fuerte avance de la sociedad civil sobre la autoridad estatal, pero ello no ha significado un fortalecimiento de los canales democrticos, como parece suponer Lozano, sino a la inversa. Los partidos, que son desde luego, junto al Parlamento, el eje de mediacin poltica de la democracia moderna, no se han recuperado de la crisis de representacin abierta en la coyuntura de 2001, y por ello no pudieron canalizar adecuadamente los intereses sectoriales, para traducirlos en trminos de demandas de bien comn. En su lugar, han reaparecido las asociaciones de inters, las corporaciones tradicionales, -o, como se las llama en la jerga poltica criolla, los factores de poder- dispuestas a luchar por intereses de definido sesgo sectorial, en un tipo de accin poltica que, lejos de fortalecer al rgimen democrtico, lo debilita.

Veamos: si la funcin central de los partidos en un rgimen representativo consiste en el dilogo, en la negociacin, en el consenso, y, en ltima instancia, en la resolucin de los conflictos a travs de reglas aceptadas por todos los participantes del juego poltico, la conducta de las corporaciones es completamente opuesta, pues se basa en el ejercicio de una forma perversa de accin poltica, esto es, aquella que se realiza negndose. Las corporaciones, carentes de representacin poltica propia en el Parlamento, siempre presentan sus demandas en trminos de relaciones de fuerza, de presin econmica y de confrontacin poltica.

En el caso que nos ocupa, el lock out agropecuario declarado en marzo se tradujo de inmediato en cortes de ruta, desabastecimiento o boicot al mercado interno, y diversos tipos y escalas de presin que implicaron que los representantes de un sector de la economa se arrogasen prerrogativas de derecho pblico por sobre el resto de la sociedad. La indudable complicidad de los medios masivos de comunicacin, cuyos propietarios se mostraron solidarios con las necesidades de la fraccin ms concentrada de la clase dominante, permitieron a las corporaciones dar el salto cualitativo que identific su defensa de intereses sectoriales con una causa nacional, inscripta tanto en las decisiones coyunturales como en la historia de la patria. Armados con este invalorable recurso, los representantes de la mesa de enlace pudieron incluso convocar a todos los sectores desafectos u opuestos al gobierno, pero incapaces de traducir su disidencia en una opcin superadora desde las mediaciones partidarias propiamente dichas.

Esto no implica negar el papel de la oposicin, o desconocer el devenir de los debates parlamentarios, sino analizar su papel exacto en la ocasin. Pues, si bien los liderazgos opositores adhirieron en bloque al reclamo sectorial, no pudieron canalizarlo ni supieron explotar el desgaste presidencial. Asimismo, si el mensaje de los partidos se traduce en un Parlamento capaz de procesar los intereses sectoriales y resolverlos a travs de los procedimientos de la democracia, el fracaso del Poder Legislativo en esta tarea demuestra a las claras el cariz del proceso iniciado en marzo. En la medida en que, ni desde el partido gobernante, ni desde los sectores opositores, pudo implementarse una acabada representacin de la totalidad de los intereses en disputa, la interpretacin que sostiene Lozano resulta insostenible, puesto que su corolario ha sido el avance de los grandes grupos econmicos ligados al negocio de la soja, sobrerrepresentados en las instancias corporativas, tanto por sobre una autoridad estatal incapaz de fijar los trminos de su proyecto de regulacin, como por sobre los intereses objetivos del resto de la poblacin, carente en la coyuntura de una voz propia que le permitiese defender sus posiciones en el debate.

En efecto, en el ncleo del debate no se hallaban, pese a su ubicuidad discursiva, las retenciones a las exportaciones granferas, sino la matriz poltica del actual rgimen de acumulacin. El ataque corporativo a la resolucin aduanera 125 represent, en verdad, un cuestionamiento explcito a la intervencin estatal en la economa, un rechazo al tenue intento de la autoridad pblica de expandir o, al menos, recuperar- aquellas funciones y posiciones abandonadas en el repliegue neoliberal de los aos noventa, efectuado al calor de las polticas solicitadas por Washington y los organismos multilaterales de crdito. Si bien en lo inmediato se observa una derrota gubernamental, detrs de la misma se esconde el fracaso de un proyecto poltico para reconstruir un agente estatal capaz de modificar de modo eficaz, sea a travs de una poltica tributaria, sea a travs de una poltica de ingresos, las condiciones bajo las cuales funciona el rgimen de acumulacin heredado de la etapa posterior a 2001.

La reforma cultural

Con todo, las escenas ms preocupantes de cara a un futuro siempre abierto no procedieron del accionar de las corporaciones, ni tampoco del desembozado apoyo que recibieron de los medios de comunicacin y la entera industria cultural. Lo ms grave es el apoyo social que concit un reclamo esencialmente antisocial, explcitamente antiestatal y, al menos en su forma discursiva, antipoltico. Las cacerolas de tefln que resonaron varias veces en apoyo de la escalada corporativa, demandando un dilogo que equivala lisa y llanamente a una claudicacin, revelan la existencia de un sentido comn arraigado en buena parte de la poblacin, sentido comn que, aunque desmentido por toda estadstica, insiste en la nostalgia de los gloriosos aos de nuestra belle epoque como granero del mundo, y en la posicin fundamental que ostentara el campo en la economa nacional, as como en su papel en nuestra reciente recuperacin. En ese sentido, la derrota poltica nace como una derrota cultural, como una derrota en la pugna por la direccin ideolgica de la sociedad, firmemente monopolizada por los sectores agroexportadores, los agentes financieros y sus socios en los multimedios.

No en vano, tanto en este trabajo como en muchos de los anlisis que circulan en estos das, reaparece la figura y el pensamiento de Antonio Gramsci [8] . En ese sentido, me parece importante detenerme en otro de los diagnsticos de la hora: la necesidad de recuperar el terreno perdido en el campo cultural y su relacin con la profundizacin del rumbo econmico. Gramsci, excelente analista de las relaciones de fuerzas propias del Estado moderno, sealaba ya hace tiempo:

Puede haber una reforma cultural, es decir, una elevacin civil de los estratos ms bajos de la sociedad, sin una precedente reforma econmica y un cambio en la posicin social y en el mundo econmico? Una reforma intelectual y moral no puede dejar de estar ligada a un programa de reforma econmica, o mejor, el programa de reforma econmica es precisamente la manera concreta de presentarse de toda reforma intelectual y moral [9]

La profundizacin del camino de transformaciones iniciado en 2003 aparece, entonces, como el nico medio de garantizar su continuidad. Slo que ahora tenemos un poco ms claro que la instancia simblica representa una batalla por s misma, que no puede ni debe librarse al acaso del mercado cultural, en el cual son predominantes los mismos actores, y son prevalecientes las mismas lgicas, que en el resto de la economa. Trabajar sobre la construccin de sentido, estructurar una nueva sociedad civil, ms poderosa, pero a la vez ms democrtica, liberada de la prisin corporativa, parece la primera de las lecciones de la hora. Vendrn nuevas batallas, en las que se jugar el sentido de esta derrota. Debemos prepararnos para ello, en la conciencia de que, como sealara Benjamn, tampoco los muertos estarn a salvo del enemigo, si ste vence. Y este enemigo no ha cesado de vencer.



[1] En la prctica, hubo un salto de calidad institucional, una profundizacin del proceso democrtico [] Se abre un tiempo donde el matrimonio Kirchner deber aceptar (de lo contrario, habr ms complicaciones) socios en las decisiones. Socios que no son otros que aquellos que ellos mismos haban elegido como tales. En todo caso, queda claro ms claro que la democratizacin a fondo, la batalla por la igualdad y contra la pobreza, siguen demandando la construccin de una nueva experiencia poltica. Vase Lozano, Claudio: La derrota parlamentaria del gobierno profundizar el proceso democrtico, en www.rebelion.org, 21/07/08.

[2] Svampa, Maristella: Lmites, o el fin de la era de Kirchner, en www.rebelion.org, 22/07/08.

[3] Para Dri, el sometimiento del Estado a las corporaciones, que eso, y no otra cosa, es el golpe, est en su ltima fase. Por supuesto, quienes han votado con la Sociedad Rural, eso no solo no lo pueden ver, sino que no existe ni nunca existi. Han simulado que se debata nada ms que las retenciones [] cuando desde hace mucho se no era, ni es, ni nunca fue el problema, sino que siempre fue y sigue siendo eminentemente poltico. El ncleo del problema siempre fue si el Estado ha de regir la poltica nacional, y en consecuencia, ha de intervenir en el mercado, o si son las grandes corporaciones las que han de ser rectoras sin lmites. En una palabra, si se vuelve al ms agresivo neoliberalismo, o si ste ser por lo menos atemperado mediante intervenciones del Estado. Vase Dri, Rubn: El golpe en etapa de maduracin, en Pgina 12, 20/07/08.

[4] Grner, Eduardo; Rozitchner, Len: Borrador de balance, en Pgina 12, 20/07/08.

[5] En realidad, cualquier mirada sensata puede cotejar que el impulso transformador inaugural del proyecto kirchnerista, hace tiempo que se manc. En Lozano, la derrota, ibdem.

[6] Para la feroz interna desatada en el seno de Proyecto Sur, no exenta de verdaderas perlas de estalinismo explcito por parte de su democrtica direccin, vase Lapolla, Alberto: Proyecto Sur se cay del helicptero: de la izquierda a la derecha en nueve meses, en www.noticiasdelsur.com, 18/07/08. Tambin, Lozano no tendra que haber votado en contra, entrevista a Alberto Lapolla, en Pgina 12, 22/07/08.

[7] Para acceder a los documentos del espacio Carta Abierta, vase cartaabiertaa.blogspot.com/.

[8] Por ejemplo, leemos en una editorial de un reconocido matutino: Cupo recordar por estos das una definicin de Gramsci: Es hegemona cuando una clase, o fraccin de una clase, logra convencer al resto de las clases, o fracciones de clase, de que sus intereses particulares son los intereses generales. Eso, exactamente eso, es lo que acaba de (volver a) consumarse en la Argentina. Pero no en la madrugada del jueves. Y ni siquiera desde marzo ltimo, cuando en la conjuncin de los desatinos gubernamentales, y el aprovechamiento de ellos por parte de la fraccin gauchcrata-meditica, comenz a tejerse el entramado que Julio Cobos coron con la teatralizacin de su cinismo supremo. Esto viene y se repite desde hace ms de 30 aos. Es la victoria de las patronales de los milicos. Son los 30 mil desaparecidos para que se haya logrado juzgar y encarcelar a los genocidas, pero no revertir la fenomenal derrota poltica que supone el terror de las clases medias y populares a cualquier va de tmidos cambios alterativos del humor de los privilegiados. Cobos y los pusilnimes que priorizaron sus hectreas, sus chacras, la tranquilidad del vermucito y la siesta cuando vuelven al pago, la defensa falsa del funcionamiento institucional para que la coreografa periodstica los ampare, traicionaron acuerdos polticos de circunstancia. Fueron infieles, pero no desleales. Debajo de la superficie o bien arriba, en realidad- respetaron a rajatabla su cuadro de valores ideolgico: no apartarse jams de los que estarn siempre, de los que tienen la plata del poder verdadero. Los dems van y vienen, llmense Kirchner o como sea. Los Llambas y los Miguens no. Ellos estn siempre. Ellos y el tilingaje que quiere ser como ellos y nunca lo ser. Los pobres y el medio pelo que piensan con la cabeza de los ricos son el reaseguro de esta gente. Vase Aliverti, Eduardo: Qu pas, en Pgina 12, 21/07/08.

[9] Gramsci, Antonio: Notas sobre Maquiavelo, sobre la poltica y sobre el Estado moderno, Buenos Aires, Nueva Visin, 1984, p. 15.



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