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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-07-2008

Pasiones polticas

Jorge Sanmartino
Rebelin


La crisis desatada en los ltimos meses a raz del lockout de la burguesa y la pequeo burguesa agraria, ha dividido a la sociedad argentina. No slo a los contendientes en el campo poltico sino tambin las cenas familiares y las reuniones de amigos. No hubo lugar de trabajo o estudio que no haya sufrido los coletazos de semejante polarizacin. Asistimos al resurgimiento de las pasiones polticas. El carcter e incluso la intensidad de semejantes pasiones no son similares a las del pasado, aunque la fractura poltica no ha dejado de calar en las ms diversas organizaciones sociales, para no hablar de los partidos polticos y sindicatos, como lo evidencia el debate en el propio partido de gobierno y en la CGT pero tambin en la izquierda y la CTA.

Dos fuerzas principales se mueven bajo el suelo de la crisis actual: el ascenso de la fraccin agraria que rompe el bloque dominante surgido en 2003 y su confluencia con tradiciones polticas y culturales de clases medias que se fueron inclinando hacia la oposicin de manera creciente. Esa asociacin de factores cataliz con el anuncio de las retenciones el 11 de marzo y permiti la alianza de la burguesa rural y la pequeo burguesa urbana que en estos cuatro meses de intensa polarizacin, ya tiene sus smbolos, lderes y programa. La coalicin exitosa que el kirchnerismo haba logrado conformar durante su gobierno, se fractur por su costado derecho, hiriendo al modelo neodesarrollista y el sistema poltico concomitante sobre el que cabalg la crisis pos 2001. Y se rompi definitivamente. El rechazo a la resolucin 125 en la Cmara de Senadores es el corolario de ese proceso, mientras la derecha sale fortalecida y los ecos de aquellas jornadas del 19 y 20 de diciembre del 2001 se hacen ms dbiles todava. El gobierno sufri la primera pero abrumadora derrota poltica. Y lo hizo a manos de fuerzas conservadoras y reaccionarias. Una nueva etapa se ha abierto.

Una derecha popular

Los ruralistas y la oposicin de derecha hace cuatro meses que saltaron del reclamo corporativo a la lucha hegemnica por ganar las mentes y los corazones de las mayoras. En su discurso el campo no representa ya los intereses sectoriales de la fraccin agraria de la burguesa sino el inters general de toda la nacin. El campo es la patria. Entre el argot de argumentos, los lderes gauchos han elegido aquellos que los identifican con el trabajo duro de sol a sol y aquel segn el cual el campo da de comer a la ciudad, mientras el estado parsito con su corte de polticos corruptos y burocracia administrativa vive, como langostas, del trigo ajeno. Esta mezcla de anarquismo gaucho anti-estatal y liberalismo mal disimulado, adopta como sus banderas por lo menos dos principios del conservadurismo liberal de Edmund Burke: profunda desconfianza hacia el poder del estado y libertad por sobre la igualdad. Se trata, claro, de la libertad de mercado sobre el plano inclinado del ascenso meterico de los precios internacionales de materias primas. La cara libertaria siempre oculta la liberal, por eso ciertos sectores de la izquierda pueden confundirse cuando gente como Alfredo De Angelis denuncia que el gobierno quiere la plata del campo para pagar la deuda externa y repartrsela entre los polticos. De esa confusin naci ese sublime disparate de ver imgenes de Lenin y Trotsky sobre la avenida Libertador, rodeados aquellos rusos atnitos, de lo ms granado de las clases medias altas de la Argentina. Los hroes del moderno agrarismo y la oposicin de derecha no se han privado incluso de denunciar la pobreza y la mala distribucin de la riqueza, aunque sin capacidad para disimular su exigencia de base: Que el lomo lo paguen a 80 pesos, como dijo asaltado por un soplo de sinceridad el dirigente entrerriano. El liberalismo de tradicin gorila, y en esto resulta como prender fuego sobre lea seca entre importantes estratos medios de Capital, no ha dejado de manifestar su rechazo racista a los negros acarreados, con los cuales contrasta el republicano de pensamiento autnomo, que vota con su propia cabeza y agita las banderas del campo por conviccin. Tambin han florecido alusiones a la condicin montonera de la pareja presidencial, as como a su revanchismo. El heterogneo conglomerado que clam por la eliminacin de la resolucin 125, ha sido potenciado con la colaboracin de la gran prensa argentina. Asistimos desde hace cuatro meses a una oleada reaccionaria que cal incluso en algunos estratos populares, que supo cabalgar sobre los errores, carencias y lmites del modelo actual y su gobierno y se dispone a una batalla de largo plazo. La derecha poltica, que estuvo arrinconada y a la defensiva durante ms de cuatro aos, sali fortalecida, dividi al partido oficial y lanzar nuevos desafos.

La presin de la burguesa agraria entr dentro de los cnones convencionales del lobby econmico y poltico. Se trata de un sector capitalista de creciente rentabilidad que puja por sus propios intereses, en un horizonte internacional de alza de los precios de las materias primas que parece se mantendr por varios aos ms. Cuando en sus actos gritaba que el campo es el corazn de la patria o el campo es la nacin, se daba expresin no tanto la realidad tal como es sino la que la burguesa agraria deseara que fuera, como a fines del siglo XIX y principios del XX. Y aunque todava no se ha escuchado, la lgica consecuencia del lobby rural es la consigna contra la industria ineficiente. En esta puja intercapitalista transcurri la historia argentina del siglo XX. Teniendo como corolario inevitable la reprimarizacin de la economa, la coalicin sojera apunta a una reformulacin de la estructura productiva que dara empleo slo a un tercio de la fuerza de trabajo. El intento de equilibrio entre las fracciones capitalistas y entre ellas y las clases subalternas, asegurado por el crecimiento econmico, lleg a su fin. No se rompi por achicamiento de mercado o recesin, sino al revs, por crisis de abundancia, por exceso de ingresos de una de las fracciones que, gracias a su alta productividad, puede retener con xito la renta internacional generada localmente. La burguesa agraria no posee la fuerza social y estratgica que en tiempos pasados le dio un poder de desempate poltico esencial, cuando de ella dependa en exclusiva el ingreso de divisas en una economa cerrada. Por eso tampoco pudo arrastrar a otras fracciones del gran capital industrial o de servicios, pero retiene un poder, ahora acrecentado por el mercado internacional, de condicionar los ingresos, la poltica fiscal e incluso el patrn de produccin basado en las ventajas comparativas del suelo pampeano. En el debate Rodrguez Saa ley, igual que Reuteman, una frase de Pern del ao 73 en relacin a los alimentos: Nosotros somos los ricos del futuro. Esa fuerza social introdujo una brecha profunda en las clases urbanas, donde el patrn de consumo de las clases medias y altas imita al de pases centrales y la acumulacin de renta es considerada fruto del xito individual que reclama derecho soberano sobre cualquier otra consideracin. El tpico liberal exhibido en la revuelta sojera, es el fruto de una derrota ideolgica y poltica que los moderados cambios, ni siquiera reformistas, operados desde el 2001 no han podido modificar y que tiene sus consecuencias en un estado incapaz de ejecutar polticas pblicas efectivas, desmanteladas desde hace mucho por la lgica del gobierno de la tecnocracia neutra, sin ideologa y de gestin.

La ciudad de la soja

En la Repblica, Platn habla de tres ciudades o constituciones polticas. En el tipo oligrquico, donde domina un selecto grupo de ricos, los deseos son absorbidos en la pasin exclusiva de las riquezas, domina all el espritu de codicia y avaricia. La pasin se duplica entre el odio de los ricos contra los pobres y viceversa. Los ricos no slo honran la riqueza a la que se consagran plenamente sino que manifiestan con respecto a los pobres un sentimiento de rechazo. Alaban al rico, desprecian al pobre. A una estructura social desigual corresponde una estructura de las pasiones que la refuerza. La ruindad, el apetito desenfrenado, los peores instintos de apropiacin se conectan con ciertas formas sociales. Platn enfoca la psicologa de los ciudadanos a imagen de la morfologa de la ciudad. Freud, Marx, Elas entre muchos, retomarn esta reflexin. El rgimen afectivo que supimos conseguir es consecuencia de un largo proceso de mercantilizacin de todos los espacios de la vida. Se han privatizado no slo los recursos naturales sino el seguro de retiro, la salud y segmentos crecientes de la educacin. El sistema impositivo regresivo que nos gobierna refuerza las desigualdades y, en el pas de las vacas y el trigo, segmentos de la poblacin pasan hambre. La naturalizacin de la indigencia y la pobreza, el hambre y la desnutricin infantil en un pas donde se consume con furor desde hace cinco aos legitima la codicia sojera y vuelve sentido comn el eslogan dejen en paz al campo. El piquete y el corte de ruta, expropiado al saber de las luchas populares, se volvi un mtodo genuino para que los nuevos ricos despotriquen contra la expropiacin fiscal a la que consideran tan comunista como en dcadas pasadas lo era el impuesto a la renta presunta .

El chacarero que tienen 200 hectreas en Santa Fe o Buenos Aires, corazn de la protesta, y que obtienen una rentabilidad neta luego de las retenciones superior a los 260 mil pesos por campaa, exige que el estado no intervenga en la fijacin de precios, abrazado a la posibilidad de legar una fortuna a su prole y aprovechar una oportunidad de excepcin. El gringo exige que el estado saque sus manos del oro verde y cuando oye hablar de impuestos monta en clera y se mofa de las sanguijuelas de la administracin pblica de una manera que recuerda al farmer norteamericano del medio oeste denunciando al privilegiado y afeminado Departamento de Estado que mora entre lujos en Washington DC. El gaucho local apela a la tradicin populista. El arquetipo no es Llambas ni Buzzi sino De Angelis, con el que las clases medias y altas de los centros urbanos que cacerolearon en Recoleta, Palermo y Vicente Lpez, pueden sentirse parte del pueblo: si este no es el pueblo, el pueblo donde est. Ellos son un componente fundamental de la revuelta de los satisfechos, de los ms beneficiados por las polticas kirchneristas. La Argentina conservadora toma y tomar banderas populares, lenguajes corrientes y har culto del sentido comn, como lo hacen las clases dominantes en todas partes desde que la sociedad de masas exige que se gobierne no slo con la fuerza sino tambin con legitimidad. Algunos segmentos progresistas identificaron por eso mismo los cortes de lucha con puebladas populares, a las que aadan el ejercicio de la democracia directa, confundiendo la forma asamblearia con el contenido reaccionario del propsito de la protesta.

Opciones

En Venezuela, una clase media enriquecida con el alza del precio del petrleo no ha dejado de golpear rudamente al gobierno de Chvez, a pesar de los gestos y medidas que el gobierno bolivariano ha tomado para desactivar esa furia opositora. Nada ha resultado. Aun as, en el pas caribeo el gobierno posee en su haber una fuerza social movilizada y activa que le ha dado sustento frente a una derecha que lo intent de todo, desde el golpe hasta la intervencin electoral para desalojar un gobierno que no es el suyo y que siente ocupado por plebeyos peligrosos. En esa dinmica Venezuela y tambin Bolivia se han visto empujados, en mayor o menor medida, a recortar los derechos de las clases propietarias y a desvincular sus compromisos con fracciones enteras de las clases dominantes. Nada de eso ocurre hoy en nuestro pas, a pesar de que se ha querido asociar a los Kirchner con aquel proceso. A su vez, proyectos como el tren bala o la destruccin del Indec empujaron a sectores progresistas al campo de la derecha, que es la que capitaliza semejantes desatinos y la artfice de la derrota gubernamental.

Para desmontar la Constitucin socio-poltica neoliberal de la ciudad de la soja hace falta mucho ms que retenciones mviles. En los hechos el modelo que lo puso en pie no estuvo, durante los 120 das de conflicto, en discusin. Se han comenzado a reclamar la eliminacin del IVA a la canasta bsica de alimentos e impuestos progresivos a las ganancias como primer demanda inmediata, urgente, adems de subsidios universales para eliminar la pobreza y la recuperacin de los recursos naturales, as como la revisin completa de la explotacin minera y la aplicacin de tributos a las ganancias y transacciones financieras. Queda pendiente tambin la orientacin estratgica de la industria, los servicios y la agricultura.

El triunfo de la coalicin verde dlar slo har ms viva y crispada la polarizacin. Despus de semejante triunfo irn por ms, mientras la oposicin partidaria se preparar para arrebatarle al oficialismo en las elecciones legislativas del prximo ao, la tenue mayora parlamentaria. Para afrontar las pasiones polticas que desat la ms amplia y dinmica pueblada de la derecha econmica y poltica, de una envergadura sin precedentes y consecuencias an incalculables, se requiere de medidas radicales y efectivas que puedan hacerle frente y sean capaces de activar el apoyo popular. La administracin actual parece obstinada en su poltica de alianza con las fracciones de la burguesa industrial y en cobijarse en el seno del aparato del PJ. La lucha de clases aparece de la forma ms inslita, intrincada y laberntica posible, mofndose de todos los esquemas que tenamos previamente.

El equilibrio exitoso entre fracciones de la clase dominante y de ellas con las clases populares, incluidas ciertas concesiones democrticas y expansin del empleo, se logr en base a una economa en crecimiento y una base de poder reconstruida con epicentro en el PJ. La crisis poltica rompi ese equilibrio, que afectar al sistema poltico y a la estabilidad gubernamental a pesar de que la bonanza econmica le deja mrgenes todava generosos.

Para enfrentar consecuentemente a la derecha se requiere la activacin poltica de masas, que slo puede conseguirse mediante la ejecucin de medidas de carcter popular, redistributivas y democrticas de fondo, algo que hasta el momento el gobierno no ha abordado. Algunos balances ya hablan de la idiosincrasia derechista del pueblo argentino sin reparar en que el gobierno ha sido incapaz de generar una identificacin entre las masas populares porque nunca abord una agenda social que rozara siquiera los logros del peronismo clsico. En todo caso las organizaciones populares, los sindicatos y movimientos sociales deben conservar su plena autonoma, no asistir pasivos a la impotencia oficial y no esperar de brazos cruzados el retorno triunfal de las fuerzas reaccionarias en ascenso. Polticas sociales, energticas y de transporte ferroviario, de empleo, salario, creacin de vivienda y obra pblica entre otras medidas deben ser los ejes de una agenda democrtica y anticapitalista a enarbolar frente a los agoreros del libre mercado.

La crisis agit como hace mucho no veamos las pasiones polticas dormidas en un soporfero fin de las ideologas y una narcotizante administracin de las cosas por una tecnocracia eficiente. Los movimientos sociales fueron los grandes actores de las luchas de resistencia del perodo previo, aunque la carencia de proyecto poltico disip parte de sus fuerzas, repartidas entre una participacin subordinada en el gobierno de Kirchner y un intento de autonoma que no pocas veces pag con aislamiento e incluso prdida del sentido de realidad. La crisis actual permitir que las pasiones polticas alimenten tambin un proyecto poltico autnomo, popular, anti-capitalista y de izquierda que parta de la situacin poltica concreta, que pise el suelo seguro de la lucha que se debate hoy en da, para proyectar desde all una alternativa superadora del tibio neodesarrolismo oficial y darle cauce y capacidad de poder a las aspiraciones populares y a un proyecto realmente transformador? Ese ser el desafo del prximo perodo.



Jorge Sanmartino esintegrante de Economistas de Izquierda (EDI), de la Asociacin Gramsciana y de la Corriente Praxis.



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