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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-08-2008

La excusa Karadzic para la culpa colectiva de Bosnia

Ennio Remondino
Dnews / Megachip

Traducido por Gorka Larrabeiti


Como estaba ocupado con las convulsiones constitucionales turcas, slo he podido seguir la primera aparicin del detenido Radovan Karadzic ante los jueces del tribunal de La Haya por televisin. Mucha atencin meditica en busca de aplausos. La celebracin de la Justicia mayscula, que antes o despus golpea. Aplaudo tambin yo, pero con un regusto amargo en la boca. El peso de los recuerdos. Lo que vi en aquellos cuatro aos infernales en Bosnia, en la Sarajevo asediada, en los pueblos de masacres de poca monta, de limpieza tnica, entre las mujeres violadas a quienes me avergonzaba entrevistar siendo un hombre. No recuerdo a muchos angelitos alrededor del diablo de Pale. Pero s a muchos Poncios Pilatos. Mediadores que no hacan valer ningn elemento de fuerza. Una Europa indignada de palabra y comprometida para acudir en ayuda de los intereses del marco, el franco o la lira. La ONU militar con la orden de interposicin preocupada en protegerse a s misma. Un mundo de indignacin a intensidad variable. Para Bosnia se necesitaron 4 aos de carnicera, 100.000 muertos confirmados, tal vez un milln de prfugos. Tuvieron suerte los albaneses del Kosovo, quienes en nueve meses de guerrilla con mil vctimas entre ambas partes obtuvieron la guerra humanitaria a favor suyo.

En resumen: Bosnia como vergenza colectiva que no podemos pretender descargar sobre un Karadzic obviamente culpable, mas no el nico. Srbrenica. Por suerte o por desgracia me toc entrar all unos diez das despus de la matanza. ramos los primeros occidentales, el primer equipo televisivo, Tg1RAI, junto a los de la CNN. No vi los muertos, pues los haban sepultado yaen las fosas comunes, pero s que sent la peste a muerte por todas partes. Ni siquiera imagin, lo confieso, el tamao del horror que intua a mi alrededor. Vi y transcrib, para que luego me las tradujeran del flamenco, las pintadas que adornaban las paredes del cuartel donde se haban resguardado los 400 cascos azules holandeses. De su cobarda, de la entrega de 7 u 8 mil hombres inermes al carnicero de Mladic todo se ha dicho y escrito. Pero de aquellas pintadas, no. Racismo, nazismo, vergenza absoluta de llamarse hombres. Qu se hizo de aquellos cabrones uniformados? Siguen en algn ejrcito? Pagaron con tan slo un da de crcel?

Por ltimo, el Karadzic estadista, y el Karadzic fugitivo. Embajadas de diplomticos en Pale, Lukavica, en las instalaciones de esqu de Jahorina, en Trebevic, para encontrar al estadista, hoy detenido en Scheveningen. En Zenica, por el contrario, vi tres formaciones de muyahidines socorriendo a los hermanos musulmanes de Sarajevo. Vi entonces por primera vez los pakol, los pauelos con los que se cubren la cabeza los afganos. Yo, que soy miope, vea; otros, no. Karadzic amenaza ahora con desvelar los salvoconductos internacionales que le haban garantizado la inmunidad mediante la fuga y el paradero desconocido. Despus de lo que yo vi en Bosnia, no me caba la menor duda. Ahora toca desearle larga vida a Karadzic, en la crcel, por supuesto, a la espera de poder conocer a travs de su testimonio a algn otro diablo de aquel infierno que se vivi en Bosnia. Confiando que pueda gozar de mejor salud que el desaparecido Slobodan Milosevic.



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