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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-11-2004

Fbula del oso y el rey probeta

Iaki Errazkin
Colectivo Cdiz Rebelde



A punto de cumplirse medio ao del medieval espectculo ulico-religioso protagonizado por el dinmico do Letizia y Felipe (o Felipe y Letizia, que tanto monta) con motivo de sus principescas nupcias y ofrecido urbi et orbi por Falsimedia, los enanos siguen creciendo como secuoyas en el gran circo de la monarqua naranjera. Si mucho fue el morbo que despert en la plebeya ciudadana de este pas de las maravillas el agitado currculo sentimental de la hoy princesa de Asturias (divorcio, convivencias, posados pictricos y saraos varios), la cosa promete multiplicarse por el nmero pi. Sobre todo, despus de que la presunta periodista Karmele Marchante insinuara en el programa Crnicas Marcianas que Letizia Ortiz Rocasolano col de matute en La Zarzuela un ligado de trompas de Falopio que le incapacita para su principal funcin, la tarea para la que fue contratada, a saber: la concepcin y cra de la personita destinada a ocupar algn da el trono de las Espaas. Ya inmersos en el hipottico escenario, no me negarn ustedes que el asunto tiene gracia a borbones, perdn, quiero decir a borbotones. Porque parece como si el cvico vud republicano de las silenciadas, pero multitudinarias, concentraciones primaverales contra el evento, hubiese hecho efecto al fin y al cabo. Efecto retardado, claro, para que no desentone con el paisaje. Piensen por un momento que, con lo que son, tuvieran que recurrir a la fecundacin in vitro para continuar la dinasta. Un rey probeta es lo que les faltaba. Ms que de zarzuela, el panorama sera de pera bufa, o sea. Desde luego, el supuesto lanzado por la tal Marchante -marchante de rumores que, a veces, acaban confirmndose- no habr gustado en absoluto al parque inmvil de la monarqua carpetovetnica. Sera el acabose constitucional y no conviene jugar con las cosas de comer. Si no, detnganse ustedes a reflexionar sobre lo poco que se ha hablado en los medios cuartos y traseros, deberan llamarse- sobre la otra boda habida en la familia. Me refiero a la de la modelo Laura Ponte y el no menos modlico Beltrn Gmez-Acebo, sobrino del actual monarca y primo hermano del futurible. Se nota que alguien de las alturas les ha ledo la cartilla de racionamiento informativo.
Pero es, sin duda, el propio Juan Carlos I (o, como le apoda mi prvula sobrinita con su certera lengua de trapo, Juan Carlos Palote) el que ms est contribuyendo a llenar de contenido el captulo contemporneo de la pintoresca leyenda que acompaa a la estirpe borbnica desde Felipe V.
Aburrido ya de los conejos, se ha pasado a la caza mayor. As, gracias a su proverbial puntera (demostrada ampliamente en su niez) y utilizando las peculiares tcnicas de captura que le enseara su mentor gran experto en la ejecucin masiva de salmones y de personas-, hace algunos meses mat en Polonia a un pobre bisonte europeo (especie en serio peligro de extincin) al que, previamente, manos cortesanas haban situado en la lnea de tiro de su rifle. Dos cuernos a aadir en su cuaderno de caceras. Suma y sigue.
Sigue, porque ahora ha trascendido que, en Rumania, su catlica majestad ha acabado con la vida de varios osos (los testigos afirman que fueron nueve, entre los que se encontraba una hembra en estado de gestacin), abatiendo, adems, a un magnfico ejemplar de lobo transilvano, pasndose la Directiva Hbitats de la Unin Europea por sus reales partes. Sigue y suma.
Suma, porque detrs de la escabechina, se encuentra, como suele, el vil metal. Porque supongo que saben que en los actos y celebraciones de lite, en los que se cobran precios astronmicos por participar -pero, sobre todo, en esos ms restringidos, en los que se deciden los grandes negocios que esquilman el planeta-, es habitual que los organizadores paguen a los famosos, segn su cach, para que asistan como reclamos. Y si eso es as en el mundillo del vulgar colorn socio-poltico, imaginen qu tarifas se manejarn entre los monarcas que se prestan al descorche.
Poco antes de su muerte, tuve el honor de conocer personalmente a don Jos Bergamn. Valgan sus palabras como moraleja de esta fabulita articulada: Mi mundo no es de este reino.


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