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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-08-2008

Bush reescribe la historia

Jorge Gmez Barata
Argenpress


En das pasados, en otra festinada inconsecuencia histrica, el presidente Bush coloc un signo de igualdad entre los smbolos nacionales de la antigua Unin Sovitica y los emblemas nazis, sumndose a las corrientes de la ultraderecha europea que intentan reescribir la historia para falsearla.

Semejantes tendencias evidencian la pertinencia de reflexionar acerca de la trascendencia de las ideologas que sobreviven a la vigencia de ciertos smbolos. La fe y las convicciones, componentes esenciales de la espiritualidad humana y elementos de cohesin de las sociedades, se alojan en los mismos espacios de la conciencia, no se remiten en virtud de coyunturas y no suelen necesitar de expresiones externas.

Igualar el ideal comunista que, cierto o equivocado, es resultado de las investigaciones, reflexiones y elaboraciones tericas de pensadores que espantados por la naturaleza brutal del capitalismo salvaje implantado en la Europa del siglo XIX, trataron de encontrar alternativas a la escandalosa depauperacin de la clase trabajadora y la sociedad en su conjunto, con la degeneracin nazi, es una infamia, explicable por aquello de que resulta fcil hacer lea del rbol cado.

Carlos Marx fue uno de aquellos sabios, mas no el nico, Joseph Prohudon, Lassalle e incluso el Papa Len XIII fueron otros. Uno escribi El Capital mientras el Papa redact la encclica Rerum Novarum, algunos se afiliaron al comunismo, otros a la socialdemocracia y los catlicos crearon las organizaciones polticas laicas, especialmente los partidos socialcristianos pero ninguno promocion puntos de vista racistas, xenfobos y ni exclusivistas, mucho menos auspiciaron la guerra, la agresin, la colonizacin ni la eliminacin de pueblos y culturas, posiciones caractersticas del nazismo hitleriano.

Aun cuando no coincidan con sus puntos de vista polticos o sus presupuestos ideolgicos, ninguna universidad, centro de investigacin, biblioteca o autoridad intelectual, discute la condicin de cientfico de Carlos de Marx y, de hecho, los preceptos bsicos de su pensamiento forman la base de la sociologa, la economa poltica y la filosofa de la historia estudiadas en las ms prestigiosas universidades del mundo.

Tampoco se niega que el establecimiento del poder sovitico y los esfuerzos para implantar el socialismo en la URSS fueron resultados de un proceso revolucionario legtimo, inclusivo y autnticamente popular que, por primera vez en la historia, intent establecer un gobierno con un programa encaminado a suprimir la explotacin y conceder todo el protagonismo poltico a los trabajadores.

Aunque a la larga fallido, aquel proyecto en apenas tres dcadas sac al imperio ruso de las tinieblas del feudalismo y convirti al ms atrasado y primitivo pas euroasitico en superpotencia mundial, no slo en el mbito militar, sino tambin en el econmico, social y cultural. Obviamente semejante hazaa no pudo ser obra de esclavos sino de un pueblo heroico y motivado,

Por otra parte, hoy nadie omite el hecho de que en aquel proceso se cometieron errores, incluso algunos ligados a situaciones de opresin nacional, como fueron los casos de Estonia, Lituania y Letonia, pases incorporados al imperio ruso y que con la revolucin bolchevique obtuvieron su independencia para, en 1940, en abierta confrontacin con el punto de vista de fuerzas polticas y sectores de la poblacin de esos pases, ser compulsivamente incorporados a la Unin Sovitica.

Se conoce perfectamente que en lugar de responder a la esencia del socialismo, aquellas situaciones fueron resultados de deformaciones introducidas por el stalinismo que, dado lo inconsecuente de la rectificacin protagonizada por Nikita Kruzchev, el inmovilismo y la incapacidad para la autocrtica de las administraciones que lo sucedieron, nunca fueron resueltas. Reconocer esas realidades, no es lo mismo que culpar a Carlos Marx por ellas ni asociarlas a una supuesta naturaleza intrnsecamente perversa del comunismo.

La violencia y la arbitrariedad que bajo diferentes smbolos acompaan a la historia humana forman pginas sobrecogedoras. El martirologio de los cristianos a manos de los emperadores romanos, fue emulado por la crueldad conque actuaron los cristianos conducidos por los papas y los monarcas catlicos durante las Cruzadas y no alcanzan a la masiva y brutal represin que en nombre de la propagacin de la fe cristiana supuso la evangelizacin de los pueblos originarios del Nuevo Mundo y la conversin religiosa de los esclavos africanos victimas de la Trata. Estos episodios, junto a la Inquisicin y el holocausto judo son impactantes realidades.

Pretender reescribir la historia y prescindir de los smbolos enarbolados en multitud de procesos negativos conllevara al repudio de las banderas de Espaa, Inglaterra, Francia, Blgica, Italia, El Vaticano y otros estados europeos, al rechazo a expresiones de la fe, incluyendo a todas las religiones universales, incluso para algunos pueblos, al repudio a la idea de la democracia.

Es comprensible que los pueblos que formaron la antigua Unin Sovitica y sus nuevas autoridades adopten nuevos distintivos nacionales acorde con sus tradiciones y sus enfoques ideolgicos actuales, lo que carece de todo sentido es que el presidente de los Estados Unidos, pas que junto a la Unin Sovitica y Gran Bretaa formaron el ncleo de la coalicin que mediante intensos combates en los campos de batalla de Europa, el Pacfico, Africa del Norte y el Extremo Oriente derrotaron al fascismo, pretenda igualar los smbolos de aquel decisivo aliado con los del enemigo que juntos combatieron.

Aunque no haya sido viable como sistema estatal, al menos en el primer intento, el comunismo se asocia sobre todo con un sueo y a un ideal para muchos irrealizable, mientras el fascismo es reconocido como una ideologa retrograda y brutal y un acto de perversin extrema de la mente humana. Esta vez el burro no toc la flauta.



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