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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-08-2008

Es mucho ms tarde de lo que piensas
El complejo militar-industrial

Chalmers Johnson
Tom Dispatch

Traducido del ingls para Rebelin por Germn Leyens


Introduccin del editor de Tom Dispatch

Ojo! Mercenarios a la obra

Si se quiere presentar algo de contexto para la ltima presentacin de Chalmers Johnson sobre la privatizacin de los servicios de inteligencia de EE.UU., es importante saber hasta qu punto es lucrativo el negocio de la inteligencia. Segn el ltimo clculo, el presupuesto acumulado de inteligencia para 2009 de las 16 agencias en la comunidad de la inteligencia de EE.UU. ser de ms de 55.000 millones de dlares. Sin embargo, es posible que la cifra real en ese presupuesto extremadamente confidencial pueda subir a ms de 66.000 millones de dlares, lo que significara que el presupuesto de EE.UU. para agentes secretos se ha ms que duplicado en menos de una dcada. Como seala Robert Dreyfuss en su invaluable blog en The Nation, de modo an ms espectacular (y derrochador), gran parte de ese dinero terminar en manos de los contratistas privados quienes ya tienen su propio mini-complejo inteligencia-industria.

Chalmers Johnson, quien una vez fue consultor de la CIA y ms recientemente llam a que se cerrara la Agencia en su libro Nemesis: The Last Days of the American Republic [Nmesis, los ltimos das de la repblica estadounidense], tercer volumen de su Blowback Trilogy,, sabe un par de cosas sobre el mundo de los servicios de inteligencia de EE.UU. Como escribiera: Una agencia de inteligencia incompetente o inescrupulosa puede representar una amenaza tan grande para la seguridad nacional como no tener ninguna. Ahora, consideremos, junto con Johnson, lo incompetente e inescrupulosa que puede resultar una comunidad de inteligencia privatizada. Tom

El complejo militar-industrial

Es mucho ms tarde de lo que piensas

La mayora de los estadounidenses tienen una vaga idea de lo que significa el trmino complejo militar-industrial cuando lo ven en un peridico o escuchan que un poltico lo menciona. El presidente Dwight D. Eisenhower present la idea al pblico en su discurso de despedida del 17 de enero de 1961. Nuestra organizacin militar actual tiene poca relacin con la conocida por alguno de mis predecesores en tiempos de paz, dijo, o por cierto por los combatientes en la Segunda Guerra Mundial y Corea... Hemos sido forzados a crear una industria permanente de armamentos de vastas proporciones... No debemos dejar de comprender sus graves implicaciones... Debemos precavernos contra la adquisicin de influencia injustificada, sea buscada o no, por el complejo militar-industrial.

Aunque la referencia de Eisenhower al complejo militar-industrial ya es bien conocida, creo que su advertencia contra su influencia injustificada ha sido generalmente ignorada. Desde 1961, ha habido demasiado poco estudio serio, o discusin de, los orgenes del complejo militar-industrial, cmo ha cambiado con el pasar del tiempo, cmo el secreto gubernamental lo ha ocultado de la supervisin de los miembros del Congreso o de ciudadanos atentos, y cmo degrada nuestra estructura constitucional de divisin de poderes.

Desde sus orgenes a comienzos de los aos cuarenta, cuando el presidente Franklin Delano Roosevelt estaba preparando su arsenal de la democracia, hasta la actualidad, la opinin pblica ha asumido usualmente que involucraba relaciones ms o menos equitativas a menudo llamadas una colaboracin entre el alto comando y los jefes supremos de las fuerzas armadas de EE.UU. y empresas de propiedad privada, con fines de lucro, de produccin y servicios. Por desgracia, la realidad es que, desde que emergieron por primera vez, esas relaciones nunca fueron equitativas.

En los aos formativos del complejo militar-industrial, el pblico an desconfiaba profundamente de firmas industriales de propiedad privada debido al modo como haban contribuido a la Gran Depresin. Por lo tanto, el papel dirigente de la nueva relacin emergente estuvo en manos del sector gubernamental oficial. Un presidente profundamente popular y carismtico, Roosevelt, patrocin esas relaciones pblico-privadas. Obtuvieron ms legitimidad porque su propsito era rearmar al pas, as como a naciones aliadas en todo el mundo, contra las fuerzas crecientes del fascismo. El sector privado estaba ansioso de seguir esa lnea, en gran parte como una manera de recuperar la confianza del pblico y de disfrazar sus beneficios en tiempos de guerra.

A fines de los aos treinta y comienzos de los cuarenta, el uso por Roosevelt de cooperaciones pblico-privadas para incrementar la industria de municiones, y con ello terminar de superar la Gran Depresin, no pas enteramente sin cuestionamiento. Aunque l mismo era enemigo implacable del fascismo, unos pocos pensaban que an as el presidente se acercaba a copiar algunas de sus instituciones clave. El destacado filsofo italiano del fascismo, el neo-hegeliano Giovanni Gentile, argument una vez que debiera ser llamado de modo ms apropiado corporativismo porque era una fusin entre el poder corporativo y estatal. (Vea Eugene Jarecki: The American Way of War, p. 69.)

Algunos crticos se alarmaron temprano por la creciente relacin simbitica entre el gobierno y responsables corporativos porque cada cual protega y otorgaba al mismo tiempo poder al otro, mientras confunda considerablemente la separacin de poderes. Ya que las actividades de una corporacin son menos afectadas por el escrutinio pblico o del Congreso que las de una institucin pblica, las relaciones de colaboracin pblico-privadas dan al sector privado una medida adicional de seguridad contra un escrutinio semejante. Esas preocupaciones terminaron por ser enterradas por el entusiasmo por el esfuerzo de la guerra y la era de prosperidad de posguerra producida por esta ltima.

Bajo la superficie, sin embargo, haba un movimiento menos claramente reconocido del gran capital para reemplazar las instituciones democrticas por aquellas que representaban sus intereses. Este movimiento es ascendente en la actualidad. (Vea el nuevo libro de Thomas Frank: The Wrecking Crew: How Conservatives Rule [Los demoledores: como gobiernan los conservadores], para ver un excelente anlisis del eslogan de Ronald Reagan: el gobierno no es una solucin para nuestro problema, el gobierno es el problema.) Sus objetivos han sido desde hace tiempo desacreditar lo que llaman el gran gobierno, mientras capturan para intereses privados las inmensas sumas invertidas por el sector pblico en la defensa nacional. Puede ser interpretado como una reaccin a fuego lento ante lo que los conservadores estadounidenses consideraban como el socialismo del Nuevo Trato.

Sheldon S. Wolin, probablemente el terico de la democracia ms destacado del pas, ha escrito un nuevo libro Democracy Incorporated [Democracia & Ca.], sobre lo que llama totalitarismo invertido el ascenso en EE.UU. de instituciones totalitarias y de regimentacin cortadas segn el modelo de formas anteriores alemanas, italianas y soviticas. Advierte contra la expansin del poder privado (es decir sobre todo corporativo) y de la abdicacin selectiva de la responsabilidad gubernamental por el bienestar de la ciudadana. Tambin condena el grado en el que la as llamada privatizacin de actividades gubernamentales ha menoscabado insidiosamente nuestra democracia, dejndonos en la creencia generalizada de que ya no se necesita al gobierno y que, en todo caso, ste no es capaz de realizar las funciones que le hemos confiado.

Wolin escribe;

La privatizacin de los servicios y cometidos pblicos manifiesta la permanente evolucin del poder corporativo hacia una forma poltica, para convertirse en un socio integral, incluso dominante, del Estado. Marca la transformacin de la poltica estadounidense y de su cultura poltica, de un sistema en el que las prcticas y los valores polticos eran, si no definidores, por lo menos importantes elementos contribuidores, hacia otro en el que los elementos democrticos restantes del Estado y sus programas populistas estn siendo sistemticamente desmantelados. (p. 284)

Mercenarios a la obra

El complejo militar-industrial ha cambiado radicalmente desde la Segunda Guerra Mundial o incluso desde plena Guerra Fra. El sector privado se encuentra ahora en pleno ascenso. Las fuerzas uniformadas areas, terrestres y navales del pas as como sus agencias de inteligencia, incluyendo la CIA, la NSA (Agencia de Seguridad Nacional), la DIA (Agencia de Inteligencia de la Defensa), e incluso redes clandestinas encargadas del peligroso trabajo de penetrar y espiar a organizaciones terroristas, dependen todas de hordas de contratistas privados. En el contexto de las funciones de seguridad nacional del gobierno, un mejor trmino para estas sera mercenarios que trabajan en privado para compaas en busca de beneficios.

Tim Shorrock, periodista investigativo y principal autoridad sobre el tema, resume esta situacin de un modo devastador en su nuevo libro: Spies for Hire: The Secret World of Intelligence Outsourcing [Espas de alquiler: el mundo secreto de la subcontratacin de la inteligencia]. Las siguientes citas resumen algunas de sus principales conclusiones:

En 2006... el coste de las actividades de espionaje y vigilancia de EE.UU. subcontratadas a contratistas ascendi a 42.000 millones de dlares, o sea a cerca de un 70% de la suma estimada de 60.000 millones que el gobierno gasta cada ao en actividades de inteligencia en el exterior y en el interior del pas... La cantidad de empleados subcontratados excede ahora el personal a tiempo completo [de la CIA] de 17.500... Los contratistas componen ms de la mitad de la fuerza de trabajo del Servicio Clandestino Nacional de la CIA (antiguamente el Directorado de Operaciones), que realiza operaciones clandestinas y recluta a espas en el extranjero...

Para satisfacer la insaciable demanda de la NSA de datos y tecnologa de la informacin, la base industrial de contratistas que tratan de hacer negocios con la agencia aument de 144 compaas en 2001 a ms de 5.400 en 2006... En la Oficina Nacional de Reconocimiento (NRO), la agencia a cargo de lanzar y mantener los satlites de fotoreconocimiento y de escuchas de la nacin, casi toda la fuerza laboral est compuesta de empleados a contrata que trabajan para compaas [privadas]... Con un presupuesto anual estimado en 8.000 millones de dlares, el mayor en la IC [comunidad de la inteligencia], los contratistas controlan negocios por cerca de 7.000 millones de dlares en la NRO, dando a la industria de los satlites espas la distincin de ser la parte ms privatizada de la comunidad de la inteligencia...

Si hay una generalizacin que se pueda hacer sobre los programas IT [de tecnologa de la informacin] subcontratados por la NSA, sera la siguiente: no han funcionado bastante bien, y algunos han sido fracasos espectaculares... En 2006, la NSA no pudo analizar gran parte de la informacin que estaba reuniendo... Como resultado, ms de un 90% de la informacin que estaba recolectando era descartada sin haber sido traducida a un formato coherente y comprensible; slo cerca de un 5% era traducida de su forma digital a texto y luego enviada a la divisin correcta para ser analizada.

La frase clave en el nuevo lxico del contraterrorismo es cooperaciones pblico-privadas... En realidad, cooperaciones es una cobertura conveniente para la perpetuacin de los intereses corporativos. (pp. 6, 13-14, 16, 214-15, 365)

Varias deducciones pueden ser extradas de la estremecedora revelacin de Shorrock. Una es que si un servicio de espionaje extranjero quisiera penetrar los secretos militares y gubernamentales estadounidenses, su camino ms fcil no sera conseguir acceso a alguna de las agencias oficiales de EE.UU., sino simplemente conseguir trabajo para sus agentes en cualquiera de las grandes compaas privadas orientadas hacia la inteligencia, de las cuales el gobierno ha llegado a depender de manera notable. Estas incluyen a Science Applications International Corporation (SAIC), basada en San Diego, California, que tpicamente paga a sus 42.000 empleados salarios ms elevados que si trabajaran para puestos semejantes en el gobierno; Booz Allen Hamilton, uno de los contratistas ms antiguos en la inteligencia y las operaciones clandestinas que, hasta enero de 2007, fue el empleador de Mike McConnell, el actual director de inteligencia nacional y el primer contratista privado nombrado para dirigir a toda la comunidad de la inteligencia; y CACI International que, bajo dos contratos de servicios de tecnologa de la informacin, termin suministrando en 2003 unas dos docenas de interrogadores al Ejrcito en Iraq en la ya vergonzosa prisin Abu Ghraib. Segn el general Anthony Taguba, quien investig el escndalo de tortura y abusos en Abu Ghraib, cuatro de los interrogadores de CACI fueron directa o indirectamente responsables de la tortura de prisioneros. (Shorrock, p. 281)

De modo bastante notable, SAIC ha virtualmente reemplazado a la Agencia Nacional de Seguridad como el principal recolector de inteligencia por seales para el gobierno. Es el mayor contratista de la NSA, y esta ltima es hoy el mayor cliente de la compaa.

Hay literalmente miles de otras empresas con fines de lucro trabajando para suministrar al gobierno las as llamadas necesidades de inteligencia, a veces incluso sobornando a miembros del Congreso para financiar proyectos que nadie quiere realmente en el poder ejecutivo. Fue el caso del congresista Randy "Duke" Cunningham, republicano del Distrito 50 de California quien, en 2006, fue sentenciado a ocho aos y medio en una prisin federal por solicitar sobornos de contratistas de la defensa. Uno de los sobornadores, Brent Wilkes, ama un contrato por 9,7 millones de dlares para su compaa, ADCS Inc. ("Automated Document Conversion Systems") para computarizar los archivos centenarios de la excavacin del Canal de Panam!

Un pas que se ahoga en eufemismos

EE.UU. ha tenido un prolongado y lamentable historial cuando se trata de proteger su espionaje de la infiltracin extranjera, pero la situacin actual parece particularmente peligrosa. Se recuerda el caso descrito en el libro en 1979 de Robert Lindsey El juego del halcn (aparecido como pelcula en 1985 bajo el mismo nombre). Cuenta la historia verdadera de dos jvenes californianos del Sur, uno con una alta aprobacin de seguridad que trabajaba para el contratista de la defensa TRW (apodado RTX en la pelcula), y el otro, drogadicto y pequeo contrabandista. El empleado de TRW es motivado para su comportamiento por su descubrimiento de un documento desviado de la CIA que describe planes para derrocar al primer ministro de Australia, y el otro por necesidad de dinero para pagar su adiccin.

Deciden ajustar cuentas con el gobierno vendiendo secretos a la Unin Sovitica y los denuncian sus propias chapuceras. Ambos son sentenciados a prisin por espionaje. El mensaje del libro (y de la cinta) reside en la facilidad con la que traicionaron a su pas traicin que dur hasta que fueron dejados al descubierto y aprehendidos. Actualmente, gracias a la pasmosa sobre-privatizacin de la recoleccin y anlisis de la inteligencia en el exterior, se generalizan las oportunidades para semejantes violaciones de la seguridad.

Aplaudo a Shorrock por su extraordinaria investigacin de un tema casi impenetrable, basndose solo en fuentes abiertamente disponibles. Existe, sin embargo, un aspecto de su anlisis del que difiero. Es su aseveracin de que la absorcin generalizada de la recoleccin y anlisis oficiales de inteligencia por compaas privadas sea una forma de subcontratacin. Este trmino se limita usualmente a una empresa de negocios que compra bienes y servicios que no quiere producir o suministrar desde adentro. Cuando se aplica a una agencia gubernamental que trasfiere muchas, si no todas, de sus funciones clave a compaas adversas a los riesgos que tratan de ganar un beneficio con su inversin, la subcontratacin simplemente se convierte en un eufemismo para actividades mercenarias.

Como David Bromwich, crtico poltico y profesor de literatura en Yale, observara en New York Review of Books:

La contabilidad y responsabilidad separadas urdidas para Blackwater, DynCorp, Triple Canopy, y negocios similares, form parte de una transferencia cuidadosa de la supervisin del Congreso al vicepresidente y a los administradores de sus polticas en varios departamentos y agencias. El que gran parte del trabajo sea repartida entre compaas privadas que no son responsables ante las reglas del ejrcito o la justicia militar, significaba, entre sus numerosas otras ventajas, que el coste de la guerra poda ser ocultado ms all de toda deteccin.

Los eufemismos son palabras destinadas a engaar. EE.UU. ya est cerca de ahogarse en ellos, particularmente palabras y trminos nuevos diseados, o utilizados, para ejercer presin, para justificar la invasin estadounidense de Iraq expresiones de nuevo cuo destacados por Bromwich como ser cambio de rgimen, tcnicas realzadas de interrogatorio, guerra global contra el terrorismo, dolores de parto de un nuevo Oriente Prximo, ligero aumento de la violencia, llevar la tortura hacia el derecho, ahogo simulado y, por cierto, dao colateral, queriendo decir la matanza de civiles desarmados por soldados y aviones estadounidense, seguida pocas veces por disculpas a la ligera. Es importante que no se confunda la intrusin de funcionarios corporativos no elegidos, con motivos ocultos de lucro, en lo que son ostensiblemente actividades polticas pblicas, con negocios privados que compran cintas adhesivas, sujetapapeles, o tapas de cubos.

La transferencia generalizada de funciones militares y de inteligencia a agentes privados, a menudo annimos, comenz bajo la presidencia de Ronald Reagan y se aceler fuertemente despus del 11-S bajo George W. Bush y Dick Cheney. A menudo, sin embargo, no se entiende bien lo siguiente: La mayor expansin privada hacia la inteligencia y otras reas de gobierno ocurri bajo la presidencia de Bill Clinton. Parece no haber tenido los mismos motivos antigubernamentales y neoconservadores que los privatizadores de las eras de Reagan y Bush II. Sus polticas involucraban tpicamente indiferencia hacia y tal vez incluso ignorancia de lo que realmente se estaba infligiendo al gobierno democrtico, responsable, en nombre de la reduccin de costes y una supuesta mayor eficiencia. Uno de los puntos fuertes del estudio de Shorrock es que entra en detalle respecto a las contribuciones de Clinton a la privatizacin generalizada de nuestro gobierno, y en particular de las agencias de inteligencia.

Reagan lanz su campaa para reducir el tamao del gobierno y ofrecer una gran parte de los gastos pblicos al sector privado con la creacin en 1982 del Estudio del sector privado sobre control de costes. A cargo del estudio, que fue conocido como la Comisin Grace, nombr al empresario conservador. J. Peter Grace, Jr., presidente de W.R. Grace Corporation, una de las mayores compaas qumicas del mundo tristemente clebre por su produccin de asbesto y su participacin en numerosos juicios contra la contaminacin. La compaa Grace tambin tuvo una larga historia de inversiones en Latinoamrica, y Peter Grace estuvo profundamente comprometido con el menoscabo de los que consideraba como sindicatos izquierdistas, en particular porque a menudo propiciaban el desarrollo dirigido por el Estado.

Los logros reales de la Comisin Grace fueron modestos. El mayor fue indudablemente la privatizacin en 1987 de Conrail, el ferrocarril de carga para los Estados del noreste. No pas mucho ms en ese frente durante el primer gobierno de Bush, pero Bill Clinton volvi enrgicamente a la privatizacin.

Segn Shorrock:

Bill Clinton... recogi el garrote donde lo haba abandonado el conservador Ronald Reagan y... lo us profundamente en servicios que otrora eran considerados inherentemente gubernamentales, incluyendo operaciones militares de alto riesgo y funciones de inteligencia que estaban reservadas slo para agencias del gobierno. A fines del primer perodo [de Clinton], ms de 100.000 puestos del Pentgono haban sido transferidos a compaas del sector privado entre ellos miles de puestos de trabajo en la inteligencia... A fines de su [segundo] perodo en 2001, el gobierno haba reducido 360.000 puestos de trabajo de la nmina federal y el gobierno gastaba un 44% ms en contratistas de lo que haba hecho en 1993. (pp. 73, 86)

Esas actividades fueron considerablemente favorecidas por el control republicano de la Cmara de Representantes en 1994, por primera vez en 43 aos. Un periodista liberal describi la subcontratacin como una empresa conjunta virtual entre [el jefe de la mayora en la Cmara] Gingrich, y Clinton."

La derechista Heritage Foundation calific apropiadamente el presupuesto de Clinton de 1996 como la agenda de privatizacin ms atrevida presentada por algn presidente hasta la fecha. (p. 87)

Despus de 2001, Bush y Cheney agregaron una justificacin racional al proceso que Clinton ya haba lanzado con tanta eficiencia. Eran partidarios entusiastas de un impulso neoconservador para trasegar gastos estadounidenses de defensa, seguridad nacional, y en programas sociales a grandes corporaciones amigas del gobierno de Bush. (pp. 72-3)

La privatizacin y prdida de la memoria institucional

El resultado final es lo que vemos en la actualidad: un gobierno ahuecado en trminos de funciones militares y de inteligencia. La KBR Corporation, por ejemplo, suministra alimentos, lavanderas, y otros servicios personales a nuestros soldados en Iraq gracias contratos extremadamente lucrativos adjudicados sin licitacin, mientras Blackwater Worldwide suministra seguridad y servicios analticos a la CIA y al Departamento de Estado en Bagdad. (Entre otras cosas, sus mercenarios armados abrieron fuego contra, y mataron, sin provocacin alguna, a 17 civiles desarmados en Nisour Square, Bagdad, el 16 de septiembre de 2007, segn informes militares de EE.UU.) Los costes tanto financieros como de personal de la privatizacin en los servicios armados y en la comunidad de la inteligencia exceden de lejos cualquier supuesto ahorro, y algunas de las consecuencias para la autoridad democrtica pueden resultar irreparables.

Esas consecuencias incluyen: el sacrificio del profesionalismo dentro de los servicios de inteligencia de EE.UU.: la buena disposicin de contratistas privados a emprender actividades ilegales sin remordimientos y con impunidad; la incapacidad del Congreso o de los ciudadanos de realizar una supervisin efectiva de actividades de inteligencia administradas por privados por el muro de secreto que las rodea; y tal vez lo ms serio: la prdida del recurso ms valioso que posee cualquier organizacin de inteligencia la memoria institucional.

La mayor parte de esas consecuencias son obvias, incluso si los polticos nunca hacen comentarios al respecto ni los medios dominantes les prestan mucha atencin. Despus de todo, los estndares de un agente de carrera de la CIA son muy diferentes de los de un ejecutivo corporativo que debe cuidar el contrato que est cumpliendo y los contratos futuros que determinarn la viabilidad de su firma. La esencia del profesionalismo de un analista de inteligencia de carrera es su integridad al presentar lo que debiera saber el gobierno de EE.UU. sobre un tema de poltica exterior, sin tener en cuenta los intereses polticos de, o los costes para, los principales protagonistas.

La prdida de semejante profesionalismo de la CIA fue revelada de manera descarnada en el Clculo Nacional de Inteligencia de 2002 sobre la posesin de armas de destruccin masiva por Iraq. Todava parece sorprendente que ningn alto responsable, comenzando por el Secretario de Estado Colin Powell, haya considerado que era apropiado renunciar cuando quedaron en evidencia las verdaderas dimensiones del fracaso de nuestra inteligencia, menos todava en el caso del director de Inteligencia Central, George Tenet.

La disposicin a emprender actividades que van de lo dudoso a lo abiertamente delictuoso parece existir de un modo an ms predominante entre nuestros contratistas de la inteligencia que entre las propias agencias, y para un extrao es an ms difcil detectarla. Por ejemplo, despus del 11-S, el contra-almirante John Poindexter, que trabajaba entonces para la Agencia de Proyectos de Investigacin Avanzada de la Defensa (DARPA) del Departamento de Defensa, tuvo la brillante idea de que DARPA deba comenzar a compilar expedientes sobre la mayor cantidad posible de ciudadanos estadounidenses a fin de ver si procedimientos de minera de datos podran revelar modelos de conducta asociados con actividades terroristas.

El 14 de noviembre de 2002, el New York Times public una columna de William Safire con el ttulo "You Are a Suspect" [Eres sospechoso] en la que revel que DARPA haba recibido un presupuesto de 200 millones de dlares para compilar expedientes sobre 300 millones de estadounidenses. Escribi: Cada compra que haces con una tarjeta de crdito, cada suscripcin a una revista que compras y receta mdica que presentas, cada sitio en la Red que visitas y cada correo electrnico que envas o recibes, cada depsito que haces en el banco, cada viaje que reservas, y cada evento al que asistes todas esas transacciones y comunicaciones entrarn en lo que el Departamento de Defensa describe como una grandiosa base de datos virtual centralizada. Esto pareci a muchos miembros del Congreso algo demasiado cercano a las prcticas de la Gestapo y de la Stasi bajo el totalitarismo alemn, y por lo tanto, el ao siguiente votaron para retirar los fondos al proyecto.

Sin embargo, la accin del Congreso no termin con el programa de conocimiento de informacin total. La Agencia Nacional de Seguridad decidi en secreto continuarlo a travs de sus contratistas privados. La NSA convenci fcilmente a SAIC y a Booz Allen Hamilton que continuaran con lo que segn el Congreso constitua una violacin de los derechos de privacidad del pblico estadounidense por un precio. Que sepamos, el Programa de conocimiento de informacin total del almirante Poindexter sigue actualmente con el mismo mpetu.

La consecuencia inmediata ms grave de la privatizacin de actividades gubernamentales oficiales es la prdida de memoria institucional por parte de las organizaciones y agencias ms confidenciales del gobierno. Shorrock concluye diciendo: Tantos ex agentes de inteligencia ingresaron al sector privado [durante los aos noventa] que, en el nuevo siglo, la memoria institucional de la comunidad de la inteligencia de EE.UU. reside ahora en el sector privado. Es en gran medida la situacin que exista el 11 de septiembre de 2001. (p. 112)

Esto significa que la CIA. la DIA, la NSA, y las otras 13 agencias en la comunidad de inteligencia de EE.UU. no pueden ser reformadas fcilmente porque sus personales han olvidado en gran parte lo que supuestamente deberan hacer, o cmo hacerlo. No han sido entrenados o disciplinados en las tcnicas, resultados inesperados, y conocimientos profesionales de proyectos previos, exitosos y fracasados.

Como han dejado en claro numerosos estudios realizados hasta ahora, el vil fracaso de la ocupacin de Iraq tuvo lugar en gran medida porque el Departamento de Defensa envi a Bagdad fuerzas armadas notablemente privatizadas, repletas de aficionados incompetentes, para administrar el manejo de un pas derrotado. El Secretario de Defensa, Robert M. Gates (ex director de la CIA), ha advertido repetidamente que EE.UU. est entregando demasiadas funciones a los militares debido a que vaci el Departamento de Estado y la Agencia para Desarrollo Internacional desde el fin de la Guerra Fra. Gates cree que estamos presenciando una militarizacin reptante de la poltica exterior y, aunque esto generalmente no se dice, tanto los militares como los servicios de inteligencia han entregado demasiadas de sus tareas a compaas privadas y mercenarios.

Si hasta Robert Gates comienza a sonar como el presidente Eisenhower, ya es hora de que los ciudadanos de pie presten atencin. En mi libro de 2006: Nemesis: The Last Days of the American Republic, propugn a fin de imponer por lo menos un cierto modesto control sobre la presidencia imperial, que aboliramos por completo la CIA, junto con otras agencias peligrosas y redundantes de nuestra sopa de letras de diecisis agencias secretas de inteligencia, y las reemplazramos por personal profesional del Departamento de Estado dedicado a recolectar y analizar inteligencia del exterior. Sigo manteniendo esa posicin.

An as, la actual situacin representa el peor de todos los mundos posibles. Sucesivos gobiernos y Congresos no han hecho ningn esfuerzo por alterar el papel de la CIA como ejrcito privado del presidente, incluso si hemos aumentado su incompetencia entregando muchas de sus funciones al sector privado. Con ello hemos aumentado los riesgos de una guerra por accidente, o por capricho presidencial, as como de un ataque sorpresa, porque nuestro gobierno ya no es capaz de evaluar exactamente lo que sucede en el mundo y porque sus agencias de inteligencia estn tan abiertas a presin, penetracin, y manipulacin de todo tipo.

[Nota a los lectores: Este ensayo se concentra en el nuevo libro de Tim Shorrock: Spies for Hire: The Secret World of Intelligence Outsourcing, New York: Simon & Schuster, 2008.

Otros libros sealados: Eugene Jarecki: he American Way of War: Guided Missiles, Misguided Men, and a Republic in Peril, Nueva York: Free Press, 2008; Thomas Frank: The Wrecking Crew: How Conservatives Rule, New York, Metropolitan Books, 2008; Sheldon Wolin: Democracy Incorporated: Managed Democracy and the Specter of Inverted Totalitarianism, Princeton: Princeton University Press, 2008.]

Chalmers Johnson es autor de tres libros relacionados sobre las crisis del imperialismo y del militarismo estadounidenses. Son: Blowback (2000), The Sorrows of Empire (2004), y Nemesis: The Last Days of the American Republic (2006). Todos existen en rstica en Metropolitan Books.

Copyright 2008 Chalmers Johnson

http://www.tomdispatch.com/post/174959/chalmers_johnson_warning_mercenaries_at_work



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