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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-08-2008

Irn, en la carrera nuclear

Alberto Piris
La Estrella Digital


La credibilidad de las grandes potencias, cuando pretenden imponer al resto del mundo ciertos patrones de comportamiento en lo relacionado con la produccin y uso de la energa nuclear, est tan bajo mnimos que no es extrao que el gobierno iran -tan reprobable por otros muchos aspectos- no tome en serio las amenazas y presiones con las que se intenta controlar el desarrollo de su industria nuclear.

No son fiables las repetidas declaraciones del presidente iran de que no aspira a poseer armas nucleares sino que lo que Irn desea es gestionar, segn su libre y soberana decisin, todas las fuentes de energa, incluida la nuclear. No se puede descartar que el desarrollo de esta energa con fines pacficos derive, en un futuro no muy lejano, hacia la experimentacin y el desarrollo de armas nucleares.

Pero tampoco merece crdito el Consejo de Seguridad, que por una parte hizo a Irn una razonable y verosmil oferta de ayuda al desarrollo energtico y de suspensin de las sanciones internacionales, a la vez que enfticamente declaraba que, si Irn aceptara sus condiciones y detuviera las actuales actividades nucleares, se alcanzara "un Oriente Medio libre de armas de destruccin masiva".

Para Tehern y para cualquier observador medianamente informado de la situacin real en la zona, es engaosa y falaz tan idlica conclusin. Quienes la proclaman saben de sobra que Oriente Medio no puede estar libre de armas de destruccin masiva desde el momento en que Israel las posee y bastantes de sus dirigentes no han ocultado la intencin de utilizarlas, llegado el caso.

Ninguno de los miembros del Consejo de Seguridad que exigen a Irn la paralizacin de su programa nuclear ha insinuado siquiera que Israel se deshaga de sus armas nucleares, tan ilegales, peligrosas y desestabilizadoras para esta regin como lo seran las iranes. Es grande el cinismo que a veces se observa al tratar de este asunto: cuando hace unos meses se pregunt en el Parlamento britnico al ministro de Defensa sobre esta cuestin, esta fue su respuesta: "Todo lo que yo conozco es que Israel no admite poseer armas nucleares". Y se qued tan fresco. Nadie pidi su dimisin.

Tampoco es frecuente sealar que en Irn existe un legtimo recelo ante las armas nucleares de Israel y que esa es la razn por la que se aspira a disponer de un arsenal, aun mnimo, de tales armas. Si Francia oficialmente confa todava en la disuasin nuclear por qu Irn no habra de hacerlo? Lo que est ocurriendo en Oriente Medio es una etapa ms de la ya conocida carrera nuclear que se desencaden y se aliment durante la Guerra Fra por las grandes potencias. Est comprobado que el recelo ante un pas provisto de tales armas puede inducir a otros a obtenerlas. El ejemplo de India y Pakistn es tan elemental que no habra necesidad de citarlo.

Entre los muy variados asuntos aludidos por Barak Obama en su reciente gira internacional -con gran brillantez retrica y bien estudiado apoyo meditico- no se le ha odo hablar de las causas de la inestabilidad nuclear del ya de por s inestable Oriente Medio. Hubiera sido una interesante novedad y nos hubiera hecho pensar que, con Obama, "el cambio" del que tanto alardea s sera posible.

No es solo la existencia de armas nucleares en Israel lo que quita fuerza al discurso occidental frente a terceros pases. Es tambin el incumplimiento reiterado, por las grandes potencias, del Tratado de no proliferacin nuclear, que exige a los pases oficialmente nuclearizados "avanzar hacia un desarme general y completo". Si los que hicieron el tratado son los primeros que lo incumplen, es difcil ejercer fuerza moral para que los dems lo respeten. As que solo queda la fuerza de la coaccin o la violencia que, lejos de resolver los conflictos, los prolonga y agrava.

Ha perdido tambin todo su valor el tradicional argumento de que las armas nucleares en "nuestras manos" son factor de estabilidad y seguridad, mientras que en "manos ajenas" solo pueden conducir al desastre. Esto se debe a la irracional estrategia de la guerra preventiva, aceptada explcita o implcitamente por varias de las grandes potencias. La consecuencia es que los pases oficialmente nuclearizados no respetarn ya la clusula de no servirse de esas armas contra los que no las poseen, como ha venido ocurriendo desde el comienzo de la era nuclear. Esto muestra que el equilibrio nuclear es hoy ms inestable que durante la Guerra Fra.

Como el lector podr observar, estamos ante un juego poco limpio y peligroso, en el que algunos Estados solo tienden a promover sus propios intereses aun a riesgo de desacreditar el principal tratado que, si bien de modo poco justo y bastante imperfecto, intentaba frenar la alocada carrera nuclear que EEUU inici en Hiroshima un da como maana, 6 de agosto, hace 63 aos.


* General de Artillera en la Reserva


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