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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-08-2008

De Mandela a Mugabe

Aminata Dramane Traor
AlternativesInternational.net

Traducido por Caty R.


Mandela es un hombre extraordinario. Un hombre convencido y valiente que supo liberar a su pas. Un hombre que devolvi la confianza a su pueblo y a todos los pueblos oprimidos, a pesar de las dificultades. Adems, Nelson Mandela es un gran hombre que supo dejar el poder en el momento adecuado. Eso es importante, porque los hroes de las luchas de liberacin nacional que se aferran a su proyecto acaban como Mugabe desde el momento en que se obstinan en creer que es posible una evolucin distinta de la subordinacin a las grandes potencias. Mugabe no tuvo la oportunidad de abandonar a tiempo. Y lo est pagando caro.

La cuestin que nos plantebamos y nos seguimos planteando actualmente es la gobernabilidad de nuestros pases por los hombres que pretenden permanecer adheridos a su pueblo. El hecho de que se celebren los noventa aos de Mandela en el momento en que Mugabe se enfrenta a su destino, impone este tipo de comparacin. Se trata de dos hombres excepcionales. A uno se le insulta y se le cubre de fango mientras al otro se le ensalza y aclama con grandes homenajes como el gigantesco concierto que se celebr recientemente en Londres en su honor.

La comparacin no es balad. Pero la leccin que debemos meditar, una vez ms, es la posibilidad de transformar un pas, de seguir adherido al pueblo en un mundo sometido a las exigencias de las instituciones financieras internacionales y las potencias occidentales.

De todos modos, a la vista de lo que s de las prcticas de dirigentes africanos elegidos democrticamente, es evidente que se burlan de nosotros. Dar la impresin a todo el mundo de que las elecciones son el principio y fin de la democracia, cuando los que salen de las urnas son incapaces de rendir cuentas ante sus pueblos, es decepcionante. Hoy nos corresponde a nosotros, el pueblo africano, juzgar el sentido de la democracia y los fundamentos del linchamiento de alguien como Mugabe quien, ciertamente, ha cometido errores; pero hay que decir todo lo bueno que hizo por su pueblo. Tanto en trminos de educacin como de nivel de vida y sanidad. Pero tambin, y sobre todo, por la amplitud de miras que demostr para proclamar que los negros de Zimbabwe nunca tuvieron los mismos derechos econmicos que los agricultores blancos.

Olvidar este aspecto de la realidad del sur de frica es engaoso. Son rematadamente ingenuos quienes piensan que Tsvangirai tiene un programa distinto de la apertura comercial total de Zimbabwe.

De Mandela a Mugabe, pasando por los dems jefes de Estado, nunca llegamos al final de nuestros esfuerzos en cuanto a la transformacin social, econmica y poltica de nuestros pases debido a la naturaleza exgena de las reglas e instituciones. Pasamos ms tiempo aprendiendo democracia que estudiando la forma de organizarnos localmente para liberarnos.

Ahora se pretende hacer una comparacin entre Mandela y los dirigentes africanos actuales. Yo no pondra el debate en estos trminos. Porque la historia del apartheid y la naturaleza de la lucha han cambiado. En la actualidad nos enfrentamos a un enemigo invisible. Con el apartheid estbamos frente al opresor. Nos maltrataban, de hecho, simplemente por el color de la piel.

Pero actualmente el apartheid es mundial. Los muros que se erigen frente a los emigrantes africanos y nuestros pases subdesarrollados, las directivas de retorno de los inmigrantes que acaba de adoptar la Unin Europea y la incapacidad de esta organizacin, que imparte lecciones, de reconocer el derecho de los pueblos de Europa que reivindican una construccin europea diferente del mercado total, demuestran que la democracia no existe ni all ni aqu.

Los conceptos de democracia, buena gobernanza y derechos humanos slo se utilizan para anestesiarnos. Por eso cuando piden cuentas las grandes potencias, los Estados ms virulentos e intransigentes en el juicio a Mugabe es decir, George Bush, Gordon Brown y los dems-, hay para preocuparse. Qu derecho tienen los que tienen las manos manchadas de la sangre de los iraques o los del G8 que organizan el saqueo de frica, a decir quin es quin en frica y lo que debera hacer cada uno?

Hoy propongo una reflexin sobre la naturaleza de los contrapoderes en frica. Quines componen la sociedad civil? Qu pueden hacer? Quines son los opositores? Qu tipo de sociedad proponen? Acaso se ha intentado, en este lado del continente, hablar de la naturaleza de esos proyectos? Corresponde a los medios de comunicacin y a las organizaciones ciudadanas dignas de ese nombre formular todas estas cuestiones.

Si Mandela tambin hubiese tenido la oportunidad de permanecer en el poder durante tanto tiempo como fuese posible, por una razn u otra, recibira el homenaje que se le rinde actualmente?

No se puede dejar de admirar a Mandela por su lucha. Pero la cuestin de la ejemplaridad, la fuerza del ejemplo, exige las mismas circunstancias. La naturaleza del capital mundial, rapaz y violento, slo tolera a los que tragan con todo. Mandela se fue en el momento adecuado. Mbeki, con el NEPAD y el Renacimiento africano, da la impresin de ser un enlace con un orden econmico mundial que rechazamos. Pero el propio Mandela habra tenido las manos atadas si hubiera debido hacer frente a las grandes instituciones internacionales y a ciertas fuerzas progresistas que lo apoyaron en su poca pero que actualmente son liberales.

Por lo tanto no se puede examinar la naturaleza del poder sin tener en cuenta el entorno global en el que evolucionamos. Y dicho entorno est condicionado esencialmente por el mercado y la lgica del beneficio. Cualquier dirigente africano que no acepte este juego, dadas las relaciones de fuerza actuales, acabar en la picota. En Sudfrica, como en la inmensa mayora de los pases africanos, padecemos las polticas de apertura comercial cuyas consecuencias deberan ser inadmisibles para las supuestas democracias occidentales

Original en francs: http://alternatives-international.net/article2324.html

Aminata Dramane Traor, escritora y poltica maliense, naci en Bamako en 1947. Estudi en la universidad francesa de Caen y es doctora en Psicologa Social y diplomada en Psicopatologa; es profesora en el Instituto de Etno-Sociologa de la Universidad de Abdijan (Costa de Marfil). Fue ministra de Cultura y Turismo de Mal de 1997 a 2000 bajo la presidencia de Alpha Oumar Konar, cargo del que dimiti para poder mantener su libertad de palabra. Es una de las intelectuales africanas ms comprometidas en la bsqueda de alternativas para frica y contra la globalizacin liberal. En 2006 actu como responsable de la organizacin del III Foro Social Mundial de Bamako. Actualmente dirige el Amadou Hampate BA para desarrollo humano y calidad de vida y coordina las actividades del Forum pour lAutre Mali, FORAM (Foro para otro Mal).

 

Entre sus obras destacan Ltau, Actes Sud, 1999; Le viol de l'imaginaire , Amazon 2002 (En espaol: La violacio n del imaginario , Sirius 2004); y Lettre au presient des Franais propos de la Cte dIvoire et de lAfrique en general, Fayard 2005.

 

Caty R. pertenece a los colectivos de Rebelin, Cubadebate y Tlaxcala. Esta traduccin se puede reproducir libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar a la autora, a la traductora y la fuente.



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