Portada :: Cultura :: Manuel Sacristn, "Miradas filosficas"
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-08-2008

Antologa de textos de Manuel Sacristn sobre la primavera de Praga
La revolucin traicionada

Salvador Lpez Arnal
Rebelin


Desde ese punto de vista yo creo que lo que sucede hoy da es la vuelta al revs, pero eso es slo una consecuencia histrica de otro revs, del revs mucho ms profundo y real, que le sobrevino a la Revolucin de Octubre a finales de los aos veinte, que les sobrevino a las revoluciones de Europa central en la transicin de los aos treinta a los cuarenta, de ese fracaso y vergenza eterna para nosotros que fue el pisotear, aplastar con nuestros tanques, la revolucin ms prometedora y socialista de la segunda mitad de siglo en la Praga del 68. Ahora se trata ms bien de la cosecha; nosotros cosechamos las consecuencias de lo que pas antes [el nfasis es mo].

 

Kiva Maidanik (1990), El Estado y el proceso de la transicin

Finalizada la segunda guerra mundial, Checoslovaquia se perfilaba como uno de los pases ms avanzados de la Europa de postguerra. La rpida recuperacin de su tejido industrial y el reconocimiento de la autonoma poltica de Eslovaquia dibujaban un magnfico camino para la resolucin de los principales problemas del pas. El Partido Comunista de Checoslovaquia (PCCh) lleg a ser una de las organizaciones comunistas ms influyentes en el perodo de entreguerras, el partido ms importante en Centroeuropa y Europa del Este despus de 1945. Operando en la clandestinidad desde 1938 tras la invasin alemana, goz de verdadera popularidad entre la poblacin. A diferencia de lo que suceda en Bulgaria, Polonia o en otros pases del este europeo, el intento de construccin del socialismo en Checoslovaquia pareca fundamentarse en un real apoyo popular que tena su origen ms inmediato en el decisivo papel desempeado por los luchadores comunistas en la activa resistencia de checos y eslovacos contra el nazismo, combate iniciado aos atrs, con su destacada presencia en las Brigadas Internacionales que haban acudido a la llamada de la Espaa republicana.

Con el programa de Kosice, una coalicin de ocho partidos polticos de izquierda o centroizquierda unidos en el Frente Nacional gobern el pas desde 1945. El gobierno provisional contaba con un tercio de ministros comunistas. En octubre de ese mismo ao se nacionalizaron bancos, compaas de seguros, fbricas siderrgicas y empresas con ms de 150 trabajadores. Por los decretos de retribucin de mayo y junio de 1945, propiedades alemanas y hngaras en Checoslovaquia fueron transferidas al Estado, quien las distribuy sin costes de adquisicin entre campesinos sin tierra. Un decreto gubernamental de 1945 otorgaba poderes reales, tanto en empresas pblicas como en corporaciones privadas, a los consejos sindicales.

En las elecciones generales de mayo de 1946, el PCCh obtuvo algo ms del 40% de los votos en la actual Repblica Checa, convirtindose en el partido mayoritario en esta parte del pas. En Eslovaquia, alcanz un 30%, mientras los demcratas-liberales rozaban el 62%. En la Asamblea Nacional, los diputados elegidos del PCCh podan formar una neta mayora parlamentaria con el apoyo del ala izquierda del partido socialdemcrata, quienes haba obtenido el 16% de los votos en territorio checo.

En febrero de 1948, ante la negativa de los demcratas-liberales de llevar a cabo unas transformaciones socioeconmicas que el PCCh haba propuesto en un proyecto de ley sobre seguros sociales, el partido organiz en Praga una gran demostracin de fuerza. Klement Gottwald, entonces presidente del consejo de ministros, solicit al presidente Benes la formacin de un nuevo gabinete que otorgara al partido comunista los principales ministerios. Benes cedi a las peticiones. La movilizacin y presin de los sindicatos dirigidos por Antonin Zapotocky fue decisiva en la resolucin de la crisis.

El nuevo gobierno no se desvi esencialmente de las directrices econmicas y sociales que regan en el pas desde 1945. Los cambios ms destacados fueron la aprobacin de un nuevo sistema nacional de seguridad social, la revisin de la reforma agraria de 1920 y la nacionalizacin del comercio exterior, el comercio al por mayor y las empresas de ms de 50 trabajadores. Seguan siendo legales, la pequea y mediana propiedad privadas. En 1949 Checoslovaquia ingres en el Consejo para la Ayuda Econmica Mutua, el COMECON, y la produccin econmica del pas se empez a orientar hacia la industria pesada, la minera, la metalurgia y la construccin de maquinaria, en detrimento de los servicios, las infraestructuras, la agricultura, la investigacin cientfica y la industria ligera.

No es contradictorio con este importante apoyo ciudadano que el estalinismo ms represivo dictara su ley precisamente all. El inadmisible desviacionismo yugoslavo estuvo probablemente en la base de las nada disimuladas presiones soviticas a la direccin del PCCh. Artur London viceministro checo de Exteriores, antiguo brigadista en la guerra de Espaa, deportado a Mauthausen en 1944 donde fue uno de los principales artfices del comit de resistencia del campo, fue detenido, torturado y encarcelado por la polica de la Seguridad del Estado. No fue el nico caso. La sentencia del Tribunal de Estado de Praga de noviembre de 1952 condenaba a Vavro Hajdu, viceministro de Exteriores, a trabajos forzados a perpetuidad, al igual que a Eugen Lbl. Ladislav Holdos, veterano de las Brigadas Internacionales, miembro de la Resistencia, detenido en 1943 y deportado a Buchenwald, fue condenado como nacionalista burgus a 12 aos de crcel y enviado a las minas de uranio. Fueron condenados a muerte, Rudolf Slansky, Bedrich Reicin, Bedrich Geminder, Ludvik Frejka, Josef Frank, Vladimir Clementis, Karel Svab, Rudolf Margolius, Otto Fisch, Otto Sling y Andr Simone. En todo el proceso fue esencial la figura de Ladislav Kopriva, antiguo deportado, ministro de Seguridad del Estado. Fue l quien organiz la detencin de Slansky, el secretario general del PCCh, con la direccin y apoyo de los agentes soviticos.

La posterior marginacin de Gottwald hizo que Antonin Novotny se aupara a la direccin del PCCh y l mismo, tras la muerte del presidente Zapotocky, el antiguo lder de la organizacin sindical unitaria, reuni en su persona, a partir de 1957, las funciones esenciales del Estado checoslovaco.

A pesar de que tras el XX Congreso del PCUS y el informe Khrushev, se fue generando en el partido checoslovaco una corriente de opinin favorable a la revisin de los procesos, el poderoso secretario general se opuso frontalmente a ello asegurando la correccin legal de los juicios celebrados. No fue hasta finales de 1962, durante la celebracin del XII Congreso del PCCh, cuando Novotny empez a sufrir una prdida relativa de poder con la incorporacin de nuevos miembros a la direccin del partido, siendo tambin entonces cuando se elabor un nuevo programa econmico y se inici la revisin de los procesos polticos estalinistas. Si el deshielo del XX Congreso del PCUS apenas alcanz tierras checas y eslovacas, los efectos del XXII Congreso de 1961 s se hicieron notar. La direccin del PCCh no pudo seguir permaneciendo amurallada. Incluso cuando en 1964, despus de la destitucin de Jruschev, los nuevos mandarines soviticos intentaron frenar las concesiones de los dirigentes checoslovacos, el proceso de tmida renovacin ya haba avanzado suficientemente para que la vuelta atrs fuera imposible.

La renovacin que poco a poco iba surgiendo en las sociedades checa y eslovaca fue, sin embargo, duramente reprimida. Desde instancias oficiales se sostena en discursos y polmicas partidistas que el principal problema poltico checoslovaco no era el autoritarismo, la alargada sombra del estalinismo, la omnipresencia burocrtica o la omnipotente y eterna razn de Estado sino, por el contrario, la radicalidad de una democracia excesiva. La fractura abisal entre palabras y hechos creca aceleradamente.

Las ansias de renovacin se fueron extendiendo entre diversos y amplios sectores ciudadanos. En el IV Congreso de escritores checoslovacos celebrado en 1967, se protest abiertamente contra las prcticas autoritarias del partido. Rossana Rossanda ha recordado su visita a Budapest y Praga en 1965 presidiendo una delegacin de intelectuales comunistas. Despus de su encuentro con Lukcs y su visita a Budapest, la fundadora de Il Manifesto seala que era evidente que una glaciacin haba empezado a resquebrajarse. Sus tesis sobre polticas culturales eran recibidas con agrado y acuerdo por Kosik, Antonin Liehm, Novomesko y el gigante Kundera, joven y timidsimo-

La torpe reaccin de Novotny y el hecho de que el PCUS, con Breznev a la cabeza, no le apoyara claramente, posibilitaron los ansiados cambios polticos en el partido checoslovaco. En enero de 1968, una nueva direccin encabezada por Alexander Dubcek, un trabajador mecnico que haba sido secretario general del PCCH de Eslovaquia, tomaba las riendas del partido. De forma inesperada, se adelantaba la primavera en Praga, y con ella las esperanzas socialistas renovadas y reforzadas. De este trasfondo surgi un fuerte movimiento poltico a favor de un nuevo estilo poltico, de nuevos contenidos programticos, de bsqueda de proximidad entre el decir y el hacer, entre nuevas palabras y acciones crebles. Las reuniones del comit central del PCCh entre octubre y diciembre de 1967 fueron el preludio. La crisis estall definitivamente el 5 de enero de 1968 y tuvo tres momentos clave: el congreso de los escritores checoslovacos, con su peticin de puesta en prctica de las libertades ciudadanas que reconoca la propia Constitucin socialista del pas; las manifestaciones estudiantiles del campus de Strahov y, finalmente, el tenaz e inteligente enfrentamiento de los comunistas reformadores con los sectores ms inmovilistas y cegados del partido. El comunicado de la sesin del comit central del 5 de enero de 1968 no era extenso en explicaciones pero en l se apostaba claramente por la democratizacin del pas. Novotny era revelado de su cargo de primer secretario del partido y Dubcek pasaba a ocupar un primersimo plano poltico.

Poco despus del pleno de enero, se levant la censura en el pas, se garantizaron los derechos polticos y la libertad de expresin y asociacin. La democracia en serio, las libertades ciudadanas y el intento renovado, no meramente nominal, de construccin de una sociedad socialista no eran los polos opuestos de un cortocircuito insuperable. Las luces democrticas tambin iluminaron otros mbitos. Se produjeron transformaciones notables en el funcionamiento interno de la propia organizacin del partido. Se restableci el voto secreto, se situ a un representativo comit central por encima del secretariado y del politbur, y se acord que el presidium, el mximo rgano de la organizacin partidista, deba estar formado por miembros del PCCh que no desempearan cargos gubernamentales de carcter general, plurinacional. En los que seran ltimos das de la Primavera de Praga, el PCCh se encaraba a un proyecto de actualizacin de los estatutos de la organizacin que apareci publicado el 10 de agosto de 1968 en Rud Prvo [El Derecho Rojo], el peridico del comit central. El Parlamento volvi a adquirir funciones de control y vigilancia de los rganos del poder ejecutivo y la Administracin, y la polica poltica fue disuelta.

En abril de 1968, el comit central del partido aprobaba el "Programa de Accin". El documento sintetizaba los principios en los que deba basarse el socialismo de rostro humano que postulaban Dubcek y la nueva direccin del PCCh El amplio programa de rectificacin defenda, en el terreno poltico y en los mbito social y ciudadano, la libre creacin de partidos polticos que aceptaran las instituciones socialistas, la igualdad nacional entre checos y eslovacos, el derecho de huelga y la existencia de sindicatos independientes, y la libertad religiosa. El nuevo ambiente de libertad cont con el apoyo decidido de la sociedad checoslovaca. Florecieron asociaciones, surgieron nuevos peridicos, una muy real euforia socialista y democrtica se extendi por todo el pas. En el terreno de la poltica exterior, se siguieron manteniendo los lazos de amistad con la Unin Sovitica y con el resto de pases socialistas.

Sin apenas tiempo para poder desarrollarse, probablemente por los pocos pero sustantivos indicios existentes, la "Primavera de Praga" fue vista con aprensin en Mosc. Cuando Breznev, el mximo dirigente de la URSS, visit Praga en febrero de 1968 oblig a Dubcek a cambiar uno de sus discursos. Las presiones sobre la direccin poltica checoslovaca fueron mltiples y crecientes. El Kremlin intentaba que fueran los propios dirigentes del PCCh los que frenaran, o anularan incluso, el proceso de transformacin iniciado. En mayo de 1968, mientras se celebraban en la propia Checoslovaquia maniobras militares del Pacto de Varsovia, se dise un primer plan de agresin. Dos meses ms tarde, el 14 y 15 de julio de 1968, los partidos comunistas de la URSS, Polonia, Bulgaria, Hungra y la RDA, los cinco pases de la alianza que ms tarde formaron parte de la invasin, se reunan en Varsovia. Del encuentro, surgi una carta dirigida al comit central del partido checoslovaco en la que los cinco partidos hermanos manifestaban su preocupacin por el desarrollo de la situacin y apelaban a los peligros que el camino emprendido poda significar para el conjunto del bloque socialista. Aadan, con indecente incoherencia, que no era su propsito intervenir en asuntos que interesaban exclusivamente a Checoslovaquia y a su partido comunista, ni pretendan violar los principios de independencia e igualdad de los pases socialistas. Pero advertan amenazadoramente, protegidos con falsos abrigos internacionalistas, que los pases de Europa del Este, incluyendo Checoslovaquia, estaban vinculados por tratados y acuerdos.

Lenguaje ignominioso, gastada retrica, vieja msica mil veces interpretada y apenas escuchada. En su respuesta, el Presidium del comit central del PCCh seal que la alianza y amistad del partido y de Checoslovaquia con la URSS y los otros pases socialistas tena profundas races en el sistema social, en las tradiciones y en las experiencias histricas compartidas, al igual que en sus intereses y sentimientos ms profundos. La carta-respuesta del PCCh finalizaba con una peticin. La direccin del partido quera que se le escuchara lo ms rpidamente posible, queran conversar sobre las medidas positivas que asegurasen la continuacin de la colaboracin amistosa entre sus respectivos pueblos, deseaban manifestar nuevamente su voluntad de desarrollar y consolidar las relaciones mutuas de amistad, en el inters comn de la lucha contra el imperialismo, por la paz y la seguridad de las naciones, por la democracia y el socialismo. No fueron odos, no pudieron convencerles, ni siquiera fueron tenidos en consideracin.

En agosto de 1968, Dubcek y sus compaeros renovadores del PCCH dieron otro paso adelante publicando en la prensa ciudadana los nuevos estatutos del partido que incluan conceptos nuevos como socialismo humanitario y democrtico. Para los inmovilistas dirigentes del PCUS y de otros partidos comunistas afines, para un sector del propio partido checoslovaco, las nuevas categoras, el nuevo lenguaje, eran indicio de claudicacin, de traicin, de abandono, de inadmisible restauracin de la cultura burguesa. La sentencia ya haba sido promulgada, la primavera de Praga estaba condenada. Los tanques del Pacto de Varsovia cargaban sus depsitos. Danubio era el nombre en clave del plan de ataque militar.

Veinte de agosto de 1968, once de la noche. Con el beneplcito de los gobiernos de la Unin Sovitica, la Repblica Democrtica Alemana, Polonia, Bulgaria y Hungra, 200.000 soldados (o acaso muchos ms) y unos 5.000 tanques del Pacto de Varsovia atraviesan la frontera checoslovaca. Precedidos por las tropas aerotransportadas, los tanques invasores entran en Praga seis horas ms tarde. Cinco de la maana, 21 de agosto.

TASS, la agencia sovitica de informacin, justifica la invasin sealando que dirigentes del partido, y el propio gobierno de la Repblica Socialista de Checoslovaquia, haban solicitado ayuda urgente a la URSS y a los otros estados aliados, sin excluir la intervencin de las fuerzas armadas en caso de necesidad.

Muy pocos Estados, slo algunas organizaciones comunistas apoyaron la invasin. Muchos otros partidos comunistas, de Europa Occidental especialmente, disintieron de la llamada de Mosc y no aprobaron el escarnio. Pero muy pocas organizaciones y slo una minora de intelectuales la condenaron abiertamente. Manuel Sacristn (1925-1985), miembro en aquellos momentos del comit ejecutivo del PSUC y del comit central del PCE, fue uno de ellos. Jean-Paul Sartre, Ernst Fisher, Bertrand Russell, Rossana Rossanda, Tariq Al y Ernst Mandel, por ejemplo, pensaron y obraron tambin de modo similar.

El traductor de El Capital dedic desde entonces tiempo y esfuerzos a intervenir sobre lo sucedido. Prolog una antologa de escritos de Alexander Dubcek publicada por Ariel que editaron Alberto Mndez y l mismo; discuti con paciencia, tenacidad y no sin incomprensiones en las filas de su partido, intentando que el PSUC y el PCE fueran ms all de la no aprobacin; respondi un cuestionario de Cuadernos para el Dilogo que le fue enviado por Jos M Mohedano, secretario de la redaccin de la publicacin democristiana; reflexion sobre lo sucedido en notas autobiogrficas; volvi aos ms tarde sobre este intento de catarsis socialista en diversas intervenciones pblicas y extrajo conclusiones de lo sucedido que el tiempo ha corroborado sustancialmente. La invasin de Praga, la aniquilacin de aquel esperanzador intento de cambio democrtico no falsario que en ningn momento renunci a la aspiracin socialista, fue un momento decisivo no slo en la evolucin poltica de Sacristn sino en la forma en que desde entonces entendi la urgente renovacin del programa, los procedimientos y las finalidades de un marxismo, el que l mismo cultiv, no entregado al poder inexpugnable de los agitadores del caos ni silente ante toda clase de barbarie. La siguiente antologa intenta ser una muestra representativa de sus reflexiones y posiciones, y abonar, al mismo tiempo, el recuerdo de una de las revoluciones ms prometedoras y socialistas de la segunda mitad de siglo.

 

1. Das despus (24 de agosto de 1968)

Xavier:

Tal vez porque yo, a diferencia de lo que dices de ti [Xavier Folch], no esperaba los acontecimientos, la palabra indignacin me dice poco. El asunto me parece lo ms grave ocurrido en muchos aos, tanto por su significacin hacia el futuro cuanto por la que tiene respecto de cosas pasadas. Por lo que hace al futuro, me parece sntoma de incapacidad de aprender. Por lo que hace al pasado, me parece confirmacin de las peores hiptesis acerca de esa gentuza, confirmacin de las hiptesis que siempre me resist a considerar.

La cosa, en suma, me parece final de acto, si no ya final de tragedia. Hasta el jueves. Manuel Sacristn

2. La primera autocrtica leninista [1968]

La teora leninista no implicaba, desde luego, que el proletariado tuviera que delegar en el partido el ejercicio de la dictadura de clase. Pero la prctica de los leninistas -y muy frecuentemente tambin la sototeora ideolgica destinada a justificarla- realiz esa implicacin. Por todo ello este elemento de la regeneracin checoeslovaca que parece deprimir a observadores lejanos mal informados y entusiasma, en cambio, a los socialistas de Checoslovaquia, esta veracidad del PCCh que redunda en consideraciones de alcance terico, merece ser entendida como la primera autocrtica general y autntica, no retrica, del leninismo.

Esa autocrtica es profundamente leninista: por su tema y por su sentido enlaza con las preocupaciones del mismo Lenin en los ltimos meses de su vida.

3. Degeneracin de la consciencia socialista (1969)

La persistente falsedad material (poltico-social) -hubo insensato que anunci el comunismo para el da siguiente, cuando aquel da mismo no tena pan para todos-, y no la presencia de un sector privado muy inferior al polaco, al cubano o al chino, fue una causa destacada de la degradacin de la consciencia socialista en Checoeslovaquia, cuya poblacin, por cierto, era la nica mayoritariamente socialista y filosovitica en Centroeuropea. Lo mismo ha ocurrido en los pases que la invadieron, y lo mismo ocurrira en los pases socialistas ms jvenes si prosiguieran indefinidamente por la va idealista del entusiasmo en materia de produccin y consumo. Ante esa experiencia, uno puede asustarse y huir hacia adelante, buscar consuelo en la ceguera ideolgica o creer que la degradacin de la consciencia socialista se arregle a golpe de sermones y de polica, diciendo a la gente que sea espiritualmente comunitaria y repitindose que las causas de todo estn en las supervivencias del pasado, que inauguraban ritualmente los procesos moscovitas del 38. Pero la causa de todo no es slo la supervivencia del pasado, sino tambin (y en el caso checoeslovaco principalmente) la falsedad de hoy. Falsedad, naturalmente, no es en este contexto un trmino de lgico. Quiere decir contradiccin disimulada o escamoteada -con inevitable ayuda de la polica- entre la sobreestructura poltico-moral y la base, lo cual hace de esa sobreestructura una mera ideologa e impide superar la contradiccin salvo por choque, como ocurri -muy suavemente, por cierto- en el mismsimo pas de Schweick.

4. Ciencia social en acto (1969)

[] una observacin breve: los problemas del movimiento socialista obrero y del marxismo son tan importantes, que, en el fondo, lo ms interesante del caso checoeslovaco no es su concrecin interna, aqu discutida, sino su mero ser, el que se produjera, planteando en la prctica la situacin crtica. Si la crisis se hubiera podido desarrollar abiertamente, democrticamente, o sea, ante los ojos y los odos de la clase obrera y expuesta, por lo tanto, a la intervencin directa de sta, se habra tenido un fecundo efecto de catarsis epistemolgica. La invasin ha impedido esta catarsis y ha prolongado una situacin en la cual las crticas al desarrollo de los pases socialistas (quiero decir las crticas socialistas) proceden o bien de partidos comunistas a los que falta la experiencia del poder (por ejemplo, los partidos comunistas de la Europa Occidental) o bien de partidos comunistas que carecen de la experiencia de un estadio de civilizacin tan rico y moderno como el centroeuropeo. La experiencia checoeslovaca, de haberse realizado, habra sido por lo menos ciencia social en acto. Eso me parece bueno, aunque probablemente asuste a las neuronas cansinas del dogmatismo gris del burcrata o del dogmatismo abigarrado del que padece el pueril calambre de san Vito.

5. Carta a Jos Mara Mohedano, secretario de redaccin de Cuadernos para el Dilogo (30 de julio de 1969)

Estimado amigo:

recib su carta del 24 en la que me anuncia que la entrevista no podr salir ahora. He pasado cuatro das con fiebres muy altas y hasta hoy no me he levantado. Siento que a pesar de trabajar bastante tiempo y con bastante urgencia no haya podido satisfacer las necesidades periodsticas de usted ni desde el punto de vista del calendario ni desde el de la extensin.

Lo de la conviccin ya es cosa aparte. No me propongo convencer a nadie casi nunca. En este caso menos todava puesto que era imposible un tratamiento global, realmente dialctico de los problemas suscitados. Me propongo slo -y porque creo que es til le he dedicado muchas horas- mostrar que el tipo de pensamiento de moda que se reflejaba en las preguntas excluye l mismo el tratamiento dialctico, a causa de su manera mecanicista y mtica de proceder, presuponindolo ya todo.

Por eso queda fuera de nuestra entrevista lo esencial, algo que usted recoge muy acertadamente en su carta: el tema de la despolitizacin. Aqu est de verdad el meollo de la cuestin, porque toda dialctica real acaba en la consciencia y en sta es donde se puede sacar balance. (Acaba, eh? no empieza).

Por cierto que si usted lo examina con valor, sin asustarse por tener que reconocer muchas cosas tristes del desarrollo del socialismo, tendr que reconocer (si es que -cosa que ignoro- conoce usted Centroeuropa) que lo caracterstico del intento del PCCH fue que consigui por vez primera desde 1950 aproximadamente repolitizar en sentido comunista a un alto porcentaje de comunistas y en sentido filosocialista a un alto porcentaje de la poblacin procedente de la antigua burguesa culta urbana, al mismo tiempo que repolitizaba y hasta movilizaba a una aplastante mayora de la clase obrera. Si usted tiene noticias de la monstruosa despolitizacin de los proletariados hngaro, alemn, etc. y de la persistencia de ideologa reaccionaria en el polaco, por ejemplo, valorar lo que tena de promesa (de mera promesa, eh?) el intento checo. El gran error de Fidel Castro consisti, en mi opinin, en no darse cuenta de que para decir verdades de a puo coga, precisamente, la ocasin en la cual acaso se iba a abrir un portillo para que empezara de nuevo una dialctica poltica interna al socialismo. Y ello le oblig a cometer el pecado de diplomacia consistente en callar que la RSCH era el pas socialista menos degenerado polticamente de toda Centroeuropa.

En fin, dejmoslo, la cosa est de todos modos perdida por ahora. Precisamente porque lo est se agravar. Y precisamente por eso le hago un ltimo ruego: que si realmente va a publicar alguna vez la entrevista la feche en 15 de julio de 1969, o 16 o 17, que ya no me acuerdo el da en que yo mismo se la envi. Pues se puede temer que con el paso del tiempo la situacin en Checoslovaquia sea una tal victoria de la reaccin que nuestra entrevista carezca ya de sentido si no se da la fecha. Fechada, siempre servir para recordar por qu mecanismo el neostalinismo consigui convertir a una poblacin entera -empezando por el proletariado- que era la nica socialista de Centroeuropa en una poblacin reaccionaria,

Con amistad. Manuel Sacristn

6. Libertad ciudadana y veracidad poltica. Diez aos despus (1978)

En cuanto a los rasgos caractersticos de la revolucin poltica checoeslovaca de 1968, los dos principales son en mi opinin la devolucin de la libertad poltica a la gente y la recuperacin de la veracidad por el PC; lo que le permiti una autocrtica autntica del rgimen burocrtico, as como plantear sinceramente la situacin de la teora poltica socialista a la vista de las luces y las sombras de la experiencia empezada en 1917 en Rusia. Por ejemplo, el PCCH no vacil en reconocer que en el sistema burocrtico los instrumentos de la lucha de clases se dirigen contra los trabajadores en ocasiones (Programa de Accin del PCCH). Y, como ejemplo de lo segundo, se puede leer un paso del informe de Dubcek al pleno de abril en el que, despus de atribuir al partido el acierto de haber dado va libre a este proceso y haberse puesto a la cabeza del mismo, reconoce que la direccin del partido no tena ni poda tener un plan preciso y concreto acerca del modo de proceder.

La inevitable falta de una perspectiva slida y plausible obligaba a intentar resolver los problemas experimentalmente, por as decirlo, en el gran laboratorio social de todo un pueblo. No har falta subrayar los riesgos de una situacin as. Sin embargo, tampoco se puede pasar por alto lo que se ganaba con ella: el final del optimismo hipcrita propio de la propaganda de todo poder desptico.

(...) Exista sin duda el riesgo de ofensiva burguesa, con sus cabezas de puente en el seno de los mismo rganos dirigentes del estado y del partido. Pero no disimular esa posibilidad, sino resistir a ella y vencerla, era la condicin obligada para pasar del autoritarismo burocrtico a un rgimen de transicin socialista.

Hay que recordar que los comunistas checos haban previsto casi medio ao antes de la invasin (que ocurri el 21 de agosto de 1968) cul iba a ser el pretexto de la accin militar contra ellos, si es que llegaban a emprenderla sus enemigos.

7. Haba que apoyar [1978]

La cuestin es: claro que yo pienso que el experimento de Dubcek, cualquiera que hubiera sido su resultado, era lo que haba que apoyar y modestsimamente lo apoy. De las pocas cosas agradables de esos dramas es que papeles mos sobre Dubcek hayan circulado entonces por Checoeslovaquia.

Cualquiera que fuera el resultado, digo, porque garanta no haba ninguna. Lo que pasa es que si, como yo pienso, el rasgo caracterstico malo de la tradicin estalinista es precisamente la falsificacin ideolgica, entonces por desgraciado que hubiera sido el resultado final de la experiencia de los comunistas checos mayoritarios, por lo menos iba a poner de manifiesto una verdad sociolgica: se iba a saber de una vez qu era aquella sociedad. Es decir, se iban a ver manifestaciones de voluntad no reprimidas, de la clase obrera y de otras clases sociales claro.

De modo que aun en el supuesto de que hubiera salido mal yo estaba a favor y creo que haba que estar a favor.

Referencias:

1. Archivo personal Xavier Folch. 2. Cuatro notas a los documentos de abril del partido comunista checoeslovaco, Intervenciones polticas, Barcelona, Icaria, 1985, p. 90. 3. Checoslovaquia y la construccin del socialismo, Acerca de Manuel Sacristn, Destino, Barcelona, 1995, pp. 60-61. 4. Ibidem, pp. 61-62. 5. Correspondencia, Reserva de la Biblioteca Central de la Universidad de Barcelona, fondo Sacristn. 6 Entrevista con las JCC sobre Checoslovaquia, Intervenciones polticas, ed, cit, p. 277-278. 7. Manuel Sacristn, Seis conferencias. El Viejo Topo, Barcelona, 2005, p. 50.


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