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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-08-2008

Guerra del Cucaso
Una historia de expansionismo estadounidense y no de agresin rusa

Seumas Milne
The Guardian

Traducido por Ernesto Pramo y revisado por Caty R.


La guerra del Cucaso es tanto un producto de la expansin imperial estadounidense como de los conflictos locales. Probablemente, esta guerra es una muestra de lo que vendr.

El resultado de seis das trgicos de matanzas en el Cucaso ha provocado un torrente de hipocresa totalmente nauseabundo por parte de los polticos occidentales y los medios de comunicacin bajo su control. Cuando los tteres sin cerebro vociferan contra el imperialismo ruso y sus acciones desproporcionadas y brutales, el vicepresidente estadounidense Dick Cheney, fielmente respaldado por Gordon Brown [1] y David Miliband [2], declar que la agresin rusa no debe quedar sin respuesta. George Bush denunci a Rusia por invadir un pas vecino y soberano y amenazar a un gobierno democrtico. Una accin de este tipo, insisti, es inaceptable en el siglo XXI

Podran ser stos, quiz, los mismos lderes de los gobiernos que en 2003 invadieron y ocuparon -junto con Georgia, casualmente- el Estado soberano de Iraq con un pretexto totalmente falso y que ha costado cientos de miles de vidas inocentes? O tal vez sern estos los dos gobiernos que bloquearon un alto al fuego en el verano de 2006 cuando Israel estaba pulverizando la infraestructura de Lbano y asesinando a ms de mil civiles en represalia por la captura o la muerte de cinco soldados?

Todos tendramos dificultades para recordar, despus de la furia desatada sobre la agresin rusa, que realmente fue Georgia el pas que inici la guerra el jueves pasado con un ataque masivo contra Osetia del Sur para tratar de restaurar el orden constitucional; en otras palabras, imponer su poder en un rea territorial que nunca haba controlado desde el colapso de la Unin Sovitica. Tampoco, entre el ultraje a los bombardeos rusos, se ha hecho la ms breve referencia a las atrocidades cometidas por las fuerzas georgianas contra los ciudadanos, que consideran suyos, de Tskhinvali, la capital de Osetia del Sur. Varios cientos de civiles fueron sacrificados all por las tropas georgianas la semana pasada junto con soldados rusos que operaban conforme a un acuerdo de paz de los aos 90: He visto a un soldado georgiano lanzar una granada a un stano lleno de mujeres y nios, dijo un residente de Tskhinvali, Saramat Tskhovredov, a los reporteros, el martes.

Podra ser todo esto porque Georgia es lo que Jim Murphy, el ministro britnico de Europa, llam una pequea y hermosa democracia Bueno, seguro que es pequea y hermosa, pero tanto el presidente actual, Mikheil Saakashvili, como su antecesor subieron al poder por medio de golpes de Estado apoyados por las naciones occidentales, el ms reciente engalanado con el nombre de la revolucin rosa. Despus de eso, Saakashvili fue ratificado en su puesto con el 96% de los votos, antes de establecer lo que el Grupo de Crisis Internacional describi recientemente, el pasado mes de noviembre, como un gobierno cada vez ms autoritario, que ataca violentamente a la oposicin y a los disidentes, as como a los medios de comunicacin independientes. Parece que democrtico siempre significa pro occidental en estos casos.

La disputa de Osetia del Sur y Abjasia, la otra regin disputada por Georgia, que han durado por tanto tiempo, son la consecuencia inevitable de la desintegracin de la Unin Sovitica. Como en el caso de Yugoslavia, minoras que estaban bastante satisfechas viviendo en cualquier lado de un lmite interno que realmente afectaba muy poco a sus vidas, se sintieron completamente diferentes cuando se encontraron en el lado equivocado de una frontera estatal internacional.

Tales problemas seran bastante difciles de resolver por medio de negociaciones en cualquier circunstancia. Pero si aadimos la incansable promocin estadounidense de Georgia como una base avanzada de operaciones, pro occidental y anti rusa en la regin; sus esfuerzos para incorporar a Georgia en la OTAN; la colocacin de un oleoducto del Caspio extremadamente importante por su territorio con el fin de debilitar el control ruso en el abastecimiento de energa, y el reconocimiento patrocinado por EEUU a la independencia de Kosovo -cuyo estado jurdico Rusia haba asociado explcitamente con los de Osetia del sur y Abjasia-, bajo estas circunstancias, el conflicto slo era una cuestin de tiempo.

La CIA ha estado, de hecho, ntimamente implicada en Georgia desde el ocaso de la Unin Sovitica. Pero bajo la administracin de Bush, Georgia se ha convertido en un autntico satlite estadounidense. El ejrcito de Georgia ha sido armado y entrenado por EEUU e Israel. Georgia tiene el tercer contingente militar ms grande en Iraq -de ah la necesidad estadounidense de transportar por avin a 800 de esos soldados a la regin para luchar contra los rusos este fin de semana-. Las conexiones de Saakashvili con los neoconservadores de Washington son particularmente estrechas y la firma de cabildeo encabezada por Randy Scheunemann, el principal consejero de poltica exterior del candidato republicano estadounidense John McCain, ha recibido casi 900.000 dlares del gobierno georgiano desde 2004.

Pero bajo el conflicto de la semana pasada subyace la determinacin general y explcita de la administracin de Bush de consolidar la hegemona global estadounidense y prevenir cualquier desafo regional, en particular de una Rusia renaciente. Ese objetivo se explic anteriormente con detalle cuando Cheney era secretario de Defensa bajo Bush padre, pero su impacto pleno slo se ha sentido cuando Rusia ha comenzado a recuperarse de la desintegracin de la dcada de los 90.

Durante la dcada pasada, la extensin implacable de la OTAN hacia el este ha llevado a la alianza militar occidental con fuerza frente a las fronteras de Rusia y profundamente dentro del territorio de lo que fue la Unin Sovitica. Las bases militares estadounidenses se han extendido a travs de Europa del Este y Asia central, donde EEUU ha ayudado a instalar serviles gobiernos anti Rusia, uno tras otro, con una serie de revoluciones codificadas por diferentes colores. Ahora la administracin de Bush se dispone a situar un sistema de defensa de misiles en Europa del Este claramente dirigido hacia Rusia.

De acuerdo con cualquier clculo razonable, sta no es la historia de una agresin rusa, sino de una expansin imperial estadounidense y el bloqueo cada vez mas estrecho a Rusia por un poder potencialmente hostil. Que Rusia, ahora ms fuerte, haya utilizado la oportunidad del desastre de Osetia del Sur para forzar un grado de control sobre esa expansin no debe de sorprender a nadie. Lo que es ms difcil de calcular son las razones por las que Saakashvili lanz el ataque de la semana pasada y si recibi algn estmulo de sus amigos de Washington.

Si fue as, el asunto le ha salido como un tiro, espectacular, por la culata, con un coste humano salvaje. Y a pesar de las tentativas de Bush de hablar con mucho poder y autoridad ayer, la guerra tambin ha marcado los lmites del poder estadounidense en la regin. Mientras la propia independencia de Georgia se respete se proteger mejor adoptando una posicin de neutralidad- eso no ser nada malo. La dominacin unipolar del mundo ha encogido el espacio para una autntica autodeterminacin y el regreso de un contrapeso tiene que ser muy bienvenido. Pero el proceso de ajuste tambin acarrea peligros enormes. Si Georgia hubiera sido miembro de la OTAN, el conflicto de esta semana habra arriesgado una intensificacin mucho ms aguda. Eso sera an ms obvio en el caso de Ucrania, que ayer lanz una advertencia del potencial para una futura confrontacin cuando su presidente pro estadounidense amenaz con restringir el movimiento de barcos rusos entrando y saliendo de sus bases de Crimea en Sebastopol. Los conflictos entre las grandes potencias regresan al escenario mundial y Osetia del Sur, probablemente, slo es una muestra de lo que vendr.

[1] Primer Ministro britnico

[2] Ministro de Relaciones Exteriores

Original en ingls: http://www.guardian.co.uk/commentisfree/2008/aug/14/russia.georgia

Seumas Milne es cronista y editor asociado de The Guardian. Fue editor de comentarios de 2001 a 2007. Ha trabajado para el peridico, desde 1984, como periodista sobre cuestiones de inters general, corresponsal de asuntos laborales (Europa) y editor laboral. Ha informado para The Guardian desde Oriente Prximo, Europa Oriental, Rusia y Latinoamrica.



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