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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-08-2008

La parte del ntrax
Doble moral en la guerra global contra el terror

Tom Engelhardt
Tom Dispatch

Traducido del ingls para Rebelin por Germn Leyens


Oh! Qu espectculo! y no creis que me refiero a esas ceremonias de apertura de Beijing, en las que una sincronizacin al estilo norcoreano pareca fusionarse con caras de smiley a la Walt Disney, o a la excitante caza de ocho medallas de Michael Phelp y al bono de un milln de dlares de Speedo, un tributo modernizado a la antigua tradicin griega del amateurismo en accin. No, pienso en la guerra relmpago de cobertura meditica despus de que el doctor Bruce Ivins, que trabajaba para el Instituto de Investigacin Mdica de Enfermedades Infecciosas del Ejrcito de EE.UU., en Fort Detrick, Maryland, se suicidase con Tylenol (paracetamol) el 29 de julio y el FBI lo acusara rpidamente de los ataques con ntrax de septiembre y octubre de 2001.

Los recordis: el polvo que llegaba, de modo bastante inocuo, en sobres acompaado de cartas sobrecogedoras fechadas de modo alarmante 11-09-01 que decan: Muera EE.UU.! Muera Israel!. Al es grande! Cinco estadounidenses murieron por inhalacin de ntrax y 17 fueron heridos. El Edificio Hart del Senado, y varias instalaciones postales, fueron cerrados durante meses para ser desinfectados, mientras compaas mediticas que recibieron los sobres fueron sumidas en el caos.

Para una nacin que ya estaba aterrorizada por los ataques del 11 de septiembre de 2001, el pensamiento de que un brutal dictador con armas de destruccin masiva (que incluso podra haber entregado el ntrax a terroristas) estuviera dispuesto a causarnos un dao an mayor, ayud indudablemente a allanar el camino para una invasin de Iraq. El presidente incluso lleg a afirmar que Sadam Husein tena la capacidad de enviar vehculos areos sin tripulacin para pulverizar armas biolgicas o qumicas sobre la costa este de EE.UU. (aviones teledirigidos que, como el programa nuclear de Sadam, terminaron por no existir).

Actualmente, es incluso difcil recordar con precisin lo aterradores que fueron esos ataques con ntrax. Segn una bsqueda LexisNexis, entre el 4 de octubre y el 4 de diciembre de 2001 aparecieron 389 artculos en el New York Times con ntrax en el ttulo. En el mismo perodo, 238 artculos semejantes aparecieron en el Washington Post. Es el equivalente noticioso de un interminable grito agudo de terror y de esos ataques emergi un histrico mundo estadounidense que involucraba alertas naranja y duct tape, vacunas contra la viruela, y finalmente una guerra, no fuera a ser que el asunto, o cualquier cosa que se le pareciera aunque fuera remotamente, cayera en manos de terroristas.

Y sin embargo, a fines de 2001, haba quedado en claro que, a pesar de las cartas acompaantes, el ntrax en esos sobres era de una variedad producida en el interior. No vena ni de los pramos de Afganistn ni de Bagdad, sino casi seguro de nuestros propios laboratorios de armas biolgicas. En ese momento, los asesinatos con ntrax desaparecieron esencialmente... zas! ... mientras que el 11-S slo gan fuerza como el evento singular de nuestros tiempos.

Esas muertes-por-ntrax dejaron de formar parte de la narrativa del gobierno de la Guerra Global contra el Terror que, claro est, apuntaba a fanticos islmicos (y a montones de pases de los que supuestamente les daban refugio), pero por cierto no contra cientficos militares aqu en el interior. Con igual rapidez esos ataques fueron dados de baja de las primeras planas de hecho, simplemente de todas las pginas de los peridicos de la nacin y de las pantallas de televisin.

A diferencia del 11-S, no hubo recuerdos ritualistas de los aniversarios de esos das en los aos siguientes. No hubo vctimas, ni sobrevivientes, ni parientes de vctimas que subieran a los podios e hicieran doblar las campanas, o leyeran nombres, o presentaran encomios. No hubo un memorial de mil millones de dlares (ni siquiera de un milln) a los muertos de ntrax para que discutieran los sobrevivientes. Hubo poco ms que silencio, mientras el FBI andaba a tientas por el espurio camino de un proceso de investigacin concentrado sobre todo en un cientfico de armas biolgicas de EE.UU., Steven J. Hatfill, quien tambin trabajaba en Fort Detrick, y que desgraciadamente era el hombre equivocado. (Bruce Ivins, misteriosamente, trabaj de cerca durante aos con, y ayud a, la investigacin del FBI, hasta que el foco de la sospecha lleg a ser dirigido sobre su persona.)

Sigui siendo esencialmente el estado del caso hasta que, al terminar julio, Ivins cometi suicidio. Entonces, qu manera de hacer su agosto! Los detalles, las preguntas, las dudas, la evidencia cientfica cuestionada, las listas de los tipos de drogas que le haban recetado, las citas sensacionales, el nido de ratas de un laboratorio contaminado con ntrax en el que trabajaba, los extraos correos y cartas! Quisiera poder controlar los pensamientos en mi mente!... Tengo a veces increbles pensamientos paranoicos, ilusorios, y no hay nada que pueda hacer hasta que desaparecen, sea por s mismos o con drogas. Caso resuelto! O no. El cientfico loco de los laboratorios de guerra biolgica del Ejrcito de EE.UU. en Fort Detrick termin por ser atrapado! O no...

Era la historia soada. Y los medios dominantes marcharon con ella, doctamente, seriamente, como si jams la hubieran dejado de lado. Ahora, cuando se disipa la cobertura y la historia amenaza nuevamente con desaparecer en la oscuridad (a pesar de las dudas sobre el papel de Ivins en los ataques), pens que valdra la pena mencionar unas pocas preguntas que se me ocurrieron al leer la reciente cobertura no sobre la culpabilidad o inocencia de Ivins, sino sobre asuntos que forman una parte tan integral de nuestro paisaje estadounidense que normalmente a nadie se le llega a ocurrir preguntar al respecto.

Mis principales seis preguntas sobre el caso son:

1. Por qu no se aplic el modus operandi de la Guerra contra el Terror del gobierno de Bush al caso del ntrax?

El 10 de agosto, William J. Broad y Scott Shane informaron sobre algunos de los costes humanos de la investigacin del ntrax del FBI en un artculo en primera plana del New York Times con el ttulo: Para los sospechosos, el caso del ntrax tuvo grandes costes, numerosos inocentes en una amplia red del FBI. Hicieron un excelente trabajo estableciendo que los que cayeron en serie bajo sospecha lo pasaron mal: trabajos perdidos, visas anuladas, matrimonios rotos, amistades deshechas. Segn el Times (y otros), las carreras de varios fueron destruidas bajo la presin de la vigilancia del FBI; la mayora fueron interrogados y vueltos a interrogar muchas veces usando mano dura, as como sometidos al detector de mentiras; algunos fueron seguidos y rastreados, sus casas allanadas, y sus lugares de trabajo, saqueados.

Bajo la presin del inters del FBI, el especialista en ntrax y conocedor de la biodefensa Perry Mikesell se convirti evidentemente en alcohlico y tom hasta morir. Steven Hatfill: el agente que lo segua le pas sobre un pie con un coche mientras su vida era puesta al revs y al derecho, y l, no el agente, recibi una contravencin, agregan Broad y Shane. Y finalmente, claro est, el doctor Ivins, cada vez ms angustiado y evidentemente cada vez menos equilibrado, se suicid el da en el que su abogado se iba a encontrar con el FBI para discutir un posible acuerdo que lo hubiera llevado a la crcel de por vida, pero habra excluido la pena de muerte.

A pesar de todo, por dura que haya sido la vida para Mikesell, Hatfill, Ivins, y muchos otros, tengo que hacer una observacin que no se ver en ningn otro sitio en medios de informacin que han pasado dos semanas de travesuras con el caso: Para extraer una confesin, a ninguno de los sospechosos de estos ltimos aos, incluyendo a Ivins, le metieron un cigarrillo encendido en su oreja; a ninguno le pegaron, le escupieron, y lo hicieron desfilar desnudo; a ninguno lo golpearon hasta la muerte mientras estuvo preso sin ser acusado por un crimen; a ninguno lo mojaron con agua fra y lo dejaron desnudo en una cela en una noche helada; a ninguno le dieron choques elctricos, lo encapucharon, le colocaron grilletes en dolorosas posiciones de estrs, o lo sodomizaron; a ninguno lo sometieron a msica ruidosa, a luces centelleantes, o le negaron el sueo durante das interminables; a ninguno lo sofocaron hasta la muerte, o lo hicieron arrastrarse desnudo por el suelo de una crcel con un collar de perro, o lo amenazaron con perros guardianes. A ninguno lo sometieron al waterboard [submarino].

No importa qu presin hayan aplicado a Ivins o Hatfill, ninguno de los dos fue secuestrado en la calle cerca de su casa y desnudado. No le pusieron paales, le vendaron los ojos, lo encadenaron, lo drogaron, y lo entregaron a prisiones en otro pas, posiblemente para ser sometido a choques elctricos o para que torturadores de un rgimen extranjero lo cortaran con escalpelos. Incluso aunque se crey en algn momento, que cada uno de los sospechosos en los asesinatos del ntrax, era un terrorista que haba cometido un crimen odioso con un arma de destruccin masiva, a ninguno lo declararon en algn momento combatiente enemigo. Ninguno fue jams encarcelado sin acusaciones, o sin gran esperanza de un juicio o liberacin, en sitios negros, secretos, en el extranjero, dirigidos por la CIA.

Por qu no?

2. Por qu no enviaron a los militares de EE.UU.?

Parte del paradigma reinante en los aos de Bush fue: el trabajo policial no basta cuando la patria es amenazada. La localizacin de terroristas que han matado, o podran algn da matar a, estadounidenses es asunto de guerra. Los que han atacado a la patria estadounidense y asesinado a ciudadanos de EE.UU., sern, como lo dijo nuestro presidente, cazados por fuerzas de operaciones especiales y agentes de la CIA que han recibido el derecho de asesinar y traerlos muertos o vivos.

Por qu entonces, cuando actos de bio-terror asesino fueron cometidos en suelo estadounidense, no se llam a los militares? Por qu no enviaron escuadrones de la muerte de la CIA la frase contundentemente descriptiva utilizada por Jane Mayer en su notable nuevo libro The Dark Side [El lado oscuro] para asesinar a probables sospechosos? Por qu no lanzaron aviones teledirigidos Predator sin tripulacin, armados con misiles Hellfire, para que cruzaran los cielos de Maryland y eliminaran con precisin y en forma quirrgica en sus casas (sin importar el dao colateral) a Ivins u otros sospechosos? Por qu, en los hechos, no fueron simplemente arrasadas sus casas del modo rutinariamente empleado en Afganistn, Pakistn, Somalia, y otros sitios? (En los hechos, parece que al FBI le cost dos aos despus de sus primeras sospechas sobre Ivins para simplemente registrar su casa y an ms para terminar por quitarle su aprobacin de seguridad de alto nivel.)

Una vez que fueron identificados laboratorios de armas de EE.UU. como fuentes del ntrax, por qu no enviaron equipos de operaciones especiales para ocupar las instalaciones, clausurarlas, y llevar en avin a los all encontrados, con grilletes y con os ojos vendados, a Guantnamo o a otros sitios ms secretos?

Por qu, cuando el gobierno lleg a tales extremos para eliminar el financiamiento para terroristas en otros sitios, se aument significativamente el financiamiento para esos laboratorios?

Por qu, si los apresados o simplemente secuestrados, por el gobierno de Bush para descubrir luego que eran inocentes, fueron despus de su encarcelamiento secreto, abuso, y tortura regularmente liberados sin disculpas, o reembolso (si eran liberados), el gobierno de EE.UU. pag a Hatfill 4,6 millones de dlares para arreglar un litigio que haba interpuesto como reaccin ante su terrible experiencia?

Por qu si, segn la doctrina de uno por ciento del vicepresidente, ninguna reaccin era demasiado extrema si exista aunque fuera una minscula probabilidad de un ataque catastrfico contra la patria estadounidense, no se emprendieron actos extremos contra un asesino (o asesinos) con armas de destruccin masiva suelto o sueltos, posiblemente en los suburbios de Maryland?

3. Una vez que se identific que la amenaza del ntrax provena de laboratorios militares de EE.UU. por qu el gobierno, el FBI, y los medios asumieron que slo un individuo era responsable?

Leed tanto como queris de la cobertura de los asesinatos con ntrax y descubriris que el FBI adopt hace tiempo como regla general que el culpable fue un solo cientfico loco y, lo que no es menos importante, que esa teora tambin fue aceptada como un hecho fundamental por los medios de informacin. Durante aos no se han considerado seriamente posibilidades alternativas.

Por ejemplo, se sabe que una serie de cartas con ntrax fueron enviadas desde un buzn en Princeton, Nueva Jersey, a unas horas de la casa de Ivins y del laboratorio de Fort Detrick en Frederick, Maryland. La pregunta que intrig al FBI y que ocup vigorosamente a los medios fue si, el da en cuestin, Ivins tuvo tiempo para llegar a Princeton y de vuelta, considerando lo que se sabe de su programa. El FBI sugiere que lo tuvo; los crticos sugieren otra cosa. Nadie, sin embargo, parece considerar la posibilidad de que el terrorista solitario de los asesinatos con ntrax podra haber tenido uno o ms cmplices, lo que hubiera solucionado enormemente el problema del despacho de esas cartas.

Ser que se supone que estadounidenses, a diferencia de extranjeros empecinados en ser terroristas, son individualistas incontenibles, solitarios suficientemente astutos como para realizar solos los complots? No hay nadie que recuerde que el ltimo gran acto de terrorismo estadounidense en EE.UU., el atentado contra el Edificio Federal Alfred P. Murrah en la ciudad de Oklahoma en 1995, fue un crimen de por lo menos dos solitarios estadounidenses? (Los primeros informes en ese caso, tambin, culparon a terroristas rabes en plural.)

Parece no haber habido ninguna clula durmiente de al-Qaeda en este pas, pero cmo sabemos que no existe una clula durmiente de bio-asesinos estadounidenses oculta en algn sitio en la comunidad de los laboratorios militares de EE.UU.?

4. Y esos laboratorios militares? Por qu su historia sigue sin jugar poco o ningn papel en la historia de los ataques con ntrax?

Al leer las resmas de cobertura del suicidio de Ivins y del caso del FBI en su contra, encontr slo una referencia al trabajo al que se ha dedicado su laboratorio en Fort Detrick durante la mayor parte de la era de la Guerra Fra. Es la siguiente frase del Washington Post: Como domicilio de los Laboratorios de Guerra Biolgica del Ejrcito, la instalacin condujo un programa de mximo secreto de produccin de armas biolgicas ofensivas de 1943 a 1969. Y sin embargo, no llegasteis a comprender este hecho, la verdadera importancia del caso del ntrax permanece en la sombra.

Como en el caso de la permanente historia de peligros nucleares sobre nuestro planeta, los terrores de nuestra era son mostrados casi invariablemente como procedentes de bandas de fanticos, o de pases como Irn de los que se dice que son dirigidos por estos ltimos, en los pramos de nuestro planeta (algunos de los cuales estn por pura casualidad en los centros energticos del mismo planeta). Y sin embargo, si nos aterran suficientemente las armas incontroladas o proliferadas de destruccin masiva como para amenazar con, o iniciar, guerras por su causa, es importante que se comprenda que, desde 1945, esos peligros y son peligros funestos emergieron del corazn de las maquinarias militares-industriales de las dos superpotencias de la Guerra Fra: EE.UU. y la URSS.

Dicho de otro modo, los ataques conceptualmente ms inquietantes de 2001 surgieron directamente del afn de la Guerra Fra de desarrollar armas biolgicas ofensivas. Hasta 1969, los laboratorios de guerra biolgica del Ejrcito en Fort Detrick se concentraron, en parte, en esa tarea. Pura y simplemente. Despus que el presidente Richard Nixon cerr el programa de guerra biolgica ofensiva en 1969, los cientficos del Ejrcito pasaron a trabajar en defensas contra la misma. Como en el caso de defensas contra ataques nucleares, sin embargo, ese trabajo, por su naturaleza, es frecuentemente difcil de separar del trabajo ofensivo con semejantes armas. En otras palabras, mirando de una cierta manera, un enfoque del laboratorio de Fort Detrick, que provoc sospechas en los ataques con ntrax del invierno de 2001, ha estado colocando desde hace tiempo la guerra biolgica en el men global. En eso, evidentemente termin por tener xito.

Claro que en esto hay algo irnico. En la era posterior a la Guerra Fra, nuestras preocupaciones se concentraron casi por completo en los laboratorios y almacenes rusos deteriorados de la Guerra Fra para la guerra biolgica, qumica, y nuclear, a menudo mal protegidos. Durante mucho tiempo se temi que semejantes pesadillas para nuestro mundo podran provenir desde ellos. Pero en eso, al parecer, nos equivocamos. Los laboratorios agujereados eran los nuestros y lo que es an ms aterrador las posibilidades de filtraciones y abusos siguen expandindose exponencialmente.

5. Fueron los ataques con ntrax los menos importantes de 2001?

Si se comparan las dos series de ataques de 2001 en trminos de muerte y destruccin, el 11-S evidentemente deja atrs a los ataques con ntrax. Mirndolo de una cierta manera, sin embargo, los ataques del 11-S, aunque atrevidos, asesinos, espectaculares en la televisin, y de apariencia apocalptica, no fueron conceptualmente nada nuevo. Fueron los ataques con ntrax los que apuntaron a un futuro nuevo y dantesco.

Despus de todo, el World Trade Center ya haba sido atacado anteriormente, y una de sus torres casi fue derribada, por una bomba en una camioneta de alquiler conducida a un aparcamiento subterrneo por islamistas en 1993. Los aviones en los ataques de 2001 fueron, como ha escrito Mike Davis, simplemente coches bomba con alas, y los coches bomba tienen una dolorosa y larga historia. Incluso a pesar de que con sus objetivos los simblicos mega-edificios de un poder imperial cuyos ciudadanos preferan creer previamente que eran invulnerables los secuestradores del 11-S ofrecieron una nueva realidad psicolgica a los estadounidenses, su caracterstica ms impresionante e inquietante fueron posiblemente ellos mismos. Esos 19 hombres haban prometido cometer suicidio no por su pas, como lo haban hecho miles de pilotos kamikaze japoneses a fines de la Segunda Guerra Mundial, o incluso por un pas potencial como cientos de atacantes suicida tamiles en Sri Lanka, sino por una fantasa religiosa (tras la cual existen agravios no-religiosos). Por otra parte, los ataques del 11-S no fueron sino una versin mayor, ms ambiciosa, por ejemplo, del ataque suicida en lancha contra el USS Cole en un puerto yemenita en el ao 2000.

Por otra parte, los envos postales con ntrax representaron algo nuevo. (El culto japons Aum Shinrikyo haba intentado fabricar y utilizar armas biolgicas, incluyendo ntrax, en los aos noventa, pero fracas.) Si el ataque de al-Qaeda el 11-S slo haba simulado un ataque con un arma de destruccin masiva, en el caso del ntrax asesino, no se requera imaginacin. Se haba utilizado con xito un arma real de destruccin masiva ntrax altamente refinado vuelta a utilizar posteriormente, y el o los asesinos seguan libres, no en los pramos afganos sino en algn sitio entre nosotros, sin evidencia de que se hubiera agotado el suministro de ntrax.

Y sin embargo, incluso si el gobierno de Bush, los dos candidatos presidenciales, todo Washington, y los medios, siguen concentrados en el terrorismo en las regiones fronterizas entre Afganistn y Pakistn, pocos piensan seriamente exceptuando cuando tiene que ver con la culpabilidad individual en el terror que emergi de las profundidades del complejo militar-industrial, de nuestros propios laboratorios de armas de la Guerra Fra. A eso no parece aplicarse ningn aspecto de la Guerra contra el Terror.

6. Quin est ganando la Guerra Global contra el Terror?

La respuesta obvia es: los terroristas. Slo la semana pasada, Mike McConnell, director nacional de inteligencia, lo dej absolutamente claro cuando se trat de al-Qaeda. Testific ante el Congreso que la organizacin est ganando fuerza desde su refugio en Pakistn y mejora continuamente su capacidad de reclutar, entrenar y posicionar a agentes capaces de realizar ataques dentro de EE.UU. De hecho, es bastante obvio ya hace bastante tiempo que la Guerra Global contra el Terror del gobierno de Bush ha tenido xito sobre todo en la creacin de cada vez ms terroristas en cada vez ms sitios. Y sin embargo, discutiblemente, el asesino o asesinos con ntrax han logrado mucho ms hasta la fecha que al-Qaeda. Considerando el caso de un cierto modo, sea cual fuere el papel de Bruce Irvins, los asesinatos con ntrax resultaron ser un triunfo a escala natural del terrorismo.

Hace tiempo que existe una teora de que quienquiera haya cometido las atrocidades del ntrax quera atraer atencin (y probablemente medios financieros) para ms investigacin y desarrollo de defensas contra la bio-guerra de EE.UU. Si as fuera, entonces, qu tremendo xito! En los aos desde que ocurrieron los ataques, esos laboratorios han sido inundados de financiamiento, cuya cantidad ha aumentado de manera impresionante. El 11 de septiembre de 2001, informa el Washington Post, haba solamente cinco laboratorios de nivel de bio-seguridad 4 sitios equipados para estudiar agentes altamente letales como Ebola para los que no hay vacunas o tratamientos humanos seal el otoo pasado un informe de la Oficina de Responsabilidad Gubernamental. Ahora hay quince en operacin o en construccin, segn el informe. Hay cientos ms de nivel de bio-seguridad 3, que trabajan con agentes tales como Bacillus anthracis, que tiene una vacuna humana.

Los pocos cientos de personas que trabajaban en el programa de bio-defensa de EE.UU. antes del 11-S han aumentado a posiblemente 14.000 cientficos que tienen aprobacin para trabajar con agentes biolgicos seleccionados tales como Bacillus anthracis muchos de ellos civiles que trabajan en universidades privadas en las cuales, segn expertos, los reglamentos de seguridad son notablemente relajados. Y no hay que olvidar el propio plan multimillonario del Ejrcito de construir un complejo mayor de laboratorios como parte de un campus de bio-defensa inter-agencias propuesto en Fort Detrick." Estamos hablando del sitio en el que trabajaba el equipo de Ivins, evidentemente apodado, Equipo ntrax y cuyos laboratorios son supuestamente famosos por perder ntrax. En los mismos aos, segn el New York Times, casi 50.000 millones de dlares en dineros federales han sido gastados para construir nuevos laboratorios, desarrollar vacunas y almacenar drogas. Parte de este dinero es sacado de fondos de salud pblica bsica que otrora aseguraban que grandes cantidades de personas no murieran de enfermedades medicables como ser tuberculosis, y fue redirigido al virus Ebola, ntrax, y otros patgenos exticos.

En estos aos, para no ser demasiado quisquilloso, el gobierno de Bush ha expandido exponencialmente nuestros laboratorios de guerra biolgica, aumentando significativamente la probabilidad de que un nuevo cientfico loco tenga a su disposicin mucha ms oportunidad y material muchsimo ms letal para su trabajo. Ha aumentado, en otras palabras, la probabilidad no slo de que el terror llegue a la patria, sino que provenga de esa patria. Gracias a este gobierno, los terroristas ganaron esta vuelta y futuros terroristas cosecharn los frutos de esa victoria.

Bruce Ivins, no importa qu hayas hecho, o lo que te hicieron, descansa en paz. Tu laboratorio est en buenas manos. Y es probable que, casi siete aos despus de la llegada del primer sobre con ntrax, el mundo se parezca ms a una mquina de terror que nunca antes.


[Nota sobre lecturas: Sorprendentemente, en diciembre de 2002, cuando este sitio comenz a aparecer, el primer escritor invitado de TomDispatch, el experto en salud pblica, David Rosner, trat el tema de la histeria por la viruela, sealando que la enfermedad fue salvada de la erradicacin total del planeta por un acuerdo de EE.UU. y la URSS de asegurar que el virus que causa la viruela fuera mantenido en almacenamiento esperando una nueva oportunidad para aterrorizar al mundo. Durante dcadas, ambos pases lo almacenaron, lo distribuyeron a varios laboratorios de investigacin y aseguraron de otras maneras que esa victoria de la salud pblica fuera convertida en una tragedia humana en potencia. Agreg: El temor a la viruela ha facilitado el juego de la estrategia general del gobierno de Bush de militarizar la salud pblica.

Ms recientemente, Glenn Greenwald de Salon.com realiz un excelente trabajo sobre la historia del ntrax. En 2007, escribi un artculo impresionante: La historia irresoluta de los falsos informes sobre el ntrax de Sadam de ABC News. refirindose a informes crticamente malos de Brian Ross y ABC, y continu despus del suicidio de Ivins con un artculo: ("Periodistas, sus fuentes mentirosas, y la investigacin del ntrax,) que presenta ms preguntas estremecedoras sobre el caso del ntrax que ninguno de los otros 16 artculos que he visto.

Finalmente, Elisa D. Harris, experta investigadora snior en el Centro de Estudios Internacionales y de Seguridad en la Universidad de Maryland, public un buen y juicioso artculo de opinin en el New York Times, Los asesinos en el laboratorio (Nuestros esfuerzos por combatir las armas biolgicas nos estn haciendo menos seguros) que presenta de un modo impresionante la expansin de la investigacin en armas biolgicas de EE.UU. desde 2002.]


Fuente: http://www.tomdispatch.com/post/174966/six_questions_about_the_anthrax_case


Tom Engelhardt dirige Tomdispatch.com del Nation Institute. Es cofundador del American Empire Project (http://www.americanempireproject.com/). Ha actualizado su libro The End of Victory Culture (University of Massachussetts Press) en una nueva edicin. Edit el primer libro de lo mejor de Tomdispatch, The World According to Tomdispatch: America in the New Age of Empire, que incluye su trabajo  (Verso) y que acaba de publicarse. El libro, una historia alternativa de los demenciales aos de Bush, se centra en lo que no publican los medios dominantes.



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