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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-08-2008

Y la Francia profunda descubre que est metida en una guerra

Fausto Giudice
Tlaxcala

Traducido para Cubadebate, Rebelin y Tlaxcala por Manuel Talens


El pasado 20 de agosto, en plenas vacaciones, mientras que las buenas gentes de Francia se paseaban despreocupadas entre playas repletas y pantallas de televisin para seguir las proezas de los atletas en Beijing, haciendo lo posible por olvidar el estrs del inaplazable regreso a la rutina de trabajar ms y ganar menos, la noticia estall como un trueno en un cielo sereno: diez jvenes y valerosos soldados franceses acababan de morir en el lejano Afganistn, en una emboscada tendida por los horribles talibn a 50 km de Kabul, lo cual elev a veintids la cifra de militares franceses muertos desde 2002, una minucia en relacin con los cien britnicos que han perdido la vida y menos an si se compara con los miles de afganos asesinados. Y cuando digo afganos me refiero a hombres armados, hombres desarmados, mujeres, nios y ancianos.

Y, de improviso, las buenas gentes de Francia descubrieron que su ejrcito estaba implicado en la guerra de Afganistn. Han tenido que pasar seis aos antes de que los franceses se den cuenta de que estaban fsicamente comprometidos en una guerra.

Una guerra mundial? No. Una guerra local? Tampoco. Se trata ms bien de una guerra entre dos mundos. Dos mundos que se enfrentan en las montaas y las llanuras de Afganistn: a un lado, los buenos, la coalicin que agrupa a 70 000 soldados de unos cuarenta pases. Oficialmente no estn all para hacer la guerra sino la paz, para reconstruir el pas y, en especial, para liberar a las mujeres, esas pobres afganas encerradas en sus velos como jaulas. Al otro lado, los malos, los barbudos, los terroristas, los talibn, al-Qaeda. De modo que esos soldados estn all tambin para luchar contra el terrorismo, eso que George Bush llama la guerra mundial contra terror. Excepto que, segn parece, los terroristas afganos gozan del apoyo de una gran parte de la poblacin.

Durante los seis aos que han transcurrido desde el inicio del conflicto, a la opinin pblica francesa no le ha importado nada esta guerra que oficialmente no lo es. Ni la izquierda blanda ni la extrema izquierda han organizado una sola manifestacin. Nada, nada, nada. Silencio en la radio y consenso total. No ha sido distinto en Espaa ni en Italia, donde la izquierda institucional retir sus tropas de Iraq para mejor implicarse en Afganistn. Ms agitacin hubo en Alemania, en Dinamarca, en Suecia, en Noruega y en Canad, aunque sin gran impacto sobre los acontecimientos: Aqu estoy y aqu me quedo, es la consigna de las fuerzas de coalicin, bautizadas con las siglas ISAF.

De hecho, los aliados de USA, el invasor, se encargan del trabajo de apoyo logstico y civil, al servicio de los boys, que son quienes supuestamente hacen el trabajo sucio, es decir, los crmenes de la guerra y los bombardeos de la poblacin civil con uranio empobrecido. Por su parte, los franceses y los europeos tratan de mantener sus manos limpias, cavan algunos pozos y ayudan a dar a luz a algunas mujeres.

Pero, qu hacan los soldados franceses en ese berenjenal?, se pregunta de repente el ciudadano de a pie de la Repblica Francesa. Un trabajo indispensable, le responde el presidente, mientras que su ministro Jean-Marie Bockel, secretario de Estado de Defensa, apela a la unin nacional y advierte que ste no es un buen momento para las crticas.

Porque parece que tanto la izquierda blanda como la extrema izquierda se han despertado de golpe: el Partido Comunista Francs y la Liga Comunista Revolucionaria exigen la retirada de las tropas, mientras que el Partido Socialista se contenta con decir que hara falta reexaminar la misin de los soldados franceses en Afganistn. Por su parte, el Frente Nacional de Jean-Marie Le Pen es el ms virulento en la denuncia de esta guerra que esconde su condicin de guerra.

El 21 de agosto de 1968, hace exactamente cuarenta aos, los tanques del Pacto de Varsovia entraron en Praga y pusieron fin a una primavera demasiado breve. Los jvenes checos de entonces escribieron lo siguiente en las paredes de la ciudad, Lenin, despierta, se han vuelto locos, y cantaron para los soldados soviticos una cancin que acababan de componer, cuya letra deca: Ivn, vuelve a tu casa, Natacha te espera.

Los resistentes afganos, a su vez, deberan escribir Jaurs, despierta, se han vuelto locos sobre los muros de los barracones franceses en Kabul.

Jean Jaurs fue el dirigente socialista francs que se atrevi a decir NO a la unin sagrada para la guerra en 1914 y lo pag con su vida. S, Jean Jaurs, el mismo a quien el candidato a presidente Sarkozy cit en sus discursos preelectorales.

Y, tambin, los resistentes afganos podran cantar esta cancin a los soldados franceses: Kevin, vuelve a tu casa, Jessica te espera [1].


[1] Kevin y Jessica se encuentran entre los nombres ms utilizados por las nuevas generaciones de franceses. [NdelT]


Fuente: http://www.tlaxcala.es/pp.asp?reference=5740&lg=fr

Sobre el autor (Fausto Giudice)

Manuel Talens es miembro de Cubadebate, Rebelin y Tlaxcala, la red de traductores por la diversidad lingstica. Esta traduccin se puede reproducir libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y la fuente.



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