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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-08-2008

Itinerario por algunas narrativas africanas con los pasos preados de sueos
frica se lee, frica nos lee

Juan Rivero Rodrguez
Revista Pueblos


En los grandes foros de discusin y de debate sobre frica, sobre la manida crisis del modelo de desarrollo, el hambre y la oscuridad, a menudo se olvida lo que los propios africanos dicen. Occidente no se ha caracterizado por escuchar. Ms bien ha sido todo lo contrario: un monlogo de sordos. Un articulista del portal cultural Africultures sealaba acertadamente que la literatura negro-africana padece un silencio en los medios inversamente proporcional al ruido meditico de guerras civiles y golpes de Estado cuando el escenario es el continente africano. La realidad no se corresponde ni con lo que los medios de comunicacin nos presentan cada da, ni con las concepciones con las que el Norte ha construido la imagen que tenemos de frica.

Una de las funciones sociales de la literatura es la reconstruccin visionaria del pasado con la intencin de darle un sentido social, dijo Soyinka. El propsito de este artculo es sugerir posibles vas para esa reconstruccin social. Para una lectura a contrapunto de nuestro propio imaginario, para una cultura que, como nos indic Said, sea funcin y fuente de identidad.

El recorrido propuesto no es ni exhaustivo, ni objetivo, ni actual [1]. Aqu me limitar a tres pinceladas, tres perspectivas distintas, tres geografas en un territorio extenso y diverso, expresiones narrativas de un continente: negociacin identitaria desde el absurdo trazado por la colonia, el imposible rescate de seas ancestrales (Ahmadou Kourouma y Chinua Achebe), las nuevas identidades surgidas de la rpida urbanizacin y el xodo rural (Ngugi wa Thiongo y Meja Mwangi) y, por ltimo, arraigo o desarraigo transnacional y la dispora (Fatou Diome y Ken Bugul).

Herencia colonial

Es aquel que nunca lo ha ejercido quin considera que el poder no es placentero. Nacido en 1927 en lo que ahora forma parte de la Repblica de Costa de Marfil (entonces frica Occidental Francesa), Ahmadou Kourouma, malinke, rechaz reprimir a los independentistas cuando estaba en el ejrcito colonial, represaliado l mismo, exiliado por Houphout Boigny y finalmente perseguido por no ser lo suficientemente marfileo. Nada es bueno en s, nada es malo en s. Es la palabra la que transfigura un hecho en bien o lo convierte en mal. Un recorrido que comienza con los soles de las independencias: Sabis las causas de las desgracias y las guerras de frica No!. Pues muy sencillo, es porque los africanos no se quedan en sus casas explic Sery. l no se haba ido nunca de la Costa de bano para ir a instalarse a otro pas y quitarle el trabajo a los de all, mientras que los dems haban venido al suyo. Con los colonizadores franceses haban desembarcado dahomedianos y senegaleses que saban leer y escribir y eran ciudadanos franceses o catlicos; negros ms astutos, ms civilizados, ms trabajadores que los naturales del pas, los miembros de la tribu de Sery.

Conflicto que arruin el mito de una prspera Costa de Marfil, la Suiza africana, la poseedora de la rplica del centro del orbe cristiano, la baslica de San Pedro bis. Conflicto desatado con la excusa de la defensa de una identidad inventada, la marfilea. Conflicto que desencadena conflictos que se extienden como bolas chocando en la metfora del billar, anheladas identidades imposibles a imagen y semejanza de los europeos Estados-nacin clsicos que, tal vez, nunca existieron.

Su Esperando el voto de las fieras (1998), narracin a modo de gesta cantada por un griot en la que los refranes que encabezan cada captulo son una gua de lectura de la poltica africana: la veneracin de la tradicin, la muerte, la predestinacin, el poder, la tradicin y el final teleolgico de las cosas para 100 aos de poltica, la colonia, las independencias, los usos en la Guerra Fra, el desinters estratgico, ajuste estructural, multipartidismo, nepotismo, extraversin, hay quin d ms?

Hasta que los leones no creen a su propio historiador, la historia de la caza slo glorificar al cazador, Chinua Achebe (1939) es, probablemente, el autor que ms ha influido en la novela africana contempornea. Crtico con los gobiernos de las independencias sin olvidar la importancia que tuvo el colonizador, renegocia su identidad aceptando la lengua inglesa pero introduciendo los giros y refranes igbos. Nigeria, el pas ms poblado de frica, crisol de culturas, es un reflejo en su historia poscolonial de esa crisis de identidad entre modernidad y tradicin. La "dislocada" experiencia de Nigeria como nacin en 50 aos ya va a ser intuida por el ingenio de Achebe cuando en 1958 escribe su primera novela. Todo se desmorona refleja el resultado de la movilidad forzosa, de la esclavitud, de las migraciones, de un devenir histrico interrumpido violentamente por los europeos que, en definitiva, no puede presagiar nada bueno. Se trata de una rebelin histrica en la que "el cazador" dejar de tener el monopolio de la historia y se ver obligado a escuchar la del len. Nos cuenta historias que vienen de la raz de la filosofa igbo en la que, lejos de ser excluyente, se incluye a la gente corriente, incluso se incluye al que excluye. La reaccin ante la literatura colonial no impide la crtica a las estrategias nepticas que se intuyen en los primeros aos de la independencia, como certifica Un hombre del pueblo: Un hombre que acaba de venir de la lluvia y seca su cuerpo y se viste con ropa seca pone ms reparos a salir fuera otra vez que otro que ha estado todo el tiempo dentro. El problema con nuestra nueva nacin -tal y como lo vea tumbado en la cama- era que ninguno de nosotros haba estado dentro el tiempo suficiente para poder decir al infierno con ello. Habamos estado todos juntos en la lluvia hasta ayer. Entonces un puado de nosotros -los elegantes y con suerte y difcilmente los mejores- se han repartido el refugio que nuestros antiguos gobernantes dejaron y, apropindoselo, se han atrincherado en l.

Seas ancestrales

Estaba aterrorizado por el poder negro: tema a aquellos hombres que haban echado a los Thompsons y que le haban amenazado.() No en vano haba declarado "el hombre blanco est aqu para quedarse". Ngugi wa Thiongo (1939) volvi a Kenia en olor de multitudes tras largos aos de exilio en Amrica. Imparte conferencias en Makerere y en Dar el Salam, antes haba estado en su Limuru natal. En Nairobi se aloja en un apartamento cntrico, lujoso y seguro. Poco antes de su vuelta a Estados Unidos el apartamento es asaltado, son agredidos y su mujer sufre un intento de violacin, venganza del poder? Conocido por su famosa frase de descolonizar las mentes, renunci a la escritura en ingls para reivindicar su lengua materna, el kikuyu, y escribir en la lengua de los destinatarios del mensaje, los africanos, al igual que Chinua Achebe renunci al nombre de los colonizadores. De hecho, es ese desmoronamiento de la estructura social tradicional por el choque de la dominacin extranjera la que se encuentra en sus primeras obras. Representa la lucha por la soberana desde la propia identidad. Quiz la enseanza de Livingstone, que la educacin era un valor y que sus chicos no deban preocuparse por la poltica o por lo que gobierno haca, haba encontrado lugar en el corazn de Waiyaki. Llova, lo cado casi arrastrando la hierba crecida por el sol... Qu era eso Y todava llova, con riachuelos agolpndose y juntndose. l vio qu era lo que estaban haciendo- Llevndose el suelo. Corroyendo, comindose la tierra. Robando el pas. Y ese era el grito, el grito en cada risco. Quiz los leones durmientes no vuelvan a dormir nunca ms, por ellos estaban todos gritando, gritando por la tierra.

Meja Mwangi refleja esas megaurbes en construccin permanente al igual que las identidades poscoloniales. Jvenes desarraigados buscando un lugar, alguien que tienda una mano. Suspira. Quiz l tambin debera buscar a un hermano o a un cado en algn sitio donde cuente. Algn tipo de referencia. Pero, todava el mundo es maravilloso desde aqu arriba. Es abrumador. El sol es delicioso. El aire est libre de polvo y de ruido. La ciudad reposa satisfecha bajo el brillo del sol ecuatorial.

Las nuevas identidades

Pero mientras algunos buscan en esa ciudad que todava no se ha vuelto del todo inviable, otros van a salir fuera del continente. Ken Bugul, nadie me quiere en wolof, nacida Maritou Biloma Mbaye en 1948 al igual que Meja Mwangi, hace su particular viaje de ida de la tradicin del Senegal profundo a la Europa sumergida. Aquella maana nos despedimos. Me marchaba. Los dems se quedaban. Me iba muy lejos. Cort mis races para dirigirme al Norte. El Norte de los sueos, el Norte de las ilusiones, el Norte de las alusiones, el Norte de referencia, el Norte tierra prometida...era el pen que aquella gente necesitaba para limpiar su inconfesable culpabilidad... no poda imaginarme su decadencia, ya que durante 20 aos no me haban enseado ms que su superioridad.... (...) El occidente, la soledad era tormentosa, la sociedad no ofreca ningn cobijo para el alma. Fragmentos de El baobab que enloqueci (1984), y vuelta al origen, Ridwan o el camino de arena (1999): Pero hoy los espacios vaciados y vacos recordaban todava el verdor de antao y la extensin del desastre. Los aos de sequa y la falta de imaginacin de nuestros gobernantes haban obligado a la gente a buscar fortuna en otros lugares y las consecuencias de este fenmeno son las situaciones dramticas que controlamos hoy en da con leyes, expulsiones, odio, crimen y asesinato.... Para que serva tener dirigentes que slo pensaban en ellos mismos? Desarraigo propio de las migraciones tambin descrito por la hija del delta del Sine Saloum, el vientre del Atlntico, de la aislada isla de Niodior conectada al mundo por las retransmisiones televisadas de los partidos de ftbol que captan los satlites. Nacida en 1968, Avanzo con los pasos preados de sueos, la cabeza llena de sueos. Avanzo y no conozco mi destino. Ignoro en qu mstil se iza la bandera de la victoria, ignoro tambin qu aguas sern capaces de lavar la afrenta del fracaso. De la negritud de Senghor a la migritud del desarraigo y la verdad de la migracin acostumbrado a gestionar las carencias en su pas subdesarrollado, no iba a compadecer a una hermana instalada en una de las mayores potencias mundiales. Nada poda yo contra las telaraas que tena en los ojos. El tercer mundo no puede ver las llagas de Europa, pues la suyas le ciegan; no puede escuchar su grito, pues el suyo le ensordece. Tener un culpable atena el sufrimiento, y si el tercer mundo comenzara a ver la miseria de Occidente perdera el blanco de sus invectivas.

El camino recorrido en medio siglo de independencias est ah, en sus textos:

Ahmadou Kouruma: Los soles de las independencias. Ediciones Alpha Decay, S.A. Barcelona, 2005. Esperando el voto de las fieras. El Aleph, Barcelona, 2002.

Chinua Achebe: Todo se desmorona, Ediciones Columna, Barcelona, 1998. A man o f the people, Heinemman, Londres, 1966.

Ngugi wa Thiongo: El Diablo en la Cruz,. Ed. Txalaparta, Tafalla, 1994. Un grano de trigo, Ed. Zanzbar, Barcelona, 2006.

Meja Mwangi: Kill me Quick!. Heinemman, Londres, 1973. Going down River Road, Heinemman, Londres, 1976.

Ken Bugul: El baobab que enloqueci, Zanzbar, Barcelona, 2000. Riwan o el camino de arena, Zanzbar, Barcelona, 2005.

Fatou Diome: En un lugar del Atlntico [2], Lumen, Barcelona, 2004. La Prference Nationale, Prsence Africaine, 2001.

Tal vez leyndonos mutuamente consigamos acallar los gritos para comenzar el dilogo. No el de sordos, de prejuicios y complejos civilizatorios, sino el de las identidades reveladas.

Juan Rivero Rodrguez trabaja en Migraciones y es miembro del Grupo de Estudios Africanos (GEA) de la Universidad Autnoma de Madrid. Este artculo ha sido publicado originalmente en el Especial de Verano frica Subsahariana, Julio de 2008.

Notas

[1] Para eso se aconseja Lilyan Kesteloot y su Antologa negro africana. La literatura de 1918 a 1981 o el Diccionario de literatura del frica subsahariana de Translit (Virus 2001).

[2] Absurda traduccin como la contraportada editada. El original Le ventre de lAtlantique sintetiza la historia del libro, vientre es el clan, aparte de otras muchas cosas en muchas lenguas africanas, como demuestra Bayart con su poltica del vientre.



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