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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-08-2008

La seleccin de baloncesto y la lucha de clases

Pablo Iglesias Turrin
Rebelin


Los catalanes, los vascos y todos aquellos que sufren de emociones nacionales no representadas en forma de Estado, deberan tener derecho a disfrutar, al menos, de sus colores, himnos y dems parafernalia patria en las competiciones deportivas. Vaya eso por delante.

El tema tiene, sin duda, mucha importancia poltica, como ha quedado demostrado despus de lo mal que ha sentado a los nacionalistas catalanes el anuncio de su compatriota Pau Gasol para Nike. Est bien conseguir que tu pas te admire, pero es mucho mejor que el mundo admire a tu pas, dice Gasol refrindose a Espaa. Sospecho que a los catalanistas moderados les consolar pensar que, por lo menos, Gasol no dice Arriba Espaa como el futbolista Villa y que adems ha cobrado por el anuncio (la pela es la pela, como deca Joan Puig). Sobre lo que nadie ha llamado la atencin, sin embargo, es sobre el hecho de que el pvot de los Lakers y embajador de UNICEF, haga un anuncio para una multinacional que mantiene a los trabajadores de sus fbricas de Asia en condiciones espantosas y que ha sido continuamente acusada de utilizar mano de obra infantil.

Pero en fin, estbamos con lo de la representacin de las naciones en las competiciones deportivas. Es aqu donde entiendo que, por lo mismo que debemos solidarizarnos con los patriotas que no tienen equipo propio, los que somos de izquierdas y sufrimos un irredentismo particular soportando da tras da el nacionalismo espaol (por definicin de derechas) y su bandera monrquica y postfranquista, deberamos tambin ser objeto de una solidaridad similar, o al menos de una cierta compasin. Ya me gustara a m ver a los jugadores de la seleccin de basket con uniforme tricolor y escuchar un himno como La Marsellesa y no la cutre pachanga fachosa, antes de los partidos o cuando se gana algo.

Pero esto es lo que hay, y si te gusta el baloncesto y quieres emocionarte con un equipo que conoces (yo hasta que el baloncesto boliviano no llegue las olimpiadas paso de cambiar de equipo) te tienes que tragar la infame pompa nacional y pasar por alto que los chicos de oro son, en gran medida, un grupo de millonarios dispuestos a vender su imagen a cualquier banco, empresa multinacional o sindicato del crimen dispuesto a pagar por la publicidad (aunque haya algunos, como Caldern, que en un gesto poco habitual, visit a los presos de la crcel de Sevilla y se ech unas canastas con ellos).

El caso es que a m, a pesar de que me revienta el nacionalismo espaol (mucho ms que el vasco o el cataln, que le voy a hacer), el basket me vuelve loco desde chico y esta maana, desde las ocho y pagando con un cruel dolor de cabeza los excesos nocturnos y la falta de sueo, he disfrutado de la final olmpica como nadie. He gritado a rabiar con el triple de Rudy que ha ajustado el marcador a dos puntos, a solo ocho minutos del final (provocando el exilio definitivo del gato de mi compaero de piso) y he levantado el puo como la Pasionaria con el mate que ha hecho este mismo jugador (cataln? Mallorqun?...a ver si la vamos a tener) poco despus, en las barbas de Dwight Howard, santo venerado por todos los porteros de discoteca del mundo.

Sin embargo, creo que el partido de hoy no es solo el mejor de la historia de la seleccin o la culminacin de los xitos de una impresionante generacin de jugadores, que llenar pginas de peridicos durante das y que ser recordado tanto o ms que la final de Los Angeles, sino que representa tambin una magnfica metfora explicativa de la lucha de clases, como dinmica antisistmica de enfrentamiento desigual. Cranme, lo que hemos visto hoy en Pekn ha sido una leccin de leninismo de las que le gustan a Slavoj Zizek1 (y por supuesto, de las que le gustaban a Mao Zedong).

Antonio Negri, que de ftbol sabe algo pero de baloncesto poco, describi hace tiempo el catenaccio italiano como la mejor expresin del enfrentamiento de los dbiles frente a los poderosos. Para el alma mter de la autonoma obrera, ese sistema tctico nacido del Vneto migrante de mediados del siglo XX, representa una manifestacin de la ferocidad del dbil en la lucha, resistindose a ceder ante el poderoso2 (ello explicara el mito de que los equipos de ftbol italianos tienden a ganar aunque jueguen peor que sus rivales).

Pero Don Antonio se equivoca de juego. El ftbol es un deporte poco representativo de la sociedad conformada por el Capitalismo histrico, precisamente porque en l casi todo es posible y las sorpresas revolucionarias no solo ocurren de vez en cuando, sino que son frecuentes. En el ftbol los equipos dbiles pueden derrotar a los fuertes, como nos hemos cansado de ver, por ejemplo, en la Copa del Rey (heredera de la copa del Jefe del Estado anterior, mentor del actual). Solo en un deporte como el ftbol pueden surgir superhroes, como Maradona en el Npoles, capaces de cambiar por si solos el curso de la Historia. Solo en el ftbol es frecuente que pierda el equipo que ha jugado mejor.

Precisamente este carcter de deporte con tantos elementos imprevisibles es la clave de su incomparable xito mundial. En el ftbol se puede soar y pueden pasar cosas sin equivalente en la realidad (como el partido de Malta, la final de la Copa de Europa de 1999 que gan el Manchester United o la remontada del Liverpool en esta misma competicin en 2005, entre otros millares de ejemplos). Quiz no sea casualidad que en el pas que lleva dominando la economa-mundo capitalista desde el periodo de entreguerras, el soccer sea un deporte de segundo nivel y se prefieran otros mucho menos abiertos a la sorpresa como el ftbol americano, el baseball o el propio baloncesto. Tal vez por eso tambin, los que nos reclamamos del marxismo, puestos a perder el tiempo con los deportes (como deca Javier Krahe, no todo va a ser follar), deberamos asumir la obligacin revolucionaria (y epistemolgica) de entender mejor los deportes que gustan en los USA, como es el caso del baloncesto.

A diferencia del ftbol, en el basket las relaciones de fuerza son, por lo menos, tan importantes como en la realidad material del Capitalismo. As, las cualidades fsicas de los jugadores del mismo modo que la capacidad industrial, financiera y militar de las regiones geopolticas- son determinantes. Para empezar, es difcil jugar de algo distinto que de base o de escolta si se mide menos de dos metros. En lo que respecta a las cualidades tcnicas del equipo -I+D y general intellect en sentido amplio, para el caso de las reas econmicas- stas permiten afinar muchsimo en los pronsticos y en las proyecciones a largo plazo de los resultados y adems son perfectamente cuantificables en casi todos sus aspectos, gracias a las estadsticas. Una genialidad que termina en canasta, nunca ser equivalente a la genialidad que termina en gol. Si pensamos en la competicin profesional de los estadounidenses, la NBA, vemos que se trata de un sistema diseado para que sea prcticamente imposible que no gane el mejor. La fase regular garantiza que slo los mejores puedan estar en los play off y el sistema al mejor de siete partidos asegura, asimismo, la victoria final del equipo superior, como experimentaron en sus carnes los Lakers de Gasol y Bryant en su enfrentamiento con los Celtics este ao. Pero es que incluso en el sistema a uno o tres partidos de las competiciones de la ACB (la liga y la copa), al final tenemos arriba a los de siempre, sin demasiadas sorpresas (a diferencia de lo que ocurre en el ftbol con los sistemas de eliminatorias que, en muchas ocasiones, llevan a un modesto a la final, como viene ocurriendo en los ltimos aos en la Copa del Rey de ftbol).

En este sentido, la situacin en la que se vea la seleccin de baloncesto, ante la final de esta maana contra los Estados Unidos, era extremadamente difcil. Sin embargo, como ocurre con la lucha de clases en ciertos momentos muy precisos de la Historia, la victoria frente a los poderosos no siempre es imposible. En este caso, se trataba de una final a un solo partido, lo cual minimizaba la tendencia indiscutible a la superioridad de los norteamericanos en una hipottica serie de encuentros. A pesar de la superioridad general del mal llamado dream team (que nadie se engae, en el baloncesto no se suea, se conspira), la defensa de nuestra seleccin estatal (as suena bien?) se haba demostrado la mejor del campeonato. Adems, en algunos aspectos tcticos derivados en parte de las normas del baloncesto FIBA, poda esperarse una cierta ventaja para Espaa. Por ltimo, el altsimo nivel de los jugadores de la roja (esto si que me gusta como suena) haca pensar que, si se daban ciertas circunstancias y se llevaba a cabo un diseo estratgico virtuoso, se poda ganar el partido.

Como en las situaciones pre-revolucionarias, la posibilidad de victoria es una pequea ventana abierta en un muro que pasa velozmente ante nosotros, por la que es necesario colarse. Y es aqu donde entra en juego la agencia, el partido como conspirador intelectual y organizador poltico. Dijo Andrs Montes en uno de los partidos de preparacin retransmitidos por La Sexta que Don Alejandro refirindose a Ato Garca Reneses- es maquiavlico. Desconozco si los orgenes cubanos de este particular comentarista estn detrs de un comentario tan gramsciano, ya que definir a un entrenador de baloncesto como maquiavlico en sus diseos tcticos es acercarse mucho a la lectura que aquel sardo astuto y brillante hiciera del consejero florentino, para ponerle al servicio del proletariado (tesis que despus desarrollara Althusser en una de sus ltimas y ms discutidas obras3).

Y efectivamente, si pensamos en Don Alejandro, estamos pensando en el ms leninista de los entrenadores; todo un revolucionario de la teora de la agencia aplicada al baloncesto (la introduccin en Espaa del sistema defensivo de dos contra uno en el poste bajo y de la defensa individual de presin a toda cancha o la renovacin de la famossima zona 1-3-1, son obra suya). No se nos debe escapar que, una vez nombrado seleccionador, reorganiz su partido poltico asegurndose una direccin de intelectuales; ello es lo que explica la sustitucin de Carlos Cabezas y Sergio Rodrguez por Ricky Rubio y Ral Lpez, la inclusin de Garbajosa a pesar de que la inactividad haba mermado su nivel, o el papel determinante (ms an que en el europeo del ao pasado) de Carlos Jimnez en el equipo. Respecto a Ral Lpez (ahora veremos porque hoy ha jugado menos de lo que se poda prever ante la ausencia de Caldern) hay pocas dudas sobre que su cerebro es su caracterstica fundamental (el mismo lo declaraba cuando se march a la NBA, de la que slo volvi por la fragilidad de sus rodillas), algo que ha preferido Ato a la explosividad demostrada de Sergio Rodrguez. Pero lo mismo cabe decir de Ricky Rubio, que an con sus increbles manos quiz no sea mejor defensor que Cabezas, pero que s tiene una mejor visin de juego (sus celebrados ally-up no son ms que un ejemplo de ello).

Las piezas claves del equipo de Ato, y en especial para este partido, eran esencialmente revolucionarios profesionales. Es verdad que, en este caso, el fsico no desmejoraba unas alineaciones de talento ms que cultivado (ya les hubiera gustado al genial Rafa Vecina, a Romay o a Solozabal parecerse algo en el fsico a estos jugadores) pero desde luego ste no era un factor determinante y menos contra los Estados Unidos. Si Gasol es uno de los mejores del mundo, no es por sus 215 (en la liga nacional americana los hay ms grandes y ms fuertes) sino por su manera de pensar cuando juega. Y lo mismo puede decirse del resto de dirigentes polticos del equipo (se diga lo que se diga, esta denominacin dice ms de lo que son que llamarles chorradas como estrellas o bas).

En el partido de esta maana, el general del ejrcito rojo (esto ya me encanta) Ato Garca Reneses ha planteado un esquema tctico brillante para buscar una posibilidad revolucionaria que, sencillamente, no se ha presentado. En defensa hemos asistido a una combinacin del sistema de presin individual con la zona 2-3 (de tan buen resultado para el Joventut la pasada temporada) que los norteamericanos solo conseguan superar con una efectividad increble en el tiro (especialmente en los triples, durante el primer periodo). No debemos olvidar este aspecto; una de de las cosas ms llamativas del partido ha sido el excelente ritmo anotador de Estados Unidos ante la defensa, casi impecable salvo al intentar parar los contraataques, de Espaa. Que Ral y Ricky se cargaran de faltas tan rpido no es ms que un indicador de la intensidad defensiva puesta en prctica.

Pero a pesar de los sobresalientes porcentajes anotadores de EEUU, la agresividad ofensiva del equipo leninista de Ato ha sido lo ms impresionante de su juego. La seleccin ha acabado con un 47 por ciento de efectividad en triples (porcentaje inalcanzable incluso para los equipos especializados en esta faceta en un partido contra USA) anotando nada menos que 107 puntos. Para quitarse el sombrero si tenemos en cuenta el partidazo que han hecho los americanos.

En lo que respecta al funcionamiento colectivo del equipo espaol en el ataque (6 jugadores de Espaa con 10 o ms puntos al final del partido), basta darse cuenta de que la seleccin ha jugado sin base durante muchos minutos. Si hay algo que intimida de un equipo de baloncesto es verlo jugar y anotar sin base. Muy pocos equipos pueden permitirse jugar as; el modelo histrico de los Bulls con Jordan o, en menor medida, el de los Lakers con Kobe Bryant, responde a una tctica mucho ms bsica, a saber, hacer descansar la fuerza anotadora en un francotirador extraordinario. Pero con Rudy o Navarro subiendo el baln no dejaba de haber cinco anotadores posibles y efectivos. Por eso Ato no ha necesitado de Ral para dar descanso a Ricky.

Pensando en el resultado final, no solo hay que anotar el hecho de que si a Estados Unidos le hubieran pitados los pasos de salida y algunas faltas ms se habra llegado a otro resultado (eso era algo con lo que, al fin y al cabo, haba que contar); hubiera bastado con que los americanos dejaran de hacerlo todo perfecto (como no llegar al 70 por ciento de efectividad en tiros de dos, al 73 en tiros libres o al 46 en tiros de tres) para que Espaa hubiera ganado.

Por eso el partido ha sido magnfico (la seleccin de la NBA enfrentndose a una inteligencia revolucionaria prodigiosa) y por eso representa una metfora de la lucha poltica y social en condiciones objetivas de asimetra. Sin saberlo, los jugadores y el cuerpo tcnico de la seleccin espaola de baloncesto han demostrado que la revolucin es tcticamente posible y que el peso de la agencia (como dispositivo organizador de la accin) puede ser determinante incluso cuando el enemigo no flaquea. Jugando al nivel de hoy, puede afirmarse que sera solo cuestin de tiempo que Espaa gane a los Estados Unidos.

El resultado final en el marcador en nada empaa estas enseanzas revolucionarias. De hecho, nos ha librado de aguantar el himno, de las celebraciones de exaltacin nacional, del orgullo de ser espaol (yo preferira sentirme orgulloso de algo un poco ms meritorio) y de la sucesin de infames actos protocolarios que acompaan los xitos de los hroes de la patria. Ya tuvimos esta suerte en el pasado europeo de Madrid, con el extra aadido de escuchar los acordes del viejo himno sovitico y poder recordar esa final mtica de Munich 72 en que la Unin Sovitica, con canasta de Sergei Belov en el ltimo segundo a pase de Ivan Edeshko, hizo morder el polvo a los estadounidenses, en plena Guerra Fra.

Pero la Guerra Fra acab y, con ella, el secuestro del pensamiento de Lenin, en las manos los burcratas soviticos. Por eso hoy podemos decir que Lenin ha sido, con mucho, el MVP de la final.

Pablo Iglesias Turrin es doctor en Ciencia Poltica.



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