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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-11-2004

Bush y casi 60 millones de razones para no dormir tranquilos

Carlos Aznrez
Resumen Latinoamericano


Finalmente los peores vaticinios acertaron en el blanco. Gan Bush , y casi 60 millones de votantes que apostaron a su discurso de terror, estn festejando. Lo paradjico es que esto mismo se podra decir si el ganador fuera Kerry ­votado por casi 53 millones de personas-, ya que salvo pequeas diferencias de poltica interna, el discurso de ambos candidatos se anunciaba como letal para buena parte de la humanidad. Es que en la mal llamada democracia norteamericana, que se da el gusto de mandar observadores ataviados con mil disfraces a otros procesos electorales que ocurren en el mundo, no existe rubor a la hora de ocultar las maniobras fraudulentas denunciadas en estos das por ambos partidos en distintos condados conflictivos ­por lo parejo de la votacin- del territorio estadounidense.

Si sumamos los votantes de uno y del otro, llegaremos a la conclusin de que esa concesin que suelen hacer algunos dirigentes progresistas y no pocos intelectuales globalofbicos, de que una cosa es el gobierno y otra muy distinta el pueblo de EEUU, choca en esta circunstancia con un muro infranqueable. Ms de 110 millones de personas (sobre un total de 143 millones que estaban en disponibilidad de votar) eligieron las propuestas de seguir masacrando a los pueblos de Iraq y Afganistn, de ampliar la idea intervencionista a nivel militar, econmica y cultural en pases como Colombia; o de seguir utilizando las embajadas norteamericanas como autnticas tapaderas de maniobras destinadas a socavar cualquier esfuerzo por llegar a una democracia participativa, como ocurre actualmente con la poltica de hostilizacin del embajador yanqui en Bolivia, o el abierto ingerencismo de la delegacin diplomtica de Bush en los asuntos internos de la democracia revolucionaria de Venezuela.

Votaron por Bush y Kerry ms de 110 millones de ciudadanos norteamericanos con un nivel intelectual ms que discutible ­qu otra cosa se puede decir de una masa de votantes cuyos hijos ­y ellos mismos- creen todava que los rabes son "sucios terroristas" o que la Amazonia es parte de un territorio "bajo jurisdiccin internacional" ­obviamente para poder engullirla sin problemas-, o que gobiernos populares como el de Hugo Chvez, Fidel Castro, Lula , el panameo Martn Torrijos o incluso el moderado Nstor Kirchner son parte del enemigo a abatir utilizando los mtodos que sean necesarios. En el caso del reelecto Bush, a travs de operaciones de guerra sucia como la intentada en dos ocasiones en Venezuela ­y no digamos, en cuantas oportunidades en la Cuba de Fidel- y en el caso del derrotado candidato demcrata, inclinndose por la medicina del apriete econmico, y si esta no funcionara, aplicando el correctivo que el 99% de la dirigencia de su partido aprob a mano alzada en el Parlamento: invasin lisa y llana, aniquilamiento y muerte, al estilo Iraq.

Gan Bush y tambin lo hizo el lobby sionista que lo sostiene en cada una de sus acciones de apoyo al criminal premier israel Sharon. Perdi Kerry y el lobby sionista que tambin reparti millones de dlares en su canasta electoral, sabe que cuenta con un aliado de hierro a la hora de entorpecer cualquier salida de autodeterminacin del pueblo palestino, a la sazn el invadido, el agredido, el desterrado, pero jams el vencido.

Gan Bush y seguramente har valer esos 60 millones de votos para seguir ajustando la cuerda del embargo criminal al pueblo y al gobierno de Cuba Revolucionaria ­el histrico carozo atragantado en su garganta-, creando an ms dificultades a una poblacin heroica que desde hace 46 aos aguanta al pie del can la embestida de su intolerante vecino. Claro que si hubiera ganado Kerry, el bloqueo no hubiera cesado, puesto que muchos de sus estrategias hacia la Isla tambin la escriben y dictan sectores del recalcitrante mundo de la mafia cubana en La Florida. La misma que hoy festeja en las calles de Little Habana, en Miami, que el hombre que les ha prometido (una vez ms) derrocar a Fidel Castro, haya sido reelegido por su sufragio.

El triunfo es de Bush, quien en su primer da del gobierno anterior revivi la Ley Mordaza segn la cual, los fondos estadounidenses para ayudar programas de planificacin familiar se proporcionaran bajo la condicin de que ni siquiera se mencionara el tema del aborto.. El hombre que retir, arbitrariamente, los recursos estadounidenses para apoyar los programas de salud reproductiva impulsados en los pases pobres desde el Fondo de Poblacin de las Naciones Unidas, poniendo en riesgo con ello, la vida de millones de mujeres de Asia, frica, Amrica Latina y el Caribe. Bush, recuerde, el que ha negado apoyo financiero gubernamental a aquellas organizaciones que trabajan en contra de la pandemia del VIH-SIDA y que brindan la opcin de abortos legales para las mujeres que viven con el virus y quedan embarazadas.

Bush, el que se esforz en dictar leyes persecutorias, racistas y discriminatorias contra la inmigracin mexicana y centroamericana que suele arriesgar la vida para llegar a los EEUU en busca de trabajos basura. Bush, el hombre que se jacta de llevar hasta las ltimas consecuencias su idea de aplicar la pena de muerte a una mayora de presos negros o hispanos, y el mismo que mantiene encarcelados en crceles de alta seguridad o en sitios signados por la deshumanizacin, a ms de un milln de prisioneros sociales..

Por todo ello y por una extenssima lista de afrentas, agravios y acciones despticas contra la humanidad, es importante definir claramente de qu estamos hablamos cuando mencionamos el concepto de "pueblo norteamericano". Unos dirn con espritu perdonavidas, muy propio del que no se siente amenazado directamente, que sobre esa poblacin impera un alto grado de desinformacin y manipulacin meditica. De all las equivocaciones que suelen darse en su seno. Otros, coincidirn ­me cuento entre ellos- que la insistencia por parte del ganador en sermonear con un discurso "patriotero" y muchas veces de invocacin religiosa, ha convertido a 60 millones de personas ­y una reserva de otros 50 y tantos millones que esperan ser convocados- en una zaga de descerebrados dispuestos a aplaudir las torturas en Abu Graib, los misiles cayendo sobre el territorio ocupado de Gaza o la masacre de familias enteras en Faluja. Preocupados, hondamente preocupados cuando uno de sus chicos esgrime un M16 que le tom prestado al abuelo que volvo derrotado de Vietnam, y organiza una masacre escolar por culpa de unas malas notas. Dentro de este pequeo y agresivo espacio microclimtico, se suelen unir la eterna tristeza por la muerte de Elvis, la frustracin por la buena suerte de Fidel en su ltima cada o la rabia por los dos aviones incrustados en pleno corazn de las Torres Gemelas y las intermitentes apariciones de Ben Laden y su lugarteniente. De esa capacidad intelectual ­tan masiva como deplorable- crece hoy el "pensamiento Bush", ms potente que nunca.

Quien no tenga la sensacin de que la humanidad ha vuelto a retroceder, no podr comprender las graves consecuencias que encierra este proceso comicial que ha concluido en los Estados Unidos, en el que slo se poda elegir entre el terror y la agona. Gan el terror de Estado, gracias al voto de un ejrcito de asesinos en potencia. Mal que nos pese, los ms de 110 millones de Bush o Kerry son demasiados para que no estemos intranquilos.



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