Portada :: Mundo :: Guerra en Osetia del Sur
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-09-2008

El intento de castigar a Rusia podra ser costoso

Mikhail Molchanov
Asia Times

Traducido del ingls para Rebelin por Germn Leyens


En la vspera de su visita a Ucrania, David Miliband, secretario de exteriores de Gran Bretaa, quiso forjar la coalicin ms amplia posible contra la agresin rusa en Georgia. El da siguiente advirti que Rusia no debe iniciar una nueva guerra fra.

Los rusos reaccionaron de manera defensiva, diciendo que no quieren una guerra fra, pero argumentaron que ms vale perder as llamados amigos en Occidente que la dignidad nacional.

La disputa que ha comenzado por el uso de la fuerza por Rusia para rechazar un ataque militar georgiano contra una minora separatista contina ahora por la decisin de Mosc de reconocer la independencia de los dos pequeos Estados parias que se han auto-gobernado efectivamente durante los ltimos 16 aos.

La decisin rusa de reconocer Abjazia y Osetia del Sur en Georgia no debera ser una sorpresa para los que conocen la regin. Osetia del Sur nunca haba sido parte de Georgia hasta que Jos Stalin separ el pas osetio en dos partes y agreg la parte norte a Rusia, mientras entregaba el sur a su Georgia nativa.

El plan de Stalin inclua una cierta autonoma para Abjazia y las dos Osetias. Sin embargo, otro dictador georgiano, Zviad Gamsakhurdia (1939 - 1993), aboli la autonoma de Osetia del Sur y liquid el estatus autnomo de la Repblica Abjazia incluso antes de que la Unin Sovitica dejara de existir formalmente en 1991. Aproximadamente al mismo tiempo, cuando los georgianos proclamaron su independencia de Mosc, la asamblea parlamentaria de la Repblica de Abjazia reafirm su soberana y anunci la separacin de Georgia. Tbilisi reaccion enviando bandas de saqueadores a ambas regiones separatistas.

La poltica chovinista oficial de Gamsakhurdia de Georgia para los georgianos alent la limpieza tnica que sigui. Cuando los surosetios y abjazianos trataron de expulsar a los granujas con la ayuda de milicias populares especficamente reunidas con esa intencin, Georgia envi fuerzas policiales y tropas regulares. Esto inici un conflicto armado que dur hasta un acuerdo de cese al fuego negociado por los rusos. Todas las partes estuvieron de acuerdo en aceptar a tropas rusas como mantenedoras de la paz.

Durante los ltimos 16 aos, Mosc se ha negado incondicionalmente a tener en cuenta pedidos de los dirigentes separatistas de reconocer su independencia de facto de Georgia. A pesar de ello, el nico canal de ayuda material que llegaba a los enclaves separatistas provena de Rusia. Tbilisi no ha contribuido ni un centavo para ayudar a restaurar ciudades y aldeas devastadas por el fuego georgiano. A medida que pasaba el tiempo, ms y ms georgianos partieron hacia Georgia propiamente tal. Las economas abjaziana y surosetia perdieron toda conexin con Georgia y se orientaron totalmente hacia Rusia.

Las afirmaciones de soberana de Georgia sobre las repblicas separatistas se basan en el precedente sovitico y el deseo occidental de castigar a Rusia, mientras recompensa al rgimen de Mikheil Saakashvili apuntalado por EE.UU. La idea de que Osetia del Norte y Osetia del Sur se reunifiquen como una nueva repblica de la Federacin Rusa es simplemente inaceptable para Occidente, sin importar cuntos referendos prueben la voluntad popular y lo genuinamente democrticos que fueran dichos referendos. Despus de todo, como arguy el antiguo consejero nacional de seguridad de EE.UU., Zbigniew Brzezinski, Rusia ya es demasiado grande incluso en su forma cercenada post Sovitica; No sera formidable apartar Siberia y Lejano Oriente?

Es interesante que haya quienes en la as llamada elite liberal rusa hayan recibido la idea con una comprensin positiva. Por cierto, si tu fortuna personal se basa en una venta indiscriminada de las riquezas naturales del pas, la supervisin central no es una prioridad que te interese.

Durante toda la dcada de Boris Yeltsin, la poltica exterior de Rusia, no se desvi significativamente del plan original preparado en Washington. El pas era gobernado por oligarcas, no por el gobierno elegido. Occidente lo llama democracia. Mientras las dos pequeas naciones caucsicas clamaban pidiendo proteccin, las manos de Mosc estaban atadas por temor a la desaprobacin occidental.

La menor seal de orientacin independiente en la poltica exterior era citada como prueba de imperialismo ruso. No importa que miles de personas en ambas repblicas no reconocidas tuvieran pasaportes rusos. Rusia se vio obligada a hacer la vista gorda ante la continua miseria de gente que no poda vivir como parte de Georgia y a la que no se le permita existir independientemente.

Mientras tanto, razones humanitarias funcionaban bien a favor de timoreses orientales, kosovares, y kurdos independientes de hecho en Iraq. Lo mismo no vala para abjazianos y surosetios. El 8 de agosto, el ejrcito georgiano recibi orden de recuperar Osetia del Sur. y lanz una andanada de cohetes GRAD contra la poblacin civil de Tsjinvali. Pronto hubo cerca de 2.000 osetios muertos, y 30.000, o sea un cuarto de la poblacin total, huyeron de sus casas destruidas, y muchos terminaron al lado ruso de la frontera. Una docena de mantenedores de la paz rusos fueron muertos en el ataque. La ONU se mostr preocupada, pero nadie entre los dirigentes occidentales indic ni la menor molestia.

No obstante, la molestia se hizo manifiesta cuando soldados rusos se desplazaron para proteger a la minora amenazada y detener el conflicto. La ofensiva cumpli esas tareas en cinco das con un mnimo derramamiento de sangre.

La molestia occidental se convirti en un coro universal de condena cuando el presidente Dmitry Medvedev, actuando por mandato directo y unnime de ambas cmaras de la Asamblea Federal, decidi extender el reconocimiento de independencia de Rusia a las dos naciones que han sido independientes de facto desde 1992, y que pagaron ese privilegio con sangre.

En lugar de ver las acciones de Rusia como dictadas por consideraciones humanitarias, o, por lo menos, por puro realismo poltico (hay alguien que est en su sano juicio y crea que naciones norcaucsicas encarnizadamente orgullosas aceptaran voluntariamente el gobierno de quienes les niegan su derecho mismo a existir como etnias separadas?). La prensa occidental salmodia guerra fra.

La posicin de Rusia es que si la amistad con Occidente slo puede ser comprada si permanece impvida e ignora ruegos desesperados de ayuda de una nacin afn, afiliada tnicamente, Mosc no se puede permitir una amistad semejante. Guerra fra o no, ya pasaron los das de una Rusia polticamente correcta, al estilo de EE.UU.

En su lugar, es la hora de una Rusia que ha restaurado la dignidad de su gobierno elegido; de una Rusia que no debe nada a las instituciones financieras del mundo, y que posee casi 100.000 millones de dlares en deudas de agencias de EE.UU.; y de una Rusia que suministra un tercio de todo el gas de Europa. Es un pas cuyo ejrcito es, de nuevo, capaz de adquirir armamentos de clase mundial y de entrenar a soldados en su uso adecuado.

Esta Rusia est preparada para reforzar su colaboracin militar con China, asegurando una modernizacin exhaustiva de las fuerzas del gigante asitico. Esta nueva Rusia ha reestablecido su presencia diplomtica y econmica en todo el mundo, tiene amigos y socios en ambos hemisferios, y es capaz de influenciar situaciones geopolticas en reas mucho ms distantes que el vecino Cucaso.

El intento de castigar a esta nueva Rusia, de una u otra manera, puede ser una aventura bastante costosa. Est dispuesto Occidente a sobrellevar esos costos slo para mostrar a Rusia quin manda, mientras niega a dos naciones ms pequeas el mismsimo derecho a la autodeterminacin del que gozan actualmente los georgianos?

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Mikhail A Molchanov es profesor de ciencias polticas en la Universidad St Thomas, en Canad. Ha publicado varios libros y artculos sobre la transicin y la poltica exterior post comunistas de Rusia y problemas internacionales de Eurasia.

(Copyright 2008 Mikhail A Molchanov.)

http://www.atimes.com/atimes/Central_Asia/JH29Ag01.html



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