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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-11-2004

Noticia mala pero vieja para el mundo rabe

Ferry Biedermann
IPS

Las reacciones a la reeleccin del presidente estadounidense George W. Bush oscilaron en Medio Oriente entre la mordacidad y la cautela, con dos nicas excepciones: Iraq e Israel aplaudieron con regocijo


Solo los primeros ministros Ariel Sharon, de Israel, e Iyad Allawi, de Iraq --designado interinamente por Estados Unidos--, aplaudieron de corazn la permanencia de su aliado en la Casa Blanca.

La victoria de Bush tambin fue saludada por organizaciones radicales islmicas, las cuales consideran que la actitud del presidente estadounidense hacia Medio Oriente les facilitar el reclutamiento de militantes.

En cuanto a los regmenes prooccidentales rabes, transmitieron las congratulaciones usuales, pero no mucho ms. Mientras, el agonizante presidente palestino Yasser Arafat lleg a manifestar preocupacin desde el hospital donde est internado en Pars, segn sus colaboradores.

En ningn rea del mundo fuera de Estados Unidos se siente ms el impacto de la reeleccin de Bush que en Medio Oriente y en el mundo rabe. De aqu procedan los que cometieron los atentados que dejaron 3.000 muertos en Nueva York y Washington el 11 de septiembre de 2001.

En Iraq, fuerzas estadounidenses combaten en un duro, sangriento y aparentemente interminable conflicto.

Bush no ha exhibido las caractersticas que muchos rabes le atribuan hace cuatro aos.

Entonces, era considerado el heredero poltico de su padre, el ex presidente George Bush (1989-1993), un constructor de amplias coaliciones, que presion a Israel y que demostr contencin al no marchar sobre Bagdad luego de que desaloj a los invasores iraques de Kuwait.

Este Bush, en cambio, se manifest como un unilateralista guiado por sus impulsos ideolgicos y que valora ms que nada sus vnculos con Israel. Los rabes lo perciben como un lder que desdea el mero concepto de contencin.

En el mundo rabe e islmico, muchos muestran un odio visceral por Bush. Pero se pudo haber sido el destino de cualquier otro presidente estadounidense que hubiera debido contestar un ataque sin precedentes en territorio estadounidense procedente de un pas rabe.

Hoy es una mera especulacin, pero el senador John F. Kerry, rival de Bush en las elecciones, habra cambiado slo el tono del vnculo con Medio Oriente, no la sustancia. Ambos han expresado un fuerte respaldo a Israel.

Con una mayora consolidada en las urnas y con un firme mandato emanado del pueblo estadounidense, muchos en Medio Oriente esperan ms del mismo Bush de los ltimos cuatro aos.

El pueblo estadounidense no castig al presidente por embarcarlo en una guerra debilitante en Iraq ni por bloquear el proceso de paz entre Israel y Palestina.

El presidente ha dado su aval personal al mantenimiento de algunos asentamientos judos en territorio rabe y a la construccin del muro que separa territorio israel de Cisjordania, as como ha tolerado las acciones militares dispuestas por el gobierno de Sharon contra los palestinos al amparo del legtimo derecho a la defensa propia.

Este es un presidente que no suele admitir errores o cambiar de idea. Su lealtad personal hacia sus amigos es proverbial, por lo que no cabe esperar seriamente cambios en su poltica hacia Israel.

De todos modos, hay varios puntos en que los cambios son posibles.

El propio Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel consider, en un memorndum interno conocido en vsperas de las elecciones del martes, que cualquiera de los dos candidatos ejercera presin para el desmantelamiento de los puestos de control y de los asentamientos judos instalados sin aprobacin oficial.

Si algo ha quedado claro en los ltimos cuatro aos es que Bush no soporta que lo tomen por tonto.

En cuanto a Arafat, gravemente enfermo, se ha convertido, a los ojos de Bush, en una suerte de obstculo personal al proceso de paz. El presidente estadounidense le ha credo a Sharon en que Israel no puede negociar con el lder palestino en el poder.

En el caso de Sharon, puede tratarse de una actitud puramente ideolgica, un mecanismo para evitar negociaciones con los palestinos. En el caso de Bush, el obstculo desaparecer cuando Arafat desaprezca.

Por lo tanto, deber tener cuidado al lidiar con un nuevo liderazgo palestino. Qu mejor recuerdo puede dejar un presidente en su segundo periodo que un acuerdo de paz palestino-israel?

Pero este conflicto es un caos heredado. Iraq, en cambio, es un caos que l mismo busc. El futuro de ese pas del Golfo determinar el xito de su presidencia en materia de poltica exterior.

Eso depender mucho de la prioridad de Bush en su prximo periodo, si nacional o internacional.

A pesar de toda la retrica sobre la guerra contra el terrorismo, podra procurar que su poltica exterior no sea la marca ms perdurable de su presidencia.

El aumento de la fuerza de su Partido Republicano en el Congreso legislativo le da una oportunidad nica de alentar medidas conservadoras con un impacto aun mayor en la vida de los estadounidenses que sus aventuras en el exterior.

No parece probable que Bush admita la derrota militar en Iraq, pero s una reduccin en las tropas all desplegadas para minimizar las bajas.

Su visin de alentar la democracia en Medio Oriente parece haber muerto tranquilamente. Bush es un hombre prctico, y si bien la iniciativa tiene valor propagandstico su gobierno tiene muy poca paciencia para ayudar a la construccin nacional de los pases rabes.

El sentimiento antiestadounidense es un hecho. Sera un error decir que se trata de un fenmeno reciente iniciado despus del 11 de septiembre de 2001, tanto como afirmar que la culpa es toda de Bush.

Pero ese sentimiento se personaliza hoy en el presidente que ocupar el cargo otros cuatro aos, y hay pocas posibilidades de que so cambie mientras contine en esa posicin.




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