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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-09-2008

El mito del judo errante

Gilad Atzmon
Palestine Think Tank

Traducido por Manuel Talens


El historiador Shlomo Sand, profesor de la Universidad de Tel Aviv, inicia su brillante estudio del nacionalismo judo citando a Karl W. Deutsch: Una nacin es un grupo unido por un error comn sobre su origen y una hostilidad colectiva hacia sus vecinos [1].

Por muy simple o incluso simplista que parezca, esa cita resume con elocuencia el producto de la imaginacin que yace enredado en el nacionalismo judo moderno y, sobre todo, en el concepto de identidad juda. Es obvio que seala con el dedo el error colectivo que los judos tienden a cometer cada vez que se refieren a su ilusorio pasado colectivo y a su origen colectivo. De una misma tacada, la lectura del nacionalismo que hace Deutsch arroja luz sobre la hostilidad que por desgracia corre parejas en casi cada grupo judo con respecto a la realidad que lo rodea, ya sea humana o adopte la forma de territorio. Mientras que la brutalidad con que los israelitas tratan a los palestinos es ya algo sobradamente conocido, el spero tratamiento que los israeles reservan para su tierra prometida y su paisaje slo empieza ahora a revelarse. El desastre ecolgico que los israeles van a dejar tras ellos ser la causa del sufrimiento de muchas generaciones futuras. Dejando aparte el muro megalomanaco que divide la tierra santa en enclaves de depravacin y hambruna, Israel se las ha arreglado para contaminar sus principales ros y arroyos con desechos nucleares y qumicos.

When And How the Jewish People Was Invented [Cundo y cmo fue inventado el pueblo judo] es un estudio escrito por el profesor Shlomo Sand, un historiador israel. Se trata del estudio ms serio jams publicado sobre el nacionalismo judo y, de lejos, el anlisis ms valiente del discurso histrico judo.

En su libro, Sand se las arregla para probar fuera de toda duda razonable que el pueblo judo no existi nunca como raza-nacin y nunca comparti un origen comn. Muy al contrario, se trata de una colorida mezcla de grupos que en varias etapas de la historia adoptaron la religin juda.

En el caso de que el lector siga la lnea de pensamiento de Sand y llegue a preguntarse, cundo fue inventado el pueblo judo?, la respuesta de Sand es bastante simple: En algn momento del siglo XIX, algunos intelectuales de origen judo en Alemania, influenciados por el carcter folclrico del nacionalismo alemn, se impusieron la tarea de inventar retrospectivamente un pueblo, ansiosos por crear un pueblo judo moderno. [2].

De acuerdo con esto, el pueblo judo es una nocin artificial formada por un pasado ficticio e imaginario con muy poca sustancia que lo respalde desde los puntos de vista forense, histrico o textual. Adems, Sand que utiliz fuentes iniciales de la antigedad llega a la conclusin de que el exilio judo es tambin un mito y de que es mucho ms probable que los palestinos actuales sean los descendientes del antiguo pueblo semita de Judea/Canan en vez de la multitud de asquenazes de origen kazario a la que l reconoce pertenecer.

Lo sorprendente es que, a pesar de que Sand ha logrado desmantelar la nocin de pueblo judo, de que destruye la nocin de pasado colectivo judo y ridiculiza el mpetu chovinista nacional judo, su libro es un bestseller en Israel. Este hecho, por s mismo, puede sugerir que aquellos que se llaman a s mismos pueblo del libro estn ahora empezando a enterarse de las engaosas y devastadoras posturas e ideologas que los han convertido en eso que Khalid Amayreh y muchos otros consideran como los nazis de nuestro tiempo.

 

Hitler triunf

Con mucha frecuencia, cuando se le pregunta a un judo laico y cosmopolita qu es lo que lo convierte en judo, suele replicar masticando una vaca respuesta: Fue Hitler quien me hizo judo. Incluso si el judo cosmopolita, que es internacionalista, critica las inclinaciones nacionalistas de otros pueblos, insiste en seguir manteniendo su propio derecho a la autodeterminacin. Sin embargo, no es l quien dirige esta exigencia de orientacin nacional, sino el diablo, ese monstruo antisemita llamado Hitler. Segn parece, el judo cosmopolita celebra su derecho al nacionalismo siempre que pueda echarle la culpa a Hitler.

En lo que respecta al judo laico cosmopolita, Hitler triunf. Sand se las arregla para poner de relieve esta paradoja. Con mucha perspicacia sugiere que mientras que en el siglo XIX referirse a los judos como una identidad racial distinta era un signo de antisemitismo, en el Estado judo esta otredad est mental e intelectualmente arraigada [3]. En Israel, los judos celebran su diferencia y sus condiciones nicas. Adems, dice Sand, hubo momentos en Europa en los que era posible ser tachado de antisemita por decir que todos los judos pertenecen a una nacin distinta. Hoy en da, el hecho de decir que los judos no han sido nunca y siguen sin ser un pueblo o una nacin hace que a uno lo califiquen de odiador de judos. [4].

Resulta bastante sorprendente que el nico pueblo que ha logrado mantener una identidad nacional racialmente orientada, expansionista y genocida, la cual no se diferencia en nada de la ideologa tnica nazi, sean los judos, que fueron, entre otros, las principales vctimas de la ideologa y la prctica nazis.

 

Nacionalismo en general y nacionalismo judo en particular

Louis-Ferdinand Celine mencion que durante la Edad Media, entre las guerras, los caballeros cobraban un alto precio por estar dispuestos a morir en nombre de sus reinos, mientras que en el siglo XX los jvenes no dudan en morir en masa, pero sin pedir nada como recompensa. Para poder comprender este cambio en la conciencia de masas es necesario un modelo metodolgico elocuente que nos permita descifrar en qu consiste el nacionalismo.

Al igual que Karl Deutsch, Sand considera la nacionalidad como un discurso fantasmtico. Es un hecho establecido que los estudios antropolgicos e histricos de los orgenes de diferentes pueblos y naciones conducen a la embarazosa desintegracin de cualquier etnia o identidad tnica. De ah que resulte interesante encontrar que los judos tienden a tomarse muy en serio su propio mito tnico. La explicacin puede ser simple, tal como Benjamin Beit Halachmi seal hace aos. El sionismo estaba ah para transformar la Biblia, que de texto espiritual pas a ser un acto notarial. Por eso, la verdad de la Biblia o de cualquier otro elemento del discurso histrico judo tiene poca importancia siempre que no interfiera con la causa o con la prctica poltica nacional de los judos.

Puede suponerse que la ausencia de un claro origen tnico no impide que la gente tenga el sentimiento de pertenencia tnica o nacional. El hecho de que los judos estn lejos de ser un pueblo y de que la Biblia sea un texto de muy limitada verdad histrica no impide que generaciones de israeles y judos se identifiquen con el rey David o con el gigante Sansn. Est claro que la ausencia de un origen tnico inequvoco no impide que la gente se considere parte de un pueblo. De manera similar, tampoco impide que el judo nacionalista tenga el sentimiento de pertenencia a una gran colectividad abstracta.

En los aos setenta, Shlomo Artzi, que entonces era un joven cantante israel a punto de convertirse en la mayor estrella del rock de Israel, grab una cancin que alcanz un xito multitudinario en cuestin de horas. He aqu los primeros versos:

De repente
Un hombre se despierta
Por la maana
Siente que es pueblo
Y echa andar
Y a todo el que se le cruza
Le dice shalom

Hasta cierto punto Artzi expres inocentemente en sus versos la brusquedad y la casi eventualidad de la transformacin de los judos en un pueblo. Sin embargo, de forma simultnea Artzi contribuy a la ilusin del mito nacional de la nacin que busca la paz. A aquellas alturas Artzi debera haber sabido ya que el nacionalismo judo era un acto colonialista a expensas del pueblo autctono palestino.

Segn parece, el nacionalismo, la pertenencia nacional y el nacionalismo judo en particular son objeto de una importante tarea intelectual. Resulta interesante que los primeros en analizar terica y metdicamente los asuntos relativos al nacionalismo fueran idelogos marxistas. Aunque el propio Marx no logr encontrar una respuesta adecuada, el auge de las exigencias nacionalistas durante el siglo XX en la de Europa oriental y central pill desprevenidos a Lenin y Stalin.

La contribucin marxista al estudio del nacionalismo puede considerarse como el foco que ilumina la profunda relacin existente entre el auge de la libre economa y el desarrollo del Estado nacional [5]. De hecho, Stalin resumi la posicin marxista: La nacin, dijo, es una slida colaboracin entre seres, histricamente creada y formada de acuerdo con cuatro fenmenos compartidos: la lengua, el territorio, la economa y la significacin psquica... [6].

Como era de esperar, el intento materialista marxista de comprender el nacionalismo carece de una visin histrica adecuada. En ausencia de sta se basa en la lucha de clases. Por razones obvias, esta visin fue muy popular entre quienes creen en el socialismo de una nacin, entre los cuales podemos incluir a los proponentes de una rama izquierdista del sionismo.

Para Sand, el nacionalismo evolucion a causa del xtasis creado por la modernidad, que escinde a la gente de su pasado inmediato [7]. La morbilidad creada por la urbanizacin y la industrializacin pulveriz el sistema jerrquico social, as como la continuidad entre pasado, presente y futuro. Sand seala que antes de la industrializacin el campesino feudal no senta necesariamente la necesidad de un discurso histrico de imperios y reinos. El sujeto feudal no necesitaba un abstracto discurso histrico de amplias colectividades, que tenan muy poca importancia para la necesidad existencial inmediata y concreta. Sin una percepcin de progresin social, se las arreglaba bien con un relato religioso imaginario que contena un mosaico de memoria sin dimensin real de un tiempo que avanza. El fin era el principio y la eternidad haca de puente entre la vida y la muerte. [8]. En el mundo urbano moderno y laico, el tiempo se haba convertido en el principal navo de la vida que ilustra un sentido simblico imaginario. El tiempo histrico colectivo se haba convertido en el ingrediente elemental de lo personal y lo ntimo. El discurso colectivo da forma a la significacin personal y a lo que parece ser real. Por mucho que gentes banales sigan insistiendo en que lo personal es poltico, sera mucho ms inteligible afirmar que en la prctica sucede lo contrario. En la condicin posmoderna, lo poltico es personal y el sujeto es hablado en vez de hablar por s mismo. La autenticidad es un mito que se reproduce a s mismo bajo la forma de un identificante simblico.

La lectura que hace Sand del nacionalismo como producto de la industrializacin, la urbanizacin y la laicidad tiene mucho sentido si se considera la sugerencia de Uri Slezkin, segn la cual los judos son los apstoles de la modernidad, la laicidad y la urbanizacin. Si los judos se encontraron a s mismos en el centro de la organizacin y de la laicidad no debera sorprendernos que los sionistas fuesen bastante creativos, como cualquier otro, a la hora de inventar su propio relato imaginario colectivo y fantasmtico. Sin embargo, al insistir en su derecho a ser como cualquier otro pueblo, los sionistas han logrado transformar su pasado colectivo imaginario en un programa global, expansionista y despiadado y en la mayor amenaza contra la paz del mundo.

 

No existe una historia juda

Es un hecho establecido que entre el siglo I y principios del XIX no se escribi ningn texto histrico judo. El hecho de que el judasmo se base en un mito histrico religioso puede tener algo que ver con esto. La tradicin rabnica no se preocup nunca de investigar adecuadamente el pasado judo. Es probable que una de las razones sea la ausencia de necesidad de proceder a un esfuerzo metdico. Para los judos que vivan en tiempos antiguos y en la Edad Media, la Biblia estaba ah para responder las preguntas ms relevantes relacionadas con la vida diaria, la significacin y el destino judos. Tal como seala Shlomo Sand, el tiempo cronolgico laico era ajeno al tiempo de la dispora, determinado por la espera de la llegada del Mesas.

Sin embargo, a la luz de la laicidad, la urbanizacin y la emancipacin alemanas y a causa de la menor autoridad de los lderes rabnicos, surgi la necesidad de una causa alternativa entre los nacientes intelectuales judos. El judo emancipado se preguntaba quin era, de donde vena. Tambin empez a especular que su funcin podra estar en el interior de una sociedad europea cada vez ms abierta.

En 1820 el historiador judo alemn Isaak Markus Jost (1793-1860) public la primera obra histrica seria sobre los judos, titulada The History of the Israelites. Jost evit los tiempos bblicos, prefiri iniciar su viaje con el reino de Judea y tambin compil un discurso histrico de las diferentes comunidades judas del mundo. Jost se dio cuenta de que los judos de su tiempo no formaban una continuidad tnica. Intuy que los israelitas de distintos lugares eran diferentes. De ah que pensase que no haba nada en el mundo que pudiese impedir la total asimilacin de los judos. Jost crea que en el interior del espritu ilustrado, tanto los alemanes como los judos daran la espalda a la opresiva institucin religiosa y formaran una saludable nacin basada en un creciente sentido de pertenencia geogrficamente orientado.

Aunque Jost era consciente del desarrollo del nacionalismo europeo, sus seguidores judos estaban bastante descontentos con su optimista lectura liberal del futuro judo. A partir del historiador Heinrich Graetz, los historiadores judos empezaron a dibujar la historia del judasmo como la de una nacin que haba sido un reino, que fue expulsada al exilio y que se convirti en un pueblo errante que terminaba por regresar a su tierra natal [9].

Para el difunto Moses Hess lo que definira la forma de Europa era una lucha racial ms que una lucha de clases. En consonancia, sugiri, ms valdra que los judos reflexionasen sobre su herencia cultural y su origen tnico. Para Hess, el conflicto entre judos y gentiles era el producto de la diferenciacin racial, es decir, algo inevitable.

El camino ideolgico que va desde la orientacin racista pseudocientfica de Hess y el historicismo sionista es bastante obvio. Si los judos son una entidad racial distinta (tal como crean Hess, Jabotinsky y otros), lo mejor que pueden hacer es dirigirse a su patria natural, y sta no es otra que Yeretz Yisrael. Est claro que el razonamiento de Hess con respecto a una continuidad racial careca de base cientfica. Con vistas a mantener el emergente discurso fantasmtico, era necesario erigir un mecanismo orquestado de negacin para asegurarse de que algunos hechos embarazosos no interfiriesen con la emergente creacin nacional.

Sand sugiere que el mecanismo de negacin fue algo orquestado y muy bien planeado. La decisin de la Universidad Hebrea en los aos treinta de separar la Historia Juda y la Historia General en dos departamentos distintos fue algo ms que un asunto de conveniencia. El logos que subyace a esta divisin es una ojeada en la autorrealizacin juda. Para los universitarios judos, la condicin y la psique judas eran algo nico que deba estudiarse por separado. Al parecer, incluso en el interior del entorno acadmico hebreo los judos, su historia y la percepcin de s mismos tienen reservado un estatus supremo. Tal como Sand perspicazmente desvela, en los departamentos de Estudios Judos el investigador est disperso entre lo mitolgico y lo cientfico, mientras que el mito mantiene su primaca, lo cual hace que a menudo se atasque en un dilema provocado por pequeos hechos tortuosos.

 

El nuevo israelita, la Biblia y la arqueologa

En Palestina, los nuevos judos, ms tarde israeles, estaban determinados a reclutar el Antiguo Testamento y transformarlo en el cdigo amalgamado del futuro judo. La nacionalizacin de la Biblia estaba ah para implantar en los jvenes judos la idea de que son los descendientes directos de sus grandes antepasados antiguos. Teniendo en cuenta que la nacionalizacin era un movimiento ampliamente laico, se extirp el significado espiritual y religioso de la Biblia, que pas a ser considerada como un texto histrico que describa una cadena real de acontecimientos en el pasado. Los judos que haban logrado matar a su Dios aprendieron a creer en s mismos. Massada, Sansn y Bar Kochva se convirtieron en discursos suicidas. A la luz de sus heroicos antepasados, los judos aprendieron a amarse a s mismos tanto como odian a los dems, excepto que esta vez posean la capacidad militar de infligir un dolor real a sus vecinos. Ms preocupante era el hecho de que en vez de una entidad sobrenatural es decir, Dios que les ordenaba invadir un territorio, llevar a cabo un genocidio y robar la Tierra Prometida a sus habitantes autctonos, en su renacido proyecto nacional eran ellos mismos, Herzl, Jabotinsky, Weitzman, Ben Gurion, Sharon, Peres, Barak, quienes decidieron expulsar, destruir y matar. En vez de Dios, eran los judos quienes mataban en nombre del pueblo judo. Lo hicieron con smbolos judos decorando sus aviones y sus tanques. Siguieron las rdenes que se les daban en la lengua recin restaurada de sus antepasados.

Lo sorprendente es que Sand, que es sin duda alguna un lcido historiador, no mencione que el secuestro sionista de la Biblia fue de hecho una desesperada respuesta juda al temprano romanticismo alemn. Sin embargo, por muy ideolgica y estticamente excitados que estuviesen los filsofos, poetas, arquitectos y artistas alemanes por la Grecia presocrtica, saban muy bien que ellos no eran exactamente hijos e hijas del helenismo. El nacionalista judo dio un paso ms lejos, se integr en una cadena sangunea fantasmtica con sus mticos antepasados al poco tiempo de haber restaurado su lengua antigua. De ser una lengua sagrada, el hebreo se haba convertido en una lengua hablada. El temprano romanticismo alemn nunca lleg tan lejos.

Los intelectuales alemanes durante el siglo XIX eran tambin perfectamente conscientes de la distincin entre Atenas y Jerusaln. Para ellos, Atenas era lo universal, el captulo pico de la humanidad y el humanismo. Jerusaln era, por el contrario, el gran captulo de la barbarie tribal. Jerusaln era una representacin de un Dios despiadado, banal, no universal y monotesta, capaz de matar a ancianos y a lactantes. La era romntica alemana inicial nos leg a Hegel, Nietzsche, Fichte y Heidegger y a unos cuantos judos que se odiaban a s mismos, entre los cuales el ms importante fue Otto Weininger. Los jerusalenitas no nos legaron ni un solo pensador ideolgico. Algunos acadmicos judos alemanes de segunda categora trataron de predicar Jerusaln en la exedra germnica, entre ellos Herman Cohen, Franz Rosenzveig y Ernst Bloch. Obviamente, no llegaron a darse cuenta de que los romnticos alemanes iniciales despreciaban las huellas de Jerusaln en la cristiandad.

En su esfuerzo por resucitar a Jerusaln, se acudi a la arqueologa para que proporcionara una base cientfica necesaria al epos sionista. La arqueologa estaba ah para unificar el tiempo bblico con el momento de la reinstauracin. Es probable que el momento ms sorprendente de esta extraa tendencia ocurriese en 1982 con la ceremonia del entierro militar de los huesos de Shimon Bar Kochva, un rebelde judo que haba muerto 2000 aos antes. Dirigido por el rabino militar en jefe, se procedi al entierro militar de unos cuantos huesos encontrados en una cueva cerca del Mar Muerto. En la prctica, los supuestos restos de un rebelde judo del siglo I fueron tratados como si fuese una baja del ejrcito israel. Estaba claro que la arqueologa tena una funcin nacional, haba sido reclutada para consolidar el pasado y el presente, dejando fuera al Galut, el exilio judo.

Lo sorprendente es que no pas mucho tiempo antes de que las cosas dieran un giro completo. Conforme la investigacin arqueolgica se fue independizando del dogma sionista, la embarazosa verdad sali a la luz. Era imposible demostrar la veracidad del relato bblico con hechos forenses. De hecho, la arqueologa refuta la historicidad del argumento bblico. Las excavaciones revelaron este incmodo hecho. La Biblia es un compendio de innovadora literatura de ficcin.

Tal como seala Sand, la historia bblica primigenia est impregnada de filisteos, arameos y camellos. Lo embarazoso es que las excavaciones demuestran que los filisteos no aparecieron en la regin antes del siglo XII a. de J.C.; los arameos un siglo despus y los camellos no mostraron sus caras joviales antes del siglo VIII. Estos hechos cientficos sumieron a los investigadores sionistas en una grave confusin. Sin embargo, para algunos acadmicos no judos, como Thomas Thompson, estaba bastante claro en la Biblia es un conjunto tardo de innovadora literatura escrita por un talentoso telogo [10]. La Biblia parece ser un texto ideolgico que estaba ah para servir a una causa social y poltica.

Lo peor es que en el Sina no se pudieron encontrar muchas pruebas que probasen la historia del legendario xodo egipcio, en el que unos tres millones de hombres mujeres y nios hebreos vagabundearon en el desierto durante 40 aos sin dejar el menor rastro. Ni siquiera una msera bola de Matz, el pan cimo judo.

La historia del nuevo reasentamiento bblico y del genocidio de los cananeos, que los israelitas contemporneos imitan con tanto xito, es otro mito. Jeric, la ciudad fortificada que fue destruida a toque de trompetas con la intervencin sobrenatural del altsimo, era slo un pequeo pueblecito durante el siglo XII a. de J.C.

Por mucho que Israel se considere a s mismo como la reactivacin del monumental reino de David y Salomn, la excavacin que tuvo lugar en la vieja ciudad de Jerusaln durante los aos setenta revel que el reino de David no era ms que un pequeo asentamiento tribal. Las pruebas que haba aportado Yigal Yadin respecto al rey Salomn fueron refutadas ms tarde con estudios forenses realizados con carbono 14. Estos incmodos hechos han quedado cientficamente establecidos. La Biblia es un relato de ficcin y no existe base alguna sobre la que pueda basarse cualquier gloriosa existencia del pueblo hebreo en Palestina en ningn momento.

 

Quin invent a los judos?

Ya desde el inicio de su texto, Sand plantea preguntas cruciales muy relevantes: Quines son los judos? De dnde vinieron? Cmo es que en perodos histricos diferentes aparecen en lugares muy distintos y remotos?

Aunque la mayora de los judos contemporneos estn totalmente convencidos de que sus antepasados son los israelitas bblicos, que fueron brutalmente exiliados por los romanos, es preciso decir la verdad. Los judos contemporneos no tienen nada que ver con los antiguos israelitas, que nunca fueron enviados al exilio porque dicha expulsin nunca tuvo lugar. El exilio romano es otro mito judo.

Empec a buscar estudios de investigacin sobre el exilio, ha dicho Sand en una entrevista concedida al Haaretz [11], pero descubr con asombro que no existe ninguna literatura al respecto. La razn es que nadie exili al pueblo de este pas. Los romanos no exiliaron gente y no podran haberlo hecho incluso si hubieran querido. Carecan de trenes y camiones para deportar a poblaciones enteras. Ese tipo de logstica no existi hasta el siglo XX. Mi libro naci, efectivamente, de una constatacin: de la certeza de que la sociedad judaica no fue ni dispersada ni exiliada..

Adems, a la luz de la simple introspeccin de Sand, la idea del exilio judo resulta graciosa. Puede que el hecho de pensar que la armada imperial romana se dedicaba veinticuatro horas por da, siete das por semana a transportar dificultosamente a Moishele y a Yankale hasta Crdoba y Toledo sirva para que los judos se sientan importantes y transportables, pero el sentido comn sugiere que los romanos tenan cosas ms importantes que hacer.

Sin embargo, mucho ms interesante es el resultado lgico: si el pueblo de Israel no fue expulsado, entonces los verdaderos descendientes de los habitantes del reino de Jud deben ser los palestinos.

Ninguna poblacin permanece pura durante un perodo de miles de aos, dice Sand [12]. Pero las posibilidades de que los palestinos sean descendientes del antiguo pueblo judaico son mucho mayores que las de que usted o yo seamos sus descendientes. Los primeros sionistas, hasta la Sublevacin rabe (1936-1939) saban que no haba habido exilio y que los palestinos eran los descendientes de los habitantes del territorio. Saban que los campesinos no se van hasta que se los expulsa. Incluso Yitzhak Ben-Zvi, el segundo presidente del Estado de Israel, escribi en 1929 que la mayora de los campesinos no descienden de los conquistadores rabes, sino ms bien de los campesinos judos, que eran numerosos y mayoritarios en la construccin del territorio.

En su libro, Sand va an ms lejos y sugiere que hasta el primer Levantamiento rabe (1929), los denominados lderes sionistas izquierdistas tenan tendencia a creer que los campesinos palestinos, que son en realidad judos por su origen, se asimilaran en el interior de la emergente cultura hebrea y terminaran por unirse al movimiento sionista. Ben Borochov crea que un falach (campesino palestino) si se viste como un judo y se comporta como un judo de la clase trabajadora, no se diferencia en nada de los judos. Esta misma idea reapareci en el texto de Ben Gurion y Ben-Zvi en 1918. Ambos lderes sionistas se dieron cuenta de que la cultura palestina est impregnada de huellas bblicas, tanto desde el punto de vista lingstico como geogrfico (nombres de aldeas, pueblos, ros y montaas). Ben Gurion y Ben-Zvi, al menos en un principio, consideraban a los palestinos nativos como parientes tnicos que permanecan apegados a la tierra y eran hermanos potenciales. Tambin consideraban el islam como una amistosa religin democrtica. Claramente, despus de 1936, tanto Ben Gurion como Ben-Zvi diluyeron su entusiasmo multicultural. En lo que respecta a Ben Gurion, la limpieza tnica de los palestinos le pareci mucho ms atractiva.

Vale la pena plantear la pregunta: si los palestinos son los autnticos judos, quines son esos que insisten en llamarse a s mismos judos?

La respuesta de Sand es bastante simple, pero est cargada de sentido. El pueblo no se disemin, fue la religin juda la que se disemin. El judasmo era una religin de conversos. Contrariamente al sentir popular, el judasmo inicial adoraba convertir a los dems. [13].

Es evidente que las religiones monotestas, al ser menos tolerantes que las politestas, tienen un mpetu de expansin. El expansionismo judaico en sus primeros das no slo era similar al cristianismo, sino que fue el expansionismo judaico quin plant las semillas de la diseminacin en el pensamiento y en la prctica cristianos iniciales.Los hasmoneos, dice Sand [14], fueron los primeros en contribuir con un gran nmero de conversos a la masa juda, y ello bajo la influencia del helenismo. Fue esta tradicin de las conversiones lo que prepar el terreno para la posterior diseminacin de la cristiandad. Tras la victoria de la cristiandad en el siglo IV, la tendencia a la conversin al judasmo se detuvo en el mundo cristiano y hubo un descenso importante en el nmero de judos. Es probable que muchos de los judos del entorno mediterrneo se convirtieran en cristianos. Pero entonces el judasmo empez a permear otras regiones paganas, tales como el Yemen y frica del Norte. Si el judasmo no hubiera continuado su avance en aquel momento convirtiendo pueblos del mundo pagano, habra seguido siendo una religin completamente marginal, caso de haber sobrevivido.

Los judos de Espaa, que creemos relacionados mediante lazos de sangre con los israelitas iniciales, parecen ser bereberes convertidos. Me pregunt a m mismo, dice Sand, como fue que aparecieron en Espaa unas comunidades judas tan numerosas. Entonces vi que Tariq ibn Ziyad, el comandante supremo de los musulmanes que conquistaron Espaa, era berebere, y que la mayor parte de sus soldados eran bereberes. El reino berebere judo de Dahlia al-Kahima haba sido derrotado slo 15 aos antes. Y la verdad es que un cierto nmero de fuentes cristianas dicen que muchos de los conquistadores de Espaa eran conversos judos. La fuente ms profunda fe la gran comunidad juda de Espaa eran aquellos soldados bereberes que se convirtieron al judasmo.

Como era de esperar, Sand aprueba la ampliamente aceptada asuncin de que los kazarios judaizados constituyeron los principales orgenes de las comunidades judas de la Europa del Este, que l denomina la Nacin Yiddish. Cuando se le pregunt cmo fue que llegaron a hablar el yiddish, que est considerado como un dialecto medieval alemn, respondi: Los judos eran un pueblo que dependa de la burguesa alemana en el Este, as que adoptaron palabras alemanas.

En su libro, Sand ofrece una enumeracin detallada de la saga kazaria en la historia juda. Explica qu fue lo que condujo al reino kazario hacia la conversin. Teniendo en cuenta que el nacionalismo judo est liderado en su mayor parte por una elite kazaria, puede que debamos expandir nuestro conocimiento ntimo de este grupo poltico tan nico e influyente. La traduccin de la obra de Sand a otras lenguas es una necesidad inmediata (la traduccin francesa est a punto de aparecer, tal como se dice en Are the Jews an invented people?, de Eric Rouleau .

 

Qu viene a continuacin?

El profesor Sand nos deja con la inevitable conclusin: los judos contemporneos no tienen un origen comn y su origen semita es un mito. Los judos no se originan en Palestina de ningn modo y, por lo tanto, su denominado retorno a su tierra prometida debe considerarse como una invasin ejecutada por un clan ideolgico tribal.

Sin embargo, a pesar de que los judos no constituyen una raza, por alguna razn parecen tener una orientacin racial. Es de sealar que muchos judos todava consideran el matrimonio mixto como la mayor amenaza. Adems, a pesar de la modernizacin y la laicidad, la mayora de quienes se identifican como judos laicos siguen sucumbiendo al ritual de la sangre, la circuncisin, un procedimiento religioso nico en el que un Mohel, el ejecutante, chupa la sangre del circuncidado.

En lo que respecta a Sand, Israel debe convertirse en un Estado de sus ciudadanos. Al igual que Sand, yo tambin comparto la misma visin utpica futurista. Sin embargo, contrariamente a Sand, considero que el Estado judo y los grupos de presin que lo apoyan han de ser ideolgicamente derrotados. La hermandad y la reconciliacin son ajenos a la visin del mundo tribal de los judos y no caben en el concepto de resurgimiento nacional judo. Por muy terrible que suene, antes de que los israeles puedan adoptar una nocin moderna y universal de la vida civil ser necesario un proceso de desjudeizacin.

No cabe duda de que Sand es un extraordinario intelectual, probablemente el pensador izquierdista israel ms avanzado. Representa la forma ms elevada de pensamiento que un israel laico puede alcanzar antes de retroceder o de incluso desertar al lado palestino (lo cual es algo que ha sucedido con unos pocos, yo incluido). Ofri Ilani, el entrevistador del Haaretz, dijo de Sand que contrariamente a otros nuevos historiadores que han tratado de socavar las asunciones de la historiografa sionista, Sand no se contenta con retroceder a 1948 o a los principios del sionismo, sino que retrocede miles de aos. Es as, contrariamente a los nuevos historiadores, que desvelan una verdad que cualquier nio palestino conoce, es decir, la verdad de que estn siendo objeto de una limpieza tnica, Sand erige un corpus de obra y pensamiento que busca la comprensin del significado del nacionalismo judo y de la identidad juda. sa es la esencia verdadera de la erudicin. Ms que reunir fragmentos histricos espordicos, Sand busca el significado de la historia. Ms que un nuevo historiador que busca un nuevo fragmento, es un autntico historiador motivado por una tarea humanista. Contrariamente a algunos de los historiadores judos que contribuyen al denominado discurso de izquierda, la credibilidad y el xito de Sand se basan en sus argumentos ms que en sus antecedentes familiares. Evita adornar sus argumentos con sus parientes que sobrevivieron al holocausto. Al leer los feroces argumentos de Sand uno debe admitir que el sionismo, con todos sus defectos, ha logrado erigir en el interior de s mismo un discurso orgulloso y autnomo que es mucho ms elocuente y brutal que la totalidad del movimiento antisionista en el mundo entero.

Si Sand tiene razn, y estoy convencido de que la tiene, los judos no son una raza sino un colectivo de mucha gente ampliamente secuestrada por un movimiento nacional fantasmtico tardo. Si los judos no son una raza, no forman un grupo racial y no tienen nada que ver con el semitismo, el antisemitismo es, categricamente, un significante vaco. Claramente se refiere a un insignificante que no existe. En otras palabras, nuestra crtica del nacionalismo judo, de los grupos de presin judos y del poder judo slo pueden concebirse como una crtica legtima de ideologa y de prctica.

Lo repito de nuevo, no estamos y nunca lo estuvimos contra los judos (el pueblo) ni tampoco contra el judasmo (la religin); estamos contra una filosofa colectiva de claros intereses globales. Algunos pueden preferir llamarla sionismo, pero yo prefiero no hacerlo. El sionismo es un significante demasiado estrecho para comprender la complejidad del nacionalismo judo, su brutalidad, su ideologa y su prctica. El nacionalismo judo es un espritu y los espritus no tienen fronteras bien delimitadas. De hecho, ninguno de nosotros sabe exactamente dnde termina la judeidad y dnde empieza el sionismo, de la misma manera que no sabemos dnde terminan los intereses israeles y donde empiezan los intereses de los neocons.

En lo que respecta a la causa Palestina, el mensaje es devastador. Nuestros hermanos y hermanas palestinos estn en la vanguardia de una lucha contra una filosofa devastadora. Pero est claro que no son slo los israeles, a quienes se enfrentan con valiente pragmatismo, quienes inician conflictos globales de escala gigantesca. Se trata de una prctica tribal que busca la influencia en los pasillos del poder y del superpoder. El American Jewish Committee busca una guerra contra Irn. Slo para situarse en el lado seguro, David Abrahams, un amigo laborista de Israel, dona dinero por delegacin al Partido Laborista. Ms o menos al mismo tiempo, 2 millones de iraques mueren en una guerra ilegal diseada por alguien llamado Wolfowitz. Mientras que todo esto ocurre, millones de palestinos pasan hambre en campos de concentracin y Gaza est al borde de una crisis humanitaria. Mientras esto ocurre, judos antisionistas y judos de izquierda (Chomsky incluido) insisten en neutralizar las crticas contra el AIPAC, el grupo de presin judo y el poder judo de Mearcheimer y Walt [15].

Es slo Israel? Es realmente sionismo? O debemos admitir que es algo mucho mayor de lo que podemos contemplar dentro de las fronteras intelectuales que nos imponemos a nosotros mismos? Tal como estn las cosas, carecemos del coraje intelectual para enfrentarnos al proyecto nacional judo y a sus muchos mensajeros en todo el mundo. Sin embargo, como todo es cuestin de invertir conciencias, las cosas van a cambiar pronto. De hecho, este texto ha sido escrito para probar que ya estn cambiando.

Defender a los palestinos es salvar el mundo, pero para hacerlo hemos de tener suficiente coraje como para admitir que no se trata meramente de una batalla poltica. No es slo Israel, su ejrcito o su dirigencia; no son tampoco Dershowitz, Foxman y sus ligas silenciadoras. Se trata de una guerra contra un espritu canceroso que ha secuestrado a Occidente y, al menos de momento, lo ha desviado de su inclinacin humanista y de sus aspiraciones atenienses. Luchar contra un espritu es mucho ms difcil que luchar contra gente, precisamente porque quizs sea necesario luchar primero contra sus huellas dentro de uno mismo. Si queremos luchar contra Jerusaln primero tendremos que confrontar a la Jerusaln que llevamos dentro. Puede que tengamos que situarnos frente al espejo y mirar alrededor. Puede que tengamos que buscar rastros de empata en nuestro interior, si es que todava nos queda alguno.

 

Notas

[1] When And How The Jewish People Was Invented?, Shlomo Sand, Resling 2008, p. 11.

[2] http://www.haaretz.com/hasen/spages/966952.html

[3] When And How The Jewish People Was Invented?, Shlomo Sand, Resling 2008, p. 31.

[4] Ibid, p. 31.

[5] Ibid, p. 42.

[6] Ibid.

[7] Ibid, p. 62.

[8] Ibid.

[9] http://www.haaretz.com/hasen/spages/966952.html

[10] When And How The Jewish People Was Invented?, Shlomo Sand, Resling 2008, p. 117.

[11] http://www.haaretz.com/hasen/spages/966952.html

[12] Ibid.

[13] Ibid.

[14] Ibid.

[15] http://www.lrb.co.uk/v28/n06/mear01_.html


Fuente:

http://palestinethinktank.com/2008/09/02/gilad-atzmon-the-wandering-who/

El ex judo Gilad Atzmon es msico, escritor y activista propalestino.

Manuel Talens es miembro de Cubadebate, Rebelin y Tlaxcala


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