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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-09-2008

La izquierda ante la crisis econmica

Pedro Montes
Nuestra Bandera


1. La crisis

El contexto econmico en los prximos aos ser radicalmente distinto al que hemos conocido desde hace ms de dos lustros, durante los cuales ha tenido lugar un periodo de bonanza caracterizado principalmente por un crecimiento sostenido del PIB y un intenso crecimiento del empleo, aunque de baja calidad. Est fuera de toda duda que la economa espaola se est adentrando en una fase muy complicada, sobre la que las nicas incgnitas abiertas son la intensidad de la crisis y la duracin que pueda tener, sta dependiendo de aquella.

Los pronsticos oscilan entre grandes mrgenes, apuntando desde una grave crisis inevitablemente prolongada a una moderada depresin que en dos aos podra superarse. Se debe evitar entrar en el juego de los diagnsticos, pero dejando sentado que los augurios ms sombros pueden cumplirse y que no parece que las dificultades que recorren a la economa espaola pueda solventarse en poco tiempo.

En efecto, hay que considerar que el capitalismo espaol est atravesado por tres crisis de distinto origen, cuya combinacin da muchas variantes, ninguna tranquilizadora.

1.a. La crisis del euro

Tenemos en primer lugar lo que se puede llamar la crisis del euro. Es la que menos ruido produce, a la que menos atencin se le presta, y es, en cambio, la ms inquietante pues su solucin slo podr venir de importantes decisiones que modifiquen el estado actual de la insercin del capitalismo espaol en el mbito de la Unin Europea. Han transcurrido slo nueve aos de la implantacin del euro y los datos de la balanza de pagos ponen de manifiesto que la economa espaola no ha podido digerir la liberalizacin, por un lado, y la rigidez, por otro, que imponen el mercado y la moneda nicos.

Desde un prctico equilibrio de la balanza por cuenta corriente en 1998, en el 2007 se ha registrado un dficit que supera el 10% del PIB. En cifras absolutas es el segundo mayor dficit del mundo, despus del de Estado Unidos. Se ha alcanzado con un crecimiento relativamente ms intenso que el de otras economas de la Unin Europea, pero tambin despus de una evolucin econmica propicia para mantener la competitividad en el marco operativo en extremo exigente que emana de Maastricht, como lo revelan el retroceso de poder adquisitivo de los salarios, la prdida en la participacin de estos en la renta nacional, la precariedad extrema del empleo, la degradacin de los servicios pblicos y la poltica fiscal y de subvenciones dirigida a fomentar la rentabilidad de las empresas, todo ello, como se ha dicho, de manera coherente con los anlisis que determinaban que el Estado social se vera amenazado en la Europa de Maastricht.

La existencia del euro, o lo que es equivalente, la inexistencia de una moneda propia que detecte y resienta el desequilibrio exterior, enmascara y oculta los problemas derivados de un dficit tan enorme, pero no por ello desaparecen los problemas reales que implica: a saber, en primer lugar, que la produccin interior no cubre las necesidades de la demanda: sta se cubre con importaciones crecientes por no ser las mercancas espaolas suficientemente competitivas, con el resultado que el crecimiento del PIB y el empleo del pas es menor que el impulsado por la demanda. En segundo lugar, que la economa, a consecuencia del dficit, se ha endeudado a un ritmo vertiginoso. Baste decir que el endeudamiento exterior de la economa espaola en 1998, esto es la diferencia entre los pasivos y los activos exteriores era de 28,8% del PIB y que en el 2007 ese porcentaje se elev al 70%. En particular los pasivos exteriores que representaban el 100% del PIB al entrar en el euro se elevaron al 205 % en 2007, en unas condiciones, debe recordarse por la inestabilidad potencial que entraan, de movilidad plena de los capitales.

La solucin a este grave problema difcilmente podr venir de un frenazo abrupto de la economa, de un ajuste econmico brutal que tendra consecuencias sociales desoladoras, por las races del mismo, que no son otras que el retraso tecnolgico y de dotacin de capital y la perdida continua de competitividad, combinadas con la falta de instrumentos para compensarlos. Al valorar la situacin objetiva de la economa espaola en estos momentos de inquietud general por el futuro de la economa mundial, se est pasando por alto esta falla tan peligrosa, si bien no resulta ya raro leer en la prensa internacional especializada que la permanencia de Espaa en el euro no esta garantizada.

1.b. La crisis subprime

El segundo elemento de la crisis para nuestro pas proviene justamente de la inestabilidad que caracteriza a la economa internacional despus del estallido de lo que se conoce como la crisis de las hipotecas subprime en Estado Unidos, hipotecas de alto riesgo de falta de cobro. Aqu de nuevo los pronsticos oscilan entre el derrotismo total la mencin a la gran crisis del ao 29 es frecuente- y unas opiniones muy preocupadas por la situacin, como lo demuestran las continuas rebajas del tipo de inters efectuadas por la Reserva Federal. Los peligros de una catstrofe financiera internacional no pueden descartarse y las soluciones posibles pasan por que las autoridades monetarias inyecten masivas cantidades de liquidez para taponar los agujeros que vayan surgiendo, para reponer los naipes que se caen del castillo, para amortiguar los efectos del proceso de desvaloriazacin de los balances que est en marcha, pero al precio de fomentar la inestabilidad global y de agravar las futuras crisis financieras.

Es una poltica que ya se ha seguido sistemticamente en el pasado para apagar anteriores crisis, con las consecuencias que ahora se estn padeciendo. El agravamiento de la situacin actual, de la cual hay que decir que no se tiene un conocimiento y una valoracin precisas, por los enigmas que encierra el manto financiero que envuelve la economa mundial y los intereses en juego (nadie reconoce su delicada situacin financiera para evitar precipitar la bancarrota), no dejara de tener efectos perniciosos sobre la economa espaola, visto su gran endeudamiento, su precaria posicin exterior y la dependencia tan acusada que tiene de la financiacin externa. En todo caso, la inestabilidad financiera en Estados Unidos, ya propagada a otras zonas del planeta, ha tenido efectos sobre la economa real: se habla de recesin en aquel pas y se han revisado a la baja todas las previsiones de crecimiento de la Unin Europea y otras partes del mundo. Este empeoramiento influye, como no, en las expectativas de la economa espaola, que ha obligado al gobierno a reducir las previsiones de crecimiento para el ao en curso y los siguientes. Sin duda, las incertidumbres que dominan la economa mundial representan un clima poco propicio para la economa espaola, sometida a su vez a problemas propios y singulares.

1.c. El modelo agotado

As, los cambios que estn teniendo lugar en los ltimos tiempos, con revisiones a la baja del crecimiento, aumento preocupante del paro y problemas en muchas empresas se relacionan con lo que se ha venido en describir como el agotamiento del modelo de crecimiento anterior, y que es el tercer elemento a considerar en la crisis de la economa espaola. La exagerada actividad del sector de la construccin, en particular del sector de la vivienda, ha llegado a su fin, y con ella la fase de bonanza. La construccin de viviendas ha tenido como teln de fondo una especulacin salvaje, ha propiciado una gran extorsin a una gran cantidad de jvenes necesitados de vivienda, ha llevado al endeudamiento de muchos hogares a unas cotas inslitas, ha dado lugar a un crecimiento de la actividad crediticia hipotecaria enfebrecido y ha absorbido una cantidad ingente de recursos destinados a cubrir todas las costas con muros de hormign y a levantar fantasmales urbanizaciones en el entorno de las ciudades.

La cada irremediable del sector de la construccin arrastrar a otras muchas actividades econmicas y como se ha generado un desajuste muy grande entre la oferta y la demanda de un bien no perecedero como es la vivienda, la paralizacin del sector ser larga, nada del ao o dos aos que se suele decir piadosamente para tranquilizar a los ciudadanos. Por otra parte, no es necesario resaltar que eso del cambio de modelo de crecimiento que se pretende difundir como alternativa y solucin a los problemas surgidos no es un trueque de estampitas, algo que pueda decidirse burocrticamente en los despachos y hacerse de la noche a la maana, sino algo muy complejo que, de intentarse en serio, llevara mucho tiempo, muchos recursos y ms coherencia y planificacin que las que el sistema puede proporcionar.

Por otra parte, han surgido, con caractersticas propias pero de la misma naturaleza que los riesgos subprime, problemas financieros relacionados con los crditos hipotecarios y la financiacin a las inmobiliarias, sobre cuyo crecimiento ha descansado la actividad y la especulacin de los ltimos tiempos. Estos problemas empiezan a tener repercusin en la salud del conjunto del sistema bancario y la financiacin de otras actividades, que no siempre son solucionables por la va de inundar de liquidez el sistema, pues existen problemas adicionales de solvencia, fiabilidad y riesgos de impagos. El endeudamiento ha crecido a ritmos sin parangn con la actividad real de la economa, y en particular el de las familias con su hipotecada situacin pesa ahora sobremanera cuando sera necesario contar con la demanda estable del consumo. De qu manera estos problemas colaterales influirn en la evolucin econmica de los prximos aos es nuevamente una incgnita. No obstante, han aparecido algunos informes de todo tipo de instituciones que pronostican un perodo complejo y lleno de dificultades para la economa en los prximos aos, lo cual, sin que tenga que llegar cumplirse en su peor versin, da idea de la incertidumbre existente y de la gravedad que puede tener la crisis autnoma de la economa espaola. No hay que entrar en otros muchos aspectos negativos de la evolucin actual de la economa efectos de la crisis energtica con su impacto en el precio del petrleo del que nuestro pas es particularmente dependiente, lo que se refleja en la balanza comercial, inflacin creciente y divergente con la de la media de la zona euro con un larvado efecto negativo sobre la competitividad, precariedad aguda del mercado laboral, volatilidad del supervit presupuestario logrado en aos pasados, muy ligado al tema de al vivienda, demandas y tensiones fiscales entre Comunidades- para comprender que los aos prximos sern realmente muy complicados y potencialmente muy graves.

2. Tareas de la izquierda

El traducir el anlisis econmico anterior en tareas polticas ha de ser la preocupacin de la izquierda anticapitalista, y de inmediato surgen dos objetivos esenciales. El primero debera ser el captulo de la propaganda, la denuncia, la informacin, ...., para intervenir en el combate ideolgico y elevar la conciencia social. El segundo, por supuesto, prepararse para luchar e impedir en la medida de lo posible que los efectos de la crisis se descarguen sobre los trabajadores y las capas sociales ms dbiles y de favorecidas.

2.a. Denuncia del sistema

En las nuevas circunstancias hay que denunciar al disparatado sistema capitalista capaz de arrastrar a las sociedades al desastre y de llevar a los individuos a la desesperacin cuando las posibilidades materiales para garantizar un alto y razonable grado de bienestar social estn dadas. Contra la idea de que el capitalismo es el nico sistema posible hay que desvalorizarlo por las recurrentes crisis a que somete a las sociedades, aparte de las crticas que desde otros puntos de vista siempre se han hecho ideolgicamente desde la izquierda.

Particular insistencia hay que poner en la crtica y el rechazo del neoliberalismo como concrecin actual de modo de produccin capitalista, pues muchos de los aspectos ms negativos que la situacin encierra en estos momentos son derivados de las concepciones neoliberales. La libertad absoluta de los movimientos de capital, la hipertrofia financiera que ha tenido lugar, la compleja ingeniera financiera sin limites a la imaginacin que se ha desarrollado, los intentos a travs de la especulacin de apropiarse del excedente social a escala mundial son causas de la inestabilidad existente y los peligros del hundimiento catastrfico del sistema financiero internacional.

En esta lnea de denuncia del neoliberalismo, hay que estar atentos, porque mientras a los empresarios y especuladores les iban los vientos a favor no ha dejado de reclamarse que el Estado deba sacar sus manos fuera de la economa y resaltarse las virtudes del mercado. Ahora, con los vientos en contra, han empezado surgir demandas continuas de que sea el Estado el que asuma muchos de los desafueros que se han cometido. Los bancos centrales, por ejemplo, estn aceptando activos privados de mas que dudosa solvencia. En nuestro pas tambin se empiezan a reclamar ayudas por parte de la banca y de las constructoras e inmobiliarias, precisamente los sectores que ms se han aprovechado de los desmanes ocurridos el pasado reciente. Lo de la apropiacin privada de los beneficios antes y la socializacin de las prdidas ahora est a la orden del da y no se debe de consentir.

Ha llegado tambin la hora de pedir cuentas a los gobiernos anteriores, es decir, tanto al Partido Popular como PSOE, del fanatismo europesta con que impregnaron su poltica econmica y social. En apenas 15 aos, la retrasada economa espaola tuvo que asimilar la incorporacin al mercado comn en 1986, el desarrollo del Acta nica para implantar el Mercado nico y fue uno de los pases que con mas ahnco defendi el Tratado de Maastricht y la creacin del euro, cuando poda preverse que sera uno de los pases que ms dificultades tendran para soportar el marco neoliberal extremo del mercado y la moneda nicos. El Tratado de Lisboa, despus del rechazo de Francia y Holanda a la Constitucin europea, tiene como objetivo esencial otra vez garantizar y darle carcter constitucional a ese marco. La oposicin radical de la izquierda al Tratado de Lisboa ha de combinar todos los elementos de rechazo que suscit la Constitucin europea con la crisis a que Maastricht ha provocado en la economa espaola.

Por ltimo, es necesario tambin denunciar la incompetencia y la ceguera con la que han actuado los ltimos gobiernos al permitir un desarrollo econmico tan insostenible y tan de cortas miras como el que ha tenido lugar en los ltimos aos. Se dice como un lugar comn, como si no existiera responsable alguno, que el modelo de crecimiento est agotado, cuando en ningn momento debi permitirse y alentarse, por el PP y el PSOE nuevamente, una evolucin tan desequilibrada, anrquica y perturbadora como la que ha tenido lugar, para una economa adems anclada en un mundo tan competitivo como el que representa la Europa de Maastricht.

2.b. La resistencia

Sobre el segundo objetivo de evitar las consecuencias de la crisis hay que partir de las dificultades objetivas que presenta. Como ya adelantan todas las estadsticas del empleo y de paro, el crecimiento de este es imposible de detener en los prximos tiempos. La crisis, la precariedad del empleo y la inmigracin dan una combinacin explosiva, que no hay forma de impedir y cuya concrecin, aunque difcil de predecir, siempre ser inquietante. Los inmigrantes pueden ser las vctimas ms directas y menos protegidas, existiendo el peligro, como apuntan los acuerdos que se negocian a escala europea, de que se desate una caza del ilegal, una regresin de las leyes y una ola xenfoba en la sociedad, que por todos los medios hay combatir. No deben hacerse concesiones en este terreno por ms que la lgica, considerado aisladamente el problema, de pbulo al hostigamiento y la represin de los desvalidos inmigrantes.

Como es normal en todo perodo de crisis, el Estado del bienestar estar en el ojo del huracn de la ofensiva que la derecha, la patronal y el social liberalismo desatarn como remedio y para amortiguar las presiones sobre las cuentas del Estado. A los recortes fciles de los servicios pblicos, pues basta no atenderlos en las debidas proporciones presupuestarias para que se degraden, pueden aadirse intentos de recortes en las prestaciones sociales, desde la cobertura del desempleo, en momentos de crecimiento intenso del mismo, hasta una nueva ofensiva contra las pensiones, un objeto del deseo permanente que justificaran contundentemente con estudios en apariencia irrebatibles. A este respecto, ya se han dado algunos avisos sobre la insostenibilidad del sistema pblico de pensiones a medio y largo plazo, acotando y separando la Seguridad Social del resto del Sector Pblico.

Desde el punto de vista de la izquierda, no debe permitirse hablar de la crisis de la Seguridad Social, porque la crisis de la Seguridad Social es equivalente a la crisis financiera del Estado: no caben compartimentos y que sean los gastos sociales los que resultan deficitarios e insostenibles. La resistencia contra todos los recortes sociales debe ser una sea de identidad de la poltica de izquierdas en el perodo que se abre: cabe recordar continuamente la debilidad del Estado del bienestar en nuestro pas en comparacin con la media de la Unin Europea - los gastos en prestaciones sociales en trminos del PIB estn ms de siete puntos por debajo-, pese a lo cual, la favorable evolucin de las cuentas pblicas de los ltimos aos se ha utilizado antes que nada para emprender reformas fiscales de marcado carcter regresivo.

El ritmo de la crisis habr de determinar las denuncias, movilizaciones y consignas en cada momento, si bien hay que ser consciente que el deterioro de la situacin econmica y social puede obligar muy rpidamente a endurecer el discurso y los objetivos, sin que deban existir limites a la hora de reclamar soluciones: la nacionalizacin de empresas y sectores bajo control de los trabajadores no es una consigna impensable si la crisis toma derroteros muy destructivos.

Y como no puede ser de otro modo, la poltica de alianzas tiene que ser coherente con los objetivos que se han trazado. Lamentablemente no cabe depositar mucha confianza en las direcciones de los sindicatos mayoritarios CCOO y UGT. Han dado pruebas rotundas de estar al quite de los problemas de los gobiernos y las necesidades del orden neoliberal. Creen en el sistema y consecuentemente lo apoyan y lo defienden de perturbaciones. Slo en caso de un agravamiento muy serio de la situacin, cuando no darse por enterados de los estragos de la crisis les provocara una prdida de autoridad y legitimidad, slo entonces cabria esperar un cambio de actitud. Hasta ahora se han limitado a expresarse con relativa dureza sobre los intentos de descargar la crisis sobre los trabajadores, pero los hechos no hacen fiables las palabras y, en todo caso, hasta ahora slo han empezado a notarse los efectos de la crisis sobre el empleo.

Inevitablemente la resistencia habr de contar con los sectores crticos sindicales, los sindicatos minoritarios ms combativos, exigir prestar apoyo a las luchas que surjan de conflictos en empresas y sectores productivos y, en fin, apoyar e integrarse en los movimientos sociales que traten de impedir la degradacin de los servicios pblicos, con la sanidad y educacin a la cabeza.

Hay que lamentar que los tiempos que se avecinan sean de crisis, pues los perjudicados, al extremo de complicrseles la existencia y faltarles los medios para sobrevivir, sern los trabajadores y las capas sociales ms dbiles. No est escrito que en esas circunstancias pueda darse un avance poltico significativo en la lucha por otro mundo, pues muchas veces ha resultado que los crecientes malestar social e inseguridad econmica retraen a las vctimas, introducen el miedo en la poblacin, e incluso abren las puertas para el avance del fascismo, sin embargo, est en las obligaciones ms ineludibles de la izquierda antisistema intentar que ello no suceda, combinando las luchas de resistencia con el combate ideolgico contra el capitalismo y la defensa, por decirlo sin tapujos, del socialismo.

Mayo de 2008



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