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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-11-2004

Elecciones presidenciales: una interpretacin de los resultados

Miquel Garcia
Corriente(a)lterna


George Bush ha sido reelegido Presidente de los EEUU tras unas elecciones atpicas que sin embargo nos proporcionan una muy interesante foto fija de la actual sociedad norteamericana. Se trata en resumidas cuentas de una sociedad muy polarizada- entre el apoyo entusiasta o el rechazo contundente -por lo que respecta a su percepcin de la poltica desarrollada en los ltimos tiempos desde la Casa Blanca y en particular de la poltica exterior y de la lucha antiterrorista.

Rechazo y aceptacin de la poltica de Bush

El porcentaje de participacin electoral ha sido el ms alto desde 1968 y cercano al 60%, despus de un esfuerzo intenso por parte de lo partidos republicano y demcrata por llevar a sus apoyos potenciales a las urnas. En esta situacin, que no permite hablar de deformacin del sentir general a causa de una abstencin muy elevada, el 51% de la gente votante se ha manifestado a favor de la opcin conservadora. Dicho porcentaje se ha nutrido fundamentalmente de la poblacin de las zonas rurales, mientras que el 48% de votantes demcratas mayoritariamente radica en las grandes ciudades. Se pueden hacer pues dos constataciones, la primera de ellas es que la poltica de Bush tiene un amplio apoyo social en la norteamrica profunda, es decir en la totalidad geogrfica de los EEUU, con exclusin de la costa oeste y de la zona nordeste del pas. La segunda, que se debe matizar, es que dicha poltica es rechazada por la norteamrica urbana, industrial y culta, que en nmero resulta ser prcticamente igual a la conservadora.

Los matices a introducir respecto de la segunda constacin guardan relacin con el tipo de programa, campaa y mensajes lanzados por Kerry. El candidato demcrata no se ha querido diferenciar en casi nada de Bush en materia de poltica exterior y de lucha antiterrorista, de forma que sobre el papel, los votantes republicanos y demcratas estaran validando en dicho caso lo mismo. Sin embargo las campaas de apoyo a Kerry desde los movimientos sociales y antiguerra o desde el activismo individual, como el del director de cine Michael Moore, se han hecho partiendo del supuesto que dicho candidato iba a desarrollar una poltica distinta de la actual. Es indudable que la discrepancia entre los mensajes de Kerry y la voluntad de una parte de sus votantes implica un oscurecimiento del significado real del voto Kerry (cosa que no ocurre con el voto Bush). Formulndolo como interrogante: Hasta qu punto el voto a Kerry ha sido un voto contra la poltica exterior y de guerra de Bush?

Ha existido por lo tanto una victoria electoral de Bush basada en una mayora porcentual de votos muy ajustada (aunque en trminos absolutos sea de ms de tres millones y medio de votos). A partir de este hecho es fcil ver que hablar de que su poltica ha sido legitimada resulta del todo abusivo. Lo correcto es decir que la poltica de Bush ha sido legitimada por la mitad de la poblacin votante y ha sido rechazada -con los matices que se planteaban en el prrafo anterior- por la mitad restante. Este es un hecho importante y que no conviene perder de vista en ningn momento para no caer en visiones desesperanzadas respecto de la evolucin futura de los EEUU o de magnificacin del poder real y de las bases de apoyo de sus gobiernos.

El sistema electoral y el mismo diseo del aparato de estado de EEUU permiten al Presidente Bush ejercer un poder casi absoluto en materia de poltica exterior y de defensa, pero lo anterior no se corresponde con ningn tipo de hegemona ideologica y poltica paralela de los ultraconservadores sobre el conjunto de la sociedad norteamericana. sta se encuentra en estos momentos fuertemente fraccionada, situacin que llevar con toda probabilidad a mltiples tensiones y enfrentamientos con las polticas gubernamentales en los tiempos inmediatamente venideros.

Cambiar la poltica imperial?

El apoyo explcito proporcionado por la mitad de los votantes supone de todas formas un refuerzo para Bush. Por contra, la derrota de Kerry puede desmoralizar y frenar, por lo menos en un primer momento, al movimiento norteamericano contra la guerra (posiblemente tambin al movimiento mundial) y a los sectores sociales opuestos al ultraconservadurismo, que haban depositado esperanzas en su victoria. Los resultados electorales favorecen pues, sobre el papel, la continuidad y consolidacin de la poltica exterior que el gobierno Bush ha venido desarrollando.

Sin embargo no es el factor electoral el nico que debe ser considerado. La situacin en Iraq se les ha puesto muy cuesta para arriba a los ultraconservadores norteamericanos. Cada vez resulta ms evidente que el pas no puede ser estabilizado a corto plazo y que para intentar hacerlo se requiere de medios militares y materiales que el gobierno y las empresas norteamericanas no estn dispuestos a aportar de su propio bolsillo. Se necesita pues del auxilio de los tradicionales aliados europeos, a los que se ningune anteriormente. Esto puede suponer un cierto cambio en la forma de gestionar la evolucin del conflicto y el reparto de los beneficios derivados de la reconstruccin y del control sobre el petrleo, para pasar a ser todo ello negociado con las potencias europeas y en particular con Alemania y Francia. Las mismas dificultades habidas para encauzar el conflicto iraqu pueden frenar por un tiempo el camino hacia otros objetivos neocoloniales ya manifestados, como Irn, por ejemplo.

Pero el mantenimiento de la voluntad de dominacin neocolonial sobre Iraq y sobre el Oriente Medio en su conjunto, amparado bajo la cobertura de la lucha contra el terrorismo internacional, hay que darlo por cosa hecha. Tal eje de la poltica norteamericana (y neoliberal mundial) requiere para ser alterado de la persistencia de la resistencia en los pases ocupados (Iraq y Afganistn) y tambin de la reactivacin de un movimiento norteamericano y mundial contra la ocupacin que recupere el mpetu que en su momento tuvo el movimiento de oposicin a la guerra.


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