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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-11-2004

La inquietante victoria de Bush

Editorial de Nou Treball


Concluidas las elecciones norteamericanas con la victoria de George W. Bush, y aceptada la derrota por el propio John F. Kerry, la opinin pblica mundial no puede ms que lamentar el resultado, no tanto porque el candidato del Partido Demcrata representase una posibilidad real de que Washington diera por finalizada su agresiva poltica exterior, esperanza que muy pocos albergaban, sino porque la victoria de Bush supone el aval de la poblacin estadounidense a un gobierno que haba decidido desde hace tiempo prescindir, en lo posible, de las instancias y acuerdos internacionales e impulsar un rudo imperialismo cuyas consecuencias ms temibles est comprobando cada da la inerme poblacin iraqu.

Kerry obedeca, y representaba, a similares ncleos de poder a los que responde Bush: los crculos histricos del poder econmico norteamericano (las llamadas doscientas familias) y los nuevos tiburones y dirigentes de las transnacionales coaligados con la industria de guerra. Sin ignorar que muchos sectores progresistas haban visto en la victoria de Kerry la oportunidad de infligir una derrota al ms descarnado programa imperialista desarrollado por Washington en las dos ltimas dcadas, y de golpear a los ncleos de la extrema derecha que controlan hoy muchos de los resortes de la Casa Blanca, del Pentgono y del Departamento de Estado, por no hablar de las instituciones de pensamiento y de propaganda, desde fundaciones a cadenas de televisin, no por ello hay que olvidar que, aunque Kerry representase una cara ms amable del intervencionismo militar y poltico norteamericano, hubiera seguido impulsando esa nueva poltica imperial de Washington que brind la oportunidad nica de la desaparicin de la URSS. Recurdese que Clinton, otro demcrata amable como Kerry, llev la guerra a la propia Europa por el expediente de explotar una crisis poltica en Yugoslavia, guerra que habra podido evitarse en gran medida, y no dud en aprobar una genocida poltica de bloqueo contra el pueblo iraqu. Gore Vidal ha calificado como el partido del dinero, con sus dos alas, republicana y demcrata, al entramado que gobierna Estados Unidos: instalado en el corazn del poder econmico, ese partido del dinero crea candidatos que, aunque obedezcan a inercias histricas de sus propios aparatos polticos partidarios, tienen una identidad comn y unas hipotecas que ninguno de ellos puede ignorar.

Ahora, con el inicio del segundo mandato de Bush, Washington pretender continuar la ocupacin de nuevas zonas de influencia en Asia central y Oriente Medio, proseguir el cauto y silencioso cerco a China, limitar la reconstruccin del poder ruso, crear focos de conflicto y crisis artificiales para atenazar a sus aliados-rivales de la Unin Europea, y, en suma, pretender retrasar, tanto como les sea posible, el terrible momento de la prdida de la hegemona econmica, militar y poltica del mundo. Sus centros de pensamiento elaboraron un programa para el dominio norteamericano en el siglo XXI, pero, en realidad, ese objetivo se concreta en retrasar al mximo la decadencia del poder norteamericano. Porque esa es una de las paradojas del panorama estratgico de nuestros das: si, aparentemente, el poder de Washington es evidente, y, en muchas ocasiones, incontestado; al mismo tiempo, se ha iniciado la decadencia definitiva de las bases objetivas de su poder econmico y poltico. Aunque su accin continuar ensangrentando territorios e incendiando pases.

Con el segundo mandato de Bush, van a continuar figurando entre los objetivos del gobierno de Washington la privatizacin de grandes sectores de la economa mundial, el desmantelamiento de las conquistas sociales en el mundo desarrollado, el desprecio hacia los lmites ecolgicos del desarrollo, y, tambin, la creacin de nuevos regmenes clientes que mantengan destacamentos millonarios de mano de obra cautiva para las grandes transnacionales y aseguren el acceso a las fuentes de energa barata, junto con el chantaje a sus socios-rivales europeos para que contribuyan con soldados y con recursos a la financiacin de sus intervenciones militares en el mundo: hoy Afganistn e Irak, maana, tal vez Irn, Corea, o Cuba, entre otros.

Los atentados del 11 de septiembre, junto con la desaparicin anterior de la URSS, hicieron posible una nueva carrera militarista de los Estados Unidos y la emergencia desnuda de un proyecto imperial que amenaza gravemente al mundo. Pero ese programa tropieza con los problemas de una economa que mantiene gravsimos desequilibrios entre su declinante capacidad exportadora y su gigantesco consumo interior, claramente por encima de sus posibilidades. Tropieza tambin con una descomunal deuda interior y exterior que va a encontrar dificultades para su financiacin: no debe olvidarse que Estados Unidos es el pas ms endeudado del planeta. Bush tendr que gobernar con el riesgo constante de recesin econmica y de explosin financiera, y con la prdida paulatina, aunque lenta, de las bases de poder de su economa. Junto a ello, hay que remarcar la evidencia de que Estados Unidos no puede seguir viviendo por encima de sus posibilidades: la debilidad del dlar, el desafo (aunque vacilante) de la Unin Europea, el fortalecimiento de la gran potencia emergente china, el callejn sin salida de la crisis iraqu, y, tambin, la accin de las fuerzas progresistas del planeta, suman una conjuncin que dificultar los propsitos del poder norteamericano.

Para los crculos ms cnicos de esa extrema derecha instalada en Washington, una solucin es la guerra: no est descartado que los ms aventureros miembros del complejo militar-industrial norteamericano no inicien una fuga hacia delante que sumerja al mundo en una catstrofe. Habr que vivir con Bush, pero la izquierda y la opinin progresista mundial se encuentran ante una encrucijada y deben enfrentar el serio desafo de un poder norteamericano que no traer la paz sino duros e inquietantes tiempos.




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