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(el Pueblo quiere la paz)
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-09-2008

Euskal Herria, laboratorio represivo del nuevo capitalismo

Alizia Strtze
Gara

Euskal Herria, por su tradicin de resistencia y lucha, es un escenario propicio para experimentar una involucin general en relacin a derechos y valores considerados durante gran parte de la historia como bases de la democracia. La autora analiza las formas que toma esa estrategia.


Titular del peridico Pblico digital del 5 de setiembre: La ilegalizacin de ANV se retrasa. No hay pues que esperar a la decisin del Tribunal Supremo: los muy progres periodistas de Pblico y de Zapatero saben de antemano cul va a ser la sentencia. Y es que, en esta democracia a la turco-espaola no hay ni que cubrir las formas. En todo lo relacionado con Euskal Herria y, muy especialmente, con la izquierda abertzale, est de ms simular que hay divisin de poderes. Incluso puede resultar contraproducente, en trminos de votos, de imagen y de credibilidad, en el actual momento de derechizacin reaccionaria de amplios sectores de la sociedad espaola. Pero, como ocurri con el ms o menos solapado apoyo de las democracias occidentales al franquismo frente al comunismo, el asunto trasciende las fronteras de un Estado espaol histricamente inestable. Ahora como antes, el intento de aniquilar el enorme caudal vasco combativo, anticapitalista y resistente es campo preferente de ensayo del capitalismo, en su decidida apuesta actual por cambiar las clsicas reglas del juego democrtico burgus que le molestan para su reestructuracin. La democracia espaola, desde su muy deficitario pedigr y su lastre franquista, es uno de los entes europeos ms adecuados para poner (seguir poniendo) en prctica esa democracia totalmente restrictiva y con los derechos universales mermados o anulados que necesita este nuevo orden mundial de crisis y militarizacin.

Casualmente, tras dos programadas y prolongadas campaas mediticas llevadas perversa e intencionadamente en paralelo, relacionadas con la muerte de una nia a manos de un pederasta la primera, y la obligada puesta en libertad de Iaki de Juana la segunda, el Gobierno espaol decide, una vez ms, ensear msculo, y proponer la imposicin de la libertad vigilada hasta 20 aos despus del cumplimiento de la condena para los presos polticos vascos cuyos delitos, por cierto, a decir de Rubalcaba, no debern prescribir jams. La violencia del discurso securitario con el que han ido impregnando la opinin pblica permite que cuele sin ms esta clara violacin de uno de los derechos que la burguesa haba declarado como universales. La aceptacin social de esta perpetuacin ad eternum del castigo ejemplarizante, hace que, a travs de los presos, el Estado espaol (y el capitalismo al que representa) tome nuevamente la represin de la histrica lucha de Euskal Herria por sus derechos como escenario perfecto de experimentacin de la ofensiva general de las lites contra valores largamente considerados como base de la democracia y contra el derecho a la resistencia popular y organizada. Los poderes dejan claro que la autodeterminacin no es un derecho obligado y, por tanto, exigible; sino uno de sus ases en la manga que utilizar en funcin de sus intereses geoestratgicos, como han hecho en Kosovo.

La aplicacin cientfica, principalmente contra los presos vascos, de destructivas estrategias penitenciarias de ltima generacin es otro doloroso ejemplo ms de lo importante que es para este sistema en reaccionaria recomposicin dejar bien patente su disposicin a utilizar la violencia y la coaccin ms extremas contra toda forma de resistencia y contra la dignidad de personas y pueblos. Al igual que el Estado turco, el Estado espaol de Zapatero construye nuevas crceles, como la de Puerto-III, arquitectnicamente diseadas para aislar de modo extremo y provocar la destruccin psicolgica y la muerte lenta de los all confinados, a los que se les niega incluso la luz solar.

Del mismo modo que, tal y como analiz Foucault, a fines del siglo XVIII, una burguesa en ascenso busc perpetuar su dominio e imponer la sociedad disciplinaria a travs de, entre otras cosas, la aplicacin a la arquitectura carcelaria del sistema panptico, que permita ejercer la vigilancia y el poder total sobre el reo, y lo converta en ejemplo viviente de la eficacia del nuevo sistema; de ese mismo modo, la aplicacin contra los presos vascos de un destructor sistema carcelario psicolgica, arquitectnica y tecnolgicamente ultramoderno, la ampliacin arbitraria del castigo, la reclusin a perpetuidad, la crueldad con los enfermos encarcelados, la banalizacin de la tortura, la indecente exhibicin por parte de los cuerpos represivos y judiciales del Estado de su poder para hacer lo que les venga en gana... redundan una y otra vez en lo mismo: en la actual crisis, que lo es de remodelacin del capitalismo, es imprescindible explotar sistemticamente el miedo, el alarmismo y la desorientacin, criminalizar la disidencia al modo fascista y readaptar la ideologa ms reaccionaria a las necesidades de esa nueva mutacin. Y, para avanzar por ese camino, un Estado como el espaol con fuerte crisis de legitimidad democrtica, tiene, como desde hace muchos aos, un excelente campo de pruebas: el de un pueblo vasco en lucha contra el que experimentar esas nuevas prcticas poltico-meditico-represivas que implican enterrar todos los valores con los que la burguesa ha intentado hasta ahora justificar su dictadura real. En ese contexto, los presos son, cmo no, excelentes cobayas de laboratorio.

No es casualidad tampoco que un PNV tan supuestamente apegado a la tradicin, tan comprensivo con las agresivas turbas defensoras de los alardes de siempre, lleve ya dos aos prohibiendo algo desgraciadamente tan clsico como la pacfica manifestacin que, en favor de los presos, se celebra en Donostia, al finalizar las regatas de La Concha, desde hace ya ms de treinta aos. Y es que, agazapado tras campaas de tinte nacionalista (como la de la consulta fantasma de Ibarretxe), el partido jeltzale es quien con ms ahnco est intentando implementar en su comunidad autnoma ese capitalismo del desastre, como lo llama Naomi Klein. Capitalismo que, como hemos venido diciendo, est en plena ofensiva ideolgica, y necesita criminalizar ideas, centrarse en el ms implacable castigo de la resistencia, determinar cules deben ser las lecciones de la historia y cules nuestros mitos y construir un imaginario adecuado para que los trabajadores traguen con este para ellos muy gravoso proceso transitorio del capitalismo. El que Euskal Herria sea la referencia de la lucha de liberacin nacional y social en un Estado espaol y una Unin Europea desmovilizadas, sin conciencia de clase y en plena crisis, convierte al PNV en aliado necesario de un PSOE (y de un PP) que, a pesar de sus campaas de imagen (ampliacin del aborto, Ministerio de Igualdad...), no es sino el encargado de imponer todas las medidas requeridas por el capitalismo en esta fase y, para ello, seguir utilizando a Euskal Herria como laboratorio represivo y ejemplo violento de cmo se castiga la disidencia y pisotean sin pudor los ms mnimos derechos democrticos como herramienta de coaccin de los que luchan, y de intimidacin y/o consentimiento de la mayora desmovilizada y pasiva.

Sin embargo, tienen un problema: Euskal Herria es un viejo pueblo joven que lleva siglos defendiendo sus derechos, que tiene casi 800 presos y que no va parar hasta conseguir el marco adecuado que permita superar el conflicto y le abra el camino hacia la independencia.

Haga lo que haga la Ertzaintza a las rdenes de Balza, la manifestacin de hoy tras las regatas as lo va a volver a demostrar.

Alizia Strtze es historiadora



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