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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-09-2008

Todos somos Evo

Miguel Bonasso
Crtica

Lo que est ocurriendo en Bolivia puede sucederle a cualquier presidente que pretenda hacer valer la soberana nacional.


Los gobiernos sudamericanos, que se reunirn maana en Santiago de Chile, deben dar una contundente respuesta al gobierno agonizante de George W. Bush, por su apoyo solapado, pero probado, a favor de los separatistas de Bolivia, que buscan derrocar al rgimen constitucional y democrtico de Evo Morales.

Aunque las cancilleras de la Argentina, Brasil, Venezuela y otros pases de la regin ya expresaron su apoyo a la democracia, la paz y la integridad de este pas tan castigado y de tanto valor estratgico, es preciso que el conjunto de la Unin de Naciones Suramericanas (Unasur) le haga sentir a Washington que la realidad hemisfrica es muy distinta de la que imperaba cuando la CIA, la ITT y Henry Kissinger propiciaron el pinochetazo contra Salvador Allende, en aquel otro septiembre negro de 1973.

La dureza de la respuesta diplomtica es imprescindible para que los candidatos presidenciales Barack Obama y John McCain sepan que, por encima de diferencias polticas e ideolgicas, la diplomacia norteamericana est ms que desacreditada en nuestra regin, porque el modelo econmico que propician ha convertido a Amrica Latina en la zona ms inequitativa del planeta.

Tanto el duro McCain, como esa incgnita que es Obama, deben saber que por este camino van mal y slo conseguirn alentar el profundo sentimiento antinorteamericano que impera en la mayora de nuestras sociedades.

El ejemplo de la Cumbre de Mar del Plata, en noviembre de 2005, debera resultar aleccionador. All la movilizacin popular del "Stop Bush", aquel famoso Tren del ALBA, donde viajaron codo a codo el entonces candidato Evo Morales y Diego Armando Maradona, generaron el contexto adecuado para que los presidentes del Mercosur rechazaran de plano la intencin de sumergirnos en el ALCA.

Todos somos Evo. Lo que est ocurriendo en Bolivia puede sucederle a cualquier presidente latinoamericano que pretenda hacer valer la soberana nacional. Especialmente si intenta defender sus recursos naturales.

La estabilidad democrtica en Bolivia es esencial para toda Amrica del Sur, pero de manera muy especial para la Argentina y Brasil, que dependen en grado sumo del gas boliviano.

A los presidentes sudamericanos les sobran argumentos para defender a Evo Morales. Sus credenciales son absolutamente impecables. Acaba de ganar el referndum con el 68 por ciento de los votos y a nadie le caben dudas de que las masas populares de Bolivia, incluidas las que padecen racismo y exclusin en los departamentos separatistas, lo apoyan decididamente.

Est procediendo, adems, con una clara vocacin pacifista, que excluye la represin violenta de los opositores, a pesar de que uno de los prefectos separatistas, el feudal Leopoldo Fernndez, que fue funcionario de los dictadores militares Garca Meza y Banzer, organiz la reciente masacre de Porvenir, donde hubo al menos quince campesinos asesinados y numerosos desaparecidos.

Slo apel a la ltima ratio, que es el Ejrcito, cuando los separatistas de la "media luna" se lanzaron a ocupar aeropuertos, estaciones de mnibus, aduanas y rutas aledaas a los campos petroleros y gasferos. Lo cual est ms que justificado por la ndole criminal y racista de las minoras oligrquicas que amenazan balcanizar a Bolivia.

Ha sido tan prudente que algunos sectores populares, indefensos ante los grupos paramilitares del separatismo, se lo reprochan. Su respuesta ha sido eminentemente poltica:les envi una carta a los cinco prefectos separatistas de Beni, Pando, Santa Cruz, Tarija y Chuquisaca, llamndolos al dilogo. Y ha demostrado en los hechos esa vocacin dialoguista al encontrarse con Mario Cossio, el prefecto de Tarija, un ex diputado del derechista MNR que fue colaborador del nico presidente de Bolivia que hablaba con acento norteamericano, e l ine f abl e Snchez de Losada.

Los clsicos "observadores", supuestamente imparciales, no toman en cuenta, en sus llamados abstractos y reiterados a un dilogo de supuestos iguales, la ndole fascista de los opositores que ahora ha quedado rubricada con sangre. Pretenden igualar la fortaleza institucional de Morales con la de estos conspiradores atrincherados en sus feudos.

Bolivianos recientes, en muchos casos naturalizados y emigrados de los Balcanes, no ocultan ni su ideologa ni sus propsitos. Como Branko Marinkovik, el croata nazi que preside el autodenominado Comit Cvico de Santa Cruz. Hace algunos meses prenunci la masacre con esta frase: "Mi familia conoce la dureza del comunismo, huimos de un pas que fue tomado por los comunistas y all tambin hubo hambruna. [] Se acerca la guerra, que sepan las madres cruceas que si vamos a ir a la guerra, vamos a derramar la sangre de sus hijos de manera responsable".

Tampoco hubo imprudencia alguna en la decisin de expulsar al embajador norteamericano Philip S. Goldberg, diga lo que diga el Departamento de Estado. Goldberg, a quien calificamos en estas mismas pginas como "un experto en secesiones", haba sido un protagonista en la rebalcanizacin de los Balcanes: entre 1994 y 1996 estuvo en Bosnia y antes de su destino en La Paz fue jefe de misin en Pristina, la capital de Kosovo.

Muchos meses antes de que Evo Morales lo expulsara, tuvo que disculparse ante el presidente boliviano, cuando el asistente de seguridad de la embajada, Vicent Cooper, fue acusado judicialmente de contratar agentes locales para espiar a cubanos y venezolanos en territorio boliviano.

Antes y despus de ese escndalo financi a los grupos opositores a travs de dos agencias habitualmente utilizadas por Washington para estos menesteres. La NED (National Endowment for Democracy), que cumpli la misma tarea en el golpe de 2002 contra Hugo Chvez, y la USAID, que en los setenta entrenaba a policas sudamericanos, como los que organizaron la Triple A. En enero de 2007 promovi un interesante seminario sobre seguridad y defensa en el que participaron militares norteamericanos, con la clsica excusa de la "ayuda humanitaria al pueblo boliviano".

Ya vieron los campesinos de Porvenir cmo se canaliza esa "ayuda humanitaria".

Con estas y otras cartas en la mano, los presidentes sudamericanos que se reunirn maana en Santiago de Chile deberan sealarle a Washington que ya no hay espacio en la regin para tolerar injerencias golpistas.


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