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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-09-2008

Pasado, presente y futuro de las democracias latinoamericanas
En Bolivia se define el continente

Isabel Rauber
Alai-amlatina


Mirando el mundo, pero particularizando en nuestras tierras y detenindonos en la situacin de Bolivia, se hace evidente que tal como estn las democracias resultan cuando menos insuficientes para contener, expresar y proyectar la participacin madura y creciente de la ciudadana, en el entendido supuestamente aceptado y vigente de que la condicin ciudadana es universal. Y es esta una de las definiciones/decisiones con las que la democracia debe ponerse a tono en este siglo.

Democracia de quines y para quines? Todos tienen realmente los mismos derechos a ejercer la ciudadana? Pueden los pueblos realmente decidir democrticamente sus destinos, mejorar sus condiciones de vida y convivencia? Hay un contrato social capaz de sustentar estas aspiraciones?

Recorriendo los territorios polticos del continente, rpidamente se detecta que los paradigmas democrticos, tal vez por ser escasamente practicados, evidencian sus grandes flaquezas, algunas de ellas, por su desembozada orientacin de clase a favor de los poderosos, otras adems de eso por su notable obsolescencia social y cultural. Esto habla de la urgente necesidad de actualizar/cambiar el contrato social (poltico, econmico y cultural), que sustenta nuestras sociedades.

Si centramos las reflexiones en la realidad boliviana actual ello es incuestionable, pero a la vez se instala fuertemente una interrogante: Hay posibilidades?, Existe un inters colectivo en construir un mundo civilizado, que habla mnimante- de compartir, de repartir y reclama tolerancia, o los poderosos de siempre -quitndose la mscara- adoptarn una vez ms la violencia, la exclusin, la mordaza y la muerte como basamento social de sus lujos y avaricias?

Se trata de una disyuntiva de vida y de modos de vida. Y est en juego hoy en las calles y campos de Bolivia y con ellos , en todos nuestros territorios. Es asunto de tiempos y acontecimientos. Bolivia evidencia que la opcin dictatorial travestida en los golpes cvicos expresin concentrada del egosmo y la intolerancia extremos de los poderosos, busca re-instalarse como opcin poltica (y econmica) en tierras latino-americanas, contando una vez ms con la intervencin de la mano amiga (agenda positiva) del poder de los americanos.

La democracia representativa tiene entre sus fundamentos el voto de las mayoras. Cuando esto funciona bien para los intereses de las minoras en el poder (y del poder), estas no levantan ninguna objecin. Cuando rara vez por cierto- ocurre lo contrario, la mscara y el discurso universalista desaparece y aflora sin tapujos el contenido de clase de la democracia que soportan y sustentan. Para ellos no hay principios democrticos generales, sino solo aquellos que les permiten defender y extender sus intereses. Cuando no es as, no dudan en boicotear la democracia, pisotearla, secuestrarla y matarla, al tiempo que lo hacen tambin con la ciudadana que la defiende. Esto es lo que mostr hace 35 aos el golpe a Allende, en Chile, y lo que hoy muestra crudamente la realidad boliviana. No es de extraar por tanto que los grandes medios de comunicacin funcionales a los poderosos- se empeen en distorsionar los hechos y en vez de hablar claramente de sedicin contra las instituciones, de abierto irrespeto a la democracia y la constitucin por parte de los golpistas, hablen de un conflicto entre dos bandos.

Pero no hay dos bandos. Existe un gobierno legtimo y un sector social de inadaptados sediciosos antidemocrticos, incluyendo gobiernos departamentales, que no quieren atenerse a las normas democrticas, y que conscientes de que se les acab la fiesta macabra del saqueo, la explotacin, el robo y la humillacin , en inocultable estado de desesperacin, transforman su intolerancia en violencia y destruccin desembozada. El detonante no ha sido ni el bono dignidad para los ancianos, ni las falsas identidades regionales que clamaran por un separatismo, sino una intoxicacin impotente de racismo y clasismo profundos que explotaron descontrolados luego del aplastante resultado del referndum revocatorio, al cual se opusieron precisamente porque ni ellos mismos se crean las mentiras que producan a travs de sus medios cuando afirmaban que Evo no tena apoyo ni legitimidad. Su intolerancia, irrespeto a las instituciones y a la democracia estallan tanto cuando pretender insultar al Presidente Evo acusndolo de indio, como cuando desconocen los resultados electorales por la pertenencia tnica de los votantes. Basta de pretextos: el problema es el entrecruzamiento de intereses de clase y prejuicios raciales. Para los blancones del poder el voto indgena y pobre no vale, excepto cuando se les subordina, y tampoco vale la democracia, salvo cuando es para ellos. De ah tambin el rechazo a aceptar el referndum por la nueva constitucin. Porque de aprobarse lo ms probable-, tendran que aceptar no solo la legitimidad del voto indgena y pobre (mayora) que la aprobar, sino el que estos sectores y actores puedan estar directamente representados y participando de la toma de decisiones. Y eso ya supera sus sentimientos y declamaciones democrticos, y pone fin a toda finta de tolerancia.

La exclusin tiene un origen y contenido clasista y racista, y tambin se expresa y acta en lo poltico. Intereses de clases, racismo, modos de representacin e institucionalidad estn estrechamente unidos. Es saludable tener presente que el descubrimiento, la conquista (exterminio) y colonizacin de Amrica se hizo en funcin de la acumulacin originaria del capital, y luego se afianz para mantener y aumentar las ganancias, los privilegios y el podero de los conquistadores y sus herederos en el poder.

En Bolivia queda evidenciado que los poderosos han utilizado y utilizan la democracia como sistema de dominacin y no como derecho humano ciudadano pleno, porque nunca incluyeron a los derechos polticos ciudadanos como parte de los derechos humanos, ni a estos como fundamento de la democracia, ni consideraron a los indgenas seres humanos, menos entonces los reconocern dentro de su pequeo espectro de derechos civiles (civilizados).

Pero las limitaciones de la democracia no empiezan ni terminan en Bolivia. La pugna de intereses, y su distorsin y castracin en funcin de los poderosos, hace aguas y perfora lo discursivo abstracto en todas las latitudes. Y esto habla mnimamente- de la necesidad de abrir el debate acerca de la democracia a toda la ciudadana.

Anquilosadas en su fidelidad a un mundo basado en la hegemona de una clase sobre el conjunto de la sociedad, las democracias se desarrollaron para las lites y el mercado. En virtud de ello legalizando, sustentando y profundizando la exclusin, la explotacin y todas las miserias que ello conlleva , las democracias abren cclicamente el camino a las discordias y enfrentamientos fratricidas violentos, en los mbitos nacionales, regionales y continentales. Es obligacin moral para con la supervivencia humana, apostar a cambios sociales (econmicos, polticos y culturales) profundos, incluyendo obviamente- los relacionados con la democracia. Y esto implica, entre mltiples cuestiones, actualizar/cambiar las bases del contrato social que la sustenta, es decir, el propio contrato social. Hay que actualizar, renovar, cambiar los fundamentos jurdicos, econmicos, sociales, polticos y culturales para que efectivamente, todos los ciudadanos sean iguales, no solo ante la ley, sino ante la vida y en la vida (pblica y privada).

Los actuales sucesos de Bolivia demuestran por si hiciera falta-, que no se puede seguir escondiendo la basura debajo de la alfombra, haciendo como que. Urge debatir acerca del tipo de sociedad, el tipo de pas, de gobierno, de Estado y el tipo de democracia que necesitamos para construir un modo de vida basado en la convivencia en paz entre todos y todas. Y esto no puede limitarse a las agendas sectoriales o a los vaivenes oportunistas de un partido u otro. Es vital convocar/comprometer en ello a la ciudadana toda, sin distingos ni exclusiones de ninguna ndole.

Un debate de esa magnitud, para ser efectivo y sostenible, reclama desterrar la intolerancia, reconocer las diferencias activas, es decir, el conflicto que suscitan, como fuente de dinamismo, de vida. Pueden abrirse entonces tiempos en que la poltica, retomando su vertiente aristotlica, se manifieste como capacidad y derecho ciudadano pleno a expresar las opiniones y propuestas, haciendo del conflicto el vehculo del debate, los dilogos y la bsqueda de consensos. Volver entonces la poltica, plenamente, al terreno de la vida civil ciudadana, abriendo las puertas al florecimiento de la inteligencia e imaginacin colectivos, propios de los inagotables anhelos humanos de perfeccionamiento y superacin.

Un mundo de paz reclama sociedades que se constituyan y se asienten sobre la base de la justicia y la equidad sociales (econmicas, culturales, polticas), el pluralismo, la tolerancia y el respeto a los derechos humanos en todos los rdenes y mbitos de la vida humana. El egosmo, la exclusin, la unicidad, la violencia y la bsqueda de ganancia sobre la base de la explotacin humana como sustrato del orden social son valores propios de una civilizacin agotada junto con el siglo XX. Sostenerlos y pretender justificar su supervivencia en el siglo XXI, resulta culturalmente tan retrgrado como el medioevo lo fue para la repblica.

Hacernos cargo de la experiencia y la cultura de la humanidad, implica apostar a la paz social en los mbitos local, regional, continental y mundial. Esto reclama hoy imperiosamente hacer efectivo el respeto a las diferencias, a la existencia de diversas culturas, identidades, miradas y modos de vida, conjugndolos en un nuevo contrato social sobre cuya base se construya una sociedad (Estado) plural, multi e intercultural, que haga de los principios democrticos del derecho a ser y vivir diferente, la base para la construccin de una democracia plural con significacin efectiva para todos y todas.
Es lo que reclama -por dismiles vas- la humanidad conciente en el siglo XXI. Y es lo que est en juego y se dirime hoy en Bolivia.

- Isabel Rauber es doctora en Filosofa. Estudiosa de los movimientos sociales latinoamericanos.
Ms informacin: http://alainet.org


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