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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-09-2008

Bolivia: cuando lo irracional es slo apariencia

Claudia Pea Claros
Sin Permiso


Si bien ninguno de los prefectos opositores ratificados en Bolivia ha logrado igualar, en sus respectivas regiones, el porcentaje de votacin a favor de Evo Morales a nivel nacional, el apoyo local que tienen es indiscutible. Aqu analizaremos de qu manera el reclamo autonomista de la Santa Cruz opositora encuentra su debilidad en la misma fuente de donde extrae su fortaleza, y exploraremos posibles razones para la dificultad de este actor en superar el empate catastrfico' en el que se debate el Estado boliviano.

A pesar de todos los avances en materia de legitimidad regional, la clase dominante crucea parece seguir acorralada por el mismo muro sobre el cual se eleva para interpelar al pas: la regin. Este muro le pone lmites y cerca las posibilidades del cruceismo, tanto en el plano discursivo como en el plano prctico y concreto, impidindole transformarse en un referente nacional capaz de inclinar la balanza a su favor.

En el plano discursivo, el ser cruceo' es el filn del cual extrae su vitalidad y capacidad de convocatoria, la base sobre la cual funda su justificacin histrica y enarbola su bandera reivindicativa. Es desde esta centralidad identitaria que la clase dominante efecta su reclamo al resto del pas'. Es la base de su poder de seduccin, a partir de la cual teje sus demandas. El ser cruceo' es el ser mismo de la reivindicacin autonmica, la cual se debilitara de no existir esta afiliacin regional definitiva y diferenciadora.

Sin embargo, una vez llegado a los lmites departamentales, el poder regional se diluye, y necesita apostar a reproducir en otras regiones el mismo tipo de discurso identitario fuertemente anclado en lo departamental. Y, si bien es cierto que en Bolivia el Estado a medio construir ha favorecido la existencia de sentimientos regionales sustentados por fuera de la pertenencia nacional, no todos los departamentos que actualmente conforman la media luna' comparten con Santa Cruz las caractersticas que fortalecen su regionalismo: una corriente de reconstruccin histrica que justifica la demanda de autonomas, los mitos del desarrollo cruceo como logro puramente local sin participacin estatal, un pasado reciente de modernizacin urbana y en menor medida departamental vivido como experiencia colectiva y sobre el cual se construye la cohesin social actual, y una prctica ya tradicional de invisibilizacin de los quiebres, contradicciones y desigualdades al interior de la poblacin.

Estos aspectos que confluyen en la fortaleza del discurso hegemnico cruceo, en otros departamentos se debilita por una recuperacin histrica que hace ms nfasis en la diferenciacin de clase o en la pertenencia urbana / rural por ejemplo; por un desarrollo regional que sigue siendo un sueo, una deuda no pagada antes que una fuente de orgullo; por una desagregacin social provocada por la dispersin poblacional o por flujos migratorios; y por prcticas discursivas que desde hace tiempo vienen interpelando las desigualdades internas.

De este modo, a partir de la frontera departamental, el ser cruceo' ha debido ser traducido en cada regin en un ser tarijeo', ser pandino', etc., por las diferentes elites locales en la medida de sus posibilidades, no pudiendo alcanzar en algunos casos el alto grado de apoyo que la versin original tiene en Santa Cruz.

La reivindicacin autonomista, basada en una pertenencia identitaria especfica, pierde empuje una vez traspasa los lmites departamentales. Pero an ms. Esta limitacin se hace incluso ms definitiva desde el momento en que el reclamo de autonoma es planteado como barricada de contencin a las reformas estatales planteadas desde los movimientos sociales y desde el gobierno de Evo Morales. As, la reivindicacin regional pasa de ser un reclamo al Estado, a ser un reclamo contra el gobierno actual especfico, y genera por lo menos sospecha entre los que apoyan al gobierno y/o al proceso de cambio que ste busca implementar.

Por otro lado, las intervenciones pblicas recientes del prefecto cruceo Rubn Costas, sembradas de frases incendiarias y adjetivos insultantes contra autoridades estatales, no hacen otra cosa que convencer an ms a los convencidos de uno y otro lado. En vista de que los resultados del referndum revocatorio arrojaron un importante crecimiento de votos favorables al gobierno en las regiones reclamadas como autonomistas, y en vista de que los ciudadanos de Santa Cruz (sobre todo, y de toda la media luna' en general) viven en estado de apronte desde hace ms de dos aos para enfrentar el inminente avasallamiento indgena aymara', un prefecto exacerbado, de voz ronca y barba descuidada puede dar ms impresin de inestabilidad y violencia que un Presidente Morales calmado y conciliador, tal como se mostr el 10 de agosto al final de la jornada electoral.

Una poblacin civil angustiada con el futuro inmediato y cansada de conflictos y violencia, bien puede alimentar todava ms la corriente que, por estar mejor apegada a la institucionalidad vigente, favorece al gobierno central. Al respecto, no podemos olvidar el significativo ausentismo [1] (alrededor del 40%) que empa la votacin a favor del estatuto autonmico el pasado 4 de mayo. Pese a la omnisciente propaganda regional, mucha de la poblacin se abstuvo de participar en un proceso cuestionado por ilegal y no transparente, y en el cual la dirigencia crucea insiste una vez pasado el revocatorio, convocando a elecciones de representantes departamentales segn esos mismos estatutos, y planteando la creacin de una fuerza represora regional.

Este repetido rebasamiento de lo legal puede a la larga jugar en contra del movimiento regional (puede ser bloqueado desde el afuera de la legalidad), y a la corta puede restarle apoyo de una clase media siempre predispuesta a la estabilidad y a la certidumbre polticas.

En el plano prctico y concreto, vemos una dirigencia crucea rabiosa y decidida en cuanto a sus demandas, pero errante y confundida en cuanto a sus mecanismos de presin. La huelga de hambre instalada en la plaza das antes del revocatorio, que exiga la devolucin de los recursos del IDH, confiscados por el gobierno central para incrementar el bono a las personas de la tercera edad, y que ya contaba con cientos de ayunadores, se mantuvo firme durante el referendo, pero das despus fue sorpresivamente suspendida sin haber logrado ningn resultado visible en cuanto a sus reclamos. Esta huelga inesperadamente suspendida es comparable con aquella otra de diciembre de 2007 contra la Asamblea Constituyente, que fue suspendida poco antes de Navidad, sin haber logrado tampoco ninguna de sus reivindicaciones.

Y es que a nivel prctico, la dirigencia crucea no ha encontrado la manera de hacerle mella a un Estado nacional cuyo centro se encuentra a un millar de kilmetros de distancia, en un espacio fsico blindado por una poblacin mayoritariamente afn al gobierno de Morales. Las huelgas de hambre en Santa Cruz, que en ambas ocasiones han sido lideradas por los hombres ms representativos del movimiento, que fueron rpidamente engrosadas por grupos afiliados o dependientes de instituciones afines, y que (tanto a nivel departamental como nacional) logran cobertura periodstica extraordinaria, no impiden el trabajo del Ejecutivo, ni entorpecen las labores de los ministerios ni de las reparticiones estatales asentadas en los departamentos. El aparato estatal sigue su marcha rauda, mientras la institucionalidad crucea ayuna y yace recostada ante las cmaras de televisin.

Cuando la huelga es suspendida, los empleados de los medios masivos vinculados al poder regional se apresuran a cultivar nuevos espacios de enfrentamiento, seguros de que una vez fructifiquen, darn a luz nuevas razones para oponerse al gobierno del MAS, celebrar cabildos multitudinarios, cuestionar el poder del Estado central y labrar el camino hacia una nueva institucionalidad, emergente del estatuto autonmico, todava aparentemente descabellada y grotesca: la institucionalidad regional.

Es evidente que las iniciativas, conflictos y discursos de los dirigentes regionales estn encaminados a sembrar en el imaginario cruceo, paso a paso, una institucionalidad a su medida (que mientras nace luce deforme, ilegal y sediciosa) en desmedro de la institucionalidad nacional, que tambin paso a paso se destruye.

Sin embargo, aunque se sostenga que "Evo Morales gobierna en el espacio abstracto del pas, pero no en el espacio concreto de los departamentos (...) el respaldo poltico del Presidente se sostiene en el nivel difuso de lo nacional y no puede traducirse en el escenario cotidiano de la gestin departamental" [2], ya se ha demostrado que aunque el Ejecutivo no pueda aterrizar en aeropuertos tomados por grupos radicales, puede fcilmente bloquear las cuentas prefecturales en cuanto los gobiernos regionales ejecuten sus presupuestos al margen de la ley, y an en cuanto dejen de rendir cuentas al Estado central. En el escenario cotidiano de la gestin departamental', el gobierno central puede fcilmente detener el importante flujo econmico que inyecta a las regiones gracias a una eficiente poltica de renegociacin de los contratos petroleros.

El dato real es que, en contraposicin, la dirigencia regional crucea an no encuentra la manera de bloquear las polticas estatales. S est logrando retrasar medidas como la redistribucin de la tierra y el rescate de comunidades indgenas esclavizadas en latifundios del sur del pas, lo cual no es ni de lejos suficiente para imaginar, elaborar, consensuar, ofrecer un proyecto de pas capaz de seducir ms all de la estrecha lectura regional, siempre incompleta e insuficiente.

Y a pesar de todas estas consideraciones, la pregunta persiste. Si cuenta con una vibrante legitimidad regional, si tiene un poder de convocatoria sorprendente, si ha ganado en democracia por qu insiste con el enfrentamiento ciego y la torpe descalificacin?por qu no deja espacio al dilogo?

Por qu insiste en agrandar el muro entre el oriente y el occidente del pas? Por qu somete a la poblacin crucea al miedo y la incertidumbre?

Si nos detenemos a mirar este muro desde la lgica del poder regional, tal vez encontremos respuestas ms all de la aparente irracionalidad. Sufriendo la intimidacin que se propaga contra toda la poblacin local, la violencia racista, los discursos groseros, lo ms preocupante de todo es que la respuesta tal vez sea porque no es dilogo ni acuerdo lo que el poder regional busca'.

Lo ms preocupante de todo es que la respuesta tal vez sea que ya encontr lo que necesita.

NOTAS: [1] Ms significativo cuando lo comparamos con el ausentismo que el referndum revocatorio tuvo en Santa Cruz (entre el 15 y el 20%), ms apegado a los estndares normales dentro de la historia reciente de la democracia boliviana, a pesar del discurso oficial regional, que insisti hasta el ltimo momento en la ilegalidad de la consulta. [2] Roberto Barbery Anaya, "Ocho conclusiones, la guerra de los matices", El Deber, 13 de agosto de 2008. http://www.eldeber.com.bo/2008/2008-08-13/vernotacolumnistas.php?id=080812222617

Claudia Pea Claros es una analista poltica boliviana.


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