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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-09-2008

Obama: el cambio del cambio

ngel Luis Lara
Rebelin


 

Es poco probable que en 1841, cuando Volney B. Palmer abri la primera agencia de publicidad en la ciudad de Filadelfia, alguien pudiera prever hasta qu punto la mercadotecnia llegara a penetrar la poltica. Es todava menos probable que nadie en su sano juicio pensara entonces que un hombre negro llamado Barack Hussein llegara algn da a postularse como posible presidente de EEUU. Sin embargo, hoy Obama pugna por convertirse en el primer negro que ocupe la Casa Blanca y el actual proceso electoral norteamericano subraya una vez ms que los polticos operan decididamente como productos, las campaas resultan ejercicios de marketing y los votantes son tratados como meros consumidores. Cuando todas las economas se disuelven en la economa poltica, es lgico pensar que la poltica acabe por disolverse en la economa y se convierta en mercado. Si el bueno de Palmer levantara la cabeza seguramente gozara hasta sufrir un pasmo.

 

Al igual que ocurre con la publicidad, Obama ha destacado por su capacidad para generar valor de cambio a travs del valor simblico de la marca. Durante las primarias demcratas supimos que el senador por Illinois ofreca un cambio que representaba al menos dos valores: valor de cambio semntico (nueva retrica poltica) y valor de re-cambio (inyeccin de energa para el sistema). Desde que el pasado junio le ganara la batalla a Hillary Clinton, hemos sabido que Obama encarna adems un valor de cambio del propio cambio: el pragmatismo electoral esgrimido en los ltimos tres meses ha modificado el sentido del cambio prometido, limitando notablemente su alcance. La convencin demcrata celebrada en Denver hace unas semanas no slo proclam a Barack Obama como candidato a la Casa Blanca, tambin borr de un plumazo los trazos de la supuesta anomala inicial que ste haba introducido en el cdigo fuente de la alta poltica norteamericana. En este sentido, Denver ha constituido un verdadero acto de restauracin.

 

La convencin demcrata ha desplazado al sujeto fundamental que ha alimentado la composicin social del fenmeno Obama: los jvenes. Durante las primarias demcratas la juventud fue la variable explicativa ms relevante del empuje y el crecimiento de la apuesta Obama. Los analistas no se cansaban de repetirlo y las encuestas no dejaban de sealar cmo el senador de Illinois haba enganchado con los ms jvenes hasta lograr que se interesaran por la poltica, se inscribieran para votar y se convirtieran en la principal fuerza viva de su campaa. En Denver, sin embargo, tan slo el 7% de los delegados de la convencin eran menores de 30 aos, mientras que el 32% tena ms de 60 aos.

 

Durante las primarias, la distancia ms importante de Obama respecto a la clase poltica de su pas vino determinada por su carcter movimentista. No represento a un partido, soy la voz de un movimiento, deca el pasado mes de febrero. Tomando la actual crisis de la representacin poltica como dato de partida, Obama plante una recomposicin de la misma a partir de una paradjica ruptura formal con las dinmicas tradicionales de la propia representacin y de los partidos. El candidato se mir en el espejo de los movimientos sociales para vampirizar sus lenguajes y sus prcticas organizativas: el motor de su campaa fue un movimiento en red que usaba Internet para hacer correr el mensaje, movilizando a miles de activistas por todo el pas y revolucionado la prctica poltica institucional. Las significativas cotas de autonoma que alcanz dicho movimiento se pusieron de manifiesto el pasado mes de julio, cuando Obama vot a favor de la ley de espionaje telefnico de Bush y los propios activistas que gestionaban la web del candidato la inundaron de protestas y crticas afiladas. Denver, sin embargo, ha marcado el final de esa experiencia. No hay autonoma posible. La elite del partido ha tomado el mando. Siempre buscamos la oportunidad para poner a nuestra gente a trabajar, deca durante la convencin Steve Hildebrand, manager de la campaa de Obama. Cada maana, los delegados reciban cumplidas instrucciones de qu deban contestar exactamente si eran interpelados por la prensa. Su labor qued reducida al envo de mensajes SMS a familiares y amigos durante el mitin del candidato. Todo estaba atado y bien atado. Apartada de toda participacin en la enunciacin, la gente comn era convertida en mero objeto del enunciado.

 

Una de las pruebas ms evidentes del giro tctico inicial hacia los imaginarios de los movimientos tuvo una naturaleza semntica: el Yes we can que visti la campaa de Obama durante las primarias, era traduccin casi literal del S se puede que inund EEUU durante el importante movimiento de migrantes de 2006. La parada demcrata en Denver, sin embargo, ha operado un giro lingstico considerable, consolidando la sustitucin del lema inicial por la frmula Change you can believe in (El cambio en el que puedes creer). Del poder de un nosotros incluyente que iba a producir una transformacin, a la creencia pasiva en un vosotros en el que se delega el cambio. De la New Amrica que se prometa durante las primarias, al Take back Amrica (Recuperar o devolver Amrica) con el que han insistido durante la convencin los polticos demcratas. El producto Obama sigue vendiendo esperanza, tal y como se encargaba de recordar el reverendo que diriga el rezo colectivo que cerraba diariamente la convencin de Denver, pero la aventura inicial de un xodo ha sido sustituida por la promesa de un retorno.

 

A lo largo de los ltimos meses las diferencias de programa entre el candidato republicano y el demcrata se han reflejado en la lgica publicitaria que orientaba sus campaas. Si la publicidad de McCain ha funcionado en clave coactiva, la de Obama ha tenido una naturaleza seductora. Si uno actuaba de manera reactiva, el otro lo haca de manera propositiva. Si los enunciados del republicano han insistido permanentemente en el miedo ambiente (guerra al terror), la retrica del demcrata ha hecho hincapi en el medio ambiente (crisis energtica). Sin embargo, tras la convencin de Denver la frontera entre ambos parmetros discursivos no aparece tan clara. Al mismo tiempo que Obama iniciaba una decidida ofensiva dialctica contra McCain, su proyecto se vesta de camuflaje y adoptaba evidentes tintes blicos. En una ciudad tomada por casi 4.000 policas que han gastado 2.1 millones de dlares en equipos de proteccin y 1.4 millones en barricadas para frenar el paso de los manifestantes antiguerra que se concentraron en torno a la reunin demcrata, Barack Obama fue literalmente proclamado comandante en jefe por las huestes de su partido. El mismo da que la ONU denunciaba que el ejrcito norteamericano haba asesinado a 90 civiles en Afganistn, 60 de ellos nios, Obama subrayaba su compromiso con la guerra en aquel pas y su determinacin de apostar decididamente por ese frente blico. Das antes, el candidato demcrata haba anunciado a Joseph Biden, un senador que vot a favor de la guerra en Irak, como su vicepresidente. Tras un sentido homenaje a los cientos de miles de soldados que EEUU tiene desperdigados por todo el mundo, Biden despidi su participacin en la convencin de Denver con un emocionado Dios salve a nuestras tropas.

 

Del mismo modo, la ubicacin del encuentro demcrata puede ser leda como bitcora del viaje emprendido por Obama: la convencin se inici en el Pepsi Center y se clausur en el estadio Invesco, una de las principales empresas financieras del mundo. Del inicio del evento a su clausura, se dibuja el transito desde el estado gaseoso de la retrica del senador por Illinois y lo chispeante de su mensaje inicial de cambio, a su preferencia actual por la liquidez y la solvencia. Durante las primarias, Obama hablaba de un gobierno para la gente y no en favor de las grandes corporaciones. Horas despus de ganarle la partida a la senadora Hillary Clinton, el candidato demcrata se reuna en el Fairmont Chicago Hotel con los dirigentes de importantes compaas como Ford, JPMorgan Chase, Aetna o Duke Energy. El mismo amigo norteamericano que me hablaba de esta reunin hace unos das, me contaba lo difcil que le resultaba creer la promesa de Obama de universalizar el derecho a la sanidad cuando parte de su campaa durante las primarias fue financiada con 414.863 dlares provenientes de las compaas sanitarias privadas. Este amigo, ilusionado activista de las redes de apoyo a Obama, se mostraba profundamente desilusionado tras la convencin de Denver y resuma su estado de nimo en tres palabras: me siento usado.

 

Hubo un tiempo en que la publicidad informaba a los consumidores acerca de los productos. Entonces, se poda decir que los anuncios mentan. Hoy ya no. La relacin entre el producto y su publicidad se ha invertido: la publicidad no habla ya de los productos, son stos los que hablan de la publicidad. Su objetivo no es suministrar informacin, sino dar forma a un consumidor que ya no compra tanto el producto, como el derecho a participar en el anuncio. Con los polticos pasa lo mismo.

 

Como ocurre con la publicidad, la fuerza de Obama no reside tanto en su eficacia para referirse a la realidad, como en su habilidad para producirla. En eso su discurso es simtrico a la ficcin televisiva. Cuando hace aos Eli Attie ideaba los guiones de la sexta temporada de The West Wing, la aclamada serie de la cadena norteamericana NBC, se fij en un joven y desconocido poltico de Illinois para crear al senador Santos, un personaje que se enfrentara a los candidatos del establishment demcrata y se postulara como aspirante a la Casa Blanca. Ese joven y desconocido poltico que inspir a los guionistas de la serie se llamaba Barack Obama. No por casualidad David Axelrod, uno de los estrategas de la campaa del propio Obama, le mand el siguiente mensaje a Eli Attie hace un par de meses: Estamos dando vida a tus guiones!. Viaje de ida y vuelta. Cada vez se hace ms difcil distinguir entre Santos y Obama, entre el original y la copia.

 

No obstante, y aunque a ratos se haga difcil creerlo, ni el original es igual que la copia, ni el acto de restauracin que los demcratas han escenificado en Denver ha borrado las notables diferencias existentes entre McCain y Obama. Ni el senador por Illinois es ms de lo mismo, ni conviene olvidar el tejido reformista de su discurso durante las primarias de su partido. Ms all del exceso de retrica que caracteriza su campaa y de los discursos vacuos que determinan toda lgica electoral, Obama nos ha dejado signos de una ruptura programtica capaz de determinar un relevante giro en el panorama poltico norteamericano. En un momento en el que el profundo alcance de la crisis de la globalizacin parece haber dejado en fuera de juego a gran parte de las elites planetarias, que tratan de capear el temporal con una sobreproduccin de gestos que disimule su carencia de programa, la semntica de Obama ha ido ofreciendo en los ltimos meses, sin embargo, los trazos de un proyecto de intervencin sobre los ejes fundamentales de la crtica coyuntura capitalista actual: crisis de acumulacin y crisis de la representacin poltica.

 

En este sentido, el candidato demcrata no dej de insistir durante las primarias en la necesidad de reactivar un cierto control sobre la economa, desplegando una poltica basada en fuertes dosis de gasto fiscal, as como en un uso del cdigo tributario capaz de reducir la brecha social en favor tanto de los millones de norteamericanos que han quedado atrapados en las bolsas de pobreza que han proliferado por todo el pas en los ltimos aos, como de una clase media fuertemente golpeada por las polticas econmicas desplegadas por las dos administraciones presididas por George W. Bush. Pese al marcado carcter neoliberal de alguno de los miembros del equipo econmico de Obama, que no obstante cuenta con asesores reformistas como James Galbraith o Jared Bernstein, el senador por Illinois ha subrayado repetidamente su intencin de dar un golpe de timn en la economa estadounidense. Su insistencia propagandstica en la universalizacin de la cobertura sanitaria y en la necesidad de realizar fuertes inversiones en materia educativa, acompaada de sus veladas crticas a la desregulacin y su inclinacin hacia la revisin de los tratados de libre comercio que EEUU ha firmado en los ltimos aos, pueden interpretarse como signos del nuevo rumbo con el que Obama afrontara el rompecabezas econmico de su pas en caso de ser elegido presidente.

 

Siguiendo las contadas pistas que el senador de Illinois ha ido dejando, cabra pensar que la base de su iniciativa es la apuesta por un gnero de New Deal que, lejos de reproducir un pacto anclado en una dinmica productiva definida por la gran industria, intensificara el desarrollo del capitalismo cognitivo y tratara de corregir los desmanes provocados por el anrquico proceso de financiarizacin de la economa que se ha desatado en la ltima dcada, poniendo en juego un intento de solucin bioeconmica a la profunda crisis por la que atraviesa EEUU.

 

En un contexto en el que la acumulacin, es decir, la dinmica de transformacin econmica y social, descansa sobre una intensa valorizacin de las capacidades cognitivas y relacionales de los individuos, capitalizando de sus formas de vida, Obama tratara precisamente de generar un cierto colchn para la vida de las figuras ms dinmicas de la nueva composicin del trabajo: jvenes, clases medias urbanas y migrantes, no por casualidad la base del movimiento que dio cuerpo al fenmeno Obama durante las primarias de su partido, junto al grueso de la clase trabajadora afroamericana. Entre las medidas concretas que el candidato demcrata ha apuntado en este sentido, se encontraran una mnima redistribucin de la renta que atene mnimamente la inestabilidad de los segmentos ms flexibilizados del mercado de trabajo y una poltica fiscal que rebaje la presin sobre las pequeas empresas, ayudando a su desarrollo.

 

Al mismo tiempo, el candidato demcrata ha insistido reiteradamente en un segundo pilar de su hipottica intervencin bioeconmica: la produccin y explotacin de nuevas fuentes energticas, herramienta bsica para afrontar la declinacin del flujo energtico global y del cenit en la produccin de petrleo, relacionado directamente con la crisis financiera y la actual fase de decrecimiento con inflacin. Obama lo dijo alto y claro hace unos meses en el Detroit Economic Club, cuna de la industria automovilstica: es hora de producir, vender y usar biocombustibles en todo el pas. Su intencin de destinar 15.000 millones de dlares anuales durante diez aos para la renovacin de la tecnologa energtica, su conexin con el gigante de los agronegocios Archer Daniels Midland (ADM) o que uno de sus representantes sea Tom Daschle, miembro de los consejos directivos de tres compaas de produccin de etanol, parecen ser datos ms que elocuentes al respecto. No en vano Al Gore, gur del capitalismo verde, declar hace unos meses: har todo lo posible para asegurar que Obama sea elegido presidente. Pese a los costos ambientales de la produccin de biocombustibles, traducidos en desgaste del suelo, aumento de agroqumicos y destruccin de ecosistemas, el candidato demcrata no solamente ha logrado envolver sus propuestas con un alo retrico de ambientalismo chick, sino que ha convertido la cuestin en un asunto de seguridad nacional. En pleno medio oeste de los EEUU, corazn del llamado Cinturn del Maz, Obama manifest que la adopcin del etanol como sustituto de la gasolina contribuir en ltima instancia a la seguridad nacional, porque en estos momentos estamos enviando miles de millones de dlares a algunos de los pases ms hostiles del planeta. La dependencia norteamericana del petrleo, agreg, nos hace ms difcil disear una poltica exterior inteligente que genere seguridad a largo plazo.

 

Ms all del importante cambio poltico del que nos hablaran las hiptesis econmicas propuestas, as como su decidida oposicin a la guerra en Irak y su intencin de retirar las tropas estadounidenses de aquel pas, elementos de una inequvoca reorientacin de la poltica exterior estadounidense hacia un enfoque multilateralista, Obama funciona sobre todo como sntoma del miedo con el que una parte de las elites norteamericanas estn afrontando la crtica coyuntura actual. Su apuesta por un candidato negro, la socializacin de un imaginario premeditadamente conectado con los aos setenta y las luchas por los derechos civiles (no por casualidad Obama cerr la convencin de Denver justamente el da en que se cumplan 45 aos del discurso ms famoso de Martin Luther King), la articulacin de una afilada distancia semntica y simblica en relacin a la clase poltica de su pas durante las primarias o la propuesta de un supuesto giro radical a nivel programtico, son datos de la desesperacin de gran parte de las elites norteamericanas ante la crisis abierta por la desastrosa gestin de la administracin Bush en los ltimos aos. Su compromiso en la produccin y financiacin de una candidatura tan arriesgada como la de Obama, no solamente expresa su pnico, apunta adems la profundidad de la crisis que enfrentan.

 

Pese a que los resultados de las elecciones del prximo mes de noviembre son todava una incgnita, muchos analistas coinciden en sealar que el fenmeno Obama no slo se ha hecho con el protagonismo poltico durante los ltimos meses, sino que ha logrado agrietar definitivamente la hegemona neocon en EEUU. Una erosin de naturaleza cualitativa que no implica, ni mucho menos, una prdida de peso cuantitativo de las posiciones conservadoras: 38,38 millones de espectadores siguieron el discurso del candidato demcrata en Denver, mientras que 38,9 millones permanecieron pegados al televisor durante la intervencin de McCain en el cierre de la convencin republicana. Aunque durante las veinticuatro horas posteriores al discurso de Sarah Palin, candidata republicana a la vicepresidencia, Obama batiera el record de recaudacin de fondos a travs de Internet (10 millones de dlares), la aparicin de la gobernadora de Alaska en la campaa le ha dado al bando republicano un baln de oxgeno meditico considerable. La receptividad que la grotesca seora Palin, ferviente seguidora del creacionismo y miembro vitalicio de la ultraconservadora Asociacin Nacional del Rifle, ha encontrado en importantes segmentos del electorado de su pas nos habla no solamente del inequvoco nivel de decadencia por el que atraviesa EEUU, sino que viene a sealar lo incierto de la victoria de Obama en las prximas elecciones de noviembre.

 



* Angel Luis Lara es socilogo y guionista de televisin, vive en la ciudad de Nueva York.



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