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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-11-2004

Depresin post Kerry

Marcos Roitman
La Jornada


Pareciera ser que el debate Bush-Kerry en trminos de espectculo electoral y de las consabidas formas de marketing poltico dentro de la realidad de Estados Unidos sobrepas sus fronteras y se col en las pantallas de millones de seres del planeta y, lo que es peor, en las mentes de avezados analistas, periodistas e intelectualidad de muchos pases.

Durante semanas hemos asistido estupefactos a debates, comentarios y sesudas discusiones fuera de Estados Unidos so-bre el color de la corbata y la estatura de los candidatos a la hora de decidir el voto de los electores. Es decir, la superficialidad en tiempo de elecciones. Poco sobre la poltica hacia Cuba o Amrica Latina, por ejemplo. Demasiado acerca de su cnyuge y otros pormenores que no aportan al debate poltico, aunque no discuto que ello haga ms atractiva la figura de los candidatos como producto de consumo y objeto de deseo, lo que se traduce en posibles votantes. Pero no recibimos contenidos programticos de los candidatos sobre poltica exterior, en este caso fundamental, dado el peso de Estados Unidos en el mundo. Sin embargo, los mensajes acerca de sus apetitos culinarios y sus vidas pa-sionales favorecieron una toma de posicin intestinal y escatolgica de rechazo hacia uno u otro candidato.

Ni qu decir de la importancia, en esta perspectiva, que jugaron los medios de comunicacin a escala mundial y que se expres en su rechazo y apoyo a John Ke-rry o a George W. Bush. Era como si sus lectores, televidentes o radioescuchas votasen en las elecciones. Han sido demasiados los errores cometidos de forma consciente o inconsciente en la manera de presentar el problema de quien deba ocupar el silln presidencial en la Casa Blanca, y ahora el resultado es el silln del sicoanalista.

Es cierto que las condiciones ignominiosas de la invasin ilegtima a Irak generaron un rechazo importante de una parte de la comunidad y de la opinin pblica internacional hacia el gobierno de Bush y sus aliados. Sin embargo, no debemos confundir esta protesta contra el unilateralismo con una crtica del pueblo de Estados Unidos a su poltica exterior y a su gobierno. El proceso electoral para elegir presidente en Estados Unidos se mide acorde con sus parmetros de vida, a sus convicciones, a su visin del mundo y all ambos candidatos tienen el convencimiento de ser un facttum de la democracia mundial. La unidad interna de Estados Unidos tras la invasin de Irak no tiene muchas fisuras entre demcratas y republicanos. Los acuerdos de Estado en poltica de seguridad nacional y lucha antiterrorista no muestran discrepancias mayores. Igualmente en la guerra y la poltica hacia Irak, Afganistn, Palestina y Cuba. Bajo estas circunstancias, el nacionalismo patritico del pueblo estadunidense se condensa en el destino manifiesto. Mito poltico que les obliga a desplegar en todo el mundo su nocin de libertad en la conviccin que Dios los apoya y el planeta les pertenece. Republicanos y demcratas son depositarios de este relato y actan ritualmente en consecuencia.

Pero lo que no se entiende es que el resto de los mortales se dejara embaucar y acepte la presentacin de la campaa electoral en los trminos que los idelogos de la seguridad nacional, el Pentgono, propusieron. Triste resultado. Hoy, muchos progresistas sufren una depresin posparto y desde luego gentes sencillas en todo el mundo piensan que ste se ha vuelto un poco ms peligroso que ayer. Falso dilema. Verdad es que los republicanos tienen amplia mayora y que su triunfo les permite ejercer mayor poder en ambas cmaras. Sin embargo, ello no sera novedad dentro de la historia de Estados Unidos. Si recordamos, estar en minora no fue obstculo para ejercer polticas de agresin ha-cia Centroamrica. Recordemos Nicaragua y el voto de los senadores demcratas para la concesin de los 50 millones de dlares a la hora de financiar a la contra en el Senado a propuesta de Ronald Reagan. No menos su apoyo en la intervencin de Panam con Bush padre. Tampoco olvidemos que su presidente James Carter, del Partido Demcrata, premio Nobel de la Paz, financi actuaciones de la CIA en Africa, Etiopa y tambin la guerra en Af-ganistn. Al igual que John Kennedy, que pasa a la historia como grande de Estados Unidos, tiene en su haber la invasin a Baha Cochinos, en Cuba, y toda la poltica de desestabilizacin en Amrica Latina. No menos que asesinatos y guerra sucia. Como se presente para la historia de un estadunidense no es lo mismo que para un cubano o un dominicano. Por qu posicionarse entonces sobre Kerry o Bush en trminos de una diferencia cualitativa?

Falso debate sobre una alternativa de paz mundial. Inexistente desde la ptica del poder imperialista de Estados Unidos. En este sentido da igual un Ford que un Chevrolet (Que se vaya Bush!). Qu otra cosa pueden pedir en trminos electorales los demcratas si no es la cabeza del contrincante? Asimismo, cmo presentar una campaa acostumbrados a lo que estamos, donde todo vale y nada queda fuera del posible uso para los agentes publicitarios. En uno y otro bando.

Lo curioso es que dicho sentido de la campaa electoral traspasara las fronteras y se alzara en la dualidad: Kerry, expresin de los valores ms sagrados de la ti-ca y los derechos humanos, y Bush, representante del imperio del mal. Todo en blanco y negro. Comprendo las ganas por que Bush deje de ser presidente de Estados Unidos, pero en ese pas sus ciudadanos son los que votan. Lo hacen dentro de su idiosincrasia y no para darnos el gusto a nosotros. Tampoco confundamos la ac-cin de intelectuales y su papel en la denuncia continua de la violacin de las libertades y en la defensa de los derechos humanos dentro de Estados Unidos, con una sociedad que se complace a s misma. Lo peor de todo es que la irresponsabilidad de haber sostenido a Kerry como al-ternativa da alas al conservadurismo mundial y a sus aliados. El mundo no hubiese estado ms seguro con Kerry en el poder. Pero al aceptar la discusin en estos trminos se ha dado legitimidad a un gobierno que viol el derecho internacional y a un presidente que puede ser acusado de crmenes de lesa humanidad. Deprimirse es asumir la visin estadunidense del mundo. La alternativa no es Kerry, se construye en Cuba, en Venezuela, en Uruguay, Brasil, Chiapas...




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