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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-09-2008

Una guerra que haba comenzado hace mucho tiempo

Ramiro Lizondo Daz
ALAI AMLATINA


Para quien se interese en la historia, podr darse cuenta que la de Bolivia, es la de las masacres indgenas, campesinas y obreras desde la colonia hasta hoy. La Repblica se sostuvo sobre la explotacin de la fuerza de trabajo indgena y la base de recursos naturales, hasta hoy. El expolio y explotacin consolid una estructura social e institucional vinculada a la produccin y exportacin de materias primas, consolidando en el largo plazo, una condicin de dependencia que lo convirti en uno de los pases ms pobres del hemisferio occidental.

Con una organizacin social extremadamente estratificada y un horizonte estatal frgil el transcurrir de su historia estuvo marcado por la exclusin y masacre. Los pueblos originarios nunca dejaron de manifestar sus anhelos de libertad, como lo prueban las innumerables sublevaciones, tanto las que culminaron con el gran alzamiento de 1780, como tambin las que se realizaron contra las haciendas, durante la Repblica. Algunas de estas sublevaciones indgenas y campesinas tuvieron una magnitud enorme no slo por el esfuerzo de la movilizacin y la tragedia que represent la masacre sino por la memoria y la herencia emancipatoria transmitida de generacin en generacin. Las de 1874 y 1899, tanto en las tierras altas como en las tierras bajas del pas, ya en el siglo XX no dejaran de ser movilizaciones que terminaran en nuevas masacres como la rebelin de Jess de Machaca en 1921 o la de Chayanta en 1928.

Las masacres obreras tambin tenan su marca de dramatismo como la matanza de mineros en Unca en 1923, Catavi en 1942, la guerra del Chaco (1932-1935), la revolucin de 1946, la de 1952, la de 1964, la matanza de San Juan en 1967, el golpe militar de Bnzer en 1971, la masacre de trabajadores fabriles y universitarios de noviembre de 1979, la marcha por la vida en 1986, la marcha por tierra y territorio de 1990, la masacre de Amayapampa y Capasirca de 1997, las guerras del agua (2000), la guerra del gas y la masacre de El Alto de 2003; ahora la masacre de Pando (2008).

Con el tiempo, se consolid en la estructura mental de los pueblos indgenas y los movimientos populares, tanto de las tierras altas como de las tierras bajas, una cultura poltica insurreccional y de resistencia anticolonial que fue y es una guerra larga e intermitente contra los invasores y sus descendientes que cruza de forma transversal toda la historia boliviana.

Ahora, los movimientos populares e indgenas a la cabeza de Evo Morales, se han convertido en una real opcin de poder y construccin de una nueva hegemona poltica que cuestiona el entramado oligrquico-clientelar y antinacional que gobern el pas hasta hace dos aos atrs. Los movimientos indgenas ya no son sujetos de postal folcklrica, ahora son una real opcin de poder poltico. Esa es la dimensin de este nuevo paradigma. Incluso a la izquierda tradicional anclada en paradigmas que ya no se sostienen, como el hecho de asumir la inevitable vanguardia obrera en todos los procesos revolucionarios, le cuesta asumir la potencia de este nuevo y a la vez antiguo actor social cuya estrategia de poder se sustenta en la recuperacin del Estado para las mayoras nacionales y que ste sirva no solo para asegurar la propiedad de los recursos naturales para todos los bolivianos, sino para redistribuir las rentas que se puedan obtener de su explotacin.

El conservadurismo de la oligarqua boliviana, idntica a la de toda la regin, se vio obligada a aceptar que les gobierne un indio, que segn sus clculos, caera por su propio peso y su condicin de tal. Pero cuando se cuestiona la estructura de propiedad de la tierra estn dispuestos a todo con tal de no abandonar el escenario de la historia.

La abierta sedicin de la derecha responde a una estrategia planificada y coordinada de violencia, bloqueos de caminos, ocupacin de entidades estatales; control y saqueo de las instituciones pblicas, plan de hostigamiento y amenazas; ocupacin de cuarteles, voladura de vlvulas de gas, desabastecimiento de productos bsicos, desestabilizacin econmica, creacin de un clima de inseguridad y desgobierno. Un plan golpista en toda regla que coincide casi como una calca con lo que haba pasado en Chile en el gobierno de Salvador Allende. Sin embargo, an queda la sensacin de pasividad por parte del gobierno boliviano.

Los movimientos sociales han tomado la iniciativa para detener la escalada golpista con la movilizacin de las bases, cuya decisin es frenar a la derecha con la autoridad moral que les da la sangre derramada, su conciencia poltica, su capacidad combativa y el horizonte de visibilidad de un modelo de pas distinto, porque han sido ellos quienes han cargado sobre sus hombros los vejmenes y la marginacin a la que los someti la colonia y el estado republicano oligrquico.

El gobierno popular tiene la obligacin de hacer respetar el Estado de Derecho en todo el pas y llevar ante la justicia a los criminales, sediciosos y paramilitares fascistas que se han apuntado una nueva masacre. Lo que se pensaba tena que ser el elemento que encendiera los sentimientos regionalistas autonomistas de la derecha fascista, ha generado una reaccin contraria. El crimen y la barbarie de su accionar los deja en evidencia.

Las Fuerzas Armadas y la Polica Nacional, histricamente han respondido a los intereses de la oligarqua de la que sus principales oficiales provienen. Eso explica en parte su posicin de "brazos cados" e inoperancia frente al accionar amenazante de la clase social con la que ellos mismos se identifican. En la historia de las masacres, los militares fueron siempre los actores inconfundibles de la represin y la muerte. En todos los casos actuaron como sicarios al servicio de las oligarquas. Excepto en la ltima masacre campesina de Pando. Esto no es seal de nada, slo deben cumplir la ley que les asigna la responsabilidad de ser "garantes de la unidad de la patria", y obedecer a su Capitn General, el Presidente Evo Morales. Pero no hay que caer en la ingenuidad de pensar que estn de acuerdo con el nuevo proyecto de pas que se construye en Bolivia.

La mayor debilidad del campo popular es su extrema diversidad y las luchas sectoriales. La mayor ventaja, la capacidad y tradicin de lucha revolucionaria. Se ha llegado al punto de bifurcacin, al punto de inflexin y quiebre. La salida "democrtica" ya ha sido agotada con los resultados del Referndum Revocatorio. La violencia la han provocado los facciosos, deben atenerse a las consecuencias de la respuesta popular. La guerra civil que muchos temen, en realidad ya haba comenzado hace mucho tiempo, solo que ahora adquiere una dinmica diferente, un liderazgo distinto. El proyecto emancipatorio que debemos apoyar es la Revolucin democrtica y cultural.

Evo toma con una fortaleza abrumadora el mando de esta nueva etapa. Definiendo que su posicin est al lado de ese pueblo que hoy decide asumir el reto que le impone la historia. La principal tarea de los movimientos sociales e indgenas es llevar la iniciativa y pasar de la resistencia a la ofensiva. El siguiente paso es aprobar la Nueva Constitucin Poltica del Estado.

- Ramiro Lizondo Daz es economista boliviano. Universidad Autnoma de Barcelona.


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