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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-09-2008

Desenfreno reaccionario: La masacre paramilitar en Bolivia

Forrest Hylton
Nacla.org

Traducido del ingls para Rebelin por Germn Leyens



La expulsin del embajador de EE.UU., Phillip Goldberg, el 10 de septiembre, por el presidente boliviano Evo Morales por presunta conspiracin para realizar un golpe de Estado provoc la ltima crisis diplomtica en las Amricas. Pero el efecto diplomtico ha eclipsado la dinmica interna que condujo a la masacre de unos 30 campesinos y a posiblemente otros 40 desaparecidos en El Porvenir, Pando, cerca de la frontera noreste de Bolivia con Brasil. La matanza coincidi con el 35 aniversario del violento derrocamiento del presidente socialista Salvador Allende en Chile.

La masacre en El Provenir fue la peor en Bolivia desde que el gobierno del presidente derechista Gonzalo Snchez de Lozada, cuando se realiz la matanza de ms de 70 manifestantes desarmados en octubre de 2003. Esta vez, sin embargo, la violencia no fue orquestada por el gobierno central, sino por funcionarios regionales: prefectos departamentales asociados con comits cvicos.

Organizada administrativamente de manera similar a Francia, Bolivia est dividida en nueve departamentos, cada cual dirigido por un prefecto, mientras los comits cvicos estn compuestos por un puado de elites no elegidas, locales, comerciales y terratenientes que presiden sobre una de las distribuciones de tierras y riquezas ms desiguales del mundo. Estas autoridades del sector pblico y privado, por su parte, estn aliadas con pandillas juveniles paramilitares cripto-fascistas armadas de bates de bisbol, garrotes, cadenas, pistolas, y en el caso de la masacre de El Porvenir, de vehculos oficiales. Estos grupos han hecho que las tierras bajas del este de Bolivia sean ingobernables para el gobierno de Morales.

Podra ser til que los lectores estadounidenses consideraran que las tierras bajas orientales de Bolivia se parecen en algo a Dixie [el sur de EE.UU.] En los aos cincuenta y sesenta, trabajando con gobernadores y alcaldes de Estados y localidades, grupos paramilitares supremacistas blancos aterrorizaron a los afro-estadounidenses. La campaa de terror tena el propsito de preservar un status quo que beneficiaba a una nfima clase de acaudalados terratenientes blancos, contra los cuales el gobierno federal bajo Eisenhower y Kennedy vacilaba antes de actuar.

Imaginad, sin embargo, que los afro-estadounidenses hubieran constituido una abrumadora mayora de la poblacin de EE.UU., que Kennedy hubiera sido negro, y que hubiera llegado al poder como resultado de insurrecciones seriales de afro-estadounidenses. Imaginad que, como reaccin, los supremacistas blancos no slo hubieran masacrado a los negros, sino bloqueado carreteras, hecho volar oleoductos, y quemado y saqueado oficinas e instalaciones del gobierno federal.

Los lmites de la analoga dentro del sur de Jim Crow son importantes, pero otra analoga de un siglo antes, los aos cincuenta y sesenta del Siglo XIX los trasciende. El movimiento secesionista del sur trataba de preservar la repblica de la esclavitud y extenderla a por el oeste hacia el Pacfico. El movimiento moviliz una masa de seguidores y articul un desafo armado contra el gobierno federal. Analogas semejantes ayudan a representar la virulencia de lo que un comentaristas ha calificado de revuelta de los ricos, as como el alcance del desafo planteado por una minora blanca acaudalada a un gobierno respaldado por una mayora de trabajadores y campesinos de ascendencia india, un gobierno sin precedente histrico.

El apoyo masivo para el gobierno central fue ratificado recin el 10 de agosto en el referendo revocatorio en el que Morales aument su parte general en los votos a un 67% - de un 54% cuando fue elegido presidente a fines de 2005. Morales mejor su posicin en sus baluartes las ciudades y el campo de las tierras altas y valles del oeste, as como en las regiones cocaleras en los Yungas y el Chapare. Pero an ms importante es que hizo progresos en el corazn de las reas opositoras en Beni, Pando, y Tarija, donde gan un 20% adicional en comparacin con 2005. En Pando, casi la mitad de la poblacin vot a favor de Morales. Ningn presidente boliviano ha tenido alguna vez un apoyo tan amplio en toda la nacin.

Inmediatamente despus de la victoria, Morales habl de dilogo y reconciliacin con la oposicin. Pero los prefectos opositores, dirigidos por Rubn Costas de Santa Cruz, y empoderados por sus sustanciales mejoras en el mismo voto revocatorio, anunciaron su intencin de implementar los estatutos aprobados en referendos de autonoma en mayo y junio de 2008. Los referendos de autonoma fueron ejercicios de facto de votacin, carecientes de toda validez legal en Bolivia, no fueron reconocidos por ningn gobierno extranjero, y no fueron supervisados por observadores internacionales. Pero los prefectos opositores pretendieron tener un mandato para instalar su propia polica, servicios de cobro de impuestos, y legislatura departamental. La implementacin de este mandato slo poda tener lugar mediante el uso de la fuerza.

Luego vino el 11 de septiembre. Escuadrones de la muerte armados de pistolas ametralladoras masacraron a partidarios desarmados de Morales que iban en camino a una manifestacin de masas en El Porvenir. La reunin haba sido convocada para discutir posibles reacciones a ataques cada vez ms violentos contra partidarios del gobierno. El gobierno central fue lento e indeciso en su reaccin cuando finalmente termin por actuar. No pudo salvaguardar la propiedad y las vidas de sus partidarios o defender sus propias oficinas y funcionarios, ni siquiera pudo suministrar ayuda humanitaria a los supervivientes, muchos de los cuales, temiendo por sus vidas, se ocultaron en las montaas. En una entrevista televisada, la delegada presidencial en Pando, Nancy Texeira, pregunt con una voz titubeante sofocada por el dolor y la tristeza: Por qu no hace algo el gobierno en La Paz? Hemos sido abandonados.

Durante los ltimos aos, Morales ha desarrollado buenas relaciones con la polica y las fuerzas armadas, pero generalmente no se ha mostrado dispuesto o capaz de utilizarlas desde que comenz la crisis en agosto. Destacamentos armados de la oposicin han apabullado a la polica y a los militares en las tierras bajas, hasta ahora impunemente. Por lo tanto, las fuerzas de seguridad bolivianas han sido humilladas segn su cdigo institucional comn. Y sin embargo, mientras la oposicin incrementa la apuesta de violencia e ilegalidad, el gobierno central se muestra cada vez ms renuente a monopolizar el uso legtimo de la fuerza, y la oposicin se hace cada vez ms atrevida en la persecucin de partidarios de Morales.

sta, por lo menos, ha sido la dinmica en Pando. Prefectos opositores en Beni, Santa Cruz, y Tarija han desistido en cierta medida en sus ataques, y han aceptado aparentemente el dilogo con el gobierno de Morales, pero el dao ha sido hecho. Morales declar la ley marcial en Pando y orden el arresto del prefecto departamental, Leopoldo Fernndez, el 12 de septiembre. Muchos partidarios de Morales se preguntarn por qu mantiene el dilogo con los prefectos opositores en Beni, Santa Cruz, y Tarija, cuando estos y sus partidarios podran ser legtimamente juzgados por sus crmenes.

La reunin de emergencia de la Unin Suramericana (UNASUR) convocada por la presidenta Michelle Bachelet en Chile el 15 de septiembre es una seal de tiempos cambiantes en el hemisferio occidental. Dictadores militares como Augusto Pinochet de Chile, Hugo Banzer de Bolivia, y sus vstagos bastardos como Leopoldo Fernndez quien comenz a fines de los aos setenta como paramilitar bajo sucesivas dictaduras pertenecen al pasado.

La nueva diplomacia regional ejercida a travs de la Organizacin de Estados Americanos (OEA), el Grupo de Ro, y ahora UNASUR ha enfrentado exitosamente crisis diplomticas provocadas por el gobierno de EE.UU. y sus aliados locales de la derecha. Aunque la expulsin por Hugo Chvez del embajador de EE.UU. en Venezuela ocup los titulares en EE.UU., la crisis boliviana se vio de modo muy diferente en los medios regionales. Bolivia vende la mayor parte de su gas natural a Brasil y Argentina, y el presidente brasileo Luiz Incio Lula da Silva y la presidenta argentina Cristina Fernndez denunciaron el movimiento separatista en trminos extraordinariamente enrgicos. El resultado de la reunin de UNASUR demostr adems que Morales cuenta con un robusto apoyo de gobiernos vecinos y de las principales organizaciones inter-estatales a las que pertenecen.

En vista del repudio regional a movimientos secesionistas en Bolivia y del abrumador apoyo a Morales en el interior, las fuerzas opositoras tienen pocas probabilidades de derrocar a Morales y de instalar un gobierno derechista. Adems, tienen que enfrentar la formidable y creciente resistencia dentro de sus propios departamentos, no slo en el campo sino tambin en las ciudades: la parte nortea de Beni es controlada por grupos indgenas que respaldan al gobierno de Morales, por ejemplo, mientras partidarios campesinos de Morales libraron batallas campales contra la oposicin en Tarija (la capital del departamento del mismo nombre)

El desenfreno reaccionario en las tierras bajas es el resultado de una minora desesperada, acorralada, que ha recibido considerable espacio de maniobra por parte de un gobierno central dbil, vacilante, que sin embargo goza de masivo apoyo popular. Ya que no puede recuperar el gobierno central y est aislada internacionalmente, la ltima arma de la oposicin es arrebatar la ilegitimidad al gobierno de Morales, haciendo que el pas no sea gobernable.

La oposicin ha demostrado la incapacidad del gobierno central de imponer el Estado de derecho contra el terror pblico-privado contra sus partidarios un triunfo espectacular para cualquier movimiento derechista. Desde el referendo revocatorio de agosto, el marco de ilegalidad trazado por la oposicin ha sido inconfundible. Aunque nadie anticip la escala de la masacre de El Porvenir era casi seguro que alguna tendra lugar.

Y si el gobierno boliviano hubiera intentado de impedir esta tragedia enviando al ejrcito y a la polica anti-disturbios antes de que alguno de sus partidarios fuera muerto, en lugar de reaccionar dbilmente y con vacilacin despus de los hechos? Se pondr el gobierno a la altura de las circunstancias en el futuro, o habr an ms masacres?

Si el gobierno de Morales no logra garantizar las vidas y la propiedad de sus partidarios, algunos de ellos pueden ser llevados a tomar la justicia en sus propias manos, en cuyo caso el clich meditico de la inminente guerra civil, hasta ahora slo una figura retrica, podra convertirse en realidad. No importa lo que suceda en el futuro, ahora hay una masacre ms que conmemorar el 11 de septiembre, y el dilema planteado por el trgico ejemplo de Allende sigue siendo tan sobrecogedor como siempre.

http://nacla.org/node/5021

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Forrest Hylton es autor de An Evil Hour: Colombia in Historical Context (que ser publicado por Verso) as como coeditor de Ya es otro tiempo el presente: Cuatro momentos de insurgencia indgena, cuya segunda edicin ser publicada por Muela del Diablo. Para contactos: [email protected].



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