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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-09-2008

Acumulando mercenarios, subcontratando guerreros y algunos fenmenos ms de la privatizacin del Pentgono
El complejo industrial militar 2.0

Frida Berrigan
Tomdispatch.com

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez


En los ms de siete aos que dura ya la Guerra Global contra el Terror de George W. Bush, el Pentgono se ha visto envuelto en dos grandes guerras, en una guerra de palabras potencialmente explosiva con Tehern y en numerosos conflictos menores, y cada vez se siente ms inclinado a que sean los contratistas privados del sector militar los que se las arreglen con todo.

rase una vez en que los soldados hacan algo ms que empuar un arma. Recogan la basura. Cortaban el pelo y entregaban el correo. Reparaban aviones e inflaban neumticos de camiones.

Eso se acab ya. Todas esas tareas son ahora responsabilidad de las corporaciones de la defensa privada. Al servicio del Pentgono, sus empleados manejan tambin ordenadores, escriben cdigos de software, crean sistemas de integracin, forman a tcnicos, fabrican y se ocupan del manejo de armas de ltima tecnologa, de comercializar municiones y de interpretar imgenes por satlite.

Gente de corbata y tacones, sin boinas ni fatigas, traducen hoy documentos, recogen informacin de inteligencia, hacen de intrpretes para soldados e interrogadores, aprueban contractos, elaboran informes para el Congreso y proporcionan supervisin para otros contratistas privados. Tambin rellenan recetas, colocan prtesis y organizan terapias fsicas y cuidados psiquitricos. De arriba a abajo, la maquinaria de guerra del Pentgono no slo est dirigida por esas corporaciones sino que tambin le proporcionan personal para cualquier tipo de servicio.

Consideren lo siguiente: En el ao fiscal de 2005 (el ltimo ao del que se disponen datos), el Pentgono gast ms dinero en contratar servicios con las compaas privadas que en los suministros y equipamientos en s, incluidos los sistemas ms importantes de armamento. Esta cifra ha ido aumentando a toda velocidad a lo largo de los ltimos diez aos. Durante la ltima dcada, segn un reciente informe de la Oficina de Contabilidad del Gobierno, la suma que el Pentgono ha pagado a las compaas privadas por sus servicios se ha incrementado en un 78% en trminos reales. En el ao fiscal de 2006, estos contratos de servicios totalizaron ms de 151.000 millones de dlares.

Cada vez con mayor frecuencia escuchamos cmo generales y polticos al alimn se lamentan de la situacin del ejrcito. Su conclusin: el desgaste natural de la Guerra Global contra el Terror del Presidente ha puesto al ejrcito al borde del precipicio. Pero los contratistas privados estn tocando una meloda diferente. Pinsenlo de esta manera: Mientras el ejrcito no puede suministrarse adecuadamente, sus proveedores se estn anotando contratos por valor multimilmillonario. Para ellos, es cuestin de dejar que rueden los buenos tiempos.

Las diferencias que marca una guerra

Como nos preparamos ya para concluir el libro sobre la presidencia Bush, merece la pena explorar y ver, justo ahora, cmo en los ltimos siete aos la larga Guerra contra el Terror ha ayudado a construir una nueva y privatizada versin del Pentgono. Llmenlo Complejo Militar Industrial 2.0.

Consideren el ao fiscal 2001, que termin convenientemente en septiembre de ese ao. Sirve para captar, como buen horizonte de fondo anterior a la Guerra contra el Terror, cmo el Pentgono ha venido ampliando desde entonces sus relaciones con los contratistas privados y cunto les est pagando ahora.

Retrocedamos a aquella poca, los diez proveedores ms importantes del Pentgono se repartan unos 58.700 millones de dlares en contratos del Departamento de Defensa (DoD), adems de un total de 144.000 millones de dlares que iban a parar a los 100 contratistas ms importantes del Pentgono. El nmero 100 en la lista lo ocupaba el Grupo Carlyle, con 145 millones de dlares en contratos. No olviden tener en mente que ese era el precio de la defensa de una nacin sin ninguna superpotencia rival.

Rebobinando hasta el 2007, las diez compaas ms importantes en la lista de contratistas privados del Pentgono compartan 125.000 millones de dlares en contratos del DoD, de un total de 239.000 millones compartidos entre los 100 contratistas ms importantes. El menor de los contratos, de entre esos 100 principales, se concedi a ARINC y alcanz la cifra de 495 millones de dlares.

Es decir, que en estos siete aos los contratos que han ido a parar a las 10 empresas de contratistas ms importantes se han ms que doblado, el tamao del pastel de los desembolsos se increment en dos terceras partes y el contrato ms pequeo entre las 100 ms importantes se cuadruplic.

Igual de revelador es que en 2007, casi la mitad de las compaas de la lista de las 100 ms importantes del Pentgono no estaban siquiera en esa lista siete aos antes, incluida McKesson, que se llev la considerable cifra de 4.600 millones de dlares en contratos, y MacAndrews and Forbes que cosech 3.300 millones de dlares.

Aqu hay un hecho que da sentido a todo lo anterior: Teniendo en cuenta el espectro de servicios ofrecidos y el nivel de integracin que se ha producido ya entre el Pentgono y esas compaas privadas, Estados Unidos ya no puede emprender una guerra, ni siquiera pagar nminas, sin ellas.

Estos han sido buenos tiempos para los contratistas de la defensa aunque no tanto para el ejrcito mismo. Desde septiembre de 2001, muchas compaas han dado un salto espectacular desde no recibir contratos del Pentgono, o slo contratos por unos pocos millones, a asignaciones en el mbito de los miles de millones de dlares. Aqu van unos cuantos retratos de las compaas que estn viviendo un boom mientras el ejrcito se va al garete.

URS Corporation: Esta firma de servicios tcnicos, ingeniera y construccin tiene su sede en San Francisco y emplea a ms de 50.000 personas en 34 pases. Es una firma que se mantiene del sector pblico, que fue recientemente adquirida por el Washington Group International y que obtuvo numerosos contratos de reconstruccin en Iraq. Ms del 40% de los ingresos de la compaa (5.400 millones de dlares en 2007) provenan del gobierno federal. Entre 2001 y 2007, sus contratos con el Pentgono se incrementaron ms de mil veces (en un 1.400%), desde 169 millones a 2.600 millones de dlares.

URS empez la Guerra contra el Terror con el nmero 91 en la lista de los 100 mejores del Pentgono. Ahora tiene el nmero 15

Electronic Data Systems Corporation: Fundada por el disidente Ross Perot, EDS es una compaa de servicios tecnolgicos globales con sede en Plano, Texas. En marzo, el Pentgono le concedi un contrato por 179 millones para proporcionar servicios de apoyo tecnolgico e informacin al Defense Manpower Data Center del Pentgono, su archivo central de todo tipo de datos sobre personal, mano de obra y vctimas, pagos y tramitaciones, as como toda la gama de informacin financiera. La compaa que emplea a 139.000 personas en 65 pases- alarde de 22.100 millones de dlares de ingresos en 2007. El gigante de ordenadores HP compr EDS en agosto pasado.

En 2001, la compaa ocup el puesto 71 en la lista de los mejores del DoD, con 222 millones en contratos. En 2007, haba subido al nmero 16 con 2.400 millones de dlares en contratos, un aumento de casi el 1.000%.

Harris Corporation: Esta compaa tecnolgica de comunicaciones e informacin tiene su sede en Melbourne, Florida, y da empleo a 16.000 personas. Harris alarde de haber tenido ingresos por 4.200 millones de dlares en 2007, con ms de la cuarta parte de los mismos (1.600 millones) procedentes de las compras del Pentgono de instalaciones y capacidades electrnicas, como los sistemas de radio de alta frecuencia Falcon II.

Cuando empez la Guerra contra el Terror, Harris tena una modesta cifra de 380 millones de dlares en contratos con el Pentgono (y era la nmero 43 en la lista de las 100 principales); pero durante los ltimos aos ha mejorado su rango a toda velocidad y ahora ocupa el nmero 30.

KBR: Aprovechando el sistema

La primera vez que en EEUU se escuch la frase complejo industrial militar fue durante el discurso de despedida del Presidente Dwight David Eisenhower el 17 de enero de 1961. Cuando dej su puesto, nuestro ltimo general convertido en presidente advirti que la conjuncin de un inmenso establishment militar y una gran industria de armamento es algo nuevo en la experiencia estadounidense y su influencia econmica, poltica, incluso espiritual- se siente en cada ciudad, en cada capitolio, en cada oficina del gobierno federal.

Debemos protegernos en los consejos de gobierno de la adquisicin de influencias indeseables, ya sean buscadas o no, del complejo industrial militar. El potencial para que se produzca un aumento desastroso e inapropiado de poder existe y seguir existiendo.

S, el comentario de Ike sigue siendo aplicable en los ltimos 47 aos en muchos sentidos, el Complejo Industrial Militar (MIC, en sus siglas en ingls) que describi ha evolucionado de forma alarmante y masiva. Actualmente, hace algo ms que ejercer influencia; ha creado una dependencia sin parangn y unos beneficios sin comparacin.

KBR puede muy bien ilustrar lo que esto significa en la prctica; KBR es una compaa privada que no publica informes trimestrales. Sin embargo, su reciente historia proporciona una leccin objetiva de lo que el MIC 2.0 puede hacer por la rentabilidad de un contratista privado.

KBR ha seguido de cerca cada paso del caminar del ejrcito militar estadounidense durante la invasin y ocupacin de Iraq: primero como Kellogg Brown and Root, una filial de Halliburton (de la cual Dick Cheney haba sido director ejecutivo), y despus como KBR, una compaa independiente. Ha hecho, en efecto, su fortuna corporativa a partir de los nefastos contratos con reembolso de costes y sin licitacin del Pentgono. Desde diciembre de 2001, KBR ha estado trabajando para el Pentgono bajo el Logistics Civil Augmentation Program (LOGCAP, en sus siglas en ingls), un acuerdo multimilmillonario en dlares que garantiza a la compaa beneficios mediante el reembolso de costes, sin acordar previamente precio alguno, por el cumplimiento de las tareas contratadas.

Ese enorme contrato se concedi sin tener en cuenta las exigencias del mercado competitivo. Su naturaleza, sin licitacin, fue una seal de que KBR no era precisamente un contratista corriente del Pentgono. Una segunda seal fue que el Pentgono aceptase el acuerdo de reembolso de costes. Una rareza en el mundo de los negocios, reembolso de costes significa que cuanto ms cueste un trabajo, ms beneficios van a parar a los bolsillos de la compaa. El profesor Steve Schooner, un experto en contratos de la Facultad de Derecho de las Universidad George Washington, coment: Nadie, en su sano juicio, se metera en un contrato que bsicamente dice: Piensa en todas las formas creativas que quieras para gastar mi dinero, y cuanto ms gastes, ms feliz estar. Bajo este contrato, el Pentgono ha repartido 20.000 millones de dlares entre KBR para que construya y gestione instalaciones para el personal militar en Iraq y proporcione alimentos y otras necesidades a las tropas estadounidenses que all estn.

Irnicamente, el Pentgono no est obteniendo aquello por lo que pag ni por lo ms remoto. Las actividades fraudulentas de KBR han supuesto, segn la Oficina de Contabilidad del Gobierno: un fracaso total a la hora de dar cuentas de forma adecuada sobre los ms de mil millones de dlares en fondos contratados; el arrendamiento de vehculos para uso del personal de la compaa por un monto de hasta 125.000 dlares al ao (a pesar del hecho de que esos vehculos se podan haber claramente comprado por 40.000 dlares o menos); la compra de objetos lujosos innecesarios tales como toallas con monogramas para su uso en las instalaciones de recreo de la compaa destinadas al personal militar; sobrecargar el precio del fuel comprado en Kuwait y llevado a Iraq para uso militar; cargar a la cuenta del Pentgono el valor, aumentado tres o cuatro veces, de las comidas consumidas por el personal militar estadounidense; y suministrar agua contaminada a las tropas estadounidenses.

Todos estos abusos salieron a la luz gracias a las investigaciones del Congresista Henry Waxman (D-CA), de la propia Oficina del Inspector General del Pentgono, y de otros, pero Halliburton y su anterior filial se escaparon con poco ms que un tirn de orejas, como fue la revocacin del contrato de suministro de fuel y del contrato exclusivo LOGCAP de KBR para Iraq. Este contrato fue recientemente dividido en tres partes y sacado a licitacin. Sin embargo, a KBR se le permiti presentarse a la misma, y ahora est compartiendo el contrato con Dyncorp y Fluor Corporation. Cada compaa ha recibido un contrato por 5.000 millones de dlares que incluye nueve posibilidades de renovacin al ao, lo que podra representar, en total, hasta 150.000 millones de dlares, segn Dana Hedgpeth, del Washington Post.

El ms reciente de los muchos puntos en contra de KBR se produjo cuando varios miembros del Congreso e investigadores la acusaron de que el poco cualificado trabajo de electricidad efectuado por los empleados de la compaa en las duchas de las bases militares haban provocado la muerte por electrocucin de 16 soldados estadounidenses.

Para entender lo que significa para el Pentgono la privatizacin en marcha, consideren slo un modesto ejemplo de la corrupcin que infecta KBR y de cmo se ha abordado el mismo. En 2004, la compaa present una serie de solicitudes de reembolso por ms de mil millones de dlares en cargos que los auditores del Ejrcito calificaron de cuestionables, en parte porque no estaban respaldados por documentacin fiable. Charles Smith, el oficial del ejrcito que se encargaba de los contratos del Pentgono, se neg a aprobar los pagos y amenaz con imponer multas a la compaa si no consegua controlar mejor sus gastos. Posteriormente, declar a James Risen, del New York Times, que KBR tena una cantidad gigantesca de pagos que no poda justificar. En ltima instancia, el dinero que estaba yendo a parar a manos de KBR era dinero que se le estaba quitando a las tropas.

A pesar de sus 31 aos en el Ejrcito, y sin que casi se diera cuenta, Smith fue trasladado de su puesto, mientras que los pagos requeridos eran posteriormente enviados a KBR. Segn el New York Times, el Ejrcito argument que bloquear los pagos a KBR habra daado los servicios bsicos prestados a las tropas. Dijeron que KBR haba advertido que si no se le pagaba, reducira sus pagos a los subcontratistas, lo que a su vez provocara un recorte en los servicios.

Es decir, el Pentgono a cargo de cientos de miles de millones de dlares y ms de un milln de personas con o sin uniforme- era bsicamente prisionero de una compaa que amenazaba con negar servicios que (para ser sinceros) haban sido de muy mala calidad desde el principio.

El senador Robert Byrd (D-WV) vio claro el problema: Hemos pasado a depender de compaas que slo buscan su beneficio para satisfacer las necesidades diarias de alimentar y albergar a nuestras tropas, [y] para desempear una mirada de otras funciones de la misin, incluyendo la seguridad. Esta clase contratos han abierto la puerta para que cada gestor se sirva del sistema para maximizar beneficios.

Y ya lo creo que se sirven del sistema. Por ejemplo, la clase de corrupcin que parece ser endmica en KBR ha creado a su vez un rentable nuevo mercado para otro tipo de corporaciones militares privadas, las especializadas en supervisin y contabilidad.

Despus de que el ejrcito sustituyera a Smith, alquil los servicios de la RCI Holding Corporation para que revisara los archivos de KBR. Smith dice que la compaa privada funciona con estimaciones, utilizando los datos, muy poco consistentes, que le proporciona KBR, mientras que ignora toda la informacin de auditora reunida por el Pentgono. Pero a KBR se le concedieron posteriormente pluses de alto rendimiento y una parte de ese nuevo contrato por diez aos con el Ejrcito, SERCO (la compaa originaria de RCI Holding) reciba tambin un nuevo contrato: para continuar supervisando los contratos de KBR.

Y as la dependencia engendra dependencias ms profundas, mientras que la corrupcin, la incompetencia y la ms insensible de las indiferencias se va arraigando cada vez ms en la vida militar.

Durante su primera campaa presidencial, George W. Bush identific a Cristo como su filsofo poltico favorito. Pero como primer Presidente estadounidense con un master en Administracin de Empresas (y nada menos que de Harvard), ha hecho un trabajo mucho mejor al aplicar el principio de ante todo el beneficio de Donald Trump y Jack Welch en vez de tomar el ejemplo del hombre de Galilea que prometi riquezas a los hombres ricos en el cielo una vez que hubieran vendido todas sus propiedades y las hubieran repartido entre los pobres en la tierra. Como presidente, Bush ha llevado al Despacho Oval la visin de que las corporaciones no pueden equivocarse y le ha dado al sector privado, con toda rapidez, un reino de grandes libertades en vez de ocuparse del conjunto de servicios y obras pblicas. Actualmente, el sector militar se apoya enormemente en las corporaciones privadas para llevar a cabo lo que solan ser sus funciones bsicas, desde la guerra a la ayuda en caso de desastre, hasta a lavar los platos. KBR es slo un ejemplo multimilmillonario en dlares del legado de la presidencia de George Bush.

Ms all de Blackwater: Acumulando mercenarios en el Pentgono [*]

El nuevo complejo 2.0 emplea habitualmente a compaas cuyo trabajo consiste en enviar mercenarios armados al campo de batalla junto a los soldados estadounidenses, o a proteger a los diplomticos y altos oficiales del ejrcito de EEUU. Combatir en las guerras de alquiler se ha convertido, desde 2001, en parte esencial del modus operandi del Pentgono, y el empleado de Blackwater disparando por Bagdad con vestimenta Kevlar, kafiyah y amplias gafas de sol es el smbolo supremo del nuevo momento.

Pero hay otra dimensin del incremento de la era privatizadora de Bush en el Pentgono a la que se ha dedicado mucha menos atencin: Las firmas militares privadas estn tambin haciendo el trabajo administrativo de la guerra. Segn un informe de la GAO de marzo de 2008: Additional Personal Conflict of Interest Safeguards Needed for Certain DoD Contractor Employees, en los despachos de todo el Departamento de Defensa se han instalado, en cifras alarmantes, cubculos de mercenarios que trabajan hombro con hombro con el personal militar uniformado y con los empleados federales.

La Oficina de Contabilidad del Gobierno (GAO, en sus siglas en ingls) mir en 21 despachos distintos del Pentgono y se encontr con que los contratistas privados superaban en ms de la mitad a los empleados del DoD. En el departamento de ingeniera de la Missile Defense Agency, por ejemplo, los empleados de los contratistas privados representaban ms del 80% de la fuerza laboral. La GAO se encontr con que los contratistas eran responsables del desarrollo de una amplia gama de tareas y que no estaban sujetos a las leyes y regulaciones federales diseadas para impedir los conflictos de intereses, incluyendo las normas que conciernen al personal que quiere conseguir puestos como empleados federales en las compaas a las que se haban concedido contratos.

Otro informe de la GAO de 2008 aconsejaba al Centro de Excelencia de Contratacin del Ejrcito que los contratistas privados no superaran el 20% de la fuerza de trabajo. Sin embargo, el coste medio de la hora de un empleado de un contratista privado estaba ms de un 26% por encima de la de un empleado del gobierno. Pueden encontrarse similares disparidades en los pagos de forma an ms escandalosa en Iraq, donde a un soldado se le paga poco ms del salario mnimo, mientras que un contratista militar privado puede muy bien ganar ms de 100.000 dlares al ao, libres de impuestos.

Para apreciar el contraste supremo en la privatizacin militar, obsrvese lo siguiente: Al testificar en una vista del Congreso en julio, el director ejecutivo de Blackwater Erik Prince ofreci una estimacin aproximada de su salario anual: ms de un milln. Y le asegur al Congresista Peter Welch (D-VT) que volvera con una cifra ms exacta. Welch seal en aquel momento que el General David Petraeus entonces responsable de ms de 160.000 soldados estadounidenses en Iraq- ganaba 180.000 dlares al ao.

Privatizando en lo ms alto

Una vez que las compaas privadas asumen las tareas militares y las propias de una guerra, dnde se detiene el asunto? No es comn, por ejemplo, que una compaa alquilada para realizar un servicio para el Pentgono subcontrate una parte de sus tareas a otra compaa, que a su vez puede subcontratar parte de las mismas a una tercera. Quin se ocupa de controlar todo eso? Cuando hacen algo mal, quin es el culpable?

Una reciente investigacin de Craig y Marck Kielburger, cofundadores canadienses de la ONG Free the Children, y del periodista Chris Mallinos, de Toronto, hallaron que KBR haba subcontratado a ms de 200 firmas diferentes muchas de ellas con sede en Kuwait- para transportar materiales a Iraq.

El resultado fue ste: Estados Unidos ha acabado pagando a compaas que se dedican a esclavizar a filipinos, a ciudadanos de Sri Lanza y a otros nacionales de terceros pases para que lleven suministros a Iraq. En un reciente artculo de Epoch Times, el tro narr una serie de misiones de reconocimiento hasta Kuwait para entrevistar a docenas de hombres filipinos y surasiticos reclutados para Oriente Medio con la promesa de buenos trabajos, slo para acabar siendo alquilados por las compaas de transporte kuwaites que van y vienen de Iraq. Un filipino describi cmo Jassin Transport y Stevedoring Company uno de los sub-subcontratistas de KBR- le quit el pasaporte, anul el contrato que haba firmado en Filipinas y le entreg un nuevo contrato escrito en rabe. A los empleados se les daba un ultimtum: o firmaban o se largaban. Entonces les entregaban las llaves de camiones, tractores y trailer sin blindar y les decan que condujeran velozmente por carreteras famosas por su peligrosidad. Los autores concluan que esas compaas violaban abiertamente las leyes laborales de EEUU al utilizar mano de obra barata importada, retener los pasaportes de los empleados y albergar a los trabajadores en condiciones infames.

Oficialmente, se supone que nada de eso est ocurriendo. Filipinas, Nepal y otros pases prohben que sus ciudadanos acepten trabajos en Iraq. En 2006, el Departamento de Defensa emiti normativas ms estrictas prohibiendo esos trficos de trabajadores, y KBR y otras compaas prometieron que sus subcontratistas seguiran las leyes laborales locales. Pero con normativas o no, la verdad es que el Pentgono no controla realmente nada del proceso, y los sub-sub-subcontratos es una forma de hacer mucho dinero en lugares como Iraq.

Oh y a pesar de las vistas, investigaciones y legislacin, el Congreso tampoco controla nada. En un intento de enfrentarse a la privatizacin del ejrcito, por ejemplo, el Comit para la Poltica Democrtica del Senado celebr un total de diecisiete vistas sobre despilfarro, fraude y corrupcin en Iraq. El Representante del Comit para la Reforma y Supervisin Gubernamental, Henry Waxman, represent el papel de respetable mosca cojonera del Congreso. Las vistas celebradas tanto en el Congreso como en el Senado han sido fascinantes, algunas veces espeluznantes, dentro del teatro de Beltway, pero la posterior legislacin creada para adecentar los informes y supervisiones del Pentgono, ajustar enormes lagunas jurdicas en la contabilidad, criminalizar el fraude y poner freno a algunos de los peores abusos de los contratistas privados ha probado ser bien intencionada pero desesperadamente dbil e ineficaz en la prctica.

Est el MIC 3.0 en nuestro futuro?

El Presidente Bush dejar el poder vanaglorindose de que Estados Unidos tiene la maquinaria militar ms profesional y poderosa del mundo. Hemos pagado muy caro por esa maquinaria en los ltimos siete aos y pico. Desde 2001, la factura por todo eso podra superar los 3.800 billones de dlares, ms otros 900.000 millones en marcha hacia Iraq, Afganistn y algn lugar ms.

Y si la maquinaria militar estadounidense es ahora descomunal y asombrosamente cara, es tambin tanto ms propensa a descomponerse en un mundo ms peligroso e inestable. Por eso piensen que el legado que nos deja George W. Bush con un Pentgono tan inflado que hace imposible que se le reconozca, e inutilizado por su dependencia de las corporaciones militares privadas.

Y en cuanto al legado de Bush a la Lockheed Martins, las KBR y toda la tropa de las 100 ms importantes, se ha ido tal cantidad de dinero hacia ellas que es imposible calcularlo, lo suficiente para dejarlas a todas trabajando duro en aras al Complejo Militar Industrial 3.0. Naturalmente, quieren asegurar que el dinero va a seguir derramndose en su siempre ascendente maquinaria de guerra, no importa quin asuma el poder en la Casa Blanca en 2009.

N. de la T.:

[*] Sobre el tema de la privatizacin de la guerra en Iraq, puede consultarse tambin informacin reflejada en su da en:

http://www.nodo50.org/csca/agenda2003/sinfo_22-12-03.html; http://www.nodo50.org/csca/agenda2004/iraq/sinfo_7-03-04.html;

http://www.nodo50.org/csca/agenda2004/iraq/sinfo_7-05-04.html

Frida Berrigan es Asociada del Programa de Investigacin de la America Foundations Arms and Security Initiative. Es columnista de Foreign Policy in Focus y editora colaboradora de In These Times. Es autora de informes sobre trfico de armamento y derechos humanos, la poltica de armas nucleares de EEUU yla poltica interior de defensa y misiles de EEUU y armas espaciales. La parte primera de su serie sobre el Legado de Bush al Pentgono se recoge en Tomdispatch.com Entrenched, Embedded and Here to Stay y puede leerse aqu. Puede contactarse con ella en: [email protected]

Enlace con texto original:

http://www.tomdispatch.com/post/174976/frida_berrigan_the_pentagon_legacy_of_the_mba_president



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