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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-09-2008

Hay una alternativa al dominio corporativo (I)

Mark Engler
Progreso Semanal


Uno de los rasgos sorprendentes de la vida poltica moderna es la manera en que las elites globales niegan consistentemente las alternativas viables al orden global existente, incluso a medida que cambia el terreno de la poltica internacional. Los globalistas imperiales que llegaron al poder en los aos de Bush aseguran que sin el podero militar norteamericano proyectado decisivamente al exterior las fuerzas del mal arrasaran al mundo. Mientras tanto, los globalistas corporativos de Wall Street persisten en su creencia de que en el mundo posterior a la Guerra Fra no tenemos ms opcin que aceptar el continuo avance del mercado libre.

Ninguna de esas ideas es creble. La desastrosa guerra en Irak se contradice con el argumento neoconservador de que la guerra preventiva puede crear la seguridad, Mientras tanto, los principales expertos continan proclamando que el neoliberalismo --la doctrina radical de libre mercado que ha definido el Consenso de Washington en la economa internacional de las ltimas dcadas-- es inevitable e irremplazable. Sin embargo, mientras esa ideologa se desprestigia en todo el mundo, su discusin se revela ms que nunca cada vez ms falsa. Actualmente existen decenas de libros y cientos de informes que ofrecen nuevas direcciones al orden global --adems de innumerables iniciativas a niveles locales, nacionales e internacionales para crear sistemas polticos y econmicos que defiendan los derechos humanos y el medio ambiente.

En realidad, la falta de ideas viables no es el problema para los que rechazan tanto el modelo corporativo como el imperial de globalizacin. Ya sean parte de bulliciosos levantamientos nacionales o callados y persistentes esfuerzos comunitarios para promover una globalizacin democrtica --una globalizacin desde abajo-- miembros de redes de base estn dedicados ahora a un debate acerca del balance apropiado de visin, programa, estrategia poltica, y tctica necesarias para avanzar.

Cambios en el movimiento global de justicia

Parte de lo que ha motivado la confusin pblica acerca de las alternativas fue la especificidad del movimiento poltico cuando las protestas contra la globalizacin capturaron la atencin de los medios principales. Durante el perodo alrededor del 2000, la organizacin de justicia global era cubierta por los medios solo en contextos en los que los participantes brindaban una voz de oposicin --en las reuniones cumbres de instituciones como la Organizacin Mundial del Comercio (OMC), eL Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Estos eventos se convirtieron en puntos llamativos de resistencia por una razn: las reuniones cumbres eran extraordinariamente eficaces para hacer converger un grupo tremendamente diverso de activistas ciudadanos globales.

Sin embargo, la escena de la globalizacin comenz a cambiar al inicio de los aos de Bush, cuando los ataques del 11/9 desempearon un importante papel en el cambio. Tan abruptamente como haban anunciado los principales medios de noticias que llegara el nuevo movimiento global despus de las protestas de Seattle contra la OMC, los cuestionamientos al Consenso de Washington se hicieron prcticamente invisibles a sus reporteros una vez ms despus del 11/9. Esto reflejaba solo parcialmente lo que estaba sucediendo en el terreno. En los meses siguientes a los ataques, algunas protestas --principalmente una importante movilizacin contra las reuniones del Banco Mundial y del FMI en Washington, D.C.-- fueron canceladas a medida que el mundo se dispuso a mostrar solidaridad con las vctimas. Sin embargo, la irresponsable respuesta de la administracin Bush elimin la buena voluntad global y en definitiva aument el alcance de las protestas.

A medida que continuaron las estrategias para imponer visiones elitistas de globalizacin, las protestas en pro de la justicia global se reanudaron en todo el mundo. Muchas personas, en particular en los pases del Sur, combinaron su indignacin contra el militarismo norteamericano con un repudio a la globalizacin corporativa. Cuando Bush viaj al extranjero, se encontr con enormes protestas, muchas de las cuales plantearon temas econmicos as como preocupacin por la guerra. Sin embargo, los medios noticiosos reportaron mayoritariamente que estas manifestaciones eran incoherentes motines anti-norteamericanos, si es que las reportaban. Los expertos de la comunidad poltica de Washington se apresuraron a declarar que el movimiento pro justicia global haba muerto. Al frente de la jaura se encontraba Edgard Gresser, del Instituto de Poltica Progresista, el tanque pensante del Consejo de Liderazgo Democrtico a favor del libre comercio, quien pronostic que el movimiento estaba destinado a la irrelevancia en un mundo re-alineado.

Millones de personas tenan razn para protestar. Estos activistas estaban a punto de redisear el mapa poltico de Latinoamrica, presidir sobre el colapso de la legitimidad del neoliberalismo, liderar una rebelin mundial contra la guerra preventiva, y llevar a los temas de justicia econmica a niveles mucho ms prominentes en el debate del desarrollo global. Sus esfuerzos en pro de una globalizacin democrtica, aseguraban, estaban bien vivos.

El panorama desde Porto Alegre

Como resultado, una manifestacin muy visible de la prxima etapa del movimiento de justicia global provendra de una modesta ciudad de 1,5 millones de habitantes del sur de Brasil, un lugar cuyo nombre se ha convertido en sinnimo de la bsqueda de un orden global ms justo y democrtico. Actualmente, la sola mencin de Porto Alegre, cuna del Foro Social Mundial, es suficiente para eliminar de una vez el argumento instintivo de que no hay alternativa a las visiones dominantes de globalizacin.

Incluso en la medida en que los progresistas dentro de EEUU se dedicaron a resistir las polticas de la administracin Bush acerca de la guerra preventiva y sus asaltos reaccionarios a los derechos constitucionales, los movimientos internacionales no han esperado al cambio de rgimen en EEUU para fomentar la desaparicin del Consenso de Washington. Grandes muchedumbres se han unido a los norteamericanos en manifestaciones en contra de la guerra en Irak, como el 15 de febrero de 2003, cuando ms de diez millones de personas en ms de 500 ciudades marcharon a las calles, lo que constituy el mayor da de accin global coordinada de toda la historia. Pero al mismo tiempo, las comunidades locales han realizado batallas para revertir la privatizacin de los servicios pblicos y campaas transnacionales han luchado por reformas tales como la cancelacin de la deuda. En pases de toda Latinoamrica se han derrocado gobiernos neoliberales, han sido elegido lderes que se oponen al Consenso de Washington y se ha presionado a funcionarios para que impongan polticas sociales que sirvan al pueblo trabajador.

Al reflejar este sostenido torrente de actividad global, el Foro Social Mundial ha crecido y madurado. Mientras que el primer foro global en 2001 dio la bienvenida a 12 000 participantes, los eventos posteriores han crecido cada vez ms y han atrado hasta 150 000 personas. Adems de regresar a Porto Alegre durante tres aos consecutivos despus de la cumbre inicial, el evento global tambin se ha celebrado en Mumbai, India, y en Nairobi, Kenya. A nivel regional se han celebrado foros ms pequeos. En el Foros Social Mundial, lderes comunitarios, representantes sin fines lucrativos, acadmicos, organizadores y legisladores progresistas han presentado, discutido y perfeccionado ideas que representan colectivamente un conjunto de polticas para la economa global tan completo como cualquier oficina inestable de campaa pudiera aspirar a disear. Esos espacios han servido como encarnacin de las propuestas para una globalizacin democrtica,

Reuniones de grupos en carpas, designadas para la discusin de la energa y el medio ambiente, han encontrado estrategias para liberarnos de la dependencia de la economa del petrleo. Ellos han propuesto inversiones en transportacin pblica masiva y trasladar los subsidios gubernamentales de la explotacin de hidrocarburos a la energa alternativa. Otros medioambientalistas han trabajado para promover un impuesto internacional a los carbonos para penalizar a los contaminadores --algo de indudable inters pblico, en especial debido a la creciente evidencia acerca de los peligros del calentamiento global. Todos ellos representan polticas pblicas perfectamente viables, a las que se ha opuesto con vehemencia la industria petrolera.

En otras carpas, agricultores familiares y defensores de la seguridad de los alimentos, provenientes de todo el mundo, se han reunido para promover modelos para la reforma agraria redistributiva. Hasta las instituciones financieras internacionales reconocen que la reforma agraria sera beneficiosa para los pobres, pero ha sido sacada del mapa poltico por las elites nacionales y los conglomerados agroindustriales. Otros activistas explicaron de qu forma los subsidios gubernamentales a las exportaciones y los plaguicidas incrementan el monocultivo por sobre la agricultura orgnica; en respuesta, ellos argumentaron a favor de un cambio de los fondos pblicos para apoyar la agricultura sostenible. Las comunidades indgenas hicieron mayor hincapi en su derecho a la autodeterminacin, en particular con relacin a mantener sistemas tradicionales de propiedad de la tierra y produccin de alimentos.

Las carpas en las que se celebraban discusiones acerca de la necesidad de detener el poder corporativo han presentado una lista de propuestas innovadoras. Estas incluyen el financiamiento pblico de elecciones para terminar con lo que el Senador de EEUU Russ Feingold ha llamado un sistema de soborno legalizado y de extorsin legalizada. Incluyen leyes que permitan a las vctimas de los abusos corporativos en los pases en vas de desarrollo a presentar reclamaciones judiciales en tribunales norteamericanos y europeos. E incluyen propuestas detalladas para fortalecer la ley anti-trust a fin de eliminar los monopolios comerciales --entre ellos los imperios de medios masivos que hacen tanto por imponer lmites al debate pblico.

Un grupo llamado ATTAC, uno de los organizadores del Foro Social Mundial, ha levantado carpas para promover la campaa a favor del Impuesto Tobin. Propuesto inicialmente en la dcada de 1970 por el economista ganador del Premio Nbel James Tobin, la iniciativa impondra un impuesto de bajo porcentaje a los cientos de miles de millones de dlares de transacciones financieras internacionales que tienen lugar cada da. Esto significara una falta de incentivos a la especulacin a corto plazo con las monedas, y alentara la inversin ms productiva a largo plazo. Es ms, hasta un impuesto minsculo podra crear un fondo de ms de $100 mil millones que pudiera ser usado para impedir la propagacin de enfermedades y aliviar la pobreza global.

Lugares de trabajo en almacenes que agruparon a organizaciones sindicales han ofrecido infinitos mtodos para proteger los derechos de los trabajadores y terminar con las condiciones de explotacin. Ms de setenta ciudades y localidades en Estados Unidos han aprobado leyes de Salario Digno desde principios de la dcada de 1990. Estas van ms all de mezquinos requerimientos de salario mnimo y ordenan que los negocios paguen a los empleados al menos lo suficiente como para mantener a su familia fuera de la pobreza. En los foros sociales, activistas norteamericanos discutieron la manera de propagar estas campaas. Mientras tanto, representantes de un estimado de 180 fbricas dirigidas por trabajadores, formadas despus de que el capital se fugara de la colapsada economa neoliberal de Argentina en 2001, hablaron acerca de sus experiencias en la autogestin. Y grupos como la Coalicin de Mujeres para la Justicia Econmica han hecho hincapi en que las cumbres apoyadas por la ONU y otros esfuerzos internacionales para promover los derechos de las mujeres no deben estar subordinados a acuerdos multilaterales de comercio.

Finalmente, talleres organizados por representantes del movimiento de comercio justo presentaron sus intentos por construir vnculos directos entre productores en el Sur global y los consumidores en el Norte. El modelo de comercio justo tiene como objetivo eliminar a los intermediarios explotadores, garantizar que los trabajadores obtengan un salario digno por su trabajo, y dar a los colectivos locales una mayor participacin en la determinacin de las condiciones bajo las cuales tiene lugar el intercambio econmico internacional. Al igual que los alimentos orgnicos, el comercio justo sigue siendo un mercado de nicho y no puede sustituir los ms amplios cambios estructurales en la economa global. Pero brinda tanto una alternativa al comercio explotador como un modelo esperanzador para un cambio futuro.

Incluso esta amplia gama de actividad no constituye una revisin exhaustiva. A diferencia de los modelos corporativo e imperial, una globalizacin desde abajo no es una receta de la economa global que convenga a todos. En relacin con las polticas alternativas, el modelo de la democracia participativa produce, segn las palabras de otro lema, Un No, Muchos S.

Genera un fuerte reto a las estructuras del neoliberalismo y el imperio, pero permite un sentido ms amplio de lo que los reemplazar.

A diferencia de los manifiestos individuales que suponen que una falta de ideas es el problema de los progresistas, los activistas en Porto Alegre han presentado una agenda para el cambio enraizada en las luchas y campaas locales que hace tiempo se han iniciado. Excelentes volmenes como Alternativas a la globalizacin econmica, un libro compilado por el Foro Internacional de Globalizacin, con sede en San Francisco, han perfilado otros aspectos de esta agenda. Los Informes de Desarrollo Humano producidos anualmente por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) han apoyado muchas de estas mismas iniciativas. Un nmero de propuestas progresistas han sido presentadas este verano como legislacin en el Congreso norteamericano en tales medidas como la reciente ley TRADE, promovidas por defensores del comercio justo. No hace falta decir que los beneficiarios elitistas del dominio corporativo e imperial que an se mantienen firmes en su argumento de que no existen alternativas preferiran que el pblico no supiera de ninguno de estos avances.

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Mark Engler, analista principal de Foreign Policy In Focus, es autor de Cmo dominar el mundo: la batalla que se avecina por la economa global (Nation Books, 2008), del cual se adapt este artculo.



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