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(el Pueblo quiere la paz)
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-09-2008

Es un crimen contra la paz (si vis pacem, para pacem!)

Alfonso Sastre
Gara


Crimen: 1) Delito grave. 2) Accin indebida o reprensible (DRAE). Todo lo ms terrible que pudiera ocurrir hoy en Euskal Herria, para quienes somos fervientes partidarios de la paz en este pueblo, est sucediendo en este pas durante los ltimos aos. A qu me refiero? A los efectos de la aplicacin en nuestra vida de la llamada Ley de Partidos, que es, digmoslo con sencillez y precisin, un verdadero crimen contra la paz, como lo atestigua la cascada de ilegalizaciones y encarcelamientos bajo la teora de que todo es ETA, sin ms rigor que la consideracin de que cualquier vecindad ideolgica (en este caso el independentismo) nos sita en su entorno, y que esas vecindades nos colocan de pleno, sin ms formalidades, en el campo de la delincuencia y probablemente en la crcel como presos comunes, pues, como se sabe, en Espaa, como decan en su tiempo los franquistas en el poder, no hay presos polticos.

Estos apresamientos e ilegalizaciones que viene provocando el Gobierno espaol, con la colaboracin del conjunto de sus aliados, vienen siendo legalizados, que no legitimados, claro est, por una corte judicial a su servicio, en la que verdaderamente nos extraa no hallar algunas opiniones que fueran disidentes en virtud de la lealtad debida, por ellos, a los principios de una justicia rigurosa e independiente; de manera que esa legalizacin de lo injusto e ilegalizacin de lo justo es ya un bochorno casi cotidiano entre nosotros, que vamos sufriendo duros golpes no slo a la razn o al derecho natural sino tambin a la propia legislacin vigente en Espaa; y as se ha implantado una grave situacin en la que lo que ocurre no slo es injusto, sino adems es claramente ilegal desde un punto de vista meramente democrtico, aunque ello no se reconozca y se ignore olmpicamente.

El ltimo tramo de esta cascada viene siendo particularmente inquietante, aunque unos hechos tales fueran de esperar -y de temer- en el panorama actual, generado por la promulgacin de la antes citada Ley de Partidos; as, las impresentables ilegalizaciones son sin embargo presentadas, y ello sin vergenza alguna, por notables juristas y jurisconsultos: as, las de Accin Nacionalista Vasca, el Partido Comunista de las Tierras Vascas, las Gestoras Pro Amnista y Askatasuna, organizaciones ante las que yo me quito hoy respetuosamente la gorra.

El desarrollo de esta situacin es verdaderamente terrible, en la medida en que est tratando de imposibilitar, con toda la fuerza del poder, el paso a la apertura de un proceso de paz que pudiera conducir a ella en Euskal Herria.

Por mi parte yo, que no soy nadie, me dirijo en este momento a los polticos espaoles -tanto a los que se dicen (y acaso sean en otros campos) de izquierda, como a quienes se saben y lo proclaman, aunque a veces vergonzantemente, de derecha y son (no pueden ocultarlo) herederos claros del franquismo-; me refiero, claro est, a los militantes del PP, en el que hay algn brillante superviviente de aquellos tiempos, como Manuel Fraga Iribarne, ministro que fue del dictador, y a quien se puede recordar con su sahariana blanca y su camisita azul (pero sobre todo en sus hechos, como durante las huelgas mineras de 1963 y otros, tristemente notorios); a los que ha seguido una corte de ms o menos jvenes herederos fieles a su legado, todos ellos superespaoles, para quienes Espaa es una idea descendida del Cielo y, por tanto, ajena al curso de la Historia. Eterna metafsica de Espaa llamaba Primo de Rivera (hijo) a este monstruo de la epistemologa.

As es que hoy me dirijo a ustedes, que probablemente no leern este artculo, que aparece -claro!- en el entorno de la banda terrorista, para informarles, aunque sea irnicamente (porque es imposible que lo ignoren), de que la llamada izquierda abertzale es aqu la expresin poltica del nimus de independencia que anima (valga la redundancia), como claro est en los acontecimientos de cada da, a una muy buena parte, quizs la mayora, de la poblacin que habita en estos territorios... vascos. Son ya muchos los encarcelados sin otro delito a su cargo que el amor a su patria y haber tratado de expresar ese amor suyo a travs de los campos de la poltica y de la cultura.

En una situacin como sta no pueden ustedes actuar como hicieron los dirigentes de Alemania e Italia, cuyos estados pudieron acabar con movimientos armados como la RAF y las Brigatte Rosse, respectivamente; porque aqu la mirada menos aguda advierte la existencia de un serio problema poltico y de un no menos serio apoyo social, y ve la necesidad de la accin pblica de organizaciones polticas de la izquierda patritica, capaces de promover eficazmente la apertura de una mesa de negociaciones (nica va para la paz), en la que ETA se sentara para iniciar y llevar a cabo esas negociaciones. Para tal eventualidad, esas organizaciones polticas no pueden formar parte del coro de las condenas formales, cuya inanidad, por otra parte, est suficientemente mostrada y demostrada. Poner esa condicin para la legalidad de tales organizaciones patriticas muestra que no se tiene un verdadero deseo de paz, sino una clara voluntad de que la violencia contine. Yo, que, como he dicho, deseo, desde mi insignificancia, fervientemente la paz (y que ya me he ofrecido varias veces como seora de la limpieza de la mesa en la que las conversaciones se realizaran), estoy, a estas alturas, seguro de que quienes apuestan por una va policial pura y dura, como ellos mismos dicen, no desean la paz, puesto que saben -y cmo van a ignorar una realidad tan evidente?- que sus puntos de vista nos alejan criminalmente de ella.

Si vis pacem para bellum, decan los antiguos; pero nosotros, que queremos la paz, tenemos que prepararla, y situarnos en ese camino, empezando por distinguirla de una imposible y adems indeseable pacificacin que comportara que los enemigos se pongan de rodillas y acepten ser sometidos a las mayores humillaciones y a abandonar a sus presos en las mazmorras. Sabido es que no hay que confundir la paz con el orden pblico, y hemos de clamar, si queremos seguir con el latinajo, Si vis pacem, para pacem. Si queremos la paz, preparemos la paz! Naturalmente, lo que est en cuestin es la misma nocin de paz. Nosotros pensamos que esa nocin, tericamente, es un problema resuelto por lo menos desde la publicacin de la obra de Emmanuel Kant La paz perpetua. No hay paz al margen de la justicia y de la libertad. La paz es, justamente, lo contrario de la tranquilidad de los sepulcros.

Y se podr llamar paz democrtica a una situacin en la que ciento cincuenta mil ciudadanos o ms no podrn expresar, de hoy en adelante, sus opiniones en las urnas?



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