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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-09-2008

La crisis del capitalismo
Demagogia y realismo

Santiago Alba Rico
Rebelin


A Eduardo Fernndez Rubio, joven comunista

El mismo da en que la FAO informa de que el hambre afecta ya a casi 1.000 millones de seres humanos y valora en 30.000 millones de dlares la ayuda necesaria para salvar sus vidas, la accin concertada de seis bancos centrales (EEUU, UE, Japn, Canad, Inglaterra y Suiza), inyecta 180.000 millones de dlares en los mercados financieros para salvar a los bancos privados.

Frente a un dato como ste slo caben dos alternativas: o somos demaggicos o somos realistas. Si invoco la ley natural de la oferta y la demanda y digo que en el mundo hay mucha ms demanda de pan que de operaciones de ciruga esttica y mucha ms de alivios contra la malaria que de vestidos de alta costura (y mucha ms tambin de viviendas que de crditos hipotecarios); si reclamo un referndum kantiano que pregunte a los ciudadanos europeos si prefieren destinar las reservas monetarias de su pas a salvar vidas o a salvar bancos, estoy siendo sin duda demaggico. Si, contra la razn y la tica, acepto que es ms urgente, ms necesario, ms conveniente, ms eficaz, ms provechoso para la humanidad, impedir la ruina de una aseguradora y la quiebra de una institucin bancaria que dar de comer a miles de nios, socorrer a las vctimas de un huracn o curar el dengue, entonces estoy siendo realista. No hay en mis palabras ni una brizna de irona. Las cosas son as: una verdad redonda que no consiente aplicacin es demaggica; una monstruosidad puntiaguda que no admite alternativa es realista. Para tener mucho o tener poco o incluso para tener slo las ganas de tener algo- hay que dejar de lado todas las redondeces y aceptar todas las puntas y todos los pinchos. La minora organizada que gestiona el capitalismo ministros, banqueros, ejecutivos multinacionales, corredores de bolsa y periodistas econmicos- puede invocar a Hayek con arrogancia en momentos de bonanza y exigir con aplomo la intervencin del Estado cuando est a punto de despearse porque sabe que su impunidad es proporcional a nuestra dependencia. Por eso mismo -admitmoslo- los ciudadanos europeos convocados a un hipottico referndum kantiano (el banco o la vida) responderamos sin duda con realismo a favor de los bancos, conscientes de que todo lo que nos importa desde el abrazo de nuestras novias hasta la sonrisa de nuestros nios- es una concesin suya. La minora organizada que nos gobierna ha tomado como rehn a la humanidad y, si no acudimos en ayuda de los secuestradores, puede ahora rematarnos a todos.

Para una humanidad cautiva es realista ceder al chantaje y dejar a un lado la verdad, la compasin, la sensibilidad, la solidaridad. Un sistema que, cuando las cosas van bien, mata de hambre a 1.000 millones de personas y que si van mal puede acabar con todo el resto, es un sistema no slo moral sino tambin econmicamente fracasado. En esto tiene razn el periodista Iaki Gabilondo y es bueno, casi ya revolucionario, que lo escuche mucha gente [1]. Pero se equivoca al evocar la cada del Muro de Berln, por muy retricamente eficaz que sea la ocurrencia, porque si algo tuvo que ver el capitalismo en la derrota de la Unin Sovitica, no puede decirse que la Unin Sovitica ya desaparecida- sea la causa de la agona capitalista. El capitalismo, sencillamente, no funciona.

Hay algo hermoso, emocionante y precursor en el hecho de que seis Estados poderosos hayan coordinado una accin concertada para intervenir masivamente en la economa: eso es lo que se llama planificacin. En tiempos de Marx, el capitalismo era slo una excepcin en algunas regiones del planeta y, si ha llegado a cubrir el conjunto de la superficie del globo, ha sido gracias a una permanente intervencin estatal, a una planificacin ininterrumpida que combinaba y combina los desalojos de tierras, las acciones armadas, las medidas proteccionistas, los golpes de Estado y los acuerdos internacionales. Nunca a lo largo de la historia un experimento econmico ha dispuesto de medios ms poderosos ni de condiciones ms favorables para demostrar su superioridad. En los ltimos sesenta aos, la minora organizada que gestiona el capitalismo global se ha visto apoyada, a una escala sin precedentes, por toda una serie de instituciones internacionales (el FMI, el Banco Mundial, la OMC, el G-8, etc.) que han excogitado en libertad, y aplicado contra todos los obstculos, polticas de liberalizacin y privatizacin de la economa mundial. Despus de 200 aos de existencia libre, apoyado, defendido, apuntalado por todos los poderes y todas las instituciones de la tierra, el trasto viejo y homicida nos ha trado hasta aqu: 1.000 millones de seres humanos se estn muriendo de hambre y, si no corremos ahora a socorrer a los culpables, los dems quizs acabemos enterrados con los ms pobres despus de habernos matado unos a otros.

Parece, pues, que planificar para salvar bancos y aseguradoras no sirve. Y planificar para salvar vidas? Esto no lo hemos probado an. Capitalismo y socialismo no se retaron en mundos paralelos y en igualdad de condiciones, cada uno en su laboratorio desinfectado y puro, sino que el socialismo naci contra el capitalismo histrico, para defenderse de l, y nunca ha fracasado porque nunca ha tenido ni medios ni apoyos para poner a prueba su modelo. Lo poco que intuimos en la actualidad es ms bien esperanzador: a partir de una historia semejante de colonialismo y subdesarrollo, el socialismo ha hecho mucho ms por Cuba que el capitalismo por Hait o el Congo. Cuando se habla de socialismo en un solo pas se olvida que igualmente imposible es el capitalismo en un solo pas y que por eso se ha dotado de una musculosa organizacin internacional capaz de penetrar todos los rincones y todas las relaciones. Qu pasara si la ONU decidiese aplicar su carta de DDHH y de Derechos Sociales? Si la FAO la dirigiese un socialista cubano? Si el modelo de intercambio comercial fuera el ALBA y no la OMC? Si el Banco del Sur fuese tan potente como el F.M.I? Si todas las instituciones internacionales impusiesen a los dscolos capitalistas programas de ajuste estructural orientados a aumentar el gasto pblico, nacionalizar los recursos bsicos y proteger los derechos sociales y laborales? Si seis bancos centrales de Estados poderosos interviniesen masivamente para garantizar las ventajas del socialismo, amenazadas por un huracn? Podemos decir que la minora organizada que gestiona el capitalismo no lo permitir, pero no podemos decir que no funcionara.

Cuba es el nico pas del mundo en el que, incluso despus de un cicln que ha destruido el 15% de sus viviendas, lo realista sigue siendo salvar vidas y lo demaggico robarle la comida a un hermano. En EEUU, tras el paso del mismo cicln, lo realista es que la fiscala de Texas monte un dispositivo para proteger de los delincuentes sexuales a las vctimas de la catstrofe y lo demaggico es pedir ayuda econmica al gobierno. Ahora Iaki Gabilondo se lo ha dicho a millones de espaoles que crean esto eterno y natural: planificar para salvar bancos no sirve. Y planificar para salvar vidas? Es el nico medio que existe para que el realismo deje de ser criminal y la verdad, la compasin y la solidaridad dejen de ser demaggicas.

[1] Vase la noticia: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=72951&titular=i%F1aki-gabilondo:-%22el-modelo-econ%F3mico-vigente-ha-fracasado%22-

Santiago Alba Rico es filsofo y escritor espaol, miembro de Rebelin.



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