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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-09-2008

Ms sobre libertad de prensa

Vicente Romano
Tlaxcala


(Para Quintn Cabrera)

Con frecuencia se sobrevalora el poder de la prensa, pero a veces se minusvalora su miseria.
Karl-Hermann Flach (1967)


I

Las frecuentes invocaciones a la libertad de prensa y de expresin por parte de los medios dominantes inducen una vez ms a comentar la situacin concreta de esta libertad. En Espaa la suele reclamar el emporio meditico del fallecido Jess Polanco, que se ha erigido en referente nacional de la informacin veraz, imparcial y libre. Ejemplos destacados de su conglomerado de peridicos, emisoras de radio y televisin, editoriales, etc., son el diario El Pas y la cadena de radio SER, antigua cadena de la Sociedad Espaola de Radiodifusin.

El Pas quiere acentuar su libertad en el subttulo de la cabecera: Diario independiente de la maana. Tal vez pretenda decir que no depende de ningn partido poltico. Aunque as fuere, en absoluto es independiente de su Consejo de Administracin, ante el que peridicamente debe rendir cuentas de sus beneficios o prdidas. De ah que sus invocaciones a la libertad de prensa y de expresin estn condicionadas por sus intereses. As que, a la hora de aplicarlas en sus medios, esas libertades no rijan para quienes detenten o expresen ideas contrarias a esos intereses. La reciente expulsin del profesor Caros Fernndez Liria de un debate de la SER por manifestar su opinin contraria a la oficial de la cadena con respecto a la libertad de prensa en Venezuela, donde el emporio Polanco tiene considerables intereses econmicos, o la sesgada in formacin de El Pas acerca de la situacin sociopoltica de esta nacin latinoamericana, sobradamente documentada por el periodista Pascual Serrano y el profesor Jos Manuel de Pablos, ilustran muy bien la hipocresa de estos medios.

Mas, tampoco hay que escandalizarse de esta hipocresa. Estos medios y los periodistas que trabajan en ellos estn ah para defender los intereses, esto es, el beneficio de sus propietarios. De lo bien o mal que los defiendan depender su salario y su puesto de trabajo. Por eso no hay que extraarse de que atrofien la viga en el ojo propio e hipertrofien la paja en el ajeno. Los periodistas no slo estn sometidos a la jerarqua de mando que impera en estos medios. Como cualquier trabajador, tienen que vender su fuerza de trabajo para poder comer ellos y sus familias. Aunque, claro est, hay formas ms y menos dignas de hacerlo.

A estos defensores de sus libertades e intereses habra que recordarles las palabras de Rosa Luxemburg, una roja tan roja que la asesinaron precisamente por expresar sus ideas en pblico. Ella deca que libertad slo para los partidarios del gobierno, slo para los miembros de un partido, por muy numerosos que sean, no es ninguna libertad. Libertad es siempre libertad para los que piensen de otra manera. No por el fanatismo de la justicia, sino porque todo lo vivo, sano y purificador de la libertad poltica depende de esta esencia y su efecto falla cuando la libertad se convierte en privilegio.

II

El estudio de la comunicacin social, trmino introducido por el Papa Len XIII en su encclica De rerum novarum, se pregunta por la autodeterminacin del ser humano en la comunicacin pblica. Tiene por objeto la libertad, o falta de libertad, en los procesos comunicativos. Para avanzar en sus preguntas debe partir de las correspondientes concreciones mnimas de la autodeterminacin y explotar sus posibilidades. De otro modo no obtendr ninguna respuesta.

La lucha por la felicidad de la libre expresin va dirigida a la emancipacin de la correspondiente heterodeterminacin. Lo que sta persigue es la integracin en su sistema de valores y de dominio. De ah que nieguen la emancipacin y la combata. Vanse, si no, las informaciones difundidas sobre los movimientos de liberacin en Amrica Latina o en el resto del mundo.

En lo esencial, la invocacin de estos medios a la libertad de prensa y de expresin es una comunicacin unidireccional, no reversible. O, dicho de otro modo, comunicacin de los pocos orientada al dominio de los muchos. En suma, y en su sentido ms negativo, la manipulacin propiamente dicha. Porque se manipula cuando se producen informaciones que no reflejan los intereses y necesidades de los consumidores, cuando se producen deliberadamente mensajes que no concuerdan con la realidad social. De ah que, parafraseando a Carl von Clausewitz, pueda decirse que la mayora de las noticias son falsas.

La manipulacin significa envolver de tal modo la informacin que desaparezcan las contradicciones. En contraste con la emancipacin, que es liberacin de la violencia, la manipulacin es retencin bajo la violencia. Por eso, la manipulacin siempre est relacionada con el dominio. Siempre es un juego con el miedo humano a estar encerrado, el intento de dominar la accesibilidad.

A la manipulacin pertenecen tres elementos:

a) el manipulable, esto es, aqul para quien la emancipacin constituye una posibilidad.

b) el manpulo,

c) el manipulador.

III

En comunicacin, libertad es sinnimo de accesibilidad. La libertad de prensa se reduce, en ltima instancia, a la libertad de acceso a la informacin, esto es, al conocimiento, y a los medios. De ah que slo la ejerzan los pocos que los poseen. Al carecer de medios propios para ejercerla, los muchos carecen de libertad de prensa y de expresin.

Entre los medios no slo estn los llamados medios de comunicacin de masas, sino los espacios en los que se integra el sistema de dominio: iglesias, escuelas, locales deportivos, teatros cines, calles y plazas, lugares pblicos, en los que se efecta preferentemente el mantenimiento de la ley y el orden.

Se trata, como hemos dicho en otra parte*, de los lugares del tiempo, los espacios del encuentro, del contacto elemental humano, de la comunicacin directa, no mediada ni mediatizada, o sea, libre. Este tipo de lugares de actividad simultnea parecen desaparecer cada vez ms del escenario, ya sea en el trabajo, en pblico, o en casa. El capital y los poderes dominantes tambin los privatizan y controlan, coartando as la libertad de expresin. La tendencia econmica apunta tambin en otra direccin: la de sustituir los lugares de comunicacin intensiva por una profusin cada vez mayor de relaciones comunicativas tecnolgicas. La privatizacin de los espacios pblicos equivale a una expropiacin del ciudadano, por suponer siempre una limitacin al uso pblico, esto es, del populicus, del pueblo.

Lo que se persigue con la privatizacin y el control de los lugares del tiempo es lo mismo que con los medios impresos y audiovisuales: el monopolio de la comunicacin, limitar a los espacios del intercambio comunicativo, o sea, la no libertad de prensa o de expresin.

Los medios que carecen de apertura impiden la comunicacin. Per definitionem, la comunicacin contiene el elemento de la reciprocidad. Contradice, pues, la voluntad autoritaria, que recurre a los medios de la violencia. Reciprocidad significa apertura a los otros. En la apertura de la comunicacin se concreta el pensamiento cognoscente. Como es bien sabido, el conocimiento surge del juego entre diccin y contradiccin, del dilogo enriquecedor.

Ahora bien, contemplando la produccin actual de informacin y las limitaciones a la libertad, esto es, al acceso por parte de la inmensa mayora de la poblacin, puede decirse que se produce informacin para mantener la ignorancia.

Y, como deca Karl Marx: La ignorancia jams ha ayudado a nadie**.


* Vicente Romano: El tiempo y el espacio en la comunicacin. La razn pervertid, Argitaletxe Hiru, Hondarribia (Guipzcoa) 1998.

** Con estas palabras termin Marx su discurso contra Weitling en la reunin del Comit de Correspondencia Comunista de Bruselas el 30n de marzo de 1846




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