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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-11-2004

Culpa y justicia

Osvaldo Bayer
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Despus del mal ejemplo de Estados Unidos de las ltimas elecciones, donde basta leer los millones de dlares que gastaron los dos candidatos para darse cuenta de que eso no es democracia ni nada que se le parezca porque, seores, para ser demcratas hay que tener plata. El que no tiene plata es apenas un gato de albaal a quien slo le permiten poner un papelito en la urna, un papelito y esto es lo real que lleve un nombre de los dos que les dan millones para poder ser presidentes. Pero no miremos slo a Estados Unidos, pongamos la mirada en Esquel, esa pequea ciudad de nuestra Patagonia que ha luchado y sigue luchando contra las minas de oro y el cianuro que se utiliza para obtener el metal de los Dioses. Oro y cianuro. Sntesis del mal. Bien, estuvieron aqu los representantes de las asambleas populares para explicar todo. La porquera que son las actuaciones de las autoridades, de los jueces, de la polica, de los empresarios locales que algo quieren ligar si viene tanto dinero de afuera y los alcahuetes pagados que rompen vidrios de los asamblestas y los amenazan.
Cunta corrupcin hay en las democracias armadas por el poder. Y ahora Sobisch contra los heroicos obreros de Zanon. S, los de la epopeya. Nos imaginamos cmo fue el perodo de la conformacin nacional cuando se repartieron las tierras de las pampas y la Patagonia. Aquella que se reparti toda, pero primero se hizo desaparecer al indio. Hay poderosos dueos de la tierra desde aquella poca. No hubo control. Se llamaba dar concesiones. Miles y miles de hectreas. Sarmiento invent la palabra atalivar, de Ataliva Roca, el hermano menor de Julio Argentino Roca. Se deca que Julio Argentino creaba y Ataliva reciba. Hoy ya no se utiliza atalivar sino que se dice simplemente coimear. A los indios que Roca no elimin, los esclaviz. Claro, Mariano Grondona dice que eran indios chilenos. Ah, entonces est bien.
Pero nada queda impune. Hemos recibido una muestra de coraje civil. Una mujer de manos limpias y mente que no tiene ni miedos ni secretos. Es la sobrina biznieta del general Julio Argentino Roca, s, el genocida del desierto. Magdalena Roca Figueroa. Su estilo es claro, sus palabras dicen justamente lo que significan. Luego de saludar la campaa que llevamos a cabo algunos argentinos de quitar del centro de Buenos Aires la estatua del genocida, me expresa:
Habiendo sido Julio A. Roca uno de los siete hermanos de mi bisabuelo Agustn, considero importante que un escritor y activista de los derechos humanos de su talla, sepa que una portadora del mismo apellido, familiar, se avergenza de lo llevado a cabo por su antecesor as como de todos los hechos acaecidos en estos lares desde Juan de Garay y Pedro de Mendoza.
Como americana pienso contina que la ocupacin de Amrica por los europeos ha sido una tragedia y supongo que estar en nosotros, aquellos descendientes de esos invasores, estemos mestizados o no, cambiarle la cara a esta macabra historia. Todas las ocupaciones de tierras ajenas por pueblos invasores han sido un hecho deleznable a travs de toda la historia de la humanidad. Pero slo me puedo hacer cargo, en esta ocasin, de la que me corresponde por nacimiento. Como ciudadana argentina emparentada con quien fuera uno de los mximos responsables del casi exterminio de los pueblos nativos que ocupaban el llamado desierto me hago cargo de lo que ocurri en mi pas. Como parte activa de la Iglesia Catlica militante, me hago cargo de quienes siempre violaron su primer mandamiento: No matars, por no mencionar el no robars.
Si la historia se asumiese como fue prosigue, no digo conocer, pues ya se conoce aunque no se termina por incorporar el ideario colectivo argentino. Repito, si la historia se internalizara por todos los habitantes americanos, pienso que los usurpadores y sus descendientes, entre los cuales evidentemente me incluyo, debiramos sentirnos tan depredadores como lo han sido nuestros mayores, al menos que hagamos algo al respecto. No nos debiramos sentir a gusto en las tierras robadas a sus dueos. No debiramos sentirnos a gusto sabiendo que a nuestros antepasados jams se les ocurri que la historia podra haber sido distinta si hubiesen venido a compartir un sueo, a pedir un permiso de convivencia y no a robar, saquear y matar llamando indio ladrn y malonero a quien defendi su tierra como pudo y mejor supo.
Deberamos sentirnos permanentemente en deuda con los pueblos originarios de esta Amrica y luchar por lograr su perdn, primero, y resarcirlos, despus. Mucha gente dice que el perdn no cambia nada. Pienso que s. Pues si bien no devuelve a los muertos, implica un comienzo de resarcimiento del mismo, 500 aos despus, s, prosigue Magdalena Roca Figueroa.
Cuando la evolucin de la humanidad toma rumbos degenerados, slo acciones como sta, de quitar el monumento, tomadas como bandera por toda la comunidad y llevadas a la prctica, pueden alejar al ser humano del grado de animalidad en que se haya sumido.
Poco puedo agregar contina, salvo que lo nico que me inquieta de vuestra campaa de retirar el monumento a Roca es que no nombren con todas las letras la secuencia asesina que finalmente llev a mi pariente a asestar el golpe final a los pueblos originarios del Sur: la invasin de Pedro de Mendoza y la de Juan de Garay, en primer trmino; las expediciones del coronel Pedro A. Garca, la del gobernador Martn Rodrguez, por el coronel Federico Rauch y por Rosas. Entiendo que no pueden ocuparse de todos los monumentos de estos hroes espaoles y que tomando a uno como smbolo, lentamente caern los dems. Tambin entiendo que cuestionarlo a Rosas resultara, en este momento, inconducente, pero sera constructivo que quedara en claro que la Campaa del Desierto fue eplogo de todo un pensamiento gestado 500 aos antes, producto tambin de un proceder bruto de la poca que tiene que ser detenido por otro tipo de pensamiento de esta poca que geste otro tipo de acciones y un proceder marcadamente diferenciado. Desmitificar a Rosas como amigo de los indios implicara tambin desmitificar que Roca fue amigo de algunas tribus: claro, a coaccin, la amistad toma rumbos imprevistos.
Antes de decidirme a escribirle, le bajo recomendacin suya el psimo libro del Comandante Prado. Tambin le dos muy buenos libros escritos por Dionisio Schoo Lastra, quien fue pariente y secretario de Roca durante siete aos: El indio del desierto y Lanza Rota (1930, edic. Marymar y Goncourt). Hay una gran admiracin latente en toda su obra por la manera de ser indgena y un cabal conocimiento de las tribus, que no se deberan, a mi juicio, menoscabar. Diferente es el excelente trabajo profesional del historiador Enrique H. Mases: Estado y cuestin indgena: El destino final de los indios sometidos en el sur del territorio (1879-1910), de Prometeo Libros.
Sin ms, lo saludo muy atentamente y quedo a su disposicin. Fdo: Magdalena Roca Figueroa (CI. 6.744.276).

Sobrina bisnieta del general Julio Argentino Roca. Toda una leccin. En su sangre siente la enorme injusticia con que nosotros los argentinos premiamos a su familiar asesino con ese monumento triste y rampln. La mujer que nos entreg esta carta quisiera ver reemplazada esa estatua por algunas beldades de la Amrica virgen invisibles para nuestros torpes ojos.
Gracias, Magdalena Roca Figueroa, nos ha dictado una clase de dignidad, frente a tanta agachada de los dueos del pas y sus representantes. Dolor y dignidad. Culpa y Justicia.


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