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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-09-2008

Los trabajadores necesitan ms fuerza para cegar el hiato abierto entre su sueldo y el de sus ejecutivos

Sarah Anderson y Sam Pizzigati
Sin Permiso


Algunas encuestas muestran que muchos estadounidenses estn escandalizados por los pagos astronmicos a los ejecutivos de las grandes compaas. Quin no lo estara? Hace apenas una generacin, los ms bien pagados ejecutivos ganaban entre 30 y 40 veces el salario medio obrero. El pasado ao, el pago a los ejecutivos dej muy atrs al salario medio obrero al superarlo en 344 veces.

Efectivamente, el abismo entre el pago a los trabajadores y el de los ejecutivos se ha multiplicado asombrosamente por 10 desde principios de los 80.

Cmo ha podido darse esta situacin? Estn los ejecutivos trabajando 10 veces ms duro que hace tres dcadas? Son diez veces ms inteligentes? Por supuesto que no. Ni un pice de evidencia puede aportarse a esta idea.

As pues, qu ha cambiado? Los ejecutivos de hoy en da pueden no ser ms inteligentes o trabajadores, pero ejercen ms poder. En abundancia.

La razn: los frenos y contrapesos de nuestro sistema econmico de mediados del siglo XX que constituan la base de la prosperidad de la clase media estadounidense despus de la segunda postguerra mundial han sido abolidos.

Las regulaciones gubernamentales, por ejemplo, usadas para disuadir las prcticas turbias e las empresas para hinchar beneficios a expensas del consumidor. Los grupos de presin empresariales han hecho que estas regulaciones sean abolidas, despus de 30 aos, en una industria tras otra.

Algo ms ha cambiado tambin. No tenemos desde tiempo ha la presencia de sindicatos vivos en la economa de EEUU.
En los 50, ms de un tercio de trabajadores del sector privado de EEUU estaba afiliado a sindicatos. La negociacin entre estos trabajadores y los empresarios ayud a aumentar los salarios para todos los trabajadores y, al mismo tiempo, contuvo las recompensas de los ejecutivos a niveles razonables.

Hoy en da, solamente el 7'4 por ciento de los empleados en el sector privado est afiliado a sindicatos. Esta ausencia de freno sindical sobre su poder alienta a los ejecutivos a llenarse sus propios bolsillos a unas cotas que habran parecido de una avidez imprudente en tiempos de hace solamente una generacin.

Recientes investigaciones acadmicas han mostrado la diferencia que la presencia de un sindicato puede producir en el pago de los ejecutivos. Un estudio, publicado en Journal of Labor Research, encontr que los ejecutivos de empresas sin sindicatos tenan un sueldo neto cercano a un 20 por ciento ms que los ejecutivos de empresas con sindicatos. Los trabajadores en empresas con sindicatos, mientras tanto, disponan de 200 dlares ms a la semana que sus compaeros sin sindicatos.

La diferencia entre ejecutivos y trabajadores es particularmente grande en las industrias de servicios, donde solamente un pequeo porcentaje de trabajadores est afiliado sindicalmente. En los servicios de la alimentacin, el salario medio obrero solamente es de 18.877 dlares anuales. Los ejecutivos de las 10 firmas principales en esta industria estamos hablando de un grupo como McDonald's y YUM Brands, el propietario de KFC y Pizza Hut perciban, en 2007, 354 veces ms.

En contraste, en las industrias manufactureras, las diferencias entre los ejecutivos y los trabajadores estaban por la mitad. Los trabajadores de estas industrias han dispuesto, por muchos aos, de la influencia sindical para negociar compensaciones adecuadas. Desgraciadamente, los acuerdos de "libre comercio" y otros factores estn recortando drsticamente la ocupacin en estos tradicionales baluartes sindicales.

Si estas tendencias prosiguen, la enorme divisin entre el pago de trabajadores y ejecutivos crecer, y harn mofa de los valores econmicos de "juego limpio" que supuestamente celebramos cada Da del Trabajo [el Labor Day se celebra en EEUU cada primer lunes de septiembre. NdT.]. Pero estas tendencias no son imparables. Podemos parar el deslizamiento nacional hacia la economa totalmente salvaje si devolvemos a los trabajadores lo que tenan a mediados del siglo XX: el derecho a organizar un sindicato.
Una ley ya en trmite en el Congreso, la Employee Free Choice Act, podra ser un comienzo de esta restauracin. Si los legisladores la promulgasen, los trabajadores podran ejercer mucho mejor su derecho legal a organizarse y negociar colectivamente.

Las elecciones de noviembre probablemente determinarn el futuro de la Employee Free Choice Act.

Los ejecutivos, sin duda, lo van a tener muy presente la noche electoral.

Sarah Anderson y Sam Pizzigati son investigadores del Institute for Policy Studies en la John Hopkins University, Baltimore, EEUU.


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