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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-09-2008

La estrategia de Espaa ante Bolivia

Marcos Roitman
La Jornada


Es habitual encontrarse en Espaa con un rechazo generalizado a la actuacin de los gobiernos de izquierda, mejor dicho democrticos, en Amrica Latina. stos gozan de una mala prensa. El concepto calza como anillo al dedo. Se trata de un lenguaje de la desestabilizacin creado por idelogos, periodistas y comuniclogos. En el caso de Bolivia se busca justificar un golpe de Estado cvico-prefectural como el vicepresidente lvaro Garca Linera denomina a la conspiracin de las polticas autonomistas encabezada por los prefectos de los departamentos de la media luna: Santa Cruz, Beni, Tarija, Chuquisaca y Pando. Todos amotinados obstruyendo el desarrollo del proceso democrtico constituyente.

En Europa, y en especial en la Espaa subdesarrollada social y culturalmente, es decir la actual, se presenta una realidad donde aparecen bandos enfrentados que pugnan por imponer sus alternativas en medio de una falta de consenso. Sobre este relato se avala la actuacin de actores pacificadores exteriores y se ofrecen sus favores. Espaa juega dentro de este itinerario. Su papel se incorpora a la estrategia de Estados Unidos para la regin, es decir, busca socavar el proceso poltico inaugurado con el triunfo del MAS y su presidente Evo Morales, en tanto participan de un proyecto antimperialista y anticapitalista. De esta guisa se suma al carro de la condena por la expulsin del embajador de Estados Unidos, Philip Goldberg, considerada una falta de sesera y un tirar balones fuera al culpar a los yanquis de todos los males que aquejan a Bolivia. Es una salida en falso para no responder a las demandas de autonoma de las provincias de la media luna y una manera de solapar sus propios errores, manifestados en un empate tcnico entre partidarios de unos y otros en el referendo. En este relato, no hay ninguna alusin al papel de Goldberg jugado en la divisin de Kosovo en su etapa de embajador. Se encubren y silencian sus reuniones con los gobernadores sediciosos a los cuales presta ayuda logstica, econmica y poltica para urdir su trama. Muchas armas se compran con el dinero que sale de la embajada estadunidense y se financian los paramilitares que han terminado por generar la matanza de Pando del 11 de septiembre.

En Espaa no hay manera de enterarse de estos hechos. Todos los medios de comunicacin, sin excepcin, distorsionan la realidad y asumen el lenguaje de la desestabilizacin, apoyando el discurso del prefecto de Pando, Leopoldo Fernndez, al solicitar observadores internacionales y sealar que las turbas armadas eran simpatizantes del MAS. Se miente en la informacin. Los medios se comprometen con la oligarqua y las trasnacionales heridas por las polticas de nacionalizaciones. En esta direccin, el ministro de Relaciones Exteriores, Miguel ngel Moratinos, con la misma celeridad que Rodrguez Zapatero apoy la eleccin de Felipe Caldern en medio del fraude electoral en Mxico, expresa el deseo de mediar en el conflicto y la crisis entre las partes.

Si se refiere a Bolivia, no existen dos partes. Hay un gobierno constitucional y golpistas. Un alzamiento contra el estado de derecho por quienes se apropian de las instituciones para asesinar a campesinos armando a grupos paramilitares y con ello generar una red de apoyo internacional hacia sus reivindicaciones secesionistas. Desde sus sitios de privilegios, prefectos, alcaldes, diputados atacan la Constitucin y se declaran insumisos frente a la ley. No se trata de una crisis de institucionalidad ni una prdida de legitimidad. Hablamos de un complot para derrocar a un gobierno y de una conspiracin armada con resultado de muertes y asesinatos a la poblacin civil.

Obligar al cumplimiento de la ley y declarar el Estado de sitio no es un problema de abuso de poder: es defensa democrtica en momentos de asonada y amotinamiento. Cuestin de orden pblico. Sin embargo, el gobierno del PSOE considera que Bolivia est inmersa en una etapa de pre guerra civil, siendo necesario una mediacin internacional, de carcter neutral. De forma implcita, otorga legitimidad a los conspiradores. Su discurso oficial es bien conocido. Justifica las reivindicaciones autonomistas de la oposicin al gobierno de Evo Morales al tildarlas de luchas democrticas con arraigo ciudadano, proveniente de las elecciones. Visin que comparte la derecha. Este maniquesmo se expande gracias a los medios de comunicacin, cuyos periodistas se empapan de una fraseologa y tpicos sobre Bolivia donde lo ms parecido a la realidad es una caricatura. Sin embargo, cumplen su objetivo de desvirtuar el proceso poltico hasta revertir una imagen favorable y aislar a Evo.

El terrorismo informativo se asienta en la idea de ingobernabilidad, en la persecucin de su inteligencia y sus clases medias, agobiadas y con miedo a una venganza de los indios. Las polticas indigenistas, populistas y nacionalistas son las culpables de esta degeneracin. En ellas se encuentra el origen del problema. No hay que ir muy lejos. La salida es simple: Evo Morales debe renunciar, dejar en paz a los bolivianos. Su presidencia genera odio, crispacin, disenso. Hay que retomar el dilogo, volver a los tiempos donde se mandaba con clase y con responsabilidad. Las nacionalizaciones, la reforma agraria, los cambios en la administracin pblica, el control sobre las riquezas bsicas, las polticas sanitarias, la autonoma de los pueblos indgenas perturban la razn. Hablan de un poder caudillista ajeno a la modernizacin. Evo Morales es la cara del resentimiento de los indios. Por ello, los periodistas y avezados tertulianos hablan de un racismo indgena. Quieren una vuelta de la tortilla, no desean educacin, sino aprender ingls, castellano y seguir las buenas costumbres. As, descalifican el gobierno. Es el tiempo para hacer circular los viejos rumores: Evo Morales quiere retornar a Bolivia al pasado, destruir el mundo moderno. Se opone al buen entendimiento. Adems pertenece a una raza enferma, como la describi Alcides Arguedas. Desconfiados, vagos, dados a la bebida, violentos y pendencieros. Carecen del espritu del capitalismo, por eso Bolivia no avanza. Ahora, se aade, el origen sindical cocalero de su presidente, un poder oscuro. As se completa el crculo contra el gobierno democrtico del MAS.

Por suerte, la reunin de los presidentes de Amrica del Sur en Santiago de Chile, dando todo su apoyo al presidente Evo Morales y a su gobierno, llamando golpistas a los prefectos y mostrando su rechazo a la divisin de Bolivia, por primera vez en la historia del continente, da al traste con esta poltica imperialista diseada por el Pentgono y la Casa Blanca. Ya era hora.



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