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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-09-2008

Allende otra vez: en el umbral de un nuevo perodo histrico

Anibal Quijano
Clacso


En los ltimos treinta aos, ha habido dictaduras ms prolongadas y ms brutales, dentro y fuera de Amrica Latina. Porqu, entonces, tantos en todo el mundo se alistan hoy a conmemorar precisamente el ominoso comienzo de esta particular historia? El que produjo el rgimen de Salvador Allende no era el ms radical, ni el ms profundo, de los procesos de cambios histricos que tenan lugar en ese mismo momento en Amrica Latina. Porqu, entonces, concit por sobre todos los otros la esperanzada atencin de todo el mundo? Y puesto que era un rgimen establecido segn todas las reglas de la democracia liberal y vuelto a legitimar del mismo modo, dos aos despus, en elecciones municipales, porqu el Estado de Estados Unidos, cuya hegemona no era entonces contestada entre los socios del mundo imperialista, decidi, junto con sus socios chilenos, destruirlo de manera sangrienta, alegando que lo haca nada menos que en defensa de la democracia?

Treinta aos no son siempre suficientes para producir una perspectiva eficaz que desoculte los sentidos histricos de los procesos y de los sucesos ocurridos en su curso. Al cerrarse ste, sin embargo, ahora no es difcil advertir que estas no son tres dcadas cualesquiera, sino el tiempo de un especfico perodo histrico cuya singular importancia apenas comenzamos a entrever, porque las implicaciones de los cambios histricos que ha producido apenas estn comenzando a desplegarse, inclusive un modo diferente de producir nuestro conocimiento de la historia. Puesto que no dispondr aqu del espacio necesario para presentar y discutir de modo sistemtico las respectivas cuestiones, me restringir a sealar y abrir las que pueden ser consideradas como decisivas.

 

Crisis y globalizacin de la contrarrevolucin.

 

Este perodo histrico se abri con la ms profunda y duradera de las crisis, que an no termina, del actual patrn de poder mundialmente dominante. Y se desarroll, hasta aqu, como un victorioso proceso contrarrevolucionario. Esta ltima dimensin del proceso no consiste slo, y quiz no tanto, en la derrota y en la desintegracin del "campo socialista" como rival principal del imperialismo y junto con l, inclusive de las entonces minoritarias corrientes y organizaciones antagonistas del capitalismo. Consiste tambin, y ante todo, en la aceleracin y en la profundizacin abruptas de las tendencias centrales de este patrn de poder, a partir de aquellas derrotas de sus rivales y antagonistas. Eso no poda dejar de implicar, y ha implicado, la rpida intensificacin de la dominacin poltica imperialista y de la explotacin capitalista del trabajo, a escala mundial. En otros trminos, este proceso ha producido la derrota social y poltica extremas de los dominados y explotados del mundo. Se trata, por eso, de un proceso mundial de contrarrevolucin del imperialismo capitalista. Tal es el carcter bsico de lo que la prensa capitalista llama "globalizacin". Y el Golpe de Pinochet, el 11 de setiembre de 1973, que llev a la muerte de Salvador Allende y a la destruccin del rgimen de la Unidad Popular en Chile, fue el evento mayor con el cual se inici este especfico perodo histrico y en particular su dimensin contrarrevolucionaria (1).

 

El contexto histrico que produjo la crisis

 

Lo que la prensa gringa bautiz como "stagflation", la inusitada combinacin de estancamiento productivo con inflacin, indita en la historia capitalista, estall ese mismo ao de 1973, casi al mismo tiempo que la formacin de la OPEP y poco despus del Golpe de Pinochet.

 

La asociacin histrica entre dichos acontecimientos no es difcil de establecer.

 

La OPEP era una seal dramtica, por la importancia del petrleo para el capitalismo, de la intensificacin de la lucha mundial por la desconcentracin del control del poder, recomenzada al trmino de la Segunda Guerra Mundial como proceso anticolonial y antiimperialista en Asia, frica y Amrica Latina, y que en algunos pocos casos haba avanzado hacia una alguna redistribucin real de dicho control (China, Cuba, o Bolivia tempranamente derrotada entre 1952 y 1964).

 

En Amrica Latina en particular, ambas dimensiones de ese conflicto aparecieron asociadas. Los "nacionalistas" y los "socialistas" se deban la mano, pues tenan un inters comn: el control del estado. De un lado, las luchas guerrilleras que despus de Cuba se extendieron a Colombia, Venezuela, Argentina, Uruguay, Bolivia, pugnaban por una redistribucin del control del poder. Y los propios trabajadores, de manera mucho ms profunda y radical en el caso de la Asamblea Popular de Bolivia, vctima de un Golpe Militar un ao antes que el de Pinochet. De otro lado, las corrientes "modernizadoras" y "desarrollistas" de las capas medias y de algunas fracciones burguesas, pugnaban tambin por lograr alguna desconcentracin del control del poder, como en los casos de la Democracia Cristiana, sobre todo en Chile y Venezuela, y del militarismo reformista y nacionalista, como en los casos de Velasco Alvarado, Rodrguez Lara, Juan Jos Torres, Torrijos, en Per, Ecuador, Bolivia, Panam, respectivamente, todos empeados en prevenir procesos revolucionarios.

 

Simultneamente, los trabajadores explotados de todo el mundo, y en particular en el "Centro" del universo capitalista, no slo continuaban sino extendan y profundizaban sus propias luchas por negociar mejor las condiciones y los lmites de la explotacin y, en primer lugar por aumentar salarios y mejorar sus condiciones de trabajo. De ese modo, la disputa mundial se desarrollaba en dos canales y en dos niveles simultneos. De una parte, entre los grupos burgueses del mundo, por la desconcentracin o la redistribucin del control del capital y del plusvalor entre grupos burgueses de desigual acceso al control del poder capitalista. Mientras de otro lado las luchas de los trabajadores de todo el mundo ponan en cuestin la distribucin del plusvalor entre la burguesa y los explotados, a escala mundial, pero en especial en el "centro" del capitalismo.

 

La creciente agudizacin de esos dos tipos y niveles del conflicto social y poltico mundial - que ya haba comenzado a generar sus efectos desde 1969 con la decisin norteamericana de anular los acuerdos de Breton Woods sobre la relacin dlar-oro y con la creciente extensin de la inflacin mundial, que llegaba ya al doble dgito en Estados Unidos por primera vez en su historia - desemboc a fines de 1973 en la brusca cada mundial de la tasa de ganancia y, con ella, en el tambin abrupto estancamiento de la produccin, mientras continuaba creciendo la inflacin.

 

La magnitud y la profundidad de la crisis en la estructura de acumulacin capitalista, de un lado aterr a los grupos capitalistas que ocupaban el "Centro" del control mundial del patrn de poder, esto es, a los principales grupos imperialistas. Pero del otro lado, sin duda gener en sus rivales del "socialismo real" la ilusin de avanzar en la disputa por la hegemona mundial, y entre las corrientes y organizaciones anticapitalistas, la ilusin de que, por fin, estaba cerca la revolucin socialista como efectiva liberacin del poder. Para tales corrientes, la liberacin del trabajo era, con seguridad, la cuestin predominante, seguida de la "liberacin nacional". Pero si se recuerda bien, los movimientos de liberacin femenina, los movimientos antirracistas, antihomofbicos, los movimientos de jvenes, estaban ya en pleno desarrollo. Y el propio patrn eurocntrico de produccin y de control del conocimiento estaba ya en cuestin. Al estallar la "stagflation", todo ese contexto entr en combustin. Era, de ese modo, un momento de genuina crisis del poder, en todas sus dimensiones. Por qu esta crisis se desarroll y, aunque parcial y temporalmente, se resolvi como una victoriosa contrarrevolucin capitalista global?

 

Pinochet y el comienzo de la contrarrevolucin.

 

Se puede entender ahora que la decisin del Estado de Estados Unidos, entonces bajo la conduccin de Nixon y Kissinger, primero de impedir la eleccin de Allende y despus de destruir a cualquier costo el rgimen de la Unidad Popular, que l presida, no fue slo, ni principalmente, el resultado de la presin de las empresas estadounidenses afectadas por la poltica de nacionalizaciones, ni de las disputas hegemnicas con la entonces Unin Sovitica en la llamada "Guerra Fra", aunque, sin duda, esos elementos no dejaron de estar en juego. Tras las derrotas en Vietnam y en Argelia, que continuaban las ocurridas antes en China y Corea del Norte, para la coalicin imperialista y su Estado hegemnico, la revuelta nacionalista y socialista latinoamericana, en el momento mismo en que se hacan explcitas dificultades crecientes en la estructura mundial de acumulacin, no poda ser tolerada. Y muy en especial, un rgimen como el de Allende, que era nada menos que el resultado del desarrollo de un movimiento poltico- social que haba logrado, despus de varios intentos, usar con xito las propias reglas de juego de la democracia liberal, para establecer el control de los representantes polticos de los trabajadores y de las capas medias asociadas, sobre el Estado. Y que precisamente por eso era mundialmente acogido por los trabajadores y socialistas de todo el mundo, como una genuina alternativa al "socialismo real". El genio malvado de Kissinger, en ese preciso momento en la atalaya principal de la fortaleza imperialista, no poda no percibir las seales de la crisis mundial que llegaba, cuando muchos de los observadores del mundo ya estaban discutiendo sobre ella, ni los riesgos de la propuesta allendista para el poder capitalista mundial y en primer trmino para la hegemona de Estados Unidos (2).

 

Otra cuestin histrica debe ser aqu abierta de nuevo, aunque no sea esta la ocasin de una ms detenida indagacin. Estados Unidos es un caso excepcional en la historia, pues la historia de su desarrollo nacional est estructuralmente asociada a la de su constitucin como sede imperial regional, primero, y a su consolidacin como sede imperial mundial despus. Las etapas son, en general, conocidas. La conquista de las tierras de los "indios" y el virtual exterminio de stos; la imposicin de su dominio en el Caribe; la conquista de la mitad norte de Mxico; la guerra con el moribundo imperio colonial espaol y la conquista de Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam, que propuls a Estados Unidos a la categora de poder imperial mundial; su intervencin poltica al final de la Primera Guerra Mundial, ya como actor decisivo, imponiendo el wilsonismo como la ideologa principal de esa postguerra; su intervencin militar masiva en la Segunda Guerra Mundial y su definitiva entronizacin como el Estado Hegemnico del imperialismo capitalista frente al "campo socialista". Y, finalmente, tras la desintegracin de ste y despus de la Guerra del Golfo, como el Estado Hegemnico del Bloque Imperial Global (3).

 

Lo que de todo ello se desprende es que ninguna explicacin de la decisin de tal Estado norteamericano de destruir a cualquier costo el rgimen de Allende y de la Unidad Popular, puede ser completa sin insertarla en ese especfico patrn histrico de la historia nacional, imperial y hegemnica de Estados Unidos. Porque desde esa perspectiva, para el Estado y la burguesa yanquis, Allende y la Unidad Popular no implicaban solamente los especficos problemas de la guerra fra o los riesgos de un proceso que levantaba simpatas mundiales por trabajar un camino socialista no estaliniano. Tales elementos, por ocurrir precisamente en ese contexto, ponan en cuestin de ms dramtica forma uno de los fundamentos centrales, una de las condiciones decisivas del patrn histrico mismo del desarrollo nacional-imperial de Estados Unidos: el dominio imperialista sobre Amrica Latina.

 

Histricamente, el Estado yanqui reaccion siempre con violencia, directa e indirecta, en todos los casos en que pudiera estar en juego su hegemona imperial en Amrica Latina. No se podra explicar de otro modo la recurrente intervencin de Estados Unidos, ya desde fines del siglo XVIII en el Caribe y en Centro Amrica, en especial en Nicaragua, y en toda Amrica Latina desde los primeros aos del siglo XX, comenzando con su intervencin en la derrota de la revolucin latinoamericana entre 1925-1935 (4). Sin duda, el nuevo carcter revolucionario de los procesos de Bolivia o de Chile, al comenzar la dcada de 1970, en el contexto de la disputa hegemnica y de la crisis mundial que se iniciaba, exacerb esa tendencia constitutiva de la historia de las relaciones entre el Estado Hegemnico del capitalismo imperialista y Amrica Latina. El Estado de Estados Unidos no retrocedi ante nada para mantener y ampliar esa dominacin. Incluso, si se fue convirtiendo, como Chomsky afirma, en el principal estado terrorista del mundo despus de la Segunda Guerra Mundial, esa trayectoria fue ejercida y desarrollada, en primer trmino en Amrica Latina.

 

 

La derrota y desintegracin del socialismo del periodo

 

Empero, nada de eso es suficiente para explicar la derrota de los dos procesos ms importantes para los trabajadores latinoamericanos en ese perodo: la Asamblea Popular Boliviana, en 1972, y la Unidad Popular, presidida por Allende, en 1973. Aqu slo anotar dos cuestiones. Primero, el que ambos, cada cual a su propio modo, fueran procesos que proponan opciones distintas al despotismo burocrtico bautizado por el estalinismo como "socialismo real" y que esa fuera, precisamente, la razn de la atencin esperanzada de los socialistas de todo el mundo. Esa es una indicacin eficaz del descrdito del estalinismo, sobre todo despus de la derrota de la ola revolucionaria de 1968 en todo el mundo y, muy especialmente, tras la invasin rusa a Checoeslovaquia, en 1969, para derrotar el intento democratizador del rgimen de Dubcek. Pero no menos tambin de la profunda y decisiva crisis del pensamiento socialista dominado por la perspectiva eurocntrica de conocimiento, en el marco de la colonialidad del poder imperante. Y, por supuesto, de la poltica de lo que entonces se admita como la versin dominante del socialismo, en particular en el denominado "campo socialista", y que se resolvera durante este preciso perodo con la desintegracin de dicho "campo". Este ya estaba comenzando el curso que lo llevara a su rpida desintegracin en la siguiente dcada, culminando con la sbita implosin de la Unin Sovitica. Tal implosin mostr, adems, que su Estado y su Partido de Estado estaban ya bajo la direccin de quienes inmediatamente despus aparecieron como agentes de la neoliberalizacin capitalista en todos sus pases.

 

Desde esta perspectiva, ahora no es, quiz, muy difcil entender porqu la Unin Sovitica no estuvo interesada en apoyar ninguno de esos procesos. No es intil recordar que una semana antes del Golpe de Banzer en Bolivia, cuando virtualmente todos en ese pas saban que ese Golpe estaba prximo, el embajador de EEUU, acusado de ser hombre de la CIA y uno de los organizadores del Golpe de Banzer, y el de la URSS, salieron del pas el mismo da, de vacaciones. Y que poco despus, la Unin Sovitica otorg a Banzer un crdito que haba negado al gobierno de Torres- Asamblea Popular. Y el gobierno de Allende no consigui tampoco ayuda financiera o tcnica alguna desde el "campo socialista".

 

Ninguno de aquellos procesos, ni el de Bolivia, ni el de Chile, pudieron contar con la ayuda del "campo socialista", exactamente cuando el "campo imperialista" volcaba todo su poder material y poltico a la destruccin y derrota de la revolucin socialista latinoamericana. Los de Bolivia resistieron abiertamente con las armas en la mano y fueron vencidos. Los de Chile, no obstante que la amplitud y la profundidad crecientes de la distribucin de acceso al control del trabajo, de los recursos y de los productos a favor de los trabajadores, empujaban a un enfrentamiento violento de los dominadores, rehusaron en realidad preparar la defensa del proceso. El Allendismo mostr, as, que era posible comenzar la redistribucin del poder segn las propias reglas de la democracia liberal. Pero tambin hizo claro que sin una consistente preparacin material y poltica para defenderlo, un tal proceso no puede continuar exitosamente.

 

Todava hay otra cuestin que no puede ser eludida, pero que no ser discutida aqu. Mientras toda la ideologa formal de los revolucionarios socialistas de todo el mundo cantaba al internacionalismo, el hecho obvio es que los procesos revolucionarios de Bolivia y Chile no slo emergieron separados, sino, sobre todo, que no produjeron, ni lo intentaron siquiera en realidad, formas de coordinacin, de asistencia y de apoyo recproco, no obstante su contigidad territorial, precisamente cuanto ms les era necesario. Por lo dems, el proceso que produjo la Asamblea Popular boliviana era, sin duda, el ms radical y el ms profundo de los procesos revolucionarios de ese momento en Amrica Latina. Pero no atrajo la atencin, ni la simpata debidas, de parte del movimiento socialista mundial, ni antes, ni despus de la derrota, en la escala del proceso chileno. La colonialidad del poder en Amrica Latina es parte necesaria de esos desencuentros (5).

 

Allende otra vez: de la resistencia mundial a la revolucin

Durante estos treinta aos, dos procesos han dominado el capitalismo, sobre todo despus de la desintegracin del "campo socialista". Ambos consisten en la aceleracin y en la profundizacin de las tendencias centrales del capitalismo. De una parte, la reconcentracin del control poltico mundial en manos del Bloque Imperial mundial. Este proceso se ha acelerado bruscamente despus del otro 11 de septiembre, el del 2001 y amenaza con la recolonizacin imperialista del mundo. Y de la otra, la creciente y extrema polarizacin social de la poblacin mundial entre un 80% que no tiene acceso sino al 18% del producto mundial, y un 20 % que tiene el control de ms del 80% del producto mundial. Su desarrollo amenaza con una catstrofe demogrfico-social sin precedentes en la historia conocida, que ya ha comenzado a operar en parte de Afrecha, Asia, Amrica Latina. La exacerbacin de ambos procesos comenz con el Golpe Militar de Pinochet y Chile fue el primer escenario de la neoliberalizacin del capitalismo.

 

El siglo XXI comenz con el Foro Social Mundial de Porto Alegre, de un lado, y, del otro, con la recesin mundial an en curso. Casi una dcada de continuada resistencia a la profundizacin de las tendencias centrales del capitalismo, ha logrado avanzar hasta abrir de nuevo, mundialmente tambin, la cuestin de la revolucin como destruccin del actual patrn de poder. Esa es la cuestin central del debate que ya ha comenzado. Estamos, por lo tanto, en el umbral de un nuevo perodo histrico. Por eso, en la conmemoracin mundial del infausto 11 de Septiembre de 1973, es Allende el que vuelve, no Pinochet.

 

 

 

Notas

 

(1) No debe olvidarse las implicaciones estratgicas del Golpe de Suharto en Indonesia, en 1968, ni del de Brasil, en 1964. Tampoco el de Bolivia en 1972, antecedente directo del Golpe de Pinochet en Chile, en 1973. Pero no fue con ellos que se dio comienzo a la crisis y a la neoliberalizacin mundiales del capitalismo, con todas sus implicaciones en la agudizacin y la aceleracin de la crisis del "socialismo realmente existente".

 

(2) Ahora existe informacin suficiente acerca del debate dentro del Estado norteamericano en esos aos, sobre esas cuestiones, as como sobre las principales decisiones y acciones dirigidas por Nixon-Kissinger contra el rgimen de Allende y de la Unidad Popular. Para las dems regiones, vase, por ejemplo, Stephen E. Ambrose: Rise to Globalism. Penguin Books 1985. Para el caso chileno, Peter Kornbluh: The Pinochet File. A Declassified Dossier on Atrocity and Accountability. New Press, 2003. New York . Y del mismo autor: Opening Up the Files. Chile Declassified. En NACLA, vol. XXXVII, No. 1, July/August 2003, pp. 25-31

 

(3) Acerca de este concepto, Anbal Quijano: Colonialidad del Poder, Globalizacin y Democracia. Originalmente en TENDENCIAS BASICAS DE NUESTRO TIEMPO, Instituto de Altos Estudios Internacionales "Pedro Gual", 2000. Caracas, Venezuela.

 

(4) Este fue uno de los resultados de un estudio llevado a cabo entre 1986-1988: Estados Unidos, Reagan y Centro Amrica. Lima 187-1988, que no lleg a la imprenta, pero que circul entonces algo extensamente.

 

(5) Ver de Jos Oruro, Bolivia: La Tragedia de las Equivocaciones. En SOCIEDAD Y POLTICA, No. 10, Noviembre 1980, pp. 25-42. Lima, Per.



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