Portada :: Europa
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-10-2008

El grito acusador del escritor, tras la matanza de Castel Volturno
Carta a Gomorra

Roberto Saviano
La Repubblica

Traducido para Rebelin por S. Segu


Los responsables tienen nombre, tienen rostro, tienen incluso un alma. O quiz no. Giuseppe Setola, Alessandro Cirillo, Oreste Spagnuolo, Giovanni Letizia, Emilio di Caterino y Pietro Vargas estn llevando a cabo una estrategia militar violentsima. Estn autorizados por el boss prfugo Michele Zagaria y se esconden en la zona de Lago Patria. Entre ellos se deben de sentir como combatientes solitarios, guerreros que intentan que todos la paguen, ltimos vengadores de una de las ms desventuradas y feroces tierras de Europa. Esta debe de ser su explicacin.

Pero Giuseppe Setola, Alessandro Cirillo, Oreste Spagnuolo, Giovanni Letizia, Emilio di Caterino y Pietro Vargas son cobardes, en realidad: asesinos sin ningn tipo de habilidad militar. Para matar descargan cargadores como locos, para colocarse se llenan de cocana y se hartan de Fernet Branca y vodka. Disparan a personas desarmadas, tomadas de improviso o por la espalda. Nunca se han enfrentado a otros hombres armados. Ante stos, temblaran; en cambio, se sienten fuertes y seguros matando a personas inermes, a menudo ancianos o chicos jvenes. Engandoles y matndolos por la espalda.

Y yo me pregunto: en vuestra tierra, en nuestra tierra hace ya meses y meses que una cuadrilla de asesinos se mueve sin trabas masacrando sobre todo a personas inocentes. Cinco, seis personas, siempre las mismas. Cmo es posible? Me pregunto cmo se ve a s misma esta tierra, cmo se representa a s misma, como se imagina? Cmo imaginan ustedes su tierra, su pas? Cmo se sienten cuando van al trabajo, de paseo, cuando hacen el amor? Se plantean el problema o simplemente se dicen: siempre fue as y siempre ser as?

Es cierto que les basta con creer que nada de lo que sucede depende de su compromiso o de su indignacin? Que en el fondo todos tienen de qu ir tirando, y por consiguiente basta con vivir nuestra vida cotidiana y nada ms. Les basta a ustedes con estas respuestas para ir tirando? Les basta con decir: no hago nada de malo, soy una persona honrada, para sentirse inocentes? Les basta dejar pasar las noticias sobre la piel y sobre el alma? Despus de todo, siempre ha sido as. O no? O bien es que delegar en asociaciones, iglesia, militantes, periodistas y dems la tarea de denunciar los tranquiliza? Con una tranquilidad que les permite acostarse por la noche no felices pero en paz. Les basta, realmente?

Este grupo de pistoleros ha asesinado sobre todo a inocentes. En cualquier otro pas la libertad de accin de una cuadrilla de asesinos as habra generado debates, encuentros polticos, reflexiones. En cambio, aqu se trata slo de crmenes considerados naturales en un territorio considerado una de las provincias del culo de Italia. Y, por consiguiente, los investigadores, los carabinieri, los policas y los cuatro cronistas que siguen la historia estn solos. En el resto del pas ni siquiera los lectores de peridicos saben que estos asesinos utilizan siempre la misma estrategia: se hacen pasar por policas. Recurren a un truco barato para matar con ms facilidad. Y viven como animales: en masas, vaqueras, casas de la periferia, garajes.

Han matado a diecisis personas. La matanza comienza el 2 de mayo hacia las seis de la maana en una vaquera de Cancello Arnone: asesinan al padre del arrepentido Domenico Bidognetti, primo y ex fiel seguidor de Cicciotto.

Umberto Bidognetti tena 69 aos y sola ir acompaado del hijo de Domenico, que precisamente esa maana no haba conseguido saltar de la cama para ayudar a su abuelo. El 15 de mayo matan en Baia Verde, municipio de Castel Volturno, a Domenico Noviello, de 65 aos, titular de una escuela de conduccin. Noviello se haba opuesto al grupo mafioso ocho aos antes. Haba tenido proteccin policial durante un tiempo, pero luego le fue retirada. No saba que pudiera estar en el punto de mira, no se lo esperaba. Le disparan 20 tiros mientras se dirige en su Panda a su habitual parada en el bar antes de abrir la autoescuela. Su ejecucin era tambin un mensaje a la Polica, que tres das despus celebrara su fiesta precisamente en Casal di Principe; era asimismo una clara declaracin de principios: aunque pase casi un decenio, los casaleses no olvidan.

Antes, el 13 de mayo, destruyen con un incendio la fbrica de colchones de Pietro Russo en Santa Maria Capua Vetere. Russo es el nico de sus objetivos que lleva escolta, porque ha sido el nico que, junto a Tano Grasso, intent organizar un frente contra los mafiosos en territorio casals. Ms tarde, el 30 de mayor, en Villaricca disparan en el vientre a Francesca Carrino, una muchacha de 25 aos, sobrina de Anna Carrino, la ex compaera de Francesco Bidognetti, arrepentida. Estaba en su casa con su madre y su abuela, pero fue ella quien abri la puerta a los asesinos que se hicieron pasar por agentes de la Direzione Investigativa Antimafia (DIA).

El mismo da, en Casal di Principe, matan a Michele Orsi mientras se dirige al Roxy Bar despus del almuerzo. Empresario de basuras cercano al clan, que, arrestado un ao antes, haba comenzado a colaborar con la magistratura desvelando la conexin basuras-poltica-camorra. Es un homicidio de gran repercusin que plantea polmicas y suscita manifestaciones de los representantes del Estado. Pero no se consigue arrestar a los asesinos.

El 11 de julio, en la playa La Fiorente, asesinan a Raffaele Granata, de 70 aos, gestor del establecimiento de baos y padre del alcalde de Calvizzano. Tambin l paga por no haber cedido, aos antes, a la voluntad del clan. El 4 de agosto matan en Castel Volturno a Ziber Dani y Arthur Kazani, mientras estaban sentados en la terraza del Bar Kubana y, probablemente, el 21 de agosto a Ramis Doda, de 25 aos, ante el Bar Freedom, de San Marcellino. Las vctimas son albaneses que llegaban a fin de mes gracias al trapicheo, pero que tenan permiso de residencia y trabajaban en la construccin como albailes y yeseros.

Ms tarde, el 18 de agosto abren fuego indiscriminado contra la casita de Teddy Egonwman, presidente de los nigerianos de Campania, que se bate desde hace aos contra la prostitucin de sus compatriotas. Lo hieren gravemente y tambin a su esposa, Alice, y otros tres amigos.

Vuelven a San Marcellino el 12 de septiembre para asesinar a Antonio Ciardullo y Ernesto Fabozzi, muertos mientras daban mantenimiento a los camiones de la empresa de transporte propiedad del primero. Tampoco ste haba obedecido; a Fabozzi lo matan por estar presente.

Por ltimo, el 18 de septiembre, acribillan primero a Antonio Celiento, titular de una sala de juegos en Baia Verde, y un cuarto de hora ms tarde abren fuego, disparando 130 proyectiles de pistola y kalashnikov, contra los africanos reunidos dentro y fuera de la sastrera Ob Ob Exotic Fashion de Castel Volturno. Mueren Samuel Kwaku, 26 aos, y Alaj Ababa, de Togo; Cristopher Adams y Alex Geemes, 28 aos, liberianos; Kwame Yulius Francis, 31 aos y Eric Yeboah, 25, ghaneses; hieren gravemente a Joseph Ayimbora, 34 aos, tambin ghans. Solo uno o dos de ellos tenan quizs tratos con la droga, los dems se encontraban en ese lugar por casualidad, y trabajaban, duro, en la construccin o donde podan, incluso en la propia sastrera.

Diecisis vctimas en menos de seis meses. Cualquier pas democrtico, en una situacin parecida, se habra conmocionado. Aqu, entre nosotros, a pesar de todo ni siquiera se ha hablado del asunto. Ni tampoco de si de Roma hacia el sur se conoce este rastro de sangre y terrorismo que no habla rabe ni tiene estrellas de cinco puntas, pero que manda y domina sin oposicin.

Matan a quien se les opone. Matan a todo el que se les pone por delante, sin respetar a nadie. La lista de muertes podra ser ms larga, mucho ms larga. Y durante todos estos meses nadie ha informado a la opinin pblica de que estaba en marcha esta orga de fuego. Nadie ha revelado los nombres hasta tanto no han comenzado a asesinar en Castel Volturno.

Pero son siempre los mismos, usan las mismas armas, aunque intentan modificarlas para despistar a la polica cientfica, lo que indica que tienen pocas a su disposicin. No entran en contacto con sus familias, se mantienen rigurosamente agrupados. De vez en cuando, alguien llega a entreverlos en el bar de cualquier poblacho, donde hacen un alto para llenarse de alcohol. Y desde hace seis meses nadie consigue atraparlos.

Castel Volturno, territorio en el que han sucedido la mayor parte de los delitos, no es un lugar cualquiera. No es un suburbio degradado, un gueto de marginales y explotados como se puede encontrar en otros lugares, si bien algunas de sus zonas se asemejan ya ms a los townships africanos que al lugar turstico de baos para el que se construyeron las pequeas villas. Castel Volturno es el lugar donde los Coppola edificaron la mayor urbanizacin ilegal del mundo, el clebre Villaggio Coppola.

Tiene 863.000 m2 de cemento y uno de los mayores pinares martimos del Mediterrneo, ilegalmente apropiado. Es ilegal el hospital, el cuartel de carabinieri, abusivos los correos. Todo al margen de la ley. Aqu vinieron a vivir las familias de los soldados de la OTAN. Cuando se fueron, el territorio cay en el ms total abandono y se convirti en feudo de Francesco Bidognetti y a la vez territorio de la mafia nigeriana.

Los nigerianos tienen una mafia potente a la que los casaleses se aliaron. Su pas es una de las plataformas del trfico internacional de cocana, y sus organizaciones son potentsimas, capaces de invertir sobre todo en el money transfer, los puntos a travs de los cuales todos los emigrantes del mundo envan su dinero a casa. A travs de stos, los nigerianos controlan dinero y personas. Desde Castel Volturno se enva la cocana africana directamente sobre todo a Inglaterra. Las tasas sobre el trfico que impone el clan no son slo el porcentaje sobre la venta al por menor, sino acuerdos que constituyen una especie de joint ventures. Hoy da los nigerianos son potentes, potentsimos, como lo es la mafia albanesa, con la que los casaleses estn en tratos.

As pues, el clan se est desmembrando y teme no ser ya reconocido como el que manda en primera y ltima instancia en el territorio. Y he aqu que en el vaco se insinan los hombres del gatillo. Matan a pequeos camellos albaneses como accin demostrativa, hacen matanzas de africanos entre los que no haba ninguno de Nigeria, golpean a los eslabones ltimos de la cadena de jerarquas tnicas y criminales. Mueren chicos honrados, pero, como siempre en esta tierra, para morir no es preciso que haya razones. Y basta poco para ser difamado.

Los chicos africanos se convirtieron automticamente en traficantes de droga, del mismo modo que se convirtieron en camorristas Giuseppe Rovescio y Vincenzo Natale, asesinados en Villa Literno el 23 de septiembre de 2003 por haberse parado a tomar una cerveza junto a Francesco Galoppo, miembro del clan Bidognetti. Ellos tambin fueron bautizados inmediatamente como criminales.

No es la primera vez que sucede en estos lugares una matanza de inmigrantes. En 1990, Augusto La Torre, boss de Mondragone, sali con sus ms fieles en direccin de un bar que, aunque gestionado por italianos, se haba convertido en un punto de encuentro de africanos dedicados al trapicheo de droga. Todo era normal en la carretera estatal Va Domitiana, en Pescopagano, pocos kilmetros al norte de Castel Voltorno, pero ya en territorio de Mondragone. Mataron a seis personas, entre ellas el dueo del bar, e hirieron a muchas otras. Se haba tratado de la culminacin de una serie de acciones contra los extranjeros, pero los casalenses, que sin embargo aprobaban las intimidaciones, no aceptaron la matanza. La Torre recibi pesadas crticas de parte de Francesco Sandokan Schiavone. Pero ahora los tiempos han cambiado y se permite que ejerza su violencia indiscriminada un grupo de cocainmanos armados.

Pregunto de nuevo a mi tierra qu imagen tiene de s misma. Lo pregunto tambin a todas las asociaciones de mujeres y hombres que, siempre en silencio, aqu trabajan y se esfuerzan. A los pocos polticos que consiguen seguir siendo crebles, que resisten a la tentacin de la colusin o la renuncia al combate contra los poderes de los clanes. A todos aquellos que hacen bien su trabajo, a todos los que intentan vivir honradamente, como en cualquier otra parte del mundo. A todas estas personas, cada vez ms numerosas pero cada vez ms solas.

Cmo os imaginis esta tierra? Si es cierto como dijo Danilo Dolci que cada uno crece nicamente si es soado, cmo sois vosotros estos lugares? Nunca se ha prestado tanta atencin a vuestras tierras y a lo que os ha sucedido y an os sucede. Sin embargo, no parece que haya cambiado mucho. Los dos boss que mandaban siguen mandando y siguen en libertad, Antonio Iovine y Michele Zagaria. Doce aos escondidos. Tambin se sabe donde estn: el primero, en San Cipriano dAvesca; el segundo, en Casapesenna. En un territorio grande como un pauelo de tierra, cmo es posible que no se consiga sacarlos a la luz?

Es una historia antigua, la de los escondidos buscados en todo el mundo y luego encontrados precisamente en su hogar. La novedad es que ahora han hablado de ello los peridicos y la televisin, y que polticos de todos los colores han prometido hacerlos arrestar. Pero entretanto el tiempo pasa y no sucede nada. Ellos estn all. Paseando, encontrndose con gente y charlando con ella.

He visto que en mi tierra han aparecido escritos en mi contra: Saviano, mierda; Saviano, gusano. Y un enorme tanatorio con mi nombre. Y adems insultos, denigraciones continuas a partir de la ms corriente y banal: ste se ha forrado. Con mi trabajo de escritor consigo vivir y, afortunadamente, pagarme mis abogados. Y ellos? Y los que comandan imperios econmicos y se hacen construir villas faranicas en lugares donde ni siquiera hay carreteras asfaltadas?

Ellos que, para la eliminacin de vertidos txicos han conseguido cobrar en una nica operacin hasta 500 millones de euros, y han embutido nuestra tierra de venenos hasta el punto de hacer aumentar en 24% la ocurrencia de determinados tumores y en 84% las malformaciones congnitas. Dinero real que genera, segn el Observatorio Epidemiolgico de Campania, una media de 7.172 muertes anuales debidas a tumores en esta regin. Ser pues yo quien se est enriqueciendo con las desgracias de esta tierra, por medio de mis palabras? O sern los carabinieri y magistrados, los periodistas, todos aquellos que con libros, pelculas o de cualquier otro modo siguen denunciando? Cmo es posible que se d una inversin tal de perspectiva? Cmo es posible que hasta personas honradas se unan a este coro? An conociendo mi tierra, ante todo esto permanezco incrdulo y turbado, herido hasta el punto de costarme hallar mi propia voz.

Porque el dolor conduce al enmudecimiento, y la hostilidad a no saber a quin hablar. A quin podra dirigirme? Qu podra decir? Cmo decir a mi tierra que cese de ser pisoteada por la arrogancia de los fuertes y la cobarda de los dbiles? Hoy, en esta habitacin donde me encuentro, husped de quienes me protegen, es mi cumpleaos. Pienso en todos los cumpleaos pasados as desde que tengo escolta: un poco nervioso, un poco triste y, sobre todo, solo.

Pienso que no podr nunca celebrar un cumpleaos normal en mi tierra, que ya no podr volver a pisarla. Como un enfermo terminal, suspiro por todos los cumpleaos pasados, a los que trat como una fecha cualquiera y un nuevo ao igual a los anteriores. Ahora se ha abierto un torbellino en el tiempo y el espacio, una herida que no podr nunca volver a cerrarse. Y pienso, slo y sobre todo, en quien vive en mi misma condicin y no tiene como yo el privilegio de escribirla y hablar de ella a muchos.

Pienso en mis amigos protegidos, en Raffaele, Rosaria, Lirio, Tano, pienso en Carmelina, la maestra de Mondragone que denunci al asesino de un camorrista y que desde entonces vive bajo proteccin, alejada, sola. Abandonada por el novio con quien iba a casarse, juzgada por sus amigos que se sienten abatidos por la valenta de Carmelina y por su propia mediocridad. Porque no ha habido solidaridad con su gesto; al contrario, ha recibido crticas y abandono. Slo ha seguido la voz de su conciencia y por ello ha debido arreglrselas con el magro subsidio que da el Estado.

Qu hizo Carmelina? Qu hicieron otros como ella para tener una vida destruida y desarraigada, mientras los boss siguen viviendo protegidos y respetados en su tierra? Y pregunto a mi tierra: qu es lo que nos queda? Dganmelo. Sobrevivir, hacer como si no pasara nada? Seguir subiendo escaleras de hospitales fregadas por cooperativas de limpieza que les pertenecen? Seguir llenando el depsito en estaciones de servicio que son de su propiedad? Vivir en casas construidas por ellos, beber el caf de la marca que imponen (cada marca de caf, para ser despachada en un bar, debe tener la autorizacin del clan), cocinar en sus sartenes (el clan Tavoletta gestionaba la produccin y venta de las marcas de sartenes ms prestigiosas)?

Comer su pan, su mozzarella, sus hortalizas? Votar a sus polticos, capaces, como declaran los arrepentidos, de llegar a los ms altos puestos de la nacin? Trabajar en sus centros comerciales, construidos para crear puestos de trabajo y dependencia debida al puesto de trabajo, sin prdidas, porque gran parte de las empresas son suyas? Estis orgullosos de vivir en el territorio con los mayores centros comerciales del mundo junto a una de las ms altas tasas de pobreza? Pasar vuestro tiempo en locales gestionados o autorizados por ellos? De sentaros en el bar junto a sus hijos y los hijos de sus abogados, sus empleados de cuello blanco? Y encontrarlos simpticos e inocentes, a fin de cuentas personas agradables, porque slo son muchachos, y qu culpa tienen de quienes son sus padres?

De hecho no se trata de establecer culpabilidades, sino de dejar de aceptar y soportar siempre, dejar de pensar que al menos hay un orden, que al menos hay trabajo, y que basta con no araar la superficie, no alzar el velo, seguir adelante por su propio camino. Que basta hacer esto y estaremos en nuestra tierra en el mejor de los mundos posibles, o quiz no, pero en el nico mundo posible, seguramente.

Cunto debemos seguir esperando? Cuntos de los mejores deberemos ver emigrar y cuntos resignados quedarse? Estis seguros de que todo va bien as? De que puedan bastar las veladas que pasis cortejando, riendo, discutiendo, maldiciendo el pestazo de las basuras quemadas, charlando un ratito? Queris una vida simple, normal, hecha de cosas pequeas, mientras en torno a vosotros hay una verdadera guerra, y quien la sufre, la denuncia y la expresa pierde todo. Cmo hemos llegado a estar tan ciegos? Tan serviles y resignados, tan mansos? Cmo es posible que solo los ltimos de los ltimos, los africanos de Castel Volturno que sufren la explotacin y la violencia de los clanes italianos y de otros africanos han sido capaces, por fin, de sacar ms rabia que miedo y resignacin? No pueden creer que un Sur tan rico de talentos y fuerzas pueda realmente contentarse con esto.

Calabria tiene el PIB ms bajo de Italia, pero Cosa Nuova, es decir la NDranguetta, factura tanto o ms que todo un movimiento financiero italiano. Alitalia puede que est en crisis, pero en Grazzanise, en un territorio que apesta a camorra se est a punto de construir el ms grande aeropuerto italiano, el mayor del Mediterrneo. Una tierra condenada a hacer circular enormes capitales sin rastro alguno de verdadero desarrollo, y que en cambio tiene dinero, beneficio y cemento con sabor a saqueo, no a crecimiento.

No puedo creer que slo consigan resistir algunos individuos excepcionales. Que la denuncia sea ya tarea de unos pocos individuos, sacerdotes, maestros, mdicos y los pocos polticos honrados y grupos que interpretan el papel de la sociedad civil. Y el resto? Los dems estn callados y quietecitos, amortecidos por el miedo? El miedo. La principal justificacin. Hace sentir a todos bien porque en su nombre se protege a la familia, los afectos, la propia vida inocente, el propio sacrosanto derecho a vivirla y construirla.

Pero dejar de tener miedo no sera difcil. Bastara actuar, pero no solos. El miedo va del brazo con el aislamiento. Cada vez que alguien da marcha atrs crea otro miedo, en un crescendo exponencial que inmoviliza, erosiona y, lentamente, arruina.

Se puede construir la felicidad del mundo sobre los hombros de un nico nio maltratado?, pregunta Ivan Karamazov a su hermano Aliosha. Pero ustedes no quieren un mundo perfecto, quieren slo una vida tranquila y simple, una cotidianeidad aceptable, el calor de una familia. Contentarse con esto os parece que os va a poner a resguardo de ansias y dolores. Y quizs lo consigan, encontrar una dimensin en la que hallen la serenidad. Pero, a qu precio?

Si vuestros hijos debieran nacer enfermos o enfermarse, si otra vez debierais dirigiros a un poltico que a cambio de un voto os dar un trabajo sin el cual hasta vuestros pequeos sueos y proyectos acabaran en el vaco, cuando os cansis de intentar conseguir un prstamo hipotecario para vuestra casa mientras los directores del mismo banco estarn siempre disponibles para el que manda, cuando veis todo esto quizs os deis cuenta de que no hay resguardo, no hay ningn mbito protegido y que la actitud que considerabais realista y sabiamente desencantada os ha apestado el alma con un resentimiento y un rencor que quita todo gusto a vuestra vida.

Porque si todo esto es triste, la cosa ms triste es la costumbre. Acostumbrarse a que no haya otra cosa que hacer que resignarse, ir tirando o marcharse. Pregunto a mi tierra si todava es capaz de imaginar que tiene opciones. Le pregunto si es capaz de realizar al menos ese primer gesto de libertad que consiste en pensarse de otro modo, pensarse libre. No resignarse a aceptar como un destino natural lo que, en cambio, es obra de los hombres.

Esos hombres pueden ligarte a tu tierra y tu pasado, quitarte la serenidad, impedirte encontrar una casa, escribir insultos contra ti en las paredes de tu tierra; que pueden hacer el desierto en torno a ti. Pero no pueden extirpar lo que sigue siendo una certidumbre y, por lo mismo, una esperanza. Que no es justo, no es en absoluto natural someter un territorio al dominio de la violencia y de la explotacin sin lmites. Y que no debe avanzar porque siempre ha estado as. Entre otras cosas porque no es cierto que todo haya estado siempre igual, sino que est empeorando.

Porque la devastacin crece proporcionalmente a sus negocios, porque es irreversible como la tierra una vez que sta ha sido apestada, porque no conoce lmites. Porque ah afuera siguen en libertad seis asesinos embrutecidos e intoxicados, con licencia para matar y no mandato, que no se detienen ante nadie. Porque ellos estn hechos a imagen y semejanza de lo que hoy reina sobre estas tierras y de lo que les espera maana, pasado maana, en el futuro. Es preciso hallar la fuerza para cambiarlo. Ahora o nunca.


* * *
Fuente:
http://www.repubblica.it/2008/09/sezioni/cronaca/caserta-sparatoria/saviano-omerta/saviano-omerta.html

Noticia relacionada:
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=73579


Roberto Saviano (Npoles, 1979), periodista y escritor italiano. En sus escritos usa el reportaje y la literatura para contar la realidad econmica y territorial de la Camorra y de la criminalidad organizada del sur de Italia en general. En 2006, publica Gomorra, con gran xito, en el que describe los negocios de la camorra.

S. Segu pertenece a los colectivos de Rebelin y Cubadebate. Esta traduccin se puede reproducir libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, el traductor y la fuente.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter