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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-10-2008

Corregir y consolidar el proceso para fortalecer el apoyo popular
Construir ciudadana

Aram Aharonian
Suramericapress


Si lo que se desea es un proceso poltico dirigido a enfrentar el capitalismo y sus valores es necesario marchar con la ciudadana, ganarse a la mayora. Excusarse en que la poblacin no est suficientemente madura es ignorar que la educacin, la cultura, no depende del pueblo sino del Estado, pero tambin del capital privado, de la televisin y los otros medios de comunicacin, y de la Iglesia catlica, que son los que han montado esos patrones de conducta.

La poblacin estuvo preparada para tomar las calles en abril de 2003, pero este proceso que sin lugar a dudas tuvo un impulso popular muy grande quiz hasta el 2005-, con actividad de calle, de masa, fue perdiendo fuerza. El movimiento revolucionario se fue burocratizando, paternalizando.

Y, las grandes mayoras, convertidas en sujetos de la poltica, fueron frenadas, alejadas de la participacin y el protagonismo, que fue reemplazado, al decir de Vladimir Acosta, por una teresacarreizacin del proceso. A ello hay que sumar la insistencia del tema del magnicidio posible, que ha logrado alejar al Presidente de las masas, rodearlo de cinco anillos de seguridad, lejos, lejos del pueblo y sus problemas.

La democracia participativa y protagnica -que venimos recitando desde hace unos aos-, el socialismo, se construyen desde abajo, da a da, y no se decretan. En nombre de una supuesta mayor eficiencia no hay decisiones colectivas, no se consulta con la ciudadana, con los cuadros medios, con el (los) partido (s).

Si a este cuadro le sumamos corrupcin, burocratismo, ineficiencia, desatencin de problemas cotidianos que son fundamentales (seguridad, abastecimientos, empleo, basura), no es difcil que se vaya generando descontento, escepticismo, frustracin e incluso rechazo. Situacin que se ve agravada por el bombardeo permanente de los medios comerciales de comunicacin que invadieron incluso los lugares de ocio de la ciudadana, las salas de las casas.

Y en materia de formacin no se puede olvidar a la Iglesia catlica, que sigue insuflando a los nios, incluso desde la etapa preescolar, de los mitos que forman la religin, con un pensamiento (nico) dcil. Nios que van a la escuela donde reciben los valores de capitalismo y regresan a su casa, donde la televisin se encarga del resto. Estamos hablando de adoctrinamiento ideolgico. El nico muerto seguro es el que est tres metros bajo tierra, suelen decir en mis pagos. Cuando la oposicin estaba destruida, fue el propio gobierno con ingenuidad que le dio beligerancia al poner en marcha el referendo por la reforma constitucional. Previamente, se haba lanzado la campaa por los (matemticamente inalcanzables) 10 millones de votos en las elecciones presidenciales de 2006, sobre un universo de poco ms de 14 millones de electores. El triunfo fue rotundo, pero con poco ms de siete millones.

Y entonces a alguien se le ocurri denunciar que en Venezuela haba cuatro millones de oligarcas para lo que el pas debiera tener 500 millones de habitantes. Lo que s haba eran varios millones de personas manipuladas por una excelente campaa publicitaria de la oposicin. Demasiado triunfalismo oficialista y demasiada subestimacin de la oposicin.

Y hay confusin: la direccin de la oposicin no son esos dinosaurios polticos ni esos pichones de fascistas que salen a hacer el circo meditico: la verdadera direccin est en el norte, desde donde se digitan seudo dirigentes, medios de comunicacin, estrategias. Lo que est en juego no son escaos parlamentarios sino el poder. Porque si una vez apelaron al golpe de estado, hoy se sienten con posibilidades de hacerlo sin bayonetas, pero con el arsenal de los medios, que potencian el descontento de los sectores populares ante la ineficacia, la ineficiencia, el burocratismo y la corrupcin.

La amnista otorgada despus de la reeleccin puede leerse tanto como un gesto magnnimo en la victoria o una prueba de debilidad, a concesin, en un pas donde la impunidad sigue imperando. El pueblo bolivariano es el que ha sufrido en carne propia los delitos de estos fascistas, saboteadores antinacionales, y resiente esa decisin.

Hacen falta lneas polticas, ms all de las que domingo a domingo traza el Presidente, que tambin tiene derecho a equivocarse, sobre todo cuando no es informado debida y verazmente sobre lo que acontece en el pas, en las misiones, en los ministerios. La lnea poltica no puede ser reemplazada por consignas y no es lo mismo poltica comunicacional que campaa publicitaria.

Nuestros dirigentes debieran saber dnde est la izquierda y la derecha, cul es la lnea poltica interior y exterior de este proceso, y no esperar que sea el Presidente quien deba recordar o marcrsela oportunamente. Para enfrentar el paradigma imperialista del fin de las ideologas se llama al fin de los partidos dentro del espectro bolivariano. Y aparecen socialistas por doquier. Hoy se admite que puede haber varios partidos y que tendra que haber un Frente Amplio o Polo Patritico.

Un proceso revolucionario supone mucha gente y mientras mas gente mejor. Supone que haya posiciones distintas e intereses de clases tambin distintos. Lo que tiene que tener es una lnea poltica discutida, la aceptacin de un liderazgo compartido y colectivo, pero claramente en la persona del Presidente, una lnea poltica debatida y una praxis que vaya en esa direccin, dice Vladimir Acosta.

Y el partido unido no puede repetir la estructura clsica del modelo leninista impositivo de arriba hacia abajo y del centro hacia afuera (que aplicaron desde el PCV hasta AD y COPEI), porque eso destruira quiz las fuerzas vivas, lo ms hermoso e importante de este proceso, que es la participacin popular. No puede ser que un cogollo elabore una lnea poltica que deben cumplir los dems. La lnea poltica debe ser una creacin colectiva, que se reaprende a diario. El partido debe ser horizontal, para recibir y nutrirse de la opinin y la participacin de la ciudadana, que es la que realmente sabe lo que pasa en cada comunidad y en la gran comunidad.

En el 2002, la vanguardia la tena la gente en la calle. Pero sin dudas, ese frenazo a la participacin y el protagonismo populares sirvi para el ascenso de posiciones conservadoras, de la derecha dentro del bolivarianismo. Hoy los sectores moderados, conservadores e incluso arrevolucionarios- son los que tienen mayor peso. Y por eso la esperanza est all, donde est la gente, la ciudadana, el pueblo, que no puede ser acusada ni de contrarrevolucionaria ni de traidora por burcratas ineficientes anquilosados en las estructuras del poder.

El triunfo del proceso bolivariano no slo es importante para Venezuela, sino para toda Amrica latina. La esperanza del continente est centrada en los avances de este proceso. El problema no es que haya sectores moderados, sino que stos han obtenido ventajas econmicas, que los llevan a ocuparse de otros intereses, sin intencin alguna de seguir avanzando. Son quienes hablan de acuerdos con la oposicin, de combatir a los radicales del proceso.

La derecha no comparte el poder con nadie, lo quiere para ella sola. Todos los muertos de este proceso los ha puesto el pueblo. Dentro del gabinete presidencial hay gente que no cree que la tarea sea consolidar para seguir avanzando, sino que se trata de pedir una tregua a la derecha para corregir los errores y estabilizar el gobierno. Hay dos posibilidades: se trata de ingenuidad, de creer que la derecha es idiota; o de entreguismo. Se trata de corregir, de consolidar algunos procesos que estn haciendo agua para fortalecer el apoyo popular, para seguir hacia delante, de forma ms slida.

Sectores populares denuncian que Polar y Cargill, los mismos grupos que desabastecieron el pas durante el sabotaje petrolero, hoy son abastecedores de Mercal, con mercaditos desabastecidos por la ineficiencia y la corrupcin administrativa. Mercal fue una respuesta excelente para terminar con las roscas y garantizar al abastecimiento alimentario.

El proceso bolivariano est viviendo una situacin parecida a la del 2002 y el camino no debiera ser el de la conciliacin para tratar de fortalecerse, porque significara la capitulacin. El movimiento popular al que se ha querido descalificar y desarticular y que acaba de dar una nueva leccin en las elecciones internas del PSUV- debe tener suficiente fuerza para salir a la calle, porque es la nica esperanza de que el proceso siga adelante (lo que algunos burcratas llaman radicalizacin), para lograr una Venezuela soberana, con justicia social, digna, con el liderazgo del presidente Hugo Chvez a la cabeza de una lnea poltica clara, compartida, comprometida con las luchas populares.

Vale la pena recordar una frase del Che: para ser revolucionario hay que haber hecho la Revolucin.


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